The world of Pendor – Capítulo 21

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Capítulo 21 – Primeras clases II

“¡Escuchen todos muy bien! ¡A partir de hoy todos estarán siendo adiestrados y entrenados por mí! ¡Ninguno de ustedes puede pasar de estas clases y el que lo haga, serán severamente castigados!”

Si discurso inicial seguía y no lo decía con una voz calmada, eran casi a los gritos y a todos parecían tener dolor de cabeza y se tapaban sus orejas por la fuerza de su voz. Sadren estaba tentado a taparse los oídos pero, el anciano había gritado para que nadie, nadie se moviera de su posición, inclusive si tenían que taparse las orejas. Por eso el anciano miraba a todos con una cara desagradable.

Su voz finalmente había cesado. Caminó hacía todos los estudiantes alineados por clases, mirando a la cara a cada uno. Sadren estaba un poco alejado del frente pero no tanto. Aun así, la mirada del anciano era demasiado fuerte y feroz. Parecía que había visto a un enemigo y con tal presión en su mirada, Sadren empezaba a sudar. Pero como había sido entrenado tanto física como mentalmente Lethaldiran, supo mantener la compostura. Después del Noldor, era la primera persona que le daba tan inseguridad al ver su mirada.

“¡Escuchen! ¡Cómo no pudieron permanecer quietos mientras hablaba, darán 20 vueltas alrededor del campo y aquel que no corra, será castigado con más vueltas para los demás!” Todos suspiraron con pesadez, molestos en su mente de hacer esto. Tampoco nadie se animaba a quejarse. Con ver la actitud del anciano, quejarse era equivalente al suicidio por lo que todos, incluyendo a Sadren que miraba al anciano de reojo, empezaron a correr.

Lo sorprendente era que el área de entrenamiento era tan grande como si fuera un estadio de fútbol. Sadren sacaba cuentas del tamaño exacto mientras corría, un poco agitado pero regulando bien su respiración y su velocidad para estar en velocidad constante.

Media hora después, casi ninguno pudo terminar las 20 vueltas en buen estado. Todo el mundo estaba demasiado agotado. El sol que iluminaba el día no ayudaba, empeoraba la situación. Por eso al terminar, todo el mundo buscaba agua que beber, encontrándola y bebiéndola por completo sin siquiera compartir. Aquellos que se refrescaron, bien. Aquellos que no pudieron, seguía con la garganta seca y sudando a mares.

Sadren había terminado como todos. A diferencia de que él estaba en mejor estado que todos, sin siquiera sudar o sufrir por el calor. Es más, parecía que el sol no se dirigía hacia él sino a los demás.

“¿Cómo puedes no estar sudando o cansado luego de correr tanto?” Una persona se había acercado a Sadren, poniendo su mano en su hombro y tratando de encontrar algo de aire para respirar y regularla.

“Oh… Eh… Es sólo correr, nada del otro mundo” Su respuesta hizo que la persona lo mirara y forzara una sonrisa. Claro, era sólo correr. Pero nadie puede aguantar tanto y más bajo el irradiante sol.

“¿Alguna vez alguien te dijo que eres raro?” Cuando Sadren escuchó la pregunta, estaba a punto de contestar hasta que fue detenido. “No hace falta que me lo digas, era sólo una pregunta retórica. En fin, un gusto, soy Máximo, hijo de un centurión”

“Un hijo de un centurión no puede correr 20 vueltas… que ironía” Ambos se miraron a la cara y empezaron a reírse. Tras las risas, ambos estrecharon las manos. “Sadren Blackwood, hijo de un hombre y una mujer… creo” Más risas entre los dos se escuchaban y eran observados por los demás. A ninguno de los dos les importó y hablaron un poco hasta que Máximo pudo recuperarse un poco.

Los demás hablaban entre ellos y trataban de recuperar algo de aire. El instructor, el anciano mejor dicho, los miraba a todos y a cada uno de ellos. No estaba contento con los resultados pero eran solamente niños todavía. Se le advirtió tener algo de compasión por su edad. Tras mirar a cada uno de ellos, sus ojos llegaron a Sadren, quien al parecer no parecía estar para nada cansado o sudando por el calor que había. Hizo nota de esto mental mientras se dirigía a ellos.

“¡Todos pueden descansar una hora! ¡Luego retomaremos el entrenamiento pasando al manejo de la espada, lanzas, ballestas y caballería!” Tras su anuncio, todo el mundo respiraba de alivio y se sentaron en el suelo pese al sol. Ahora que podían descansar por un momento, tampoco les importaría dormir aunque sea unos minutos.

———

Máximo estaba en la primera clase y Sadren en la cuarta. Aun así no quitaba el hecho de que ambos charlaran y se rieran entre ellos. Máximo tenía un cabello un poco largo, atado con una corta cola de caballo, siendo llamado por Sadren una hermosa mujer provocando la risa de ambos. Por suerte ambos se lo tomaban bien y no había nada de malo entre ellos.

