Pequeña Quin Capítulo 251

Modo noche

– ¡¡Groarrr!!

– ¡………!

La sorpresiva aparición del anciano con ropas grises cambió radicalmente la expresión de Ákina. Sólo le tomó un segundo volver la vista hacia Quin, sumida en un trance, para entender que es lo que sucedía.

– ¡Señorita! El híbrido… – gritó el anciano.

Ella giró hacia Dea, que se había levantado con fría expresión, y luego hacia el oso gigante a punto de atacar.

– Chst… – metiendo la mano entre sus ropas – … no hay opción…

En ese momento, una garra de fuego se movió a gran velocidad hacia el misterioso hombre, con el único propósito de convertirlo en cenizas. Un propósito respaldado con el poder necesario.

~Swish

La mano de Ákina se movió al mismo tiempo y un objeto metálico en forma de aro abierto salió despedido hacia la bestia.

~Clank

Como dirigido por una mano invisible el objeto llegó con total precisión hasta el cuello del oso y se cerró abruptamente.

Los extraños grabados sobre el metal ocre se encendieron con un brillo rojizo, siguiendo un patrón que Violet reconocería.

– ¡¡Gro… grra… gaaa!!

Sonidos lastimeros salieron del guardián, como si su corazón hubiera sido atravesado de golpe, y tomó su cuello a la vez que su avatar elemental se desplomaba. Pronto pudo verse su apariencia normal mientras luchaba en el suelo con sus ojos apagándose lentamente.

– ¡Noooo! ¡¿Qué has hecho?!

– ¡Sagrado guardián!

Los pocos cultivadores capaces de estar allí exclamaron con ira ante esa trágica vista.

– Mate a la niña y prepárese para salir… – ordenó el anciano señalando a Quin, aun en trance formando su técnica.

– ¡De ninguna manera! Debemos llevarla…

– ¡¿Se ha vuelto loca?! No es momento para caprichos…

– ¡Silencio! ¡No está en discusión!… – declaró tajante.

– Por supuesto que no lo está… – sonó una voz fría como un témpano – No podrán llevarse nada de aquí… ni siquiera sus cuerpos…

Deshaciéndose de su capucha, una mujer con cabellos cenizos y ojos dorados se interpuso entre ambas. Tenía la marca de dos ramas entrelazadas en su frente, con algunas heridas que recorrían su cuello y parte del rostro.

– Mayor. Por su bien, le recomiendo que no interfiera… – advirtió el anciano.

– ¿Un naciente se atreve a ladrar y esconderse frente a mí? ¡Muestra tu rostro! – ordenó extendiendo su mano elegantemente.

– Me temo que no podré cumplir ese pedido. Señorita, vámonos… – apremiante.

Parecía estar luchando por mantenerse en control desde que Quin había iniciado la técnica y liberado su energía.

~Crack

La mano de Azadea crujió al cerrarse en un puño. Esas personas extranjeras no tenían ningún respeto o consideración por este lugar ni su gente, todo aquello por lo que luchaba en silencio.

Tras inclinarse hacia el símbolo ancestral, sus ojos se encendieron en un dorado esmeralda sin ningún aviso, entonces dio un paso y desapareció instantáneamente.

– ¡………!

~¡Booom!

El anciano apenas pudo reaccionar antes de recibir un impacto desgarrador y ser aplastado sin compasión contra las sólidas paredes.

– ¡Hugh-…! ¡Bluahg…! – expulsando una enorme bocanada de sangre.

Un tercio de su pecho había sido arrancado y su brazo izquierdo estaba doblado en una dolorosa posición. Un aura desagradable comenzó a filtrarse a través de la herida.

– Tsk… estúpida… bluahg… mujer…

A pesar de su terrible condición, aun se mantenía considerablemente calmado.

– ¡Ahhhh!…

Para sorpresa de todos, el mayor grito de dolor vino de Azadea, el poderoso y antiguo Ancestral de Amatí. Estaba donde antes el anciano y miraba su puño con violentas emociones, desde incredulidad hasta… temor.

Luego de que su golpe hubiera impactado, una desconocida energía oscura y viciosa había penetrado a través de su mano e intentaba devorarla tenazmente.

– Q… ¡¿Qué demonios es esto?!

– ¿Mmm?…

Los ojos de Quin se abrieron de golpe al sentir esa siniestra y desagradable sensación. El pequeño núcleo de energía elemental entre sus manos se desvaneció lentamente mientras ella miraba confundida en todas direcciones.

– ¿……? ¡¿Fogi?! ¡Dea! ¿Qué está pasando? Oh, no… ese… tipo malo…

Su cuerpo se encogió involuntariamente por esa fuerza oscura que la asustaba más que cualquier otra cosa. Entonces en su visión aparecieron dos fríos ojos carmesí.

