Pequeña Quin Capítulo 238

Modo noche

– No se preocupe, ese desliz no volverá a suceder.

Silencio.

El anciano frunció el ceño al no recibir respuesta. Esa mujer era incapaz de no replicar o quejarse cada vez.

Al bajar sus ojos encontró que no estaba viendo al oso en absoluto, con su mirada completamente fija en un punto detrás. Parecía anormalmente estática, como si el tiempo se hubiese detenido para ella.

-¿Mmm?… – siguiendo la estela de su mirada.

Avanzando con el corretear impropio de una dama, una hermosa joven intentaba ponerse al día. De blanco vestido con finos bordados de oro, sus largos cabellos parecían cobrar vida y se balanceaban saludablemente en este entorno hostil para la mayoría.

– Buuu… rápidos… muuuy rápidos…

Si las partículas elementales acosaban a todos indiscriminadamente, había un extraño efecto a su alrededor, dando la impresión de no ser enfrentada por la esencia sino acompañada armoniosamente, cómo mariposas danzando tras de ella.

Su grácil rostro y ojos zafiro podrían dejar anonadados a muchos hombres desprevenidos, pero no terminaba de entender porque su particular protegida se sumiría en tal grado de estupefacción.

– No… – murmuró involuntariamente.

– ¿Qué le suced-…? ¡Hey!… ¿Qué diablos hace?

Ignorando por completo su voz, Ákina soltó repentinamente el artefacto y avanzó a paso lento hacia la joven entrante, como si su visión no pudiese captar nada más en este mundo.

~Swish

– ¡Maldición con esta cría!…

Separada del extraño objeto, no tardó en hacerse visible para todos, sin mostrar ninguna intención de evitarlo. Sin embargo, el principal persecutor que ya estaba en la zona sólo la miró un momento y continuó su vigilancia, demostrando así que no era el objeto de su búsqueda.

– Vaya… tienes agallas para mostrarte por ti misma… – elogió Dea con tranquilidad al detectar su presencia, y levantando una ceja al verla separada de ese misterioso anciano.

Silencio.

– No…

Aún ignorando todo lo demás que no fuera la pequeña Quin, murmuró mientras se acercaba lentamente extendiendo su mano.

– Ten cuidado. Esa niña es agresiva y no conoce modales… – advirtió Dea, con expresión vigilante.

– Mmm… no lo sé. Parece una niña buena. Niña agradable.

Lily. No puedes culparme, yo no la he llamado. ¿Me la puedo quedar?

|| El individuo ha demostrado habilidades inesperadas. Prediciendo nuevas rutas ||

– ¿Por qué? – le habló la niña de extraños ojos, señalándola con el índice.

Esa niña ya no era un poco más alta, sino que ahora era Quin la que inclinaba su cabeza hacia ella.

– ¡¿Por qué?! – repitió con un gesto de dolor.

– ¿Sí? – inclinando la cabeza.

Al ver ese dedo acercarse levantó el suyo propio y presionó con curiosidad su índice sobre el de ella.

Los ojos carmesí la miraban bien abiertos sin pestañear, y mantenían un tenue brillo, pero su gesto parecía más confuso que agresivo. Cuando su dedo contactó con el de Quin sucedió un cambio más violento en su expresión.

– ¿C-Cómo? ¿Cómo es posible? ¡Hugh-…! ¡No!… no puedes… – tomando su cabeza, como sintiendo un gran dolor – ¡Es mentira!… yo soy… ¡Ahhhhhh! Yo…

Ante la desconcertada vista grupal, se llevó ambas manos a la cabeza y se desplomó de golpe balbuceando dolorosamente hasta perder el sentido.

¿Weeeee…? ¿Qué le pasó?

|| Has provocado un severo shock psicológico||

¡Si no le hice nada!… ¿Se pondrá bien?

|| Probablemente un trauma específico haya debilitado su fortaleza mental. Puedes dejarla. Su condición se tornará estable por si misma ||

¿Ehh?… ¡No! No voy a dejarla. Mira pobrecita que mal se ve…

|| Una acción imprudente y riesgosa. Ha dirigido un ataque letal hacia ti. La interacción también puede provocar variables impredecibles en tu desarrollo ||

No lo sé. Maestro lo ha dicho… no se puede juzgar tan fácil. “La acción se define por su intención subyacente”

|| Su intención era matarte. ¿Planeas ayudar a tu verdugo? ||

Mmm… pequeña agradable. – inclinándose para pinchar ese delicado rostro infantil – ¿Por qué haces cosas malas?

Entonces giró su rostro hacia una columna cercana con expresión dudosa.

– ¡………!

Oculto en las cercanías el anciano se sorprendió de que, incluso en esas condiciones, el más débil del grupo fuese capaz de sentir algo en su dirección.

– Con un demonio… esa mocosa ha perdido la cabeza.

Aunque debería procurar la seguridad de la joven, si salía ahora con el guardián en total vigilancia era probable que la situación se desbordara mucho más. No estaba seguro de poder con todos y huir, sobre todo en este sitio.

Resignado a observar temporalmente el desarrollo, frunció fuertemente el ceño hacia esa niña de rubios cabellos que yacía inconsciente con expresión de dolor.

– ¿Qué ha sucedido?…

Las cosas que ella podía ver eran ajenas incluso para él mismo, por lo que sólo cabría deducir los motivos de su caída, o qué estaba pasando ahora mismo dentro de esa cabeza.

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