Pequeña Quin Capítulo 98

Modo noche

Obviando su extraña risa… ¿Dónde quedó el sujeto sumiso y leal a su joven maestro? De algún modo presentía, entre toda la vorágine de cambios, que acababa de conocer a un gran aliado en la batalla contra el maestro tirano.

– Vaya… ¿no tienes miedo de que te escuche?… Es tu amo, después de todo… – levantando una ceja.

– Tsk… ¿Miedo?… ka ka… ¿Por qué debería?… me debe gran parte de sus logros, e incluso lo he elevado en el poder… soy el que merece respeto y atención… – subestimó.

Definitivamente estaba interesado en el trasfondo de esa historia, pero yo había perdido demasiado tiempo en vano.

– En cualquier caso… te guste o no, te han dejado aquí para ayudarme. Desde que he vencido en un día, espero una recompensa acorde – enfaticé.

Sus ojos se encendieron y volvió a mirarme, entrecerrándolos sospechosamente.

– ¿Dices que ha pasado solo un día? – indagó – ¿y ya has logrado una victoria? – su sorpresa era evidente –veo que solo eres un mocoso recién nacido… Aquí hay algo extraño – frotando su mentón.

– Bueno… sobre eso-…

Fui interrumpido por una palma extendida.

– Silencio niño – sus ojos cambiaron a celeste – solicito registro de anomalías.

Bip

– ¡Por supuesto que lo se! ¡Solo dame los malditos registros! – Exclamó, hablando consigo mismo.

Tras una breve batalla, sus ojos volvieron a la normalidad.

– Bueno, bueno… ¿Qué tenemos aquí?… ka ka ka – tomando su panza – el pequeño es otra víctima de ese demonio – acercándose y rodeando mi cuello con un brazo, como viejos amigos – solo por curiosidad… ¿Cuáles son tus planes para los dos años de vida restantes?

– ……

¿Dos años de vida?… ¿Qué rayos sucede con esta versión?… Ajeno a la razón del cambio, había algo de lo que si estaba seguro.

– Nada importante… un poco de entrenamiento, y… quitarte una buena cantidad de recursos… – respondí, sin inmutarme.

– Ka ka… Nada mal… Nada mal. Realmente no pareces un pequeño… – elogió – … No te preocupes… hay dos cosas que puedo decir sobre tu vil maestro… – declaró, despertando mi interés – … es tan amante de los experimentos… – pausa – … como enemigo de las pérdidas. Sea lo que sea, debe tener altas esperanzas puestas en ti, chico… – terminó, lanzándome 5 piedras amarillas – … solo has ganado un quinto nivel… es todo cuanto voy a darte. Ve y haz lo que tengas que hacer… – pausa – … y no me molestes.

Entonces se giró y, agachado en un rincón, comenzó a trabajar con sus manos sobre la tierra y la roca. Me gustaría saber que demonios estaba haciendo, pero tenía mis propias preocupaciones.

– 5 piedras de nivel medio, eh… ni siquiera me dio margen a réplica – me quejé.

De todos modos, confiaba en que, junto a mis reservas, podría llevar al límite mi energía, preparando todo para el próximo avance.

Aunque no planeaba completar el año de estadía, sin duda aprovecharía al máximo el tiempo antes de enfrentar la isla salvaje.

Me senté en posición de loto y saqué otras 5 piedras amarillas de mi nuevo anillo… casi el total de mi haber. Circulé la técnica, y apareció ese pequeño vórtice, creando un remolino desde el centro de mis manos, a partir de la energía circundante.

Rodeado de 10 piedras elementales, me suspendí en el cultivo, en esa sensación intoxicante… recibiendo lentamente la energía depurada y sintiendo como mi cuerpo respondía, como una planta sedienta bajo la lluvia.

Tras lo que supondrían dos o tres días, abrí mis ojos. No por chocar con otro límite, si no porque las piedras ya estaban completamente negras… color que adquirían ante la ausencia de contenido.

De todos modos, había logrado buenos resultados. Según el metro, estaba a nada de alcanzar el segundo grado.

– Maldición… los efectos son extraordinarios – murmuré, cerrando mis puños – pero, también, es un excelente método para vivir en la pobreza – suspiré, resignado.

No dudaba de poder cubrir el resto fácilmente… pero, el problema era que, una vez allí, romper ese límite ¡sería terriblemente caro!

Respiré hondo y me incorporé.

– ¿Qué diablos?… – atiné a decir al observar el entorno.

En donde se había quedado Pino, se erguía un pequeño edificio de roca, perfectamente alisada y unida. Fuera de ella, en un asiento reclinado, Pino descansaba, con sus brazos detrás de la cabeza y sus piernas entrelazadas. Creería que estaba tomando sol, si no fuera porque estábamos dentro de una enorme cueva.

– Oye… me vendría bien un compañero de entrenamiento… ¿Qué dices?

Abrió sus ojos y me miró despectivamente.

– ¿Entrenar?… Apenas has hecho algún avance y ya quieres probarte… ¿Eres sordo?… creí haber dicho que no me molestes con tonterías… – rechazó – luego de tanto tiempo, no hay nada que merezca interrumpir mis actividades.

Estaba por responderle, cuando de golpe se levantó de un salto, con sus ojos encendidos.

– Si, si… entrenar… es una gran idea… – se acercó animadamente – ¿Te parece probar un nivel 5 nuevamente?

– ¿…?

Sorprendido del cambio, sentí algo en dirección a la barrera. Me giré y allí estaba, a pocos metros, ese bastardo sonriente con sus manos detrás. Ya estaba acostumbrado, pero poco esperaba lo que sucedería a continuación.

– Oh… ¡Maestro!… ¡Amo bonito!… – se acercó Pino, efusivo – estábamos a punto de una gran sesión… hemos hecho grandes progresos con el niño – dijo, mientras comenzaba a darle un masaje – ¿Cómo ha estado su día?… debería llamarme más seguido… déjeme estas pequeñas cosas a mi – golpeando su pecho, orgullosamente.

– ¿………?

¡Ese pedazo de chatarra mentirosa!

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