Pequeña Quin Capítulo 252

Modo noche

~Tap

El anciano fue el primero en reaccionar. Estando a sólo un metro de Quin, esa aparición de un hombre joven a su lado le tomó con especial sorpresa.

La interrupción había frenado parcialmente su arrebato, pero lo que le empujó a una violenta retirada fue algo más simpe y primitivo. Una sensación llamada instinto de supervivencia.

Con su mano extendida hacia la joven, tuvo una premonición de terribles resultados si avanzaba un solo centímetro, y retrocedió varios pasos sin alejarse del grupo.

– ¿Quién…?

Azadea fue la primera en hablar mientras aflojaba inconscientemente el agarre sobre Ákina, quien cayó a su lado en inesperado silencio.

Ajena a todas estas reacciones, Quin pareció olvidar por un instante el lugar, la situación e inclusive su cambio de apariencia, lanzándose hacia ese hombre de joven aspecto y blancas prendas.

– ¡Maaaa… essss… truuupd-…!

Una mano en el rostro interrumpió su avance, y quedó extendiendo los brazos intentando alcanzarlo, mientras continuaba hablando a través de sus dedos.

– Mmmmastrd… ufffuu…

De pronto, pareció darse por vencida y bajó los brazos… pero tras recargar fuerzas rápidamente se lanzó en un segundo intento, aun sin poder empujar ni un milímetro esa mano, mientras inflaba los cachetes y mascullaba frases incomprensibles.

– ¡Masdtro… tess trañe… mupdchhooop-… dapdme un abdradzooo-…!

Mientras luchaba con los dedos apenas rozando su camisa, todo tipo de miradas estaban dirigidas hacia esa escena.

– ¿Mmm?…

Como recién percatándose de sus existencias, Lehm se giró tranquilamente hacia el escaso público.

– ¡Yey!

Viendo una apertura en su defensa, Quin se agachó rápidamente para evadir la mano y se lanzó con éxito hacia su pierna.

– Mmm… mmm… – frotando su mejilla, mientras la coleta se balanceaba felizmente.

Aunque en otra situación esa actitud impropia de una hermosa dama llamaría la atención, en ese momento la gente no tenía el tiempo para ello.

– Vaya….

Mientras frotaba lentamente su mentón, los plateados ojos de su maestro recorrieron al pequeño grupo frente a él. Observó sin expresión al “anciano” con la gran herida al descubierto, para luego pasar a Azadea, quien acababa de notar el aura con que se había topado la viciosa energía en su brazo.

Finalmente, su atención se detuvo en la pequeña Ákina, quien le devolvió la mirada mientras fruncía el ceño. Tres respiraciones pasaron para ella mientras sostenía firmemente el escrutinio del recién llegado, hasta que Lehm inclinó la cabeza y la comisura de sus labios se elevó para formar una curiosa sonrisa.

– ¡………!

En ese momento sintió instintivamente un escalofrío por todo su cuerpo y retrocedió un paso, teniendo una muy mala premonición sobre ese gesto.

– Maestro… ese es el tipo malo. – escondiéndose detrás de sus piernas y sacándole la lengua por un costado – Y ellas son mis nuevas amigas… debes ayudar a Dea, ¡Esa cosa fea le hace daño!…

– ¿Maestro?… – murmuró Dea, teniendo un tiempo más fácil al contener la hasta ahora imparable energía.

Lehm bajó la mirada hacia aquella hermosa joven resguardada tras sus piernas. Aunque frunció levemente el ceño ante su apariencia, era evidente que el camuflaje no estaba cumpliendo con su objetivo frente a él.

– Tus amigas… no son muy amigables. – sonrió, aludiendo a la escena inicial – Parece que tienes una historia que contar…

– ¡Mhm!… – asintió felizmente.

Tanto Ákina como el anciano conservaban un pasivo silencio, pero su expresión ya no era de sorpresa sino de seria cautela. Al igual que el ancestral, ellos habían coincidido en algo al ver a Lehm… ¡No pudieron detectar su movimiento o su poder en ningún momento!

