Pequeña Quin Capítulo 257

Modo noche

– De cualquier modo, me temo que sus suposiciones están equivocadas…

– ¿Lo están?…

Sin saber en que momento, la posición de Lehm había cambiado a una de relajación, sentado de piernas cruzadas sobre una cómoda silla. De hecho, extendía holgadamente una mano a su lado, donde había aparecido otro asiento similar.

– ¿……?

Aunque se sorprendió sinceramente por sus indetectables habilidades, no era la primera cosa inesperada que veía en el día y se recompuso rápidamente. Observando la invitación cuasi formal de ese hombre misterioso, Azadea hizo un último esbozo de paciencia y agradecimiento, sentándose en respuesta.

El mostró una leve sonrisa y unió sus manos como un sabio o un detective presto a desvelar los detalles de un complicado caso. Para aquellos pocos que lo conocieran suficiente, sería evidente que estaba esperando por esto.

– Hablemos de tu personalidad. – declaró, como un psicoanalista.

– ¿Sí? – inclinando la cabeza.

– Eres una mujer comprometida, perseverante, determinada, antipática pero tolerante, sacrificada y leal, sabia pero bastante terca e inflexible en sus decisiones, capaz de actuar con paciencia y cautela mientras n-…

– Esto… – interrumpió sin querer.

La apertura de su boca denotaba la incredulidad que le invadió de golpe. Esas definitivamente no eran las palabras que esperaba escuchar del hombre que le demandó quitarse la ropa.

– ¿Estoy mal?… – indagó, pero sin mostrar verdadera duda.

– Bueno… no diría que…

Le costaba desmentirlo, sintiéndose mayormente elogiada y en algún punto identificada propiamente.

– De todos modos… – atinó a replicar – … esas podrían ser deducciones vacías…

– Es razonable. – concedió tranquilamente – Entonces, hablemos de tu vida…

– ¿Mi vida? – sorprendida.

– Remontarse a los inicios podría tornarse un poco vago… pero, los menesteres de este encuentro serían una mejor materia…

– ¿Sabe por qué estoy aquí?…

– Veamos… todo comenzó hace… – frotando su mentón – ¿Más de trecientos años? En aquel momento, la fuerza ya estaba en su cenit, pero aun así sendas preocupaciones aquejaban tu mente sin desenlace. A esa luz, una decisión fue tomada, y esta se convirtió en los pasos hasta la puerta de un duro rival. Tal vez no tenías intención de pelear, pero las cosas se desenvolvieron fuera de tus deseos. Normalmente no podrías, incluso en la cima, enfrentar a este enemigo. Sin embargo, en vez de una burda batalla sin esperanza, lo que se presentó fue un tipo de… reto.

– ¡………!

Ella abrió grande sus ojos con incredulidad, levantándose a medias de la silla. Pero antes de que dijera nada, Lehm levantó su mano para acallar la interrupción del relato.

– A pesar de disponer de un enorme poder y demostrar persistencia, finalmente fuiste doblegada y malherida tras obtener un escaso logro en el desafío. Entonces llegó la indulgencia, o tal vez un periodo de gracia, y con ello la realización de que perderías miserablemente mientras adolezcas del fatal escollo en tu naturaleza elemental… la debilidad al fuego.

Sólo entonces se frenó para permitir alguna acotación de la persona en cuestión. Sin embargo, ella estaba demasiado estupefacta para elaborar algún comentario o corrección.

– Mmm… el cuerpo fue sano, pero el espíritu tambaleaba. – prosiguió – Fue entonces cuando la determinación te internó en las profundidades de la reliquia. O, mejor dicho, tan profundo como el sistema dispuso. Probablemente no esperabas que tu afinidad contrapuesta fuera un límite infranqueable a cualquier nivel superior. Tal vez hayas persistido tercamente en la alternativa del guardián, pero resultaron intentos infructíferos y en la frustración has recurrido a un burdo método para revertir esta falencia natural.

– ¡¿C-Cómo… – atinó finalmente a balbucear, levantándose de la silla.

– ¿Mmm? ¿Voy en camino? – sonrió satisfecho – Un método elemental… las señales del cuerpo, el sitio donde está, la gente que rodea, los objetos que posee, la actitud que demuestra… – enumeró en tono casual – Palabras aisladas de un relato escrito para el ojo avizor…

– ………

Tan “simple” explicación la dejó atónita. ¿Era realmente posible saber tanto con sólo observar adecuadamente? Era eso o había estado espiándola durante siglos. Cualquiera de las dos le resultaba difícil de creer.

– Desde entonces has estado evitando resistir cualquier esencia… – continuó, ignorando su desconcierto – Sumergida mayormente en la prueba del estanque, con la esencia más pura disponible, permitiste por largos periodos que penetre en tu cuerpo y lo lastime, curándolo sólo ocasionalmente para comprobar la mejora.

Entonces hizo una pausa y se giró hacia Quin, que se había sentado junto al oso, mirando la cercanía de ambos con los brazos cruzados y una expresión molesta.

– Entonces chocaste con un punto de inflexión. Tal vez en la entrada, luego de una salida casual… mmm… ¿Incluso antes? En algún momento fuiste presa de un individuo que te encontró irresistible, y a fuerza de convenientes excusas se las ingenió para pasar más tiempo contigo, atraído por el suculento bocado que eres. Entonces los hilos del conflicto te envolvieron atrapándote sin remedio en una vorágine con destino evidente…

Así, Lehm extendió sus manos como señalando el resultado final de esos eventos, tanto como el ocaso de sus deducciones.

En respuesta a esas últimas palabras, la primera reacción de Azadea fue girar hacia Quin. Olvidando instantáneamente su molestia, una gran sonrisa tonta le fue devuelta al sentir la mirada de su nueva amiga.

– ¿Soy un suculento bocado? – fue lo único que atinó a decir.

– Pese a un inevitable progreso, es dificultoso ver tan precario e ineficiente camino de superación. No me corresponde interferir en tu loable emprendimiento o su objetivo, pero al menos puedo satisfacer una necesidad que impida a mis retinas ser invadidas por tan esperpéntico espectáculo…

Silencio.

– Entonces… lo que quiere es… – volviendo hacia él y atando cabos.

– ¿No he sido claro?… – miró a la distancia poniendo el rostro de un hombre honorable.

– Eso dice ahora… ¡Pero sus palabras insinuaban otra cosa!… – reprochó tercamente.

– Oh… vaya. ¿Qué es lo que pasó por tu mente?… – tocó su pecho, con expresión inocente y curiosa.

El rostro de Azadea se tensó ante esa cándida actuación. Ese hombre… ¡Era imposible que no lo estuviera haciendo a propósito!

– Creí… que… – apretando los dientes – … quería que le pagara… con mi cuerpo…

– ¡Vaya!… – tapando su boca en sorpresa. Entonces levantó una ceja, como percatándose de algo – ¿Mmm?… ¿Es esa una propuesta?…

– ¡Propuesta y un demonio! – pateando la silla violentamente.

A propósito. ¡Definitivamente lo hacía a propósito! ¡Ese hombre era mil veces más molesto que su discípula!

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