– Escúchame bien. Tus amigos no podrán detenernos. Debes venir conmigo ahora, y tal vez considere su vida.

– ¿Eh? ¿Pequeña carmesí?… – rostro entristecido – ¿Realmente… estás haciendo cosas malas?…

– ………

Frente a esa expresión, por un momento no supo que responder, ni el motivo de ello.

– ¡Maldita… cosa!…

Azadea era incapaz de aceptar lo que veía. Su energía interna apenas podía contener ese aterrador flagelo.

En ese momento, el moribundo anciano extendió sus extremidades para lanzarse hacia el cultivador más cercano. A pesar del daño, seguía siendo un cultivador supremo y la presión de su cultivo impidió que escapara antes de ser agarrado.

– ¡¿Qué?!

Entonces, algo más siniestro sucedió. Los ojos del anciano se oscurecieron mientras enterraba sus dedos en el cuerpo del cultivador, el cual repentinamente comenzó a convulsionarse mientras empalidecía y su fuerza vital era arrancada violentamente.

– ¡¡Ahhhhhh!!… ¡Noo…

Fue deteriorándose de manera visible hasta tomar una apariencia cadavérica y decrépita, con la llama de su vida extinguiéndose sin freno a la par que el cuerpo del anciano se regeneraba poco a poco.

Momentos después se incorporó lentamente mientras lanzaba el cuerpo inerte a un costado.

– Uffff…

Buena parte de su cuerpo volvió a reformarse, dejando a la vista una piel pálida nada similar a la de un anciano, o siquiera a la de un humano.

– No hagan nada estúpido… – se volteó con voz amenazante hacia los cultivadores sobre el área de meditación.

Todos estaba petrificados. El guardián inmortal y un incomparable supremo saliente habían sido anulados frente a ellos por estas misteriosas personas extranjeras.

– ¿A dónde… crees que vas?…

Azadea se interpuso en su camino, con la energía habiendo tomado la mitad de su brazo. Aún mantenía sus ojos encendidos en un firme esfuerzo por recuperar el control.

– Atacarme sólo acelerará su muerte… – advirtió impasible.

– ¿Crees que me importa? Veamos qué opinas… de esto…

~!Tap!

El “anciano” anticipó su ataque listo para manipular la energía oscura, pero sus pupilas se estrecharon violentamente al ver la dirección de su movimiento.

– ¡¡Detente!!

Aunque se movió a su máxima velocidad para alcanzarla, él y Quin sólo pudieron ver como Ákina era alzada del cuello un instante más tarde.

– ¡Tú! ¡Q-Quítame las… manos… de encima!…

– ¡Suéltala inmediatamente!

– Heh… lo sabía…. – sonrió, satisfecha por su reacción.

– ¿D-Dea? ¿Por qué…?

– ¡Tú! Todo es… tu culpa…  ahhg…

Al llegar cerca de ella el anciano se tomó el pecho con expresión inestable.

– Tú… ¿Qué eres…? No puedo… – estirando su mano hacia ella.

– ¡Alto allí!… o la mocosa responderá…

– ¡No es bueno…! ¡Detenlo! Tú, idiota… ¡Aléjate!… – exclamó Ákina.

– ¿Eh?…

Antes de que ninguna de las dos entendiera su repentino cambio, el brazo del hombre comenzó a exudar un aura siniestra que parecía responder a un instinto incontrolable y se lanzó hacia Quin.

– ¡No!

– ¡Detente!

~Brumm

En ese instante, un fenómeno inexplicable sucedió y la puerta principal se abrió por sí misma, aunque el guardián yacía allí inmóvil. De hecho, aunque no podían verlo, lo mismo sucedió simultáneamente a través del extenso recorrido de todas las áreas previas hasta la entrada misma.

– ¿Ah?

El tiempo se detuvo un instante para todos y giraron hacia esa apertura instintivamente.

Silencio.

~Brumm

Tan rápido como las puertas se abrieron, volvieron a cerrarse al unísono sin que una sola alma se viera por ellas.

– ¿……?

Silencio.

Sin que nada sucediera tras ese confuso incidente, tanto Ákina, como Azadea y el anciano volvieron la vista nuevamente hacia Quin.

– ¡………!

Quin aún estaba sentada siendo rodeada por los tres, pero sorpresivamente sí había cambios en ella. Los dos objetos que reposaban en su cabeza habían desaparecido, o, mejor dicho, descansaban tranquilamente en manos de una quinta persona que estaba en medio de todos ellos.

El segundo cambio en ella era más profundo y visible.

A pesar de toda la tensión, de la situación desagradable llena de peligros y siniestras intenciones… frente a esa persona, su sonrisa de repente se había vuelto tan radiante como un segundo sol.

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