Mientras Azadea tenía ciertas dudas al respecto, para el dúo invasor esto solo podía significar una cosa. Finalmente, el anciano tomó acción y dio un paso adelante inclinándose respetuosamente.

– T`aras Dvrak le saluda, señor celestial.

Tras esa notable introducción le envió una intensa y significativa mirada a su protegida, quién tenía dificultades para ocultar su disgusto por la aparición de Lehm.

– Chst… – se quejó por lo bajo, para luego inclinarse brevemente – Ákina Árkana le saluda, señor celestial.

Completó su saludo formal mientras maldecía por dentro. La presencia de Lehm cumplía una posibilidad descartada por ser la más improbable, y casualmente la peor de todas. La existencia de un celestial allí era la cúlmine de una serie de acontecimientos extraños e ilógicos.

Su idea de arrebatar el método o artefacto había chocado contra una placa de metal, e incluso la alternativa de llevarse a Quin acababa de desaparecer sin dejar rastro.

Azadea levantó una ceja al escuchar ese título, pero prefirió seguir observando sin intervenir.

– ¿Eh? Maestro… ¿Te llamas celestial?…

Ignorando la pregunta y los saludos, su mirada se fijó en el anciano durante unos segundos. A pesar de estar a escasos metros, sus ojos parecían estar viendo algo sumamente lejano, y era difícil decir en que estaba pensando.

– Han decaído… – declaró finalmente en tono sereno.

– ¿Disculpe?

– Creí que su orgullo sería mayor que la tentación…

Tras analizar sus palabras, no tardó en comprender la implicación de las mismas. No era imposible para un celestial saber algo al respecto, pero el origen de ese hombre era un completo misterio, lo cual le generó una incómoda sensación de incertidumbre.

¿Por qué un ser trascendente estaría aquí? Era como patear una piedra y encontrar un dios debajo. Era ilógico en varios sentidos. ¿A qué poder pertenecía? ¿Cuánto sabía de lo que estaba sucediendo? ¿Acaso su presencia estaba relacionada con ellos? ¿Por qué esa discípula le provocaba tal reacción?

Definitivamente debía informar de esto cuanto antes.

– Con todo respeto, señor, las decisiones de nuestra raza no le conciernen… – replicó, forzando un tono cordial.

– Oh, gracias. Eso sería realmente agotador… – coincidió con alivio – Sin embargo, parece que tienes un negocio con mi discípula…

– ¡Eso ha sido un malentendido! Mi protegida se ha encariñado, y su temperamento es un poco… indomable. Puedo jurarle ignorancia sobre el lazo con su excelencia. Nuestro único interés es dejar estas tierras…

– Mmm… – frotando su mentón, como pensando al respecto.

– ¡No! ¡De ninguna manera! Ellos han profanado nuestro símbolo ancestral, e incluso matado en tierra sagrada ¡No puede dejarlos ir!…

Azadea instintivamente acudió a Lehm. Incluso sin entender quién era, estaba claro que el desarrollo de los acontecimientos dependía exclusivamente de sus decisiones.

– Eso… eso… maestro, ese tipo malo es uno muy malo, quería comer a tu mejor discípula… duro con él. – acusó con su dedo, aun cubriéndose tras Lehm. Entonces levantó una mano – ¡Oh! Y la pequeña carmesí… ¿Me la puedo quedar? Ella es una niña buena… como yo… ¿Sí? – parpadeando lindo.

– ………

El rostro de T`aras se hundió, viéndose cada vez más acorralado.

– Parece que no eres muy popular… – sonrió serenamente Lehm, poniendo sus manos detrás – Incluso mi adorable discípula… mmm… ¿Qué debería hacer con esto?…

Él estrechó los ojos, incapaz de descifrar que había detrás de ese impasible rostro. Desde que la fuerza no era una opción, solamente le quedaban dos opciones para tratar con este ser virtualmente imparable.

– Señor celestial, como puede comprobar, no hemos dañado un solo pelo de sus cabellos, y el enfrentamiento con la cultivadora nativa es una cuestión personal. Aunque nuestras vidas están en sus manos… acorde al tratado celestial, ¡Su interferencia en este plano no está justificada!…

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