Pequeña Quin Capítulo 227

Modo noche

– Wa… ¿Ni siquiera con la ayuda del abuelito?

– A menos que sea tan fuerte como quién buscas, y domine el fuego.

– Mmm… no lo creo… ¿Es tan difícil entrar al señor volcán?

– No es difícil, cualquiera puede hacerlo mientras esté abierto el paso. – subestimó.

– ¿Eh?… ¿Eso no es bueno?…

– Lo sería en cualquier otro caso, pero Atutu no es un volcán, es uno de los símbolos ancestrales y un sitio sagrado de cultivo.

– ¿El señor volcán no es un señor volcán? – inclinando la cabeza.

– Oh… parece que tu “abuelito” no te ha informado mucho. Bien, no es como si tú pudieras acercarte y entenderlo de todos modos.

– Mhm… dijo que alguno de sus amigos podría ayudarnos.

– Pues suerte con eso… – cerró el tema.

Entonces se formó un momento de silencio en el cual la mujer continuó con su comida y Quin con su acoso visual mientras acomodaba su gorro, volviendo las cosas a como habían comenzado.

– Mmm… señora agradable… ¿Por qué te tapas?

– ………

Parecía que sus posibilidades de comer en paz y soledad se habían reducido drásticamente en tan solo unos minutos.

– Sabes… yo he pensado en taparme. Ser tan increíble y adorable es todo un problema… – suspiró, con rostro preocupado.

– ………

Acelerando el paso mientras intentaba ignorarla, masticó sus últimos trozos de carne con la intención de partir a la brevedad posible.

– Pero siento que algo falta, eso no va con mi estilo. Debería preguntarle a maes-…

Silencio.

La mujer se giró un poco, ya que no parecía el tipo de individuo que se detendría fácilmente una vez comienza. Entonces vio que la niña ya no le estaba sonriendo sino mirando hacia el interminable pasar del gentío, con los labios fruncidos en un gesto desagradable.

– ¿Mmm?

Siguió el haz de su mirada hasta destino y encontró algo que le hizo fruncir el ceño, tanto por el objetivo como por la reacción de la pequeña a su lado.

Entre la multitud y sin destacarse demasiado caminaba un anciano con ropas grises, de aspecto común y ajeado, qué podría pasar desapercibido incluso si fuera la única persona en todo el lugar. A su lado era escoltada una persona de estatura menor, y utilizaba una capa rojiza que cubría toda su apariencia de una manera similar a la propia.

Aunque podría llamar un poco la atención, no era nada especial dentro del festival y caminaban juntos atravesando los puestos sin atender a nada en particular.

– ¿Qué sucede? ¿También quieres ir a preguntarle por qué se tapa?

– Mmm… no. Esta pequeña no quiere acercarse… jamás.

– ¿Oh?… ¿Algunos conocidos de tus aventuras?

– Negativo…

– ¿……? ¿También vas a decir que no te gustan por su olor?

– Mhm… – asintió efusivamente, con mala cara – … ese anciano es un tipo malo, muy malo, no me gusta nada de nada. ¡De nada!

La mujer abrió un poco los ojos ante semejante rechazo, pero más extrañada estaba porque su reacción que no debería tener ningún sentido… en algún grado podría tenerlo.

La miro un tiempo con cierta curiosidad, incapaz de descifrar el secreto de su caprichoso olfato.

– ¿Estás segura que no eres un perro?

 

 

Dos almas continuaban cruzando la plaza entre la multitud, ignorantes de la conversación que estaba teniendo lugar algunos metros más allá.

De repente dos manos se alzaron y una juvenil voz femenina salió de debajo de la capucha.

– ¿Y?… ¿Dónde están las cosas tan interesantes que mencionaste?…

– Jamás dije algo similar…

– ¿Entonces para que me traes hasta aquí?…

– Señorita, usted es quien ha insistido en venir…

– Chst… ¿Es eso lo que dirás luego?…

– Es lo que ha sucedido…

– Bien, entonces… si ya has hecho tu trabajo, puedes dejarme sola…

– Mi trabajo es no dejarla sola…

– Chst… eres realmente un incordio…

– Sin mí nunca habría podido salir… – replicó el anciano.

– ¡Saldría de cualquier forma!… ¿Qué clase de viaje es uno donde debo quedarme encerrada como un animal?…

– Es un viaje al cual no ha sido invitada. Disfrute su paseo y no ponga a prueba la paciencia del mayor.

– ¿Disfrute? ¿Qué disfrute es posible entre todos estos monos subdesarrollados? Hay una sola cosa que podría hacer valer el paseo…

Al escuchar eso el anciano frunció el ceño, claramente molesto por la tarea que le ocupaba.

– ¿Necesito recordarle las ordenes?…

– Precisamente, allí donde tengo prohibido ir es donde debo hacerlo… ¿No ves la lógica tan simple?

– Lo que veo es una buena forma de meterse en problemas…

– ¡Jah! Si algo aquí puede causar problemas… ya quisiera verlo. Me muero de intriga de por qué tu venerado maestro sería tan cuidadoso sobre cualquier cosa en este pozo de mala muerte. ¿No puede acaso acabarlos de un estornudo? Es tan ridículo.

– El mayor no es mi maestro, y usted haría bien en no poner en duda su juicio.

– ¡Blah, blah, blah!… pareces una máquina hecha para replicarme. Si no fuese ingeniería perdida, creería que eres un autómata. Ahora que hemos salido, no puedes detenerme. Ya sabes… si alguien pone siquiera una piedra en mí camino, haces bien tu trabajo… y los matas a todos.

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