Pequeña Quin Capítulo 229

Modo noche

– ¿Qué haces aquí? ¿Tienes algún rencor en mi contra?

– Wa… no. Yo estoy muy feliz por encontrar una amiga otra vez.

– ………

Dea suspiro resignada, sabiendo que de todos modos en unos instantes se abriría el camino y podría ingresar a Atutu, donde ya nadie la molestaría. Podría soportar algunos minutos más de acoso.

– ¿Y qué estamos esperando?

– El camino al otro lado aparece una vez cada 10 días…

– Wo… ¿Solo? El señor volcán es muy inteligente.

– Ya te he dicho que no es un volcán. Tal vez, alguna vez lo fue…

~Brrum

En ese momento se sintió un temblor progresivo y todos en el templo abrieron los ojos hacia la apertura. Naciendo de las profundidades del río ardiente un camino relativamente angosto hecho del mismo material que el templo se elevó hasta su mismo nivel.

~Clank

Finalmente se frenó, sobresaliendo sólo lo suficiente y conectando prolijamente ambos extremos. Tras varios segundos sin actividad, poco a poco se fueron levantando los ocupantes del templo y avanzaron en ordenado silencio, acunados por extensas masas ardientes a cada lado.

El largo camino en sí mismo era la primera prueba menor por la que deberían pasar para ingresar al símbolo, con apenas dos metros de ancho y sin bordes.

– Wooh… eso fue increíble. ¿No vas a ir?

– No hay prisa… es más tranquilo al final.

– Eso es bueno. Más tiempo juntas… abuelito no parece poder venir pronto.

Se estiró para ver hacia afuera, dónde a unos 100 metros acababa de llegar otra mujer y se había sumado a la conversación. La primera mujer no aparecía nada feliz con ello.

– Por favor, traten bien a mi abuelito… – se inclinó murmurando.

Entonces Dea levantó una ceja, sintiendo una actividad inusual en dirección al camino. Incluso el más vil de los villanos mantendría las formas y el respeto dentro de este suelo, y era muy extraño ver algún movimiento o acto anormal.

– Vaya… el guardián ha salido.

– El guardián está fuera.

– Tal vez hoy es un día de suerte.

Ya a mitad del pasillo infernal, muchos comenzaron a murmurar con sorpresa por lo bajo.

Sin embargo, el rostro de Dea no era tan agradable y optimista tras levantarse para rodear la columna hasta él camino.

– ¿El guardián? Tsk… ¿Esa cosa realmente ha salido?

– ¿Eh? ¿Qué guardián? ¿Es de los que no te dejan pasar?  – indagó Quin a su lado.

– Tal vez, a mí al menos…

– ¿Ehh? ¿Por qué no te quiere?

– Bueno, yo… kuhum… tal vez lo sacudí un poco…

– ¿Sí? – inclinando la cabeza – ¿Y sí charlas con el señor guardián?

– No creo que puedas dialogar mucho con eso…

En este punto ya había sucedido un segundo cambio en el pasillo infernal. Los cultivadores estaban uno por uno abriendo el paso, parándose al borde de la brillante lava y extendiendo una mano a la altura de la cintura.

Desde el lado del volcán se acercaba lentamente algo de confusa apariencia. Era similar a un oso de pelaje marrón rojizo, pero su rostro era más parecido al estilo achatado y las orejas de un panda, portando una armadura completa en tonos oscuros y de un material semejante al del templo.

Las dos cosas más destacadas de su apariencia eran los ojos rojos que parecían estar ardiendo, dando una primera impresión realmente amenazadora, y su particular altura. Y es que está extraña bestia o lo que fuese no tenía ni siquiera un metro de altura, y avanzaba parado en sus cortas patas traseras, balanceándose de un lado al otro y dando esporádicos resoplidos ardientes.

~Fuu

Con sus garras a los costados en fiera actitud, era difícil decidirse si era algo que causaba temor o ternura. Normalmente vagaba libremente por las profundidades de Atutu, y verlo era una peculiaridad.

Rara vez aparecía y tocaba a un cultivador talentoso, siendo considerado el máximo reconocimiento dentro del símbolo ancestral. Pero si intentabas encontrarlo o hacías algo inadecuado se enfadaba fácilmente y podría rechazarte, aunque nadie era tan estúpido para hacer algo así.

Sin importar el motivo de su presencia, era una excelente oportunidad para todos los presentes. Cuando llegó al primer cultivador ignoró completamente su mano y siguió a su tranco sin frenarse, haciendo que una leve decepción se formará en su rostro, ya que igualmente ese era el resultado más probable.

~Fuu

Cada tanto saldría un ardiente resoplido de su pequeña nariz y miraría con mayor o menor interés a algún cultivador a su paso, mayormente de mediana edad, pero al final sus manos extendidas serían igualmente ignoradas.

Sin embargo, su camino se encontró con un inesperado obstáculo, haciendo que todos los cultivadores sin excepción fruncieran fuertemente el ceño. Interrumpir el camino del guardián de Atutu era considerado casi un sacrilegio para cualquiera de ellos.

Manteniéndose completamente en mitad del camino, una persona de baja estatura con capa rojiza estaba parada con las manos en la cintura. Detrás, en una posición un poco más recatada, se mantenía un anciano común de ropas grises.

– Observa… al menos alguien viene a darme la bienvenida adecuadamente.

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