The world of Pendor – Capítulo 20

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Capítulo 20: Primeras clases I

El día que muchas personas habían llegado. El primer día donde se iniciara las clases por fin comenzaría el día de hoy.

No sólo los alumnos de nuevo ingreso sino aquellos que llevan tiempo aquí también comenzarían a retomar sus estudios luego de un periodo de descanso. Obviamente, deben volver a pagar aquellas materias que han fallado y la cuota aumentaba con respecto a cada vez que fallen.

Sadren estaba demasiado confiado y seguro de él mismo. No había nada que desconociese con respecto a las materias como matemática, geografía, historia y más. Le dieron un título de erudito y estaba en plena confianza de sacar todo el beneficio de ello. ¿Clases de espada y tácticas militares? Me dan igual, puedo ser igual o más poderoso que cualquiera. Su mente estaba llena de pensamientos pero si Lethaldiran se enterara que dejaba de lado el entrenamiento, realmente le asustaría su castigo.

Antes de partir, vio a Sasha quien a duras penas podía despertarse por todo lo tragado ayer. A ella y a Snow les hizo mal comer tan rápido y tragar sin siquiera masticar, cosas que él les dijo antes de ir a dormir y el cual ignoraron. Por eso ahora estaban en casi un mal estado. Snow estaba acostumbrada a comer como animal pero también al igual que Sasha quedó en mal estado. No hacía falta molestarle.

Le ordenó a su “sirvienta” que cuando se reponga, que limpiara todo ese desastre y que si tenía ganas, allí había dejado libros para que leyera tranquilamente y si Snow despertara y tomara alguno de los libros, que por favor le explicara como pudiera. También para eso se acordó que contenía una libreta con anotaciones que explicaban el idioma de los tigres blancos y por lo tanto, se lo dio por si necesitaba comunicarse con ella. Asintió y le deseo suerte en sus clases mientras ella seguía muriendo por dentro.

———

“Creo que si mal no recuerdo, mi salón de clase debe estar por aquí… Mm… ¿Será esta mi clase?” Sadren caminaba por los pasillos buscando su salón perteneciente.

Estaba claro que si existiera un diccionario y se buscara la palabra perdido, un dibujo de él aparecía como explicación. Había olvidado por completo que en el banquete, más tarde se iba a decir los respectivos salones de cada uno.

Si había leído al entrar al edificio que era perteneciente a los nuevos ingresantes o aquellos que no pasaron el año, que pobres personas que no podían pasar de año, había indicaciones para llegar a los salones de cada uno.

Cuatro salones y alrededor de 50 personas por clase. Cada una de ellas estaba ahora mismo enseñando materias distintas y el plan de estudio de ellas era por toda la semana, había que enfocarse en ella. Buscó aquella que impartían matemáticas y no dudo en ir a ella.

De los cuatro salones, era la última de todas que impartía matemáticas y no dudo y tampoco perdió tiempo en ella.

Respiró hondo, se acomodó un poco su uniforme, verifico que nada le faltase y todo estuviese en su lugar y abrió la puerta del salón despacio, tratando de no llamar la atención para nada.

“Permiso, lo siento por llegar un poco tarde” Dicho eso, entró y miró el salón. Su sorpresa fue que no quería atraer la vista de todos y curiosamente, todos le miraban e incluso el profesor quien estaba explicando un tema, se volteó a verle de mala cara.

“¿Has dicho un poco tarde de casualidad?” El profesor se acercó hasta Sadren quien lo miraba como si estuviese viendo la nada misma. “Hace poco más de media hora que la clase ha comenzado, ¿dónde diablos te has metido?” Las risas de los demás quienes observaban como era reprendido Sadren empezaron a sonar poco a poco. El profesor no dijo nada sobre sus risas, estaba muy concentrado en el castaño frente a él.

