Pequeña Quin Capítulo 248

Modo noche

– ¿Es alguno de estos?… – indagó Ákina con cierta impaciencia – Por cierto… ¿Quién eres?

– ¿Eh?… – inclinando la cabeza – Ohhhh… es cierto. Mi agradable compañera no amenazante. – se inclinó elegantemente tomando el borde de su vestido – Esta misteriosa hermana mayor se llama Quina, hermana de la super talent-…

– ¡Bien! Dime si está aquí ese viejo que buscas… – interrumpió su discurso, antes de que comenzara a desvariar nuevamente.

– Wa… mi presentación. – se lamentó – No lo sé, pero voy a descubrirlo.

– Si ese cultivador es tan fuerte como dices, es muy posible que esté recluido más allá de esa puerta. – indicó Dea, mirando hacia la distante salida – ¿Por qué confías tanto en que está cerca?

– Emm… probablemente porque las probabilidades son muy probables…

– ……… Olvídalo. Hay seis áreas de prueba y el centro de meditación. El símbolo ancestral determina los requisitos y el tiempo para cada prueba. Si esperas lo suficiente, eventualmente verás a todos los que no estén aquí. Es el camino más efectivo si buscas a alguien. Desde aquí, no hay más en lo que pueda ayudarte.

– ¡Yey! Dea, eres la mejor guía y sabes mucho, le pediré a maestro que te dé un regalo también.

– ¿……?

– Pequeña carmesí… ¿A quién deberíamos preguntar primero?

Los seis cultivadores habían interrumpido su rutina al escuchar la entrada principal y ver al guardián sagrado. Sin embargo, rápidamente retomaron la meditación en silencio.

– Eres realmente muy poco confiable. Chst… sólo hay que preguntar a los más fuertes… ¿No es así? – señalando sin dudar hacia uno de ellos.

Era el más viejo de los presentes, de aspecto descuidado y arrugado, con frondosa barba cana que dificultaba ver su apariencia al detalle. Extrañamente, también era el único sin esferas en actividad.

Al ver su elección, Dea frunció el ceño levemente.

– Ese hombre es… bastante especial. – tono significativo – Sin dudas es el más fuerte, y más viejo, e incluso no debería estar aquí. Pero, su mente… – sacudió la cabeza – … no creo que sea a quien-…

– ¡Sí! Muy viejo, muy fuerte… ¡Estamos de suerte! Gran regalo, maestro, espera por mí…

– ………

Ignorando sus reparos, Quin ya había avanzado con silencioso paso danzante hacia ese anciano, que se encontraba aislado en uno de los círculos más cercanos al centro.

Siguiendo la estela de sus largos cabellos de fuego, Ákina le acompaño con expresión apática pero vigilante, mientras el pequeño oso permaneció observando la entrada con cierta duda.

– Shh… señor abuelo.

Al llegar hasta él, se inclinó un poco y le susurró suavemente. Pronto un imperceptible sonido le fue devuelto a su llamado.

– Zzzz…

Detrás de sus copiosos y desordenados cabellos podía distinguirse un rostro inclinado hacia abajo con los ojos profundamente cerrados.

– Shhh… señor…

Silencio.

– Zzzzzz…

Evidentemente esa estrategia no estaba funcionando.

~Toc

Asegurándose de que los otros cultivadores no la estuvieron observando, estiró disimuladamente un pie y pateó su pierna.

Silencio.

– ¿Mmm?…

Finalmente pudo escucharse un fatigoso murmullo, mientras dos ojos llenos de tiempo se abrían lentamente con escasos indicios de lucidez.

– Hola… señor abuelo. ¿Es usted el an-…

– ¡Belleza!… ¿Estás libre?…

El anciano levantó la cabeza y hablo repentinamente.

– ¿Eh?… mmm… bastante libre… – respondió sin pensarlo – … aunque me gustaría poder comer más…

– Bahj… no confíes en una belleza interesada… – murmuró casi hablando sólo – … vuelve a tu casa…

– ¿Wee…? No puedo volver sin mi gran regalo. Más importante, señor abuelo, es usted e-…

– Zzzzzz…

Silencio.

~!Toc!

Ákina, que se había mantenido de brazos cruzados golpeteando su dedo con impaciencia, fue quién se acercó esta vez para propinarle un golpe.

