Pequeña Quin Capítulo 97

Modo noche

– Qué tenemos aquí… ¿no es este un pequeño tramposo?… – acometí – Me pregunto qué diría tu joven maestro al respecto…
De vuelta en mi área, no perdí el tiempo en arremeter contra Pino por su falta.
Estaba agachado, mirando apático el piso.
– Error. Mi error. Pequeño maestro. No debes tocarlo. Pino no pudo controlarse.
– Vaya… realmente tienes un punto débil allí… – curioso – déjame adivinar… ¿es un regalo de tu amo?…
Aunque se me hacía difícil asimilar que esa cosa tenía sentimientos… al menos, sería bastante comprensible su reacción si ese fuera el caso.
– No es del joven maestro. Pero es correcto. Es un regalo valioso.
– Bueno, estuve cerca… ¿Puedo saber su origen?
– Pequeño maestro. No debe indagar. Pino no hablará. No más palabras – dijo, tapando su boca con ambas manos.
– Si, si… lo que sea… – cedí rápidamente – hay cosas mucho más importantes… como por ejemplo… – sonreí – mi recompensa. ¿He ganado? ¿No es así?
– Excelente ataqué. Pino está orgulloso. El pequeño es muy hábil – levantando su pulgar.
– Así está mejor… – satisfecho – entonces… según mis sospechas, tienes recursos de cultivo… ¿Correcto?… Tu maestro no daría un límite de tiempo, sin un medio para compensarlo.
– Pequeño inteligente. El joven maestro lo hizo. Puedo entrenar y recompensar. Pino tiene experiencia en ello.
– Mmm… eso es lo que quería oír… pero… hay una cosa que merezco antes… – entrecerré los ojos – si no hubieses hecho trampa, acabaría presionando ese botón… – estaba muy curioso sobre ello.
Los ojos de Pino pasaron de amarillo a anaranjado, y levantó los brazos, queriendo protestar… pero, por lo visto, entendió que estaba en falta y luego los bajó, en actitud resignada. Sus ojos se fueron apagando y se acercó.
– Pequeño maestro. Está en lo correcto. Le deseo lo mejor. Espero verlo pronto – dijo, y se quedó estático con sus ojos apagándose.
– ¿…?
¿Qué estaba sucediendo aquí? Solo quería tocar el dichoso botón… ¿Por qué hace parece como si estuviese despidiéndose? ¿Acabo de cometer un error?
Por más que dudara, ahora solo me quedaba seguirle la corriente. Me acerqué lentamente, alerta a cualquier cambio… pero, no había más señales de vida en ese extraño cuerpo.
Aproveché la ocasión para revisar su estructura. Ahora, con más detenimiento, podía apreciar la extraordinaria perfección de sus terminaciones. El diseño de sus articulaciones explicaba la anormalidad de su destreza.
Además, incluso sin haber incursionado en la herrería, podría decir por experiencia que su cuerpo estaba hecho de una aleación asombrosamente resistente. Ya sea intercambiado golpes, o ahora, totalmente indefenso, confiaba ciegamente en mi incapacidad de hacerle un solo rasguño.
– Algún día tendré uno de estos… – murmuré – … no se si ese bastardo es realmente muy fuerte, o solo un heredero mimado con incontables recursos…. – sacudí la cabeza – en cualquier caso, no puedo negar su valía como maestro.
Tras maravillarme unos momentos con ese logro irreal de ingeniería… y magia, tal vez… decidí ir al meollo de la cuestión. En ese torso semi cilíndrico, un poco discreto botón rojo estaba incrustado, donde estaría normalmente el ombligo. Acerqué mi dedo, mirando el rostro apagado de Pino, sin cambios.
– Bueno… que sea lo que sea… ¿No puede ser algo malo? ¿Verdad?
Click
Seguro de haberlo presionado, me alejé con prudencia, observando por alguna reacción.
Bip
Bip
Tras unos pequeños sonidos, su cuerpo recupero la posición erguida y sus ojos volvieron a la vida. Si debía reconocer algún tipo de cambio, solo podría mencionar que su habitual brillo amarillento fue reemplazado por un novedoso marrón claro.
Ignorándome, comenzó a mirar hacia arriba, a los costados y finalmente hacia la barrera central. Se frenó allí algunos respiros, hasta que giró su cuello en mi dirección.
Parpadeo un par de veces, y luego quedó con los ojos entrecerrados, observándome.
– Entonces… ¿Qué se supone que está sucediendo? ¿Para que servía ese botón? – indagué, curioso por su actitud.
Comenzó a acariciar su mentón… tal como ese maestro molesto… solo que, su mentón era lo suficientemente prominente para convertir el acto en algo extraño de ver.
– Tsk… No puedo creer que un mocoso recién nacido haya logrado vencerlo… ¿Qué tan bajo se puede caer? – Exclamó.
No solo su modo de hablar había cambiado radicalmente, si no que incluso su tono era mucho más natural que antes, con solo un tinte metálico, que coincidía con su verdadera forma.
– ¿Sí? – pregunté, confuso.
– Dime niño… ¿Que truco usaste?… y ¿Dónde es este lugar? – demandó.
Me tomé un momento para procesar la situación. Obviamente estaba frente al mismo pedazo de chatarra parlante, pero su personalidad dio un giro completo, y ni siquiera parecía estar consciente de lo sucedido hasta el momento.
– Kuhum… veamos. Primero, no use ningún truco… gané por una distracción… – señalé – … debido a ese sombrero…
Levantó la vista y tomó el sombrero.
– Oh… realmente… ese inútil sentimental… – reprochó, mientras lo guardaba en algún tipo de dispositivo de almacenamiento en su cuerpo.
– Y, estamos en la isla de la muerte, en una base que el maestro ha creado – continué – ¿Debo suponer que no eres el mismo Pino de antes?
– ¿Maestro?… – se cruzó de brazos – ¿Estás diciendo que ese loco demente te ha tomado como discípulo?… ¿A ti?… ka ka… ka ka ka… – carcajeó, con su rostro alzado, como escuchando un gran chiste.
– ¿¿…??
¿Loco demente?

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