Pequeña Quin Capítulo 228

Modo noche

– ¿Eh? ¿Ya te estás yendo?

– ¿Pensabas guardarme en tu bolso como un perfume? Aún tienes tiempo para ir a acosar algún otro desconocido.

– Wee… no soy una acosadora. ¿Nos veremos otra vez? ¿Vives por aquí cerca? ¿Podría visitarte luego?

– ………

– Oh… cierto. Sobre mi comida…

– Adios…

Rápidamente le dio la espalda y comenzó a caminar con paso firme.

– ¡Mi nombre es Quin, la misteriosa aventurera!…

Ante esta tardía presentación, la mujer puso un rostro de circunstancia y finalmente se decidió por voltearse un momento para responder apropiadamente.

– Dea, la misteriosa encapuchada…

En ese momento Quin pudo apreciar sus facciones, siendo una mujer en sus jóvenes cuarentas, con pelo medio hasta los hombros de un tono rubio cenizo y profundos ojos dorados. En su piel se podían apreciar vagos indicios de heridas recientes.

Tras responder al saludo, giró y rápidamente se perdió entre la multitud.

 

 

– Lo siento princesa, aunque estemos separadas nuestros corazones siempre estarán unidos.

~ || Vete ya ||

Dos días habían pasado desde el festival. El sabio le ofreció a Quin y draga un hábitat aclimatado para descansar mientras él se encargaba de la búsqueda, pero ella había insistido en que quería ir con él al menos para ver qué tan misterioso era el “señor volcán”.

– También creo que es una buena experiencia, pero volverás si el ambiente cercano es demasiado para ti.

Había concedido, no encontrando más argumentos para impedírselo. De todos modos, pocos lugares eran más sagrados y seguros que los símbolos ancestrales.

– Bien, entonces ponte esto por si acaso. – entregándole una pequeña capa gris claro, como los reflejos de su pollera, que incluso le hacía parecer más alta.

– ¡Yey! Mi propia capa… es bonita.

– Me alegro que te guste. En marcha, el patriarca se reunirá conmigo en la cuna.

– Princesa, ¡Muah!… – dándole un beso – … volveré pronto esta vez.

~ || Como sea ||

– Jiji…

Pronto estuvieron de camino a una de las bases al borde del rio de lava.

– Abuelito… ¿Este señor patriarca es muy fuerte?

– Ho ho… por supuesto. Aunque hay un consejo de doce que gobierna, sólo cinco de ellos son patriarcas. Son los antiguos más fuertes luego de los ancestrales… de hecho, ya has conocido a uno.

– Oh… el abuelito super viejo…

– Así es… mira, ya estamos allí.

La cuna era un templo circular abierto y cercado por columnas, con una enorme columna central formando un gran pasillo redondo donde un reducido grupo se dispersaba a la espera del camino.

Su extremo opuesto tenía una gran apertura que daba directamente hacia el infierno ardiente, pudiendo ver a la distancia el imponente volcán. Incluso siendo sólo la entrada, el ambiente ya sería bastante sofocante para un mortal.

– Wooooh… es tan bonito.

– Increíble…. ¿Verdad? Al entrar allí ya estarás pisando una parte de Atutu desde tiempos antiguos.

Aunque la forma del templo era relativamente simple, tenía una altura sobresaliente y cada columna estaba grabada al detalle con diferentes paisajes y sus propios matices de colores.

Si fuese colocado en cualquier sitio del mundo, por sí solo ya era una obra de arte digna de conservar.

– ¿Las hadas hicieron esto?

– Ho ho… este anciano es viejo, pero absolutamente no tanto como nuestros símbolos. Lo único que puedo asegurar es que quienes lo hicieron tenían un poder y habilidades dignas de esa leyenda.

– ¿Ya podemos entrar? – ansiosa por ver más en detalle.

– Por supuesto, esperaremos den-…

– ¡Izvra! Alto ahí… – sonó una voz desde las alturas.

Barerov hizo una mueca torcida al escucharlo, y entonces se volvió lentamente con una sonrisa amena.

– Lucrea… que agradable sorpresa…

Bajando desde el cielo y literalmente ardiendo, una mujer adulta con un rojo vestido ajustado se plantó frente al sabio con actitud desafiante.

– Hmpf… sorpresa dices. ¿Tienes tiempo para recorrer dos territorios, pero no para saludar?

– Por supuesto que sí… planeaba hacerlo antes de partir. ¿Cómo has estado?…

– Oh… ¿Debo suponer que realmente te interesa?

Mientras él hacía lo posible por mantener su sonrisa, Quin inclinaba la cabeza mirando la interacción entre ambos sintiendo algo familiar en la situación.

– Emm… señora. ¿Por qué tampoco es buena con mi abuelito?

– ………

– ¿Dices que no soy buena? ¿Y tú eres, pequeña?

– Ho ho… Lucrea, ella es Quin, está bajo mi cuidado. – explicando rápidamente, sudando ante la posibilidad de que inicie otra de sus locuras – Quin, ve, ve… espérame en el templo mientras conversamos un poco. Asegúrate de actuar tranquila y pasar desapercibida.

No le preocupaba su seguridad, ya que absolutamente nadie se atrevería a toser fuerte en suelo sagrado, y podía ver que su cultivo soportaba perfectamente este ambiente.

– ¡Yey! Abuelito puedes confiar en mí, soy muy buena en eso. – palmeando su pecho – Adiós señora… por favor, sea buena con mi abuelito.

– ………

– ………

Momentos después ingresaba por una de las entradas del templo, mientras detrás quedaba un hombre que por su expresión no parecía está recibiendo el buen trato deseado.

Aunque la gran columna estaba rodeada por un escalón de reposo, la mayoría del pequeño grupo se encontraba disperso y en el suelo en posición de meditación.

La pequeña Quin ingresó al amplio pasillo en puntillas de pie, acercándose hasta la gran columna central en completo silencio. Se sentó en el escalón mientras observaba maravillada el arte grabado en todas direcciones.

~Nif Nif

– Este lugar huele super bien…

Había sentido desde las cercanías la agradable sensación del ambiente. Era una verdadera pena que sólo pudiese llegar hasta allí, aunque creía que más allá podría encontrar algún rico alimento.

– ¿Mmm? – inclinando la cabeza.

De repente se levantó y comenzó a caminar en puntillas por el pasillo circular, evitando acercarse a cualquier cultivador o molestarlo, aunque nadie le prestaba demasiada atención.

Cuando había recorrido casi un tercio por la parte externa, se acercó nuevamente hasta el escalón y se sentó con una amplia sonrisa.

– ………

Silencio.

Pasaron unos minutos y su expresión no cambiaba mientras miraba felizmente hacia un costado. Allí descansaba una persona con un traje verde oscuro que cubría su cuerpo y terminaba en una capucha, debajo de la cual una mujer incrédula sacudía su cabeza evitando mirar de reojo la niña a su lado.

¡Definitivamente es como un perro acosador!

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