Pequeña Quin Capítulo 235 – Sobre símbolos ancestrales y encuentros inesperados. Parte 3.

Modo noche

– He he… – rascándose la cabeza – … parece que sus parámetros se han roto. De verdad de veras que soy muy genial… – aseguró indignada.

~!Toc!

Mientras su coleta rojiza se balanceaba lentamente como un gato malhumorado, Quin le dio una “sutil” patada a la pared.

~Fzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz

Sea en algún tipo de respuesta o mera casualidad, toda la luz desapareció de golpe y violentos cambios surgieron donde debería continuar el texto, con miles intentos de letras que se formaban y deshacían en secuencia.

~Fzzzzzzzzzzzzzzzzzz

Tras unos segundos de grupal desconcierto frente a enloquecidas arenas movedizas, todas las secuencias se juntaron repentinamente en el centro de cada línea circular.

 

IRREGULAR

IRREGULAR

IRREGULAR

 

¡Lo sabía!… esta cosa también está defectuosa.

|| Negativo. Ha reconocido una anomalía ||

¡Cualquiera puede ver que soy una joven adorable y talentosa! Algo malo le sucede a esta pared…

|| Esta ingeniería se ha sostenido estable por miles de años. Manipularla, replicarla o dañarla excede las capacidades de este punto del tiempo ||

¿Weee? ¿Tan vieja? Con razón falla… ¿Y ahora cómo entro?

|| Percepción temporal deficiente. El moderador deberá supervisarte como una irregularidad ||

¿Soy una irregularidad?… ¿Una irregularidad genial? – señalándose.

|| Tus procesos cognitivos son una irregularidad ||

Wa… – estrechando los ojos – ¿Te metes conmigo?

~Brum

Desde la puerta siguiente, un nuevo suceso atrajo la atención de todos.

Tras abrirse repentinamente, una persona de capucha verde salió observando el entorno con sus ojos encendidos y murmurando por lo bajo.

– Sé que mi fuerte es golpear, pero no debería perderlos tan fácilmente…

Marco y An’hea se mantuvieron vigilantes, mientras Fogi resopló malhumorado por un momento para redirigir su mirada hacia gran puerta principal.

Sin embargo, la antes molesta Quin en versión adulta puso de inmediato una amplia y tonta sonrisa, mientras su coleta se sacudía rápidamente como un perrito emocionado y daba un salto con los brazos abiertos, directo hacia el individuo.

– !DDDeeeeeeeeeeee…………………… a.

– ¿……?

A último momento, la emocionada acosadora se percató de su error y frenó de golpe, quedando con sus brazos abiertos rígida frente a la desconcertada mujer. Entonces, se recompuso como si nada hubiera sucedido, adoptando una pose serena y despreocupada.

– Kuhum… – frotó su mentón fingiendo curiosidad – … ¿Quién eres tú?

– ………

¿No acabas de llamarme?

– Mmm… si mis cálculos son correctos, debes ser la gran amiga de mi sobresaliente e incomparable hermanita… ¿No es así? Mhm mhm… – asintió convencida – … he oído mucho de ti.

– ………

Dea sólo había salido por un segundo y ya estaba presintiendo un inminente dolor de cabeza. ¿Por qué esto le resultaba tan familiar?

Analizando a la joven frente a ella no pudo sino caer en la cuenta de la cruel realidad que le acechaba sin descanso. Era una versión adulta del cachorro acosador, y parecía que su apariencia y vestimenta no eran lamentablemente la única semejanza.

– ¿Tu hermana dices?…

– Sí. La pequeña Quin. ¿Recuerdas? Adorable, compacta, talentosa, inolvidable, eficien…

– Bien… ¿Qué quieres? Tengo prisa. – interrumpió impaciente.

– Wa… es el modo cruel. Kuhum… ella me ha pedido que cuide de ti… para que no la extrañes. También debes acompañarme para buscar al super abuelo. No olvides que nos debes un favor…– parándose a su lado con una sonrisa feliz.

– ¿No iban a recibir ayuda de alguien fuerte? – mientras ojeaba a los confundidos acompañantes.

