Pequeña Quin Capítulo 246

Modo noche

Y aún con todo lo incoherente de su discurso, podía determinar que no se estaba burlando de ella, o fingiendo ignorancia, sino simplemente diciendo lo que pensaba. Incluso presentía que ni siquiera era consciente del grado ilógico de su potencial y las consecuencias de ser descubierta por ciertos poderes.

Pero ilógico no significaba irreal. Las pruebas estaban frente a sus ojos, y por ende debería tener un gran trasfondo que descubriría sin falta.

– Y a este maestro tuyo… ¿Dónde puedo encontrarlo? ¿A qué organización pertenece?

– Maestro es un tacaño, incluso a su mejor discípula no le dice mucho sobre eso, pero…

Mientras hablaba se había estado acercando lentamente hacia ella, quién levantando una ceja se puso en guardia, teniendo un mal presentimiento frente a esa tonta sonrisa.

Entonces Quin de repente saltó e intento acariciarle la cabeza.

– ¡Quita!… ¡¿Qué haces?! – esquivándola.

– Pequeña carmesí, esta hermana mayor quiere jugar con tus bellos cabellos…

– ¡Juega con un caballo!

– Wa… es como la princesa. ¿Sólo un poquito? ¿Sí? – parpadeando lindo.

– ¡Deja las tonterías y dime como encontrarlo!…

– ¿A maestro? Oh… – sonrisa astuta – es super fácil. Tienes que ser una buena niña y acompañarme a buscar al súper abuelo. Entonces maestro aparecerá en un ¡Fushhh!, y ¡Swish!, me dará un gran regalo, y podrás hablar con él.

– ¿Puedes decir algo que tenga sentido?

La rubia niña de ojos carmesí mostró una expresión resignada. Su instinto le decía que no iba a obtener nada más que un dolor de cabeza discutiendo con esa joven de gran potencial y apariencia, pero escaso sentido común.

Lo mejor por ahora era seguirle la corriente. Miró alrededor pensando que ese molesto guardia estaría en algún sitio cercano, esperando el momento en que ella se separe del híbrido para llevársela. Debía estar realmente furioso.

Aunque no le gustaba ser controlada, sus planes acababan de cambiar drásticamente y necesitaría de su ayuda para llevarlos a cabo. De ninguna manera se iría antes de obtener lo que deseaba, sin importar el costo.

– Chst… como sea. ¿A quién se supone que hay que encontrar?

– Wiiiiiii… ¡Tenemos una nueva compañera! Emm… – se frenó, inclinando la cabeza.

– Ákina… y no soy tu compañera, sólo quiero conocer a tu maestro.

– ¡Yey! Ákina, la pequeña carmesí. Te presento a Dea, mi amiga de gran fragancia.

– ………………

– Y ya conoces a Fogi. – señalando al oso a su lado, quien resopló brevemente en respuesta – Luego te presentaré a la princesa y al abuelito.

Ignorando la extraña presentación, Ákina miró a la mujer encapuchada que se mantenía pasivamente al margen. Tras analizarla un momento, sus ojos se estrecharon levemente.

– ¿Te he visto antes?

– ¿Disculpa? – tono indignado.

A Dea definitivamente no le importaba ser recordada. De hecho, su único interés real era conservar el favor del guardián. Pero esa niña de despectiva expresión siquiera la había puesto en sus ojos hasta ese momento. Parecía considerar casi todo a su alrededor indigno de ser observado.

– Como sea. – desestimó – Debes ser su guardia ¿No?

– Ella es mi guía… nos llevará hasta el super abuelo. – aclaró Quin, dándole la espalda y extendiendo sus brazos hacia atrás.

– ………

Silencio.

– ¿Qué haces?

– Ofrezco mi servicio de transporte. Es rápido, eficiente, ¡Y gratis para niñas bonitas!… – invitándola con sus brazos y sonriendo tontamente.

– ¡Transporta una vaca!

– ¿Weee…?

– Insolente, no te confundas conmigo. ¡No soy ninguna niña! Sólo… crezco más lento. Deberías respetarme como a un mayor…

– Jiji… eres tan linda…

– ¡Escucha lo que digo!…

Dea suspiró por lo bajo y decidió adelantarse un poco, escapando de la conversación. ¿Qué era otra vez eso de gran fragancia?

