Pequeña Quin Capítulo 256

Modo noche

Tras esas descaradas palabras retrocedió un paso, tapando su cuerpo con una expresión de reclamo. Su silencio indicaba el beneficio de la duda, antes de que su opinión sobre ese hombre cambiara 180º.

– Lo que tienes encima, sería mejor sacártelo. – reafirmó tranquilamente, extendiendo su mano – Puedo ayudarte con eso…

– ¡Señor Lehm! Creo que está c-…

~!Toc!

La interacción entre ambos fue interrumpida por un pie clavado en el tobillo de Lehm.

– ¿Mmm?…

Volteó la cabeza para ver a su lado a una Quin de brazos cruzados, con su rostro girado y los cachetes inflados en señal de protesta. Al notar la inusual rabieta lanzada por su discípula, Lehm inclinó la cabeza en gesto interrogativo.

– ¡Hmpf! No lo sé… pregúntale a mis instintos maduros… – aun mirando hacia un lado.

– Ohh… conque instintos maduros. – sonrió, girándose hacia ella con sus manos detrás – Suena como alguien que ha crecido en poco tiempo…

– ¡Ejem! Como puedes ver maestro… – levantó la nariz mientras empujaba disimuladamente sus pechos hacia arriba – Ya no soy la pequeña pequeña que alguna vez fui. Tu discípula ha crecido…

– ………

El rostro de las dos espectadoras no parecía estar muy de acuerdo con esa apreciación. Si eso era madurar… ¿Cómo sería antes?

– Y estos instintos… ¿Tienen algo para decir?

– Mhm… dicen que estás haciendo algo molesto…

Lehm sacudió la cabeza por las ocurrencias de esa pequeña, pero luego su expresión se elevó, adoptando una expresión digna.

– Quin. Escucha a tu maestro… – llamó de repente.

– ¡Sí!…

Respondiendo a un llamado ineludible, su cuerpo se irguió obedientemente y levantó su mano en una suerte de saludo militar.

– La mejor discípula escucha…

– La madurez… carece de cuerpo. – aleccionó en tono profundo – Serás una niña, hasta que desees serlo…

– Mmm… – inclinó la cabeza, no muy segura de lo que significaba, pero asegurándose de recordarlo – Lo tengo maestro…

– Bien… – sonrió satisfecho.

Entonces extendió una mano para acariciar su cabeza. Como tantas veces en el pasado ella lo anticipó frotándose alegremente mientras su coleta se balanceaba como un perrito feliz.

Sin embargo, un extraño cambio surgió unos segundos después. El ahora crecido y refinado rostro de Quin de repente comenzó a mostrar tonos de rubor cada vez más pronunciados. Lehm acercó levemente su rostro ante esta novedosa respuesta.

– ¿Mmm?…

Ella lo miró fijamente intentando mantener su sonrisa, pero por algún motivo su rostro se sonrojaba más cada segundo y frunció los labios mientras inflaba sus cachetes involuntariamente.

~Fuuuuuuuuuu

Entonces sonó un resoplido característico, con dos pequeñas llamaradas expulsadas por los orificios nasales, sólo que esta vez la fuente era la propia Quin.

– ¡N-No lo sé maestro! Estos instintos maduros son muy difíciles… – exclamó con su rostro enrojecido – Maestro… ¡Eres un tonto! Ya no estamos hablando…

Sin explicación, se volteó dándole la espalda, pero aun evitando separar esa mano de su cabeza.

– ………

|| ……… ||

~!!Booooom!!

Un atronador sonido retumbó de repente haciendo vibrar toda el área, como si un meteorito acabase de impactar sobre la montaña. Tapando sus oídos, un instante de confusión y aturdimiento se creó para todos.

Sólo Lehm se mantuvo estable y bajó su cabeza haciendo una mueca, observando como el pie de un pequeño oso acababa de impactar en su tobillo, al igual que había hecho su discípula.

~Fuuu

Parecía haberse recuperado lo suficiente para golpear sin contenerse, y lo miró con expresión molesta, como reprochándole las quejas de Quin. Tras un silencioso intercambio de miradas se giró resoplando por lo bajo. Podía decirse que incluso tras liberarlo no tenía especial aprecio o respeto por Lehm, pese a reconocer su fuerza.

La complaciente actitud que mostraba con Quin podría confundir a un desprevenido espectador, pero era eso precisamente lo que resultaba una excepción extraordinaria a su habitual apatía u hostilidad.

– Woooah… ¡Fogi! Eres super fuerte. – liberando sus oídos tras la explosión sonora, y volviendo de a poco a su habitual actitud – Pero, no debes pelear con maestro… incluso si hace sus cosas molestas…

– ………

~Fu

Tras retirar su palma y dejar a Quin aleccionando a su fiel protector, volvió a girarse con las manos detrás hacia la desprevenida víctima de sus deleites.

– Esto…

Azadea había salido rápidamente del aturdimiento, pero la mayor causa de conflicto aun persistía frente a ella.

– Entonces… ¿Dónde estábamos?

– Señor Lehm… – en tono serio, intentado mantener la calma – … con todo respeto, creo que se ha confundido. No soy esa clase de persona…

– ¿Esa clase? – indagó con rostro inocente.

– Del tipo que usted cree…

En terca expresión, Azadea evitó responder con claridad. ¿Realmente iba a hacerle decirlo? ¿Acaso no lo sabía?

– Mmm… que extraño. Creo tener una idea bastante precisa sobre eso…

– ¿Es así? No creo que nos hayamos visto antes… – frunciendo el ceño.

– Ciertamente…

– Esto…. – confundida por su casual asentimiento – Según su discípula, es un hombre de palabra, pero… ¿Qué puede saber sobre mí entonces?

– Oh… muchas historias se relatan en un simple encuentro. Tienes algunas interesantes de hecho, lo suficiente para recibir esta oportunidad…

– ¿Oportunidad dice? – estrechando los ojos.

– Sin duda… es algo que has estado deseando. Debes saber que, bajo mi mano, quedarás totalmente satisfecha…

– ¡No me diga!… pues, permítame rechazar este “gran” ofrecimiento…

Haciendo una expresión de sorpresa, Lehm tocó su pecho con gesto dolido, como sufriendo un agravio.

– Aunque ofrecí mi ayuda desinteresada, luces escéptica de mis palabras. – bajando la cabeza con aires de tristeza – Eso es… un poco hiriente…

– ………

Ese rostro cabizbajo y contrariado era el mismo que acababa de pedirle que se desnude para “dejarla satisfecha”. ¿Por qué demonios actuaba como la víctima? ¿Qué ayuda desinteresada?

Azadea comenzaba a sospechar que esta pareja de maestro y discípulo tenían el mismo don a la hora de darle un dolor de cabeza.

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