Pequeña Quin Capítulo 237

Modo noche

Sería fácil asumir formas rocosas o cuevas rústicas al ingresar al interior de una montaña, pero contrario a las expectativas lo que uno enfrentaría al atravesar ese umbral seria multitud de estructuras pulidas y firmemente establecidas en todas direcciones.

Más que ingresar a un volcán activo era mucho más apropiado llamarlo un mundo dentro de una montaña. Un espacioso y sobrecogedor mundo, ya por la particular arquitectura como el ambiente embebido densamente en partículas elementales, que a tan prematuro nivel penetraban en el cuerpo sometiéndolo a un temple abrasador.

Por supuesto, cualquier mortal moriría atravesando el río mucho antes de poder sufrir este letal acoso.

No era un sitio para elevar el cultivo, sino un extraordinario tesoro para templar el físico o poner a prueba las habilidades desde el más débil al más poderoso. Un oasis sagrado para los cultivadores de fuego.

Un ancho y largo pasillo se perdía hacia los costados en forma presumiblemente circular. ¿Atravesaría toda la montaña para volver al mismo sitio?

Más allá, filas de escalones llevaban a una nueva plataforma, también perdiéndose en la distancia hacia los laterales y llegando a más peldaños hacia otras plataformas, formando así una larga estructura piramidal.

Sin embargo, en la zona frente a la entrada principal se alteraba esta secuencia de pasillos y escaleras, siendo atravesados por un llano e ininterrumpido camino central hasta otro muro con más pasajes y otra gran entrada.

Exclusivo para aquellos capaces de atravesar hasta la siguiente zona, era un camino carente tráfico, rodeado por columnas similares las del templo. Si uno levantaba la cabeza, tales columnas conectaban con diferentes plataformas que se unían a las plataformas laterales, acabando más y más alto a cada paso que uno avanzaba.

Aunque hostil para la mayoría, era un ambiente realmente hermoso de ver. Si uno lograba avanzar lo suficiente, la energía sería tan concentrada que podría imaginar pequeñas mariposas ardientes rodeándole, observando un fenómeno extremadamente raro y difícil de ver en el mundo exterior.

Partiendo desde el nivel del suelo, muchos cultivadores estaban dispuestos ordenadamente en loto, incluyendo a un pequeño enano encapuchado y su gran acompañante. Aunque en los lugares cercanos podían contarse por decenas, se diluían progresivamente plataforma en plataforma, en una muestra evidente de la dificultad real qué el cultivo significaba en este mundo, logrando elevarse por encima del resto sólo unos pocos privilegiados generación tras generación.

Unos pocos obtendrían su dominio, y otros aún más selectos alcanzarían la supremacía, logrando que su nombre suene como un trueno en los oídos del mundo.

¿Estatuas? ¿Recordatorios? ¿Retratos? Nada de esto podía vislumbrarse por ningún sitio. Cuál fuese la gloria y el estado de los artífices de semejante infraestructura, estaba claro que su interés no era ser recordados, sino dejar un legado para las futuras generaciones.

Lo único que quedaba y que era adorado casi como una deidad por la gente de Achala era este extraño símbolo, al cual se referían como símbolo ancestral, motivo por el cual la reliquia era mencionada con tal nombre.

A través de las plataformas existían diferentes mecanismos, y en cada uno habría un pequeño pedestal con uno de esas esferas grises con círculos concéntricos en su cima. Nada aquí sucedería sin el consentimiento o la orden de este extraño y silencioso ente moderador. No era extraño ver a las personas inclinarse antes de acercarse o simplemente al pasar.

Pese al orden y la tranquilidad reinantes, en este momento la mayoría tenía su vista dirigida hacia la entrada, o en su defecto a una columna en llamas casi al final del pasillo central.

– ¡¿Planeas protegerme o matarme?!…

– Un accidente inoportuno. Surgió una extraña perturbación en la energía.

– ¿No se supone que puedes controlarlo?

– En realidad… – frunciendo el ceño hacia la entrada principal – … esto nunca había sucedido antes.

– Chst… pues tu tiempo es excelente… – mirando hacia los restos de llamas. A pesar de no haber dañado en absoluto la estructura, de sólo estar cerca uno podía presentir lo aterrador de su poder – … ¿Y qué demonios pasa con ese híbrido senil? ¿No es un poco ridículamente fuerte? Definitivamente lo convertiré en mi mascota…

El misterioso dúo estaba en una columna cercana aferrándose a un pequeño artefacto en forma de aro. A pesar de estar relativamente a la vista, su presencia se difuminaba mágicamente, e incluso era difícil percibir ningún tipo de energía alrededor de ellos.

– No podrá separarlo de este sitio, señorita Ákina. Al menos no en su actual condición…

– Pues se lo pediré a tu maestro… debería ser un pequeño favor para él.

– No es mi maestro, y dudo que acceda.

– Pero… ¡¿Por qué?! ¿Esto es claramente ingeniería perdida? ¿Por qué permiten que estos lugareños ignorantes lo acaparen? Algo así no puede pasar desapercibido tanto tiempo, no importa que tan lejos esté… ¡Pero nadie está intentando tomarlo! Esto huele muy sospechoso… realmente apesta.

-Carece de experiencia. Sin importar el tiempo o el bando, hay cosas con las que sencillamente es mejor no involucrarse.

– Nunca creí escuchar algo tan cobarde de gente como ust-…

– ¡Groar!

Un molesto gruñido interrumpió sus palabras, haciendo que volteara de golpe. El guardián ardiente se acercaba directamente hacia esa ubicación, perseguido de cerca por una mujer encapuchada.

– Chst. No importa qué… un día todo esto será mío.

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