Pequeña Quin Capítulo 253

Modo noche

– ¿Tratado? Mmm… existe algo tan molesto como eso. – confirmó tranquilamente – ¿Dices que sería un error inmiscuirme?…

– Señor… no me atrevería. Sólo entiendo que la regla de no interferencia ha mantenido la paz de todos los mortales, y el orden entre los dioses. Esta cuestión es entre los nativos y nosotros.

– Entonces… si no tengo un motivo válido… ¿Debería dejarlos ser? – indagó, frotando su mentón.

– Así es como ha sido durante milenios. – asintió cuidadosamente – Usted debe saber mejor las trágicas consecuencias para quienes han actuado arbitrariamente. Todos han respetado y hecho respetar ese pacto hasta hoy.

Frente a ese razonamiento, Lehm se volteó hacia Quin con sus brazos abiertos en gesto indefenso.

– Eso dice…

– ¡Maestro! No sé qué es un tratado, pero yo lo vi… hizo muchas cosas malas, a ese pobre abuelo y a Dea… y, además, huele muy feo. – agregó – Es un tipo malo entre tipos malos. Tú puedes… – animando con su puño en señal de lucha.

– Mmm… veamos. – volviendo a la lucha verbal – Si no me equivoco, la norma real es no liberar un poder trascendental en un plano inferior…

– Bueno… – mueca tensa – … en términos estrictos…

– Entonces… digamos que me apetece intervenir usando una fuerza naciente…

– Eso es… – incómodo con la dirección del diálogo.

– O un segundo dominio… – volteando hacia Ákina – … ¿Sería suficientemente justo?

– ¡Acepto! – respondió ella sin dudarlo frente a ese reto.

– ¡Silencio! – reprendió T`aras.

– Ohh… – sonrió con cierta satisfacción – … bastante confianza tienes allí…

– ¿Eh? Pequeña carmesí… no debes pelear con maestro. No podrás ganar, y además eres mi amiga… ¡Maestro! No te metas con mi amiga…

– ………

– Calla. Puedo tomar mis propias decisiones. Además… yo… – interrumpió su frase desviando la mirada algo molesta.

Parecía que la amistad o quedarse allí no era una opción factible o en la que ella tuviera alguna elección.

– Señor, aunque sea el caso… – insistió T’aras – … difícilmente podamos provocarle ningún daño. Aun sería injusto para nosotros…

– Oh… cierto. Eso es… un tanto inoportuno… – se lamentó sinceramente, contemplando ese argumento – Con esa premisa, dejar las cosas seguir su curso… tal vez sería lo más equitativo…

– Ese es un juicio a la altura de su excelencia. – elogió rápidamente. Entonces se movió sin demora hacia Ákina, presto a salir de allí y llevársela – Tal como he dicho, nos pondremos en marcha de inmediato…

La máxima prioridad era informar a su mayor de este descubrimiento, y devolver de una pieza el valioso activo del que era tanto protector como carcelero. Pero ese valioso activo por algún motivo sólo se quedó inmóvil sin responder, mirando fríamente como se acercaba.

Los ojos de Ákina se mantenían estrechos y vigilantes. Lo cierto era que, aunque ella sabía que era en vano intentar escapar de Mehel o esa gente, sus instintos estaban en total alarma desde que Lehm había llegado. Tenía un mal presentimiento sobre lo que escondía ese molesto rostro sereno, y se hacía más intenso cada segundo.

T’aras era incapaz de entender la dimensión del secreto sobre Quin, por lo que no tenía idea del caos que su existencia podría generar. No había forma que el maestro de esa “cosa” incomprensible los dejara ir tan fácilmente.

– ¡………!

De repente, cuando T`aras llegó y extendió su mano para agarrarla, se frenó en seco a medio camino. Como convertido en estatua, se vio de pronto incapaz de avanzar la distancia de un grano de arena, aferrado a ese punto del espacio por un poder absolutamente abrumador.

– Señor… ¿Qué… significa esto? – reclamó con dificultad.

Ignorando su reproche, Lehm se giró lentamente hacia Quin. La pequeña “joven” aun se aferraba a su pierna como un bote en el océano, y tuvo que bajar en sus rodillas para quedar a la misma altura frente a ella.

Viendo una oportunidad única, ella sonrió y se lanzó tercamente por tercera vez con los brazos abiertos.

– ¡~Maa… esss… t……. o…

Silencio.

~Zzzzzzz

Antes de lograr su objetivo, Lehm pasó suavemente una mano frente a ella y cayó de a poco sobre su regazo, sumida en un profundo sueño. Un tranquila escena tomo lugar mientras con expresión gentil la observó un tiempo en silencio.

– Donde vienen, donde van… cuanto hacen, cuanto dan. Suficiente para uno es cargar con sus propios actos. – declaró en tono sereno sin quitar la vista de Quin – Incluso en la hostilidad, mi discípula ha encontrado las consecuencias de sus decisiones.

Entonces, con suavidad levantó a la bella durmiente y recostó su cabeza a su lado en un pequeño almohadón dorado.

– Sin embargo…

Su tono cambió de repente luego de incorporarse, y al girar hacia ellos cualquier rastro de esa gentil sonrisa había desaparecido. Mientras se acercaba a paso lento al grupo, la mirada en sus ojos se había tornado tan fría que los tres podían sentir cada pisada como un puñal presionando sobre sus corazones.

– Ingresas donde no debes, profanas lo que no entiendes, y esparces con tus manos una suciedad que mis ojos no pueden tolerar. – extendiendo su mano hacia él – Nunca existió un pacto capaz de cambiar tu destino…

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