Pequeña Quin Capítulo 77

Modo noche

– ¡Lo tengo!… Entonces… dices que la princesa se transformó en lobo ¡porque estaba triste de no poder acompañarme!… – su mirada decía que todo volvía a tener sentido.

– Kuhum… – tos incómoda – es una forma válida de verlo, si eso te sirve para aceptarlo.

– ¡Yey!… – se giró hacia la loba, que la miraba despectivamente – no te preocupes princesa, pronto pronto creceré mucho y podremos volar juntas… ¿Sí? – consoló, sin éxito aparente – además… ¡Nuestra casa será más fácil de construir!… eres muy inteligente… jijiji… – elogió. La loba solo miró hacia otro lado, incapaz de seguirle la conversación a esa niña molesta.

– Es bueno que lo comprendas. Su nombre es Kei-…

– ¡Draga! – cortó Quin, como habiéndolo decidido hace mucho, sin opción a réplica.

– Esto… – se rascó la cabeza y miró a la loba, que se giró hacia el cómo en pedido de auxilio – bueno… espero que tú y “Draga” se lleven muy bien… – torpemente.

– Wohf… – sonó, en señal de protesta. Pero Lehm no respondió al llamado.

Quin se acercó nuevamente, con ojos renovados, e intentó acariciarla. Quiso correrse pero, ante la mirada de Lehm, pidiéndole un poco de cooperación, finalmente se dejó tocar.

– Waaaa… tan suave… tan bonita… – feliz – eres la bestia más hermosa de todo el mundo… y cuando recuperes tu forma nadie podrá igualarte – emocionada, mientras abrazaba su cuelo y frotaba su mano dulcemente.

Draga resopló, pero más que por molestia, parecía estar diciendo… “eso es obvio”.

– Bran, Quin… “Draga”… – pausa – suficiente charla, tendremos tiempo para ello, una vez en nuestra primer parada.

– Oh… – dije interesado – eso es lo que quería oír… Pero… – entonces recordé a Vetana y la princesa. Esta última sin duda querría saludarlo y pedir algún tipo de favor. Y no sabía que pretendía hacer Vetana.

– Lo se… – me cortó – me encargaré de ello… no hace falta que abogues… – sonrisa burlona – aunque parece que te has encariñado, para recordármelo…

– Rayos… – murmuré – casi olvidaba lo molesto que eras… “Maestro”.

Toc

– Ohhh… ¡Hugh-¡… – se escuchó una exclamación y un quejido de dolor, interrumpiéndome.

 

 

Un caballero hermoso y elegante estaba a pocos metros, en una rodilla, sosteniéndose con una mano… mientras calmaba su respiración. Levantó la cabeza y miró a Lehm…

– ¡Hugh-¡… tos… tos… – incapaz de soportar mucho, nuevamente miró el piso mientras tomaba su pecho, como sufriendo un gran dolor. Detrás llegaban, precisamente, la princesa y Vetana, mientras todos lo mirában extrañados. Incluso “Draga” inclinó su cabeza, curiosa.

– Esto… no es posible… – tomó aire y murmuró con dificultad.

Lehm lo miró con su sonrisa serena, sin cambios.

Luego de varios respiros, tomó fuerzas y se levantó, mirando fijamente un espejo en su mano…

– Bien… bien… wow… fascinante… uffff… – dijo, mientras se miraba de ambos perfiles. Parecía haberse recuperado bastante. Entonces, continuó acercándose y miró hacia el frente.

– ¡Hugh-¡… ¡Nooo!…. – se frenó al instante, con el rostro muy tenso – esto… esto no puede estar pasando… – se decidió a soportar por fuerza y, sin apartar la mirada, se quedó observando a Lehm, acercándose paso a paso. Un respiro… dos… cuatro… seis…

– Kuhum… – sonó la princesa, intentando cortar la incómoda situación. Pero fue completamente ignorada. Al menos, logró que Jhona reaccione.

– Todos estos años… no creí que fuera posible… – dijo, acercándose lentamente a Lehm, mirándolo como si no quisiera perderse un solo detalle.

Cuando estaba a solo un metro, estiró su mano hacia la mejilla de Lehm, pero se frenó… no atreviéndose a tocarlo. En cambio, una lágrima cayó por su rostro.

– Tú… eres… tan hermoso.

Silencio.

La mirada de todos se volvió extraña… muy extraña. Pero nadie se atrevió a interferir, o tal vez nadie tenía idea que hacer. Sin embargo, Lehm solo lo miró serenamente, con sus manos en la espalda.

– Ohhhh… realmente… ¡realmente!… – exclamó – alguien más hermoso… tan perfecto y sublime… ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer? – murmuró, como perdido – yo… no se quién eres…  pero… – se inclinó cortésmente – ¿Puedo quedarme contigo? – preguntó emocionado.

– ¡Jh-Jhona! ¡Vuelve! ¡Reacciona!… te has vuelto loco… – gritó Tiana, incapaz de soportarlo más.

– ¿Eh?… Tiana… no estoy loco… – rechazó – las cosas nunca fueron tan claras como este día – convencido de sus actos.

– Tú… Tú… – murmuró incrédula – realmente estás demente… al diablo contigo… ya no me importa… – sacudió la mano, resignada.

– Emm… señor molesto… – sonó Quin – esta pequeña de alguna manera no se siente a gusto con la situación.

– ¡Quin! No debes prestarle atención… ven, déjame ver tu princesa – interrumpió Vetana, alarmada.

Lehm por su parte siguió mirándolo… hasta que comenzó a frotar su mentón. Tardo un tiempo hasta tomar cualquier otra acción.

– Dime… Si estuvieras por ser enviado a un sitio muy lejano… – sonrisa – ¿A dónde “no” te gustaría ir?…

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