Pequeña Quin Capítulo 254

Modo noche

El cuerpo de T’aras giró impotente hacia Lehm y se separó varios centímetros del suelo. Entonces, desde el centro de su pecho comenzó a acumularse una oscura aura en contra de su voluntad.

– ¡Ahhhhhh…! Es… pera… ¡Nooooo!

Un desgarrador grito expuso el extremo dolor y la simultanea sorpresa de T`aras, pero, lejos de detenerse, los fríos ojos de plata se encendieron y el cuerpo del hombre se convulsionó violentamente, haciendo que el aura en su pecho se condensara hasta formar la vaga silueta de un rostro.

– ¡¿Cóm… Impo… sible… ¡Deten… te…! ¡¡Ahhhhhhh…!!

Sus lamentos comenzaron a mezclarse con alaridos guturales irreconocibles, mientras esa grotesca y siniestra figura se resistía a ser arrancada, aferrándose como un parásito a su huésped.

– Ruidoso…

Lehm arqueó su mano y la retrajo lentamente, haciendo que ese espectro se separara poco a poco del cuerpo, al tiempo que sus figurativas raíces se iban cortando impotentes ante esa fuerza despótica.

– ¡¡¡Gyaaaaaaaaaaa…!!!

El cuerpo de T’aras se desplomó con un grito en cuanto esa oscura masa fue completamente desarraigada, aferrándose a su pecho con una expresión pálida y desolada, como si alguien acabase de cortar su alma en dos.

– ¿Qué demonios es eso…? – murmuró Azadea, sintiendo un desagradable escalofrío.

– Eso es…

Incluso Ákina fue incapaz de ocultar su sorpresa al ver el ente siendo removido de raíz y preso sobre la palma de Lehm.

Aunque parecía un rostro, su actuar coincidía más con el de un ser inconsciente que luchaba por instinto para escapar, lanzando esa oscura fuerza contra la energía que le apresaba.

Aunque su poder era más intenso, en tamaño y apariencia perdía totalmente frente a la forma expuesta de Ushal. Podría describirse irónicamente como la sombra de una sombra.

– ¿Quién eres?

Lehm finalmente habló, luego de observar su presa con fría expresión, aunque no parecía estar hablándole al rostro realmente o esperando una respuesta.

– Mmm… esparciendo pequeños ratones… ¿Por qué la prisa? – continuó cavilando mientras frotaba seriamente su mentón.

– ¿C-Cóm… no… pued…

T’aras luchó por incorporarse mientras balbuceaba confundido. Su expresión era apagada y parecía haber sufrido un gran daño en el proceso, pero detrás del dolor había un shock que superaba cualquier penuria mientras observaba ese oscuro espectro.

Ese poder era objeto de deseo y tentación incluso para quienes se consideraban a sí mismos como dioses, y ahora estaba arrebatado de sí.

– ¿Tienes algo más para decir?… – sin mirarlo.

Su mente quedó en blando ante esa pregunta, hasta que finalmente recordó que aun le quedaba un último recurso para sobrevivir.

– Sí. ¡No puede matarme!…

– ¿Mmm?… – se volteó hacia él con curiosidad – ¿Y eso sería…?

La expresión de T’aras dudó un instante porque era algo que definitivamente no deseaba hacer, pero apretó los dientes y tomó la decisión.

– Eso es porque… estoy bajo la protección directa de nuestro Lord.

– ¿Tu Lord? – levantó una ceja – ¿No has caído muy lejos de ese árbol?…

– ¡No es así!… – replicó, maldiciendo por dentro lo que tenía que revelar – Puedo jurar que el Lord se encuentra en estas tierras medias, al igual que usted. Si algo me sucede, ¡Definitivamente lo sabrá y actuará en consecuencia!

Lehm frunció el ceño por un momento. La mención de este Lord parecía generar por primera vez cierta e inusual preocupación en él, lo cual le dio un soplo de alivio a T’aras. Aunque era casi un tabú, no tenía otra opción.

Lo que Lehm había hecho iba mucho más allá de contener ese poder… ¡Él había desarraigado la fuente del alma! El dominio del alma era un misterio al que sólo aquel ser debería poder acceder. Si Lehm conocía una técnica semejante, se había convertido en un ente incomparablemente más peligroso para sus planes y cualquier medio estaría justificado.

– Con que tu Lord… ¿Eh? Eso puede ser… un poco molesto… – asintió pensativo, volviendo hacia el espectro encerrado sobre su palma – Pero, no importa realmente. No es mi lugar de interferir más allá de esto… ni me corresponde tratar contigo.

Una involuntaria sonrisa se formó en el rostro de T’aras. A fin de cuentas, incluso un celestial no podía salir de la sombra de su Lord y debía retroceder sabiamente. Sin su obstrucción, aún tenía los medios para escapar y llevar a Ákina junto con esa información vital.

– Eso es… excelente…

– Mmm… después de todo… – continuó tranquilamente, mientras su mano libre jugueteaba con un extraño aro metálico – … esta no es mi casa…

– ¡………!

Los ojos de T’aras se abrieron de par en par al verlo, pero no tuvo tiempo de hacerse preguntas cuando una enorme garra ardiente arrancó su cuerpo del suelo como si fuera un palillo, mientras un absolutamente furioso alarido retumbaba por toda el área.

– ¡¡¡Groaarrrrrrrr!!!

Pronto fue presionado sin compasión por una fuerza indomable y el poderoso físico supremo comenzó a ser consumido por las llamas, habiendo perdido la energía capaz de luchar con un poder tan superior al suyo.

Durante el proceso su fachada desapareció junto con sus ropas, mostrando por un instante una apariencia adulta completamente diferente.

Su piel tenía un tono sumamente pálido y sus facciones eran “afiladas”, coincidiendo con unas orejas de agudas terminaciones, más parecido a la de ciertas bestias que a un humano, con largos cabellos gris oscuro.

Su marcado torso tenía los signos de tatuajes circulares, que rápidamente desaparecieron junto con el resto de su existencia, devenida en nada más que meras cenizas.

– ¡………!

Azadea tragó saliva ante esa dominante escena, considerando que había molestado a ese guardián en varias ocasiones. Pero más chocante fue ver que, lejos de calmarse, esa bestia colosal se giró con furia hacia ella… o, mejor dicho, hacia la persona a su lado y única responsable de su caída.

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