Pequeña Quin Capítulo 225 – Sobre símbolos ancestrales y encuentros inesperados.

Modo noche

|| No voy a quitarte puntos ||

¡Nooooooooo…! Lily mala, Lily cruel… ya no te qu-…

………..

¿Sí?

|| Es un enemigo que no puedes enfrentar. Ve tus debilidades con precisión ||

¿Eh? ¿El abuelito es tan genial?… ¿O sea que estoy salvada?

|| Careces de experiencia. La lógica no dicta un juicio prematuro ||

¡Yey! Nunca dudé de tu super lógica… ¡Viva la lógica!… la lógica es lo mejor…

|| ……… ||

– ¿No tienes nada que decirle a este anciano?…

– Wa…

La pequeña Quin volvió a la realidad ante ese llamado, pensando en cómo debía responderle.

– Kuhum…

Entonces se relajó y comenzó a acercarse lentamente con sus manos detrás, mirando hacia la distancia.

– Lo has hecho bien abuelito, descubriendo mi identidad secreta. La verdad es que por fuera soy una adorable pequeña… pero, por dentro soy un h…

– Hada del viento… naturalmente…

– Wa… mi entrada genial. – se quejó al ser interrumpida.

– ¡Quin!

Barerov exclamó en un tono firme, que le hizo dar un pequeño salto de susto.

– ¿Sí?

– Prepárate… hasta la frontera, se acabaron los vuelos…

– ¿Sí? – inclinando la cabeza.

 

 

En ese momento un gran tigre con líneas rojas y negras se alejaba de Fraga a grandes velocidades, llevando sobre su lomo a un hombre de cabello corto peinado hacia atrás, con unos ojos verdes llenos de arrogancia y un fino bigote. En su frente estaba grabada la marca de una serpiente alada.

Ya había concluido sus asuntos en este territorio y avanzaba hacia las tierras de fuego. Al echarle un último vistazo a la gran ciudad, no pudo evitar pensar en esa curiosa situación con el futuro regente, ese hombre ambicioso que fácilmente se había convertido en su marioneta.

Estas tediosas tramas eran ahora necesarias. Las tierras menores eran en conjunto ampliamente más extensas y pobladas, acumulando una enorme cantidad de poder qué no haría más que aumentar. Achala no se había mostrado por mucho tiempo y las nuevas generaciones ni siquiera sabían de su terror.

– La basura que crece sigue siendo basura…

Ellos eran los únicos que tenían el derecho de hablar directamente con el rey del mundo, aquel que sometería a todos los imperios extranjeros si quisiera, y más de una vez se preguntó por qué restringía su mano de hacerlo.

Pero había una curiosidad, un rumor extraño que era difícil de ignorar con respecto a Achala. A riesgo de cambiar su ánimo violentamente, los antiguos no debían olvidar que existía un tema tabú, uno del que no puedes hablar, uno que no puedes mencionar, una palabra que no puedes decir en su presencia.

Aunque siempre le pareció absurdo fue por ese rumor que aceptó el extraño pedido de Caspar, y puso una mueca burlona al recordarlo. Se sintió tonto por haber creído la posibilidad de su existencia e imaginarse entregándola a Achala como una ofrenda.

– Conque… un hada… eh…

 

 

 

– Wiiiiiiiiiiiii…

~Swish

– Woooooo….

~Tap Tap

– No te retrases, princesa…

– Ho ho… cuanta energía…

Desde que habían bajado a tierra y por los próximos tres días, Barerov insistió en que sólo se moverían usando el paso veloz, aclarando que ella sólo había utilizado el concepto básico pero que estaba muy lejos de dominar el movimiento.

Aceptando el reto, habían practicado sin descanso mientras Mara llevaba a la princesa durmiente, pero hoy había despertado y la felicidad en el rostro de Quin aumentado a límites insospechados.

Estaban atravesando una pradera moviéndose los tres a gran velocidad, con Draga haciendo gala de sus dotes naturales, Quin esforzándose por mantenerse junto a ella mientras el sabio las acompañaba fácilmente y sin el mínimo esfuerzo, casi como si estuviera simplemente caminando a paso lento.

En su rostro también había una gran sonrisa al ver a el dúo, una peleando orgullosamente por escapar de su perseguidora y otra por mantenerse a su lado mientras le gritaba cosas como “Princesa te amo” o “Eres la mejor”.

Aunque era una bestia espiritual de primer grado, hielo contra viento no era una competencia justa en cuanto a velocidad y se mantenían bastante cerca, sin mostrar intenciones de dar ninguna el brazo a torcer.

Pero amén del entretenimiento, lo más importante que sus ojos veían era el comportamiento de Quin al utilizar sus poderes de forma libre y constante, ya teniendo un concepto bastante preciso de sus capacidades.

Incluso si no absorbía energía para fortalecerse sí la utilizaba como todos para ejercer su manipulación elemental, lo cual le permitió dar un suspiro de alivio. Sin embargo, el poder que requería para hacerlo le hizo sentirse un poco ridículo y apenado por todos los cultivadores.

En palabras simples, si otros tenían que forzar a los elementos para que respondan a su voluntad, incluyéndose, al ver a Quin sentía que los elementos y el mundo a su alrededor le llevaban de la mano, obteniendo el mismo resultado con el mínimo esfuerzo.

La velocidad a la que aprendía tampoco era motivo de ninguna broma.

Era increíble, sí… era sobresaliente, sí… era una gran fortuna, sí. Pero también para sus ojos resultaba un poco… aterrador. Ese no era el grado de talento que alguien debería poseer, y sintió que en el fondo empezaba a ver el rostro de ese maestro con sus absurdas decisiones.

Sonrió, sacudiendo la cabeza

– Cuando te familiarizas con la locura, tal vez la locura comienza a tener sentido.

La mayoría estaría extasiada de tener un discípulo con semejantes dones, pero… ¿Como realmente le enseñas a alguien con tanto talento?

Si sus suposiciones sobre ese misterioso maestro tenían alguna semejanza con la realidad, comenzaba a sentirse algo arrepentido de haber interferido al enseñarle una técnica.

– Uffffff… como sea. Lo hecho, hecho está. Mira qué feliz se la ve usando libremente sus habilidades. Lo que sea que estés planeando al enviarla aquí… permítele este pequeño momento…

Con un largo suspiro, vio a la distancia acercarse la frontera con Atutu, la tierra del fuego. Tras este periodo de paz, era el tiempo de retomar la difícil tarea que se le había encomendado.

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