Pequeña Quin Capítulo 239

Modo noche

Burbujas. Pequeñas masas maleables de gas que ascendían lentamente dentro del líquido azul cristalino. Incluso en la mayor soledad, en el silencio más absoluto, ellas seguían rodeándola sin descanso.

Cada tanto extendería su pequeña mano para pincharlas o jugar con ellas. No había mucho que hacer después de todo. Ni siquiera podía estirarse lo suficiente para tocar el cristal empañado.

~Blup

Una pequeña pelota transparente flotó cerca. Aparecía tiempo en tiempo para disolverse poco a poco, pero no jugaría con ella. Siempre dolía mucho y mucho, pero no había nada que pudiera hacer, sin importar cuánto la empujara con sus pequeñas manos a través de líquido, el resultado sería el mismo.

Oscuridad. A veces sentiría mucho sueño y todo se nublaría.

Incontables burbujas dolorosas habían pasado, pero su brazo apenas había crecido lo suficiente para llegar a rascar la superficie del cristal. ¿Cuándo podría ir más allá? Instintivamente comprendía que había un mundo más grande detrás de esas paredes.

~Blup

Una nueva pelota translúcida. Después de todo este tiempo, aun sentía un escalofrío. Últimamente creía ver algo muy pequeño dentro antes de que se disuelva, y el dolor aumentaba cada vez. ¿Era la vida algo como esto? Instintivamente sabía que no.

En silencio pasarían días, semanas y años, aunque fuese incapaz de comprender tales conceptos temporales.

~Tap

Apoyando su palma, limpió el cristal por milésima vez. Había descubierto a su alrededor más paredes de cristal en todas direcciones. En algunos de los ocho contenedores inmediatos al suyo podían verse vagas siluetas estáticas.

~Tap

Una alegría involuntaria surgió al ver otra mano detrás de un cristal. Era difícil explicar el trascendental sentimiento de esa primera vez viendo otro rostro además del suyo siendo reflejado.

~Tap

Un día de suerte… parecía que sus dos acompañantes hoy estaban despiertos. A través de la borrosa superficie un niño de tez oscura y ojos avellana miró en su dirección por un lado, y una niña caucásica de ojos azules por el otro. Tan sólo podían mirarse y sonreír instintivamente, ante la sensación de no saberse solos en el mundo.

~Blup

A través del cristal de la niña presencio la aparición de esa molesta esfera. Su rostro se hundió al reconocer dentro una atípica gota rojiza.

– ¡………!

Era eso otra vez. La niña también se percató del cambio, pero no había nada que pudiera hacer para prevenir los sucesos posteriores. Tan pronto la película protectora se disolvió, todo el líquido azul cristalino se tiñó de un pesado rojo y penetró violentamente en su cuerpo reduciéndolo en la nada.

Ella cerró sus ojos con fuerza para no verlo. Lamentablemente, ya había hecho esto otras veces, y desearía haberlo sabido la primera vez.

Desde entonces, no volvió a ver una mano en ese cristal. Sólo quedaban ella y el niño de oscura tez junto a las incansables burbujas. Al menos no estaba sola y al menos no había sido ella. Vagos consuelos para continuar soportando esta inevitable rutina.

~Blup

Pero un día todo esto llegaría a su fin. Su corazón se detuvo aquella vez, al ver una pequeña esfera traslucida frente al niño, quién aparentemente también reconocía ese contenido oscuro rojizo. Pero, en vez de intentar alejarlo, apoyo su palma del vidrio mirando tristemente hacia ella.

Pronto comprendió su gesto, cuando la visión se vio interrumpida por otro agente del desastre flotando justo frente a sus ojos.

~Glup

Quiso exclamar, pero no pudo emitir ningún sonido mientras veía como se disolvía y todo a su alrededor se tornaba oscuro. Entonces, un dolor indescriptiblemente insoportable invadió cada centímetro de su cuerpo.

Estirando una mano hacia el niño, de manera inesperada sus últimos pensamientos fueron de alivio, al saber que finalmente acabaría este suplicio para ambos y no tendría que irse sola.

Silencio.

Oscuridad.

– Excelente.

– Son los mejores números en 600 años.

– Eso no evitó el fracaso entonces. Hace falta algo más que números para superar esa barrera…

– Aún así, hemos hecho enormes avances.

Sintió sus párpados pesados y la sensación de su entorno muy diferente a la que reconocía. Irónicamente, aunque apreciaba algún tipo de renovada libertad en su cuerpo, en realidad no podía moverlo.

Su piel recibía desconocidos estímulos, sus oídos las primeras voces, su respiración irregular y un cúmulo de nuevas informaciones le mantenían mentalmente confundida mientras permanecía recostada sobre una fría superficie.

– ¿Mmm? Parece que tenemos otro despertar prematuro.

– Son tres casos esta vez. Una gran señal…

Repentinamente, sintió una palma en su pecho y un torrente de energía le invadió.

– ¡Hugh-¡…

Emitiendo sus primeros sonidos, abrió los parpados de golpe y respiró agitadamente.

– Eso es…

Un techo desconocido, un rostro desconocido. Sus ojos lucharon por adaptarse a la luz y enfrentaron por primera vez la apariencia de un adulto, siendo un hombre sin cabello y con una blanca barba en candado.

Se sobresaltó al notar que uno de sus ojos era gris claro, pero el otro tenía un aspecto antinatural y se movía independientemente. Todo su cuerpo se sentía muy incómodo al ser observado por él.

El hombre tomó su brazo y lo levantó. Desde su posición pudo que ver toda su piel estaba dañada y pedazos de carne lucían al descubierto, aunque por algún afortunado motivo era incapaz de sentirlo.

– Bien. Procedan con la cuarta fase. El tiempo es prioridad…

Más voces que no podía interpretar, más cambios que no entendería. ¿Cuál sería significado de su existencia? No fue hasta que inclino su cabeza a un costado qué, en esta marea de objetos y seres desconocidos, pudo reconocer algo que le resultará completamente familiar.

Recostado a pocos metros, un niño de escasos cabellos con tez oscura y ojos avellana tenía su cabeza inclinada hacia ella, y sonrío al finalmente encontrarse con su mirada.

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