“Tuve algunos problemas para llegar hasta aquí…”

“¿Te perdiste?” Sadren no podía ocultar la verdad y tuvo que asentir, generando más risas sobre él. Primero miró a aquellos que se reían de él y luego miró la pizarra. ¿Hasta aquí tienen este método de enseñanza con pizarras? Pensaba. El profesor vio como no le daba la cara y volteó su vista a donde también estaba la de él. Estaba concentrada en la pizarra mirando las cantidades enormes de cuentas y algunas definiciones de algunos elementos. “¿Qué? ¿Te parece difícil? Hubieses venido antes en vez de perder tie-“

“Es fácil, bastante” Le quitó la tiza el profesor y cuando lo tomó, se quedaba mirando sorprendido. “De verdad tienen tizas hasta aquí” Murmuró. Sí, realmente estaba sorprendido. Había pequeñas cosas que en su mundo había y también lo había aquí.

Dejó de perder tiempo y miraba la pizarra, analizando la gran cantidad de cuentas que había en ella. Ninguna era difícil, eran ecuaciones y de las más simples y algunas podría pararse para decir: “estás son algo complicadas”. Pero den su límite cerebral y sus conocimientos, todo era fácil.

Le tomó no menos de cinco minutos terminar gran parte de las cuentas. Las risas cesaron y estaban asombrados de ver resolver todas las cuentas son extrema facilidad. El profesor mismo estaba congelado en su lugar, viendo que las cuentas que los demás estudiantes costaban de hacer, él podía hacerlas sin pestañear.

“¿Profesor?” Sólo salió de su estupor una vez que Sadren le llamaba una y otra vez. “Ya terminé, tome la tiza… Eh… ¿Mi asiento?”

El profesor le indicó que se sentara en el fondo por tema de no haber lugar y miraba la pizarra, asombrado de que estuviera todo perfectamente bien. Por otro lado Sadren, hasta llegar a su asiento saludaba a todos con una sonrisa a pesar de que ellos se burlaban. ¿Por qué quejarse? Todos eran niños y era normal. Tomando asiento, notó que todas las miradas estaban en él y prosiguió a sonreír y esperar a que su profesor dijera algo.

———

El resto de la clase fue hacer cuentas y más cuentas. Todo el mundo parecía estar sufriendo pero a él la materia se le hizo demasiado fácil.

Como se aburría, no dudo en prestar ayuda a las personas que estaban cerca de él, siendo ellos muy agradecidos por su ayuda en las cuentas. Eran niños, estas cuentas no era algo que a un niño le gustaría y por ende, parecía que todos tenían problemas. Pero cierto es, que algunos estaban en la misma situación que él: les era muy fácil.

Horas después, las clases terminaron y todos estaban ansiosos por retirarse. Por otro lado, él quería ir a su habitación. Su razón era ver si aquellas dos estaban vivas o seguían muriendo por dentro.

“Oye, ¿no es ese el que llegó tarde a clases?”

“¡Lo es! También escuche de sus compañeros que es alguien inteligente”

“También dicen que…”

Más comentarios escuchaba de él mismo acerca de su clase. Tampoco le importaba, seguía en su mente insistiendo que todos ellos aún eran niños y que los chismes a su edad eran bastante normales. Además de que pasaba de charlar con la gente que se acercaba a agradecerle, explicando que tenía algo que hace.

Minutos después de llegar a su habitación, en todo momento sentía que alguien le seguía pero, ignoró completamente eso. Tampoco podía esperar que alguien quiera hacerle algo por lo que, el factor sorpresa si eso ocurriera sería para la persona que le sigue y no para él.

“He vuelto” Sadren entró en la habitación, viendo a una Snow que dormía en su cama y Sasha, estaba leyendo tranquilamente mientras disfrutaba de algunas frutas que estaba en su escritorio.

“Oh, maestro. Bienvenido” Su cálida bienvenida por parte de la rubia fue tanta que no podía contener su emoción Sadren. Tanta que tenía ganas de matarla por darle tan poca atención.

“¿Estoy… interrumpiendo tu lectura?” Ella asintió. Suspiro tomándose la cien y pensando que hacer con ella. “¿Qué estás leyendo…? Espera, ¿qué haces leyendo eso?” Lo que leía era algo que el mismo había anotado. La cara de Sasha era seria y no prestaba atención a las preguntas de su maestro quien parecía perturbado de que ella leyera esto.