– ¿Mmm?… ¡Belleza!… ¿Eh? – al enfocar su mirada debajo de la capucha, sus pesados párpados se abrieron un poco más mostrando incluso algo de claridad – ¿Niña… extranjera…? Nonono… tonterías. Vuelve cuando seas más grande, deja dormir… – rechazando con su mano.

– Viejo… decrépito… – apretando sus dientes, mientras su aura se elevaba.

– Wa wa… espera. – calmando con sus manos – Recuerda… buena niña, niña buena… no amenaza. Abuelo, ¡No te duermas!… dime si eres el ancestral…

Silencio.

– ¿Abuelo?

Pasó otra respiración sin respuesta, pero de repente el hombre levantó su mirada y se enfocó completamente en la joven belleza desconocida y la marca en su frente. Sus ojos ya no eran nada parecido a un aspecto senil y distraído, sino que de repente lucían llenos de vida y claridad, como si una sola palabra lo hubiera anclado abruptamente a la realidad.

– Niña… ¿Por qué… crees que soy tu ancestral? – definiendo pausadamente cada palabra.

– Emm… porque eres un abuelo super viejo, y parece que super fuerte también…

En silencio el hombre se quedó sopesando las palabras de esa joven y la veracidad de su interés. Entonces pareció perderse un momento en el mar de sus recuerdos, mostrando su rostro expresiones de antigua melancolía y tristeza.

– Jovencita… aun si lo fuera… – habló de repente, estrechando sus ojos – ¿Qué querrías de un traidor que debería estar muerto?

– ¡Yey! Lo sabía. ¡Eres el super abuelo ancestral! – con suma de emoción retiró la extraña hoja de su anillo, que tal como le aseguró Claus no sufrió el menor daño en este ambiente – Por favor, dale a esta pequeña madura otra de estas… ¿Sí? – haciendo su ataque de ojos bonitos.

Silencio.

Ante la aparición del objeto, el hombre procedió a observarlo durante largo tiempo sin responder a sus demandas, con el ceño fruncido.

Finalmente pareció llegar a una conclusión, y sus ojos ya completamente lúcidos e inteligentes volvieron a los de Quin.

– Lo siento… no puedo ayudarte con eso. Pero…

– ¿Weee? ¿No puede ser? Su abuelo discípulo dijo que me ayudaría… el abuelito incluso tiene una carta… pero…

– Lo tienes mal. – sacudió la cabeza, con una extraña expresión – No sé cuál es tu objetivo, pero es imposible que lo encuentres de este modo. ¿Realmente no lo sabes? – con genuina curiosidad.

– ¿Eh?… ¿Imposible? Pero, si es un abuelo super fuerte… y está aquí dentro… ¿Mmm? – confundida – También están las probabilidades… y los parámetros…

– Jeje. Estás realmente a ciegas… ¿Eh? – carcajeó entre sorprendido y confuso por la evidente ignorancia de esa bella cultivadora – Déjame preguntarte algo. Si realmente buscas al ancestral, ¿Por qué creerías que se ve como este pobre viejo? Y, más importante… jovencita… – tono perplejo – ¿Por qué crees que tu ancestral… es un hombre?

Silencio.

– ¿Sí? – inclinando la cabeza en desconcierto.

– Como he dicho. Ancestral… es sólo un título. Nunca hubo un ancestral hombre en tus tierras. Si estuviera vivo… nunca vas a encontrarlo de este modo.

– ¿Sí? – repitió, parpadeando en confusión.

– Bahj… que tragedia. – murmuró con tristeza mirando a la nada – Tu ancestral fue la guerrera más hermosa y poderosa que mis ojos hayan visto. Si no hubiera enfrentado a Achala, aun hoy conservaría gran parte de su belleza y juventud. La leona dorada de Amatí, Azadea.

– ¿Aza… dea?

La respuesta de Quin llegó entrecortada, pero no por la sorpresa de tal revelación. La realidad era que desde hacía unos instantes su cuerpo había sido víctima de una presión indescriptible, sintiendo una mano en su hombro que parecía más una montaña colocada sobre ella amenazando con caerle encima.

Detrás de ella, dos ojos de oro la miraban fijamente analizándola con una intensidad inusitada, como si fuese la primera vez que la veían.

Entonces a sus oídos llegó una penetrante voz helada. Una voz que ya conocía… pero a la vez no.

– Responde. Ese objeto… ¿Cómo lo has obtenido?

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