– Ese es un misterio que aún debo resolver – mostrando sus palmas en señal de ignorancia – Oh… ellos son mis nuevos amigos. Te presento a… mmm… Nenea…

– ¡An’hea!… – resopló el niño.

– Y… ¡Tatan! – extendiendo las manos hacia Marco, en pomposa presentación – Marco… ¡Mi primer pretendiente!

– ………

El rostro de Dea podía leerse fácilmente como: “Bien por ti… ¿Ya puedo irme?”

– Oh… y yo soy Quina, la hermana mayor misteriosa.

– ¿Quina?… – mueca irónica – … bueno, al menos el parecido es completo.

– He he… ¿Dices que somos parecidas? ¿Crees que mi hermana será como yo?

– Absolutamente… – aseveró, en un tono que no denotaba un elogio positivo.

– Jiji… lo sé… jijiji… mira… – rio de repente con una expresión tonta y orgullosa, mientras con sus palmas abiertas tomaba la base de sus pechos y los levantaba – … ¡Mio!

– ……… ¿Felicidades?

Inesperadamente, Dea hizo una mueca poco feliz. Parecía querer decir: “Los pechos grandes no son tan importantes”

– Mhm… mhm… – asintió feliz, moviendo su coleta e ignorando la apatía.

El desprevenido Marco casi tropieza, y giró el rostro tapando su nariz. Esta hermosa joven estaba destruyendo cada segundo su imagen inicial de diosa inmaculada, pero aun así no podía dejar de sentirse fascinado.

An’ hea por su parte mostró una curiosa expresión ante ese acto poco decoroso.

– Bien… si me disculpas…

– Waaa… espera, voy contigo. ¡Lo prometiste!… – con rostro entristecido.

~Fuuuu

Al verla triste, el pequeño oso salió un momento de su vigilancia para resoplar irritado en reproche hacia Dea.

Ella frunció el ceño, resultándole incomprensible que no sólo siga allí, sino que también responda en su defensa. Podría parecer algo menor si no conociera su irritable actitud y abrumadora fuerza. ¿También tendría predilección por esta acosadora adulta? ¿Sería acaso un increíble don familiar?

– ¿También me vas a dejar? Aunque hueles bien, y dijiste del gran regalo… – insistió Quin, mirando al suelo haciendo un puchero.

Enfrentando esa expresión de cachorro abandonado, sentía un mal presentimiento instantáneo, y casi podía escuchar el sonido de su tranquilidad siendo destruida sin compasión.

Ya había sido suficiente con la pequeña, como para tener un paquete aún más grande pegado a su lado. Sin embargo, también estaba la extraña sensación de que había algo mucho más importante detrás de todo esto, pero no lograba poner su dedo en ello.

– Ufffff… apresúrate…

– Wiiiiiiiiii…

Con gran felicidad, Quin se dirigió a sus recientes compañeros, quienes ya estaban frente a las puertas abiertas.

– Señorita Quina, parece que aquí nos separamos… – se adelantó Marco, algo apenado – … espero que podamos volver a vernos. ¿H-Habría algún lugar donde puedo encontrarla? – juntando valor.

Emulando el paso de una princesa, se acercó a él y extendió su delicada palma abierta hacia arriba, mientras jugaba con su cabello mirando hacia la distancia.

– Soy una joven errante. Podrás encontrarme… donde vive la aventura…

– ¿……?

Aunque no era la respuesta que esperaba, era una bastante genial. Sin embargo, su expresión de confusión se dirigía hacia esa hermosa mano de porcelana que lo apuntaba.

Tras unos segundos sin respuesta, Quin espió por el rabillo de sus profundos ojos zafiro y agitó un poco su palma abierta.

– Kuhum… me estoy yendo.

El desconcertado joven de amable rostro miró la palma vacía y luego el perfil de ese semblante angelical. Entonces se rascó la cabeza sin saber cómo reaccionar.

– ¿Adiós?

– ¡Ejem! No puedes engañarme, sé cómo funcionan los pretendientes. – levantando la nariz, orgullosa de su gran conocimiento – Lo aprendí de una princesa sin alas. Un buen pretendiente es el que da buenos regalos… – extendiendo la palma hacia su inocente víctima con gran expectativa.

– ………

|| ……… ||

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