“Estaban aquí en tu escritorio y no le di atención alguna hasta que me vi algunos dibujos, ¿quién dibujo esto?” Un dibujo de una persona alta vestida de ropas demasiada fina y muy llamativa yacía en una de las hojas y en la hoja que le seguía, una explicación detallada sobre él. Era algo que nunca había visto. Al alzar su vista, miraba a un niño que no le dedicaba la mirada y se mostraba algo avergonzado. “¿De casualidad esto es tuyo?” Sólo asintió. Así que este niño realmente puede dibujar y escribir de esta manera. Ella estaba pensando algo hasta que de pronto el pequeño libro fue arrebatado de sus manos.

“Nadie te dio permiso en leer esto. Por favor olvida lo que has leído y sino, por favor no digas nada sobre esto”

“¿Acaso son los elfos que has comprado pero has liberado?” Él negó con la cabeza. Decidió contarle acerca del dibujo y su explicación. “Así que, realmente existen…” Luego de oír tales explicaciones, ahora tenía una mejor compresión de la situación y la razón de que Sadren estuviera en ese modo.

“En fin… Me gustaría quedarme pero debo irme otra vez por más clases. Este libro se viene conmigo y en cuanto a ella, no la molestes por si acaso. Ella se puede despertar sola. Algo de comida al despertar también ayudara a que no te haga nada malo… piensa en ella como un gato” Dio algunas indicaciones y se fue.

Pensaba que estar o tener que seguir estudiando ahora mismo era una pérdida de tiempo. Pero no podía decir nada tampoco o quejarse. El director parecía estar al tanto de que si él llegara a quejarse de algo, esto cambiaría. Pero no era su deseo cambiar algo o hacer algo tampoco, sólo aceptar todo lo que venga.

El resto de la semana, siempre fue lo mismo y ni hablar de las siguientes.

Lo que quedó de la semana se centraron en matemáticas. Nada que destacar o nada que remarcar acerca de ello. Siempre le parecio demasiado fácil.

La siguiente semana empezaba con historia. Esta vez llegó antes al salón y no tuvo ningún problema tampoco con nadie. También había llamado la atención con respecto a su enorme memoria y la narración de los hechos, pareciendo que estaba allí mismo.
Luego estaba literatura y por último geografía. Esas dos semanas estuvo hablando y participando, demostrando que su título de Gran Maestre, aunque los demás no sabían, no era una broma. Los profesores, no solo ellos sino los demás, estaban realmente sorprendidos por la cantidad de sabiduría que un niño de su edad poseía y no perdían tiempo en querer reclutarle o para que enseñe también. Además, pese a que poca gente le adoraba por su enorme conocimiento, era odiado por muchos precisamente por eso ya que, cuando se le ofrecía practicar un poco, se negaba rotundamente. Por ende, a veces demás chicos no se dignaban a invitarle siquiera a comer con ellos. Pero tampoco le importaba, había hecho algunos amigos a pesar de toda la mierda que decían de él y eso le hizo feliz. Ver que gente estaba dispuesta a ser amigos a pesar de que otros digan, era algo que pocas veces o nunca había visto en su mundo anterior.

Llegó a pasar un mes. Todas las clases estaban alineadas y divididas obviamente por clases en un enorme campo rodeado por edificios. De lo poco que había escuchado, estaban en un enorme campo de entrenamiento dentro de la academia y aquí era donde los entrenaría.

Por lo lejos, pudo ver a Zoey y Valeria que al verle, no parecían muy felices al dedicarle alguna mirada. Tampoco comprendía a las mujeres y tampoco tenía entender que les habrá pasado para cambiar su vista hacia él.

Todos, que estaban hablando entre ellos, se callaron de repente cuando vieron a un hombre anciano pero que conservaba su postura erguida y aun musculoso, se paró frente a todos ellos con una mirada seria y muy enojada.

Tras sus palabras, su indicación de que las clases prácticas empezarían hoy quedaron grabadas en los cerebros y orejas de todos.

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