Esa niña irrespetuosa tenía sus misterios, pero la dejaría estar mientras no volviera a actuar impulsivamente. Al igual que al guardián, por ahora le preocupaba más la ausencia de su misterioso acompañante.

– Olvídalo. No me subiré allí ni en un millón de años.

– ~Peeero~… estabas tan cómoda.

– ¡Sólo estaba inconsciente! Chst… suficiente, ¿Dónde está ese hombre que buscas?

– Mmm… no lo sé, pero no debería estar lejos. – señalando hacia el final del pasillo, donde había dos símbolos más y otra puerta principal sellada.

– ¿……? ¿Al menos sabes quién es?

– Bueno… – dudosa – … el abuelito me dijo que no hable de ello, pero… – frotó su mentón un momento, considerando la actual situación – … debería ser algo de ancestral, y es super fuerte y super viejo.

– Bastante vago, para variar… ¿Y cómo sabes que nos llevará hasta tu maestro?

– Porque maestro lo dijo. – declaró tajante – Si el abuelo ancestral me da una cosa, él vendrá por mí. – sonrisa feliz – Y según mi amiga parametral las probabilidades son muy probables…

|| ……… ||

– ¿Sólo porque él lo dijo? Suena a patrañas…

– ¡Ejem! La palabra de maestro vale más que el sol. – levantando la nariz orgullosa – Por eso dice al sur, y allí va la discípula ejemplar…

Ákina frunció el ceño involuntariamente. Había una confianza inamovible plasmada en sus palabras, una profunda y pura credulidad que le produjo por dentro un intenso rechazo.

– No puedes confiar demasiado en otros… – declaró, casi como hablando consigo misma.

– ¡Puedes confiar en maestro! No sabes nada de él… ¡Hmpf! ¡Hmpf! – frunciendo los labios molesta, con las manos en la cintura.

– ¡Jah! Eres joven, e ingenua. – expresión condescendiente – Conozco muy bien a ese tipo de personas. Aunque confías en él, es obvio lo que ha hecho en tu cuerpo sin que estés consciente…

– Wa wa wa… espera… ¡¿Sabes sobre eso?!

– Heh… – sonrió satisfecha al ver su reacción. Sabía que estaba en lo cierto. Eran todos iguales. Por sus propios deseos, las tratarían como meros experimentos hasta que dieran frutos – No necesitas ocultarlo más. Mis ojos pueden notarlo…

– ¿Weeeeee? ¡Rayos!… ¿Cómo sabes mi mayor secreto?  – haciendo un puchero – Buuu… ¿Realmente no podré casarme?

– ……………… ¿De qué demonios estás hablando?

– ¿Eh? – inclinó la cabeza confundida, abrazando sus blancas ropas – ¿De lo que hizo en mi cuerpo cuando estaba inconsciente?…

– ¡………!

Al ver a una joven belleza abrazando su cuerpo con expresión inocente, la refinada tez de Ákina cambió de golpe y abrió muy grande sus ojos carmesí.

– T-T… – señalándola con la boca abierta – … T-Tu maestro no es un mentiroso… ¡Es un pervertido! ¿Cómo puede hacer esas… esas… c-cosas sucias…?

– ¡Buuu…! ¡No son cosas sucias! A mí me gusta mucho… aunque el maestro no sea muy creativo…

– ¡¿C-Creativo?!… – tapando su boca.

– Sí. Emm… hizo algo lindo, pero creo que yo puedo hacerlo mejor…

– ¡¿Hacerlo mejor?!…

Su rostro infantil se enrojeció de sólo escucharla. Era obvio que en esas cuestiones tenía tanta experiencia como una auténtica niña.

– Mhm. – asintió con confianza – Aunque, no me estoy quejando… pero lo hizo en mi cuerpo mientras dormía y ahora no se si podré casarme.

– ¡Basta! Sucio… ¡Muy sucio! – tapando su rostro.

– ¡No es sucio! – resopló molesta – De hecho… mmm… – girando su impecable vestido – … nunca se ensucia. ¿No es extraño?

–  ……………… ¡¿De qué demonios estás hablando?!

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