Pequeña Quin Capítulo 240 – Sobre el camino hasta lo imposible.

Modo noche

Desde ese momento los recuerdos comenzaron a fragmentarse en su mente. Lo que suponía libertad no fue nada más que otro período de experimentos en una jaula de cristal. Diferente, pero fundamentalmente similar.

Aún sería sometida a constantes pruebas, y obligada a aprender una gran cantidad de información a diario, pero no podría salir de este extraño sitio lleno de largas y monótonas paredes grises.

No tardó en comprender la relación entre el dolor, el sacrificio y los cambios en su cuerpo imposibles de ignorar. Dos años después apenas sí había interactuado con los otros “electos”, cómo los adultos solían llamarlos. Todos lucían como niños y niñas jóvenes, y lo que reinaba en cada encuentro no era un ambiente de compañerismo, sino una fría competencia cada vez más marcada, estimulada por ellos.

Aunque no podían compararse en la práctica, habían comprendido lo especial de su condición y las expectativas que se tenía en ellos, sobre todo las de ese hombre misterioso, al cual llamaban erudito Mehel.

Tal vez porque así habían crecido, acostumbraba sentarse junto a Nain, como pequeños hermanos. Ninguno parecía preguntarse el significado de ello. La relación del grupo iba de lo apático a lo agresivo, invadidos constantemente por una mentalidad de superación individual.

En un punto esta rutina interminable se volvió natural, incluso llegó a disfrutar esta sensación de volverse cada día un poco más fuerte, a pesar del sacrificio implicado.

Sin embargo, tal metódica preparación sólo los acercaría a otro punto de quiebre. Fue entonces cuando apareció nuevamente ese hombre de recortada barba y sofocante mirada. Tanto más fuerte se volvía ella, más abrumadora resultaba su presencia. No conocía muchas personas, pero podía decir que era fundamentalmente diferente de todos los demás, y su palabra era incondicionalmente obedecida.

– A través de las eras pocos han tenido esta fortuna. Nacer dispuestos a la hegemonía, el mejor entrenamiento y los mejores recursos. Todo para prevalecer sobre todos más allá de estas paredes. Sin embargo… – les dirigió una fría expresión, que les hizo sentir escalofríos – … al final sólo unos pocos lograran evitar decepcionarme. Procuren ser parte de ese grupo…

Palabras crudas, pero no más crudas que la realidad. Días después, aferrada a sus piernas en un rincón de la habitación comprendió el significado de esa doctrina. Se frotó los heridos brazos intentando olvidar lo que acababa de experimentar, y a partir de ese día sólo la mitad de ellos quedaría.

Otro año pasó y una nueva preocupación comenzó a tomar forma. Mientras algunos crecían visiblemente, otros como ella se verían refrenados en un lento desarrollo. ¿Serían los próximos en caer? ¿Estaría haciendo las cosas mal?

– Kina, no te retrases. Es día de insp-…

– Servicial… siempre tan servicial. El bueno de Nain.

– ………

– Metete en tus asuntos… – replicó ella.

– Bien, bien… – subestimó la voz – … que los perdedores hagan sus cosas de perdedores.

Allí estaba Malth, el más fuerte de los ocho restantes. Un rubio niño de largos cabellos que odiaba a Nain desde que lo había superado en una de las pruebas, y nunca perdía la oportunidad de enfrentarlo.

Lo odiaba, sobre todo desde que intentó matarlo por la espalda durante ese evento siniestro, pero a la vez le hizo preguntarse inconscientemente. Si todos los demás morían… ¿Podría finalmente salir de este lugar?

Mientras escondía esos pensamientos para sí, la cada vez más aterradora presencia de Mehel volvió a mostrarse, y junto con él lo que llamaban la sexta fase. Resultado redundante recordarlo, pero cuanto más fuerte se volvía, más débil se sentía al ser observada por esos ojos dispares.

– Mmm… no está mal. El tiempo ha madurado. Verdadera grandeza… a sólo unos pocos pasos de sus pies… pero pasos de gigante. Demostrarme que lo son, y tienen las agallas para tomarla.

– ¡Sí!

Con su poder creciendo drásticamente en los últimos tiempos, se sentían capaces de todo, y ella no era la excepción. De hecho, solían intercalarse el segundo y tercer puesto en rango con Nain, si existía tal cosa. Malth se mantenía la cima y su expresión era la más confiada del grupo.

Pero todos habían subestimado una vez más el alcance de esas palabras.

Cuando fue su turno de entrar en aquella habitación especial, todo lo que tenía en frente era una pequeña piscina. Pero su contenido fue suficiente para envolverla en terror.

Otra vez, ese extraño líquido rojizo, sólo que esta vez debía sumergirse por completo en él. El solo hecho de estar cerca le oprimía intensamente, y en este punto ya comprendía que esta era la sangre de un ser extremadamente poderoso, tanto que incluso una pequeña gota causaría escalofriantes efectos.

Un bautismo mortal. Una resistencia inútil.

Oscuridad.

La imagen se deformó y balbuceaba en su habitación.

– No más… ya no más…

Definitivamente esa clase de sufrimiento no era algo que alguien debiera conservar en su mente. Nunca había sido más fuerte, y a la vez nunca había sufrido semejante daño. Su cuerpo altamente regenerativo apenas había escapado esta vez de la muerte y luchaba por renacer como un fénix en un nuevo nivel.

Mucho tiempo pasó en silencio, cavilando y recuperándose. ¿Cuántas pruebas más? ¿Cuántos de ellos quedarían?

La respuesta llegó tan pronto como su cuerpo retornó al mejor estado. En un amplio espacio circular, con blancos muros translúcidos y dos puertas enfrentadas, se encontraban un hombre de brillante calva, con un ojo plateado y una obra de ingeniería única como pareja.

Cada vez que lo enfrentaban no podían dejar de sentir una completa exposición ante su mirada.

– Felicidades, mis queridos elegidos, por llegar hasta aquí. Como era de esperar, ninguno de ustedes logro decepcionar mis expectativas. Todos sus sacrificios y esfuerzos dentro de estas paredes están en el filo de su final.

Eran, naturalmente, los mismos tres que habían despertado prematuramente varios años atrás.

Una niña de cabellos claros hasta los hombros, un niño rubio de ojos azules y despectiva mirada, y un niño de tez morena con ojos avellana.

Pese a todos sus esfuerzos y recursos gastados, ninguno de los otros pudo sobrevivir hasta la conclusión de todo.

Así, el círculo finalmente volvía al mismo lugar.

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