Pequeña Quin Capítulo 265 – Especial: Los problemas de ella.

Modo noche

~Clap Clap

– Arche, Mileo, Dora…

~Clap Clap

– Artía, France… y esa falsa vendedora… mmm… Mir… Mari… tsk… bueno, esa…

~Clap

Pulgar por pulgar, corte por corte, Tiana intentaba recordar los nombres de aquellos a quienes tenía en su lista negra. Hierbas rebeldes, escollos para los ideales de su padre y trabas para el prosperar del pueblo.

– Descuida, crecerás fuerte y sana. – acariciando el viñedo – Si fuera tan fácil con el resto…

Desde pequeña había gozado de los recursos y el cuidado de la realeza. Sumado a su talento innato, había trabajado en su cultivo a pasos agigantados. Era una princesa que quería hacer muchas cosas en muy poco tiempo.

Tras varias horas de trabajo secó el sudor de su frente con el antebrazo y miró sus sucias manos, antaño finas, delicadas e impolutas. Meses atrás nunca hubiera creído que estaría realizando tales actividades diarias.

En este tiempo de paz y aislamiento, había descubierto muchas cosas. Como que las manualidades no eran lo suyo y que tenía problemas para comprender conceptos simples que nunca antes tuvo que enfrentar.

Aunque le resultó difícil de aceptar, su verdadero padre era incluso más fuerte que su adoptivo, pero en la práctica era un hombre sencillo que trabajaba la tierra con esmero. Todo allí era el fruto del diario esfuerzo, cada comida hecha con esmero, cada ingrediente obtenido por las propias manos.

Los recursos estaban lejos de ser ordinarios, pero al final del día necesitaban del mismo cuidado y atención que todos.

Todos aquí eran parte de una gran familia. Sus padres, su hermano adoptivo, la reciente incorporación del pequeño enano, los animales. Los pensamientos de Lehm era aun un misterio para ella, al igual que desde el primer día, pero incluso Violet parecía haberse integrado aunque siempre ponía cara de muchos problemas.

Mientras tomaba el camino de regreso, una sonrisa se formó en su rostro, al pensar en que no era la única que había cambiado mucho en estos últimos meses.

Corriendo sus oscuros cabellos miro hacia el cielo y extendió una mano para tomar el sol. Alejada del caos de la capital y sumida en una tranquilidad absoluta, recientemente parecía estar llegando a una realización sobre la vida. Pero era como si sus dedos aún no pudieran extenderse lo suficiente para tocarlo.

Tenía la sensación de que entonces estaría preparada para volver al palacio y hablar con su padre adoptivo.

– El palacio… eh…

El lugar donde vivió por más de 20 años parecía tan distante en esos momentos. Aunque había alguien allí que era parte integral de su vida, en su mayoría siempre se sintió alejada por sus hermanos y odiada por su madrastra. Tenía innumerables pretendientes y era adulada por todos, pero ahora esas cosas parecían vanas y efímeras. ¿Qué pensarían todos esos hombres que la deseaban por su belleza y posición si la vieran en esta situación?

– Ufffffff…

Mientras salía del viñedo en dirección a la cabaña, el suspiro de un joven sentado sobre un tronco la sacó de sus cavilaciones. Se frenó con expresión sospechosa y habló en voz alta.

– ¿Eso otra vez?

No era la primera vez en el último mes que veía al fornido y simpático joven sentado con la mirada perdida, suspirando de tanto en tanto como una princesa adolescente.

– Mhm…

Una vocecita asintió distraídamente a unos metros. El pequeño An’hea estaba concentrado trabajando sobre un extraño modelo de madera. Ese jovencito resultó ser una máquina hiperactiva de las manualidades y la artesanía, siempre estando ocupado probando cosas.

Era un poco molesto para ella, pero tenía que reconocer que estaba a kilómetros de igualar la destreza de ese niño de 11 años.

– An’hea… ¿Sabes algo?…

– Tío Marco, preocupado… es un “pretendiente”.

– ¡¿Pretendiente?! – desprevenida.

– Mhm… quiere “casar” y “bebes”. – explicó vagamente, sin quitar la vista de su trabajo.

– ¡¿Cómo dices?! – exclamó, incapaz de creer la información que acababa de recibir – ¿Acaso conocieron a alguien?

– Conocimos. Hermosa… – por primera vez levantó la cabeza, mirando a la distancia como recordando algo en particular – … no está mal.

– ………

¿Qué estaba sucediendo en el mundo? La situación se había tornado de repente extrañamente intrigante para ella. Se acercó hasta pararse al lado de la oveja dorada que acostumbraba a rondarlo en ausencia de Lehm.

– Kuhum…

Silencio.

El joven estaba demasiado enajenado como para percatarse de su presencia. Ella arrugó el entrecejo con molestia y le dio un puntapié repentino.

– ¡Kuhum!

– ¡Sí!… – reaccionó, dando un salto de sorpresa.

– ~Bheee~…

– Alguien está muy distraído últimamente… – criticó, golpeteando su barbilla.

– Oh… sí… – unió sus manos en señal de disculpa – Lo siento… ¿Necesitas algo?

Tal y como Tiana esperaba, actuó amablemente sin quejarse, pero tampoco negó sus palabras. Eso significaba que reconocía estar perdido en sus pensamientos. De alguna manera eso aun le resultaba inaceptable, y frunció los labios inconscientemente.

– ¿Tan bonita es?…

– ¿Disculpa?… – inclinó la cabeza en confusión.

– Tu pretendida…

– Esto… – girando hacia An’hea en reclamo, el cual ignoraba la situación completamente – Bueno… kuhum. Ufffffff… ella es verdaderamente como… un ángel…

– Mmmmm… como si conocieras uno. – miró hacia un costado, haciendo una mueca molesta y despectiva – ¿Y cómo te va con eso?

– ¿Ir? Aun no he vuelto a verla. Pero… he he… – con una mueca triste, rascó avergonzado sus cabellos avellana, algo desordenados – Una joven tan bella… ¿Por qué se fijaría en alguien como yo?

– ………

La expresión de Tiana se ablandó repentinamente, y mantuvo silencio mientras veía la pena en esos gentiles ojos café con un toque de esmeralda.

– Eres tonto…

– Lo siento… – se excusó, con una sonrisa sincera.

Sin ningún aviso, ella tomó sus cabellos y los desordenó juguetonamente. Entonces acercó su rostro al suyo y tomó sus cachetes con una sonrisa, mientras hacía extrañas caras con ellos.

Cuando pareció satisfecha de jugar con este león dócil como una oveja, entonces se volteó hacia la cabaña y avanzó dando pequeños balanceos con una expresión feliz.

– Tonto… jiji… eres muy tonto…

– ¿……?

Marco inclinó la cabeza y se miró con Shipy, incapaz de entender que es lo que acababa de suceder. Sin saberlo, en esa cálida mañana al aire libre, nuevos engranajes de la vida habían comenzado a girar suavemente para este pequeño grupo.

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