Pequeña Quin Capítulo 258

Modo noche

– Sólo preguntaba… – se encogió de hombros con expresión honrada.

– Pues ya tiene su respuesta…

– En ese caso, supongo que puedes resolver esa condición por tu cuenta, antes de recibir este pequeño regalo…

-………

¿Regalo? Esa palabra le dio la repentina sensación de que olvidaba algo importante.

En cualquier caso, considerando sus habilidades y más aún los aparentes privilegios allí, no perdía nada con darle una oportunidad.

Con un leve asentimiento se acercó hacia el centro del área y reposó en uno de los círculos más cercanos. Antes de cerrarlos, sus ojos mostraron un brillo dorado esmeralda y una intensa aura carmesí comenzó a separarse lentamente de su cuerpo.

~Snif Snif

– Mmmmmm…

La pequeña Quin no tardó en voltearse hacia ella con ávida expresión, pero fue refrenada por la mano alzada de su maestro.

Así se formó un momentáneo silencio en donde sólo Quin se mantenía en movimiento, balanceándose lateralmente mientras mordisqueaba un dedo, pero en plan obediente sin avanzar.

Lejos, en el extremo opuesto del área habían quedado dos cultivadores, con el resto escapando tiempo atrás. A una distancia de firme resguardo, pero lo suficiente para tener una noción de lo acontecido.

Y luego estaba ella. Con la apariencia de una niña de rubios cabellos y profundos ojos carmesí, se mantenía de brazos cruzados e ininterrumpido silencio.

Su guardia ya no estaba.

No tenía especial odio o aprecio hacia él. Era sólo súbdito de los poderes bajo los cuales ella debía someterse por voluntad o fuerza, y parecía haber despertado una furia que no era capaz de comprender, sellando así su destino.

Sus armas eran inútiles. De todas las posibilidades a las que podría enfrentarse en ese lugar, confiaba en su seguridad al 99,9%. ¿Qué tan mala era su suerte para encontrarse con el peor escenario?

Incluso si no hubiera demostrado poder manipular su tecnología libremente, la posibilidad de utilizarla contra un celestial era más bien irrisoria.

Pero allí estaba, enfrentando sin temor la mirada de ese poderoso enemigo. Por algún motivo él sólo la estaba observando con una pequeña sonrisa que realmente le tensaba los nervios, pero evitaba exteriorizarlo.

– ¿Tienes algo que decir? – incapaz de seguir con ese concurso de miradas.

– ¿Mmm?… Oh, sí… – al escuchar esa melodía, Quin interrumpió su acecho y corrió hacia ella – Maestro… ella es la pequeña carmesí, y quiere ser tu discípula. Es super talentosa, y, fíjate… – extendiendo sus brazos hacia ella – ¡Es tan linda! Es fácil decir que no es nada amenazante…

– ………

|| ……… ||

Ákina esquivó hábilmente su llegada e ignoró impasible la presentación.

– Pues luce bastante amenazante para mi… – sonrió Lehm viendo su fiera expresión. Entonces extendió nuevamente su mano a un lado, donde la silla había recuperado su puesto – ¿También quieres hablar sobre tu vida?…

– ………

Tras estrechar brevemente los ojos sopesando su invitación se acercó hasta la silla.

~¡Toc!

Entonces la levantó y la puso de cabeza.

– Qué pena por ti… pero tus juegos no funcionaran conmigo. Conozco muy bien a la escoria de tu calaña…

– Ákina… maestro no emm mmm… mmmm… ¿Mmm?…

En mitad de la defensa sus labios se sellaron mágicamente y quedó mascullando hasta percatarse del problema. Entonces miró a su maestro frunciendo los labios con las manos en la cintura. Parecía no ser del todo ajena a este método pacificador.

– ¿Mi calaña? Ohh… – poniendo una mano en su barbilla con expresión interesada – … cuéntame más…

– Las personas como tú creen tener derecho a jugar con los demás a su antojo, y que solamente somos herramientas para cumplir algún capricho. No serviré a tu disfrute, y tampoco podrás retenerme por mucho tiempo…

Las cejas de Lehm se levantaron en sorpresa y giro hacia la salida como queriendo constatar que aún estaba allí. Entonces se volvió hacia ella encogiéndose de hombros en gesto de incomprensión.

– Jah… me tomas por ingenua. – sin creer su insinuación – Déjame decirte que no sólo un Lord E’klar vela por mí. Si me haces algo, tú y los tuyos iniciarán un conflicto con múltiples poderes… – amenazó fríamente.

– Mmm… soy un hombre solitario qué aprecia la tranquilidad. Ser atosigado por estos poderes suena como algo muy molesto…

– Las molestias serán la menor de tus preocupaciones… – redobló, algo inconforme con su reacción.

– Sin embargo. – ignorando sus amenazas – No te he traído, ni confinado, ni planeado llevarte, y aun así aquí estás. ¿Por qué podría ser esto? – inclino la cabeza, curioso.

– ………

Silencio.

– Mmm… ¿Tal vez mi discípula no es la única que fue atraída por un elemento irresistible? – insinuó en tono de declaración.

El rostro de Ákina se tensó y quedó momentáneamente en silencio, volteando por reflejo su vista a un lado. Allí estaba esa extraña persona mirándola con una gran sonrisa. Tras dos intentos de captura fallidos y sus labios enmudecidos, se había sentado sobre la silla invertida y se mantenía expectante por el resultado de la conversación.

– ¿Eres tú el responsable de esa “cosa”?

Silencio.

Sin decir una palabra las piernas Lehm se cruzaron hacia el otro lado y le devolvió una impasible sonrisa serena. Sin embargo, esto fue suficiente para que ella sintiera que algo había cambiado de repente.

– Definitivamente no quieres… – declaró finalmente en tono casual – … volver a llamar a mi adorable discípula una cosa…

A pesar del abrasador ambiente, por un instante se sintió como si todos hubiesen caído en una era glacial.

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