Algunos notaron a estos dos. Sabían de antemano que no pertenecían a la misma clase, tanto la cuarta como la primera estaban al tanto. Digamos que por pertenecer a la primera clase, al primer salón, estos muchachos pensaban que eran los mejores y no toleraban que uno de sus compañeros esté con alguien de la última clase.

“Máximo, ¿qué haces con esta… persona?” El mencionado miró quien le había hablado y resultaba ser alguno de sus compañeros de clase. Los demás también preguntaban lo mismo y se dirigían a Sadren no con muy buenas intenciones.

“¿Él? Es un amigo. ¿Qué tiene de malo hacer amigos con las demás clases?” Apoyaba su mano en su hombro mientras hablaba. Sadren sabía a qué venia esto y estaba feliz de ver que alguien le defendía a pesar de no necesitarlo.

“¿Qué no sabes que está en la cuarta clase? ¿Tienes idea de qué significa estar en la cuarta clase? ¡Sólo la basura está en esa clase! ¡No puedes estar con alguien como él!”

Había elevado su voz, apropósito para que todos escuchasen lo que decía. Atrajo la mirada de todos y las miradas de odio de aquellos que estaban en esa clase. ¿Puede que tenga razón? Pensaban algunos. Otros no les importó o eso aparentaban. Los números de las clases no importaban, tan sólo eran números pero la superioridad de los jóvenes se encendía y creyeron justamente que como pertenecían a la primera clase, eran los mejores.

“¿Qué tiene de malo de que sea mi amigo?” Sadren había hablado por Máximo, quien no sabía que decir o donde meter su avergonzada cara. El pelicastaño se paró frente a ellos, con una sonrisa en su rostro. “Todos podemos ser amigos, no hace falta estar celoso de él de que es mi amigo” Sadren se burlaba de él y trataba de no reírse de lo que dijo. Ni hablar de Máximo que estaba con la boca abierto por lo que dijo. ¿Realmente está celoso de mí? Tardo segundos en captar que era una burla y empezaba a reírse.

El muchacho había visto que Sadren extendió su brazo y mano para estrechar las manos pero el simplemente la rechazó y la apartó a un lado dando un golpe en ella. “No estoy celoso y tampoco voy a ser amigo de alguien como tú, basura. Encima eres un plebeyo, ¿acaso tu madre puede ser una puta?” Los chicos detrás de él empezaron a reírse de lo que dijo y él tampoco perdió tiempo para reírse.

Escuchar que llamaban a su madre prostituta para él, era una enorme ofensa. Quería matarlo pero sabía que si hacía algo, muy probablemente lo echarían de la academia y no era momento de ser echado. Pero aun así seguía con una sonrisa en su rostro.

“¿Eso es todo? ¿Mi madre una puta? Wow, me duele bastante, siento que me estás matando con ese insulto” Sadren salió de su sonrisa y se tomaba el pecho, simulando ser dañado. Los demás se reían de como actuaba y otros incluso aplaudían. Hasta se había tirado al suelo para simular su muerte.

Luego se paró rápidamente, dejando de lado la simulación. Los chicos tenían mirada feroces y de odio hacia él. “Si quiere ser mi amigo, no tienes nada de qué entrometerte, ¿no crees…?” Le miró muy extrañado porque no sabía su nombre.

“Un plebeyo como tú no merece saber su nombre” Alguien detrás de él dijo eso. Ah claro, si le siguen, debe ser alguien de la nobleza con mejor posición que la mía probablemente. Sadren no descartó ese pensamiento, es más, ese debía ser. No dio más importancia a la situación y se retiró de allí, poniéndose al lado de Máximo otra vez.

“¡El descanso ha terminado! ¡Todos, formen filas!” Todos se sorprendieron. Los chicos que iban a responder a la acción de Sadren se callaron e hicieron caso como todos.

Nadie tardó más de lo esperado para formar filas. Cada fila estaba hecha por los estudiantes de cada clase. Ahora nadie se movía, nadie estaba molesto por la voz ronca y gruesa del instructor, nadie le molestaba su mirada seria… o eso trataba de parecer.

“Cada uno de ustedes ahora demostrará lo que saben hacer con el arma que vayan a seleccionar. Le daremos esta oportunidad de elegir sus propias armas. Elijan cuidadosamente porque será con la que entrenaran hasta que sepan usarla como alguien decente” Varios soldados aparecieron con una gran cantidad de armas, espadas, espadones, lanzas, arcos y ballestas. Una vez que aquellos soldados a orden del instructor trajeron una gran cantidad de armas, miró a ellas y luego a los estudiantes. “¡Empiecen a elegir!”

Ninguno perdió tiempo y fueron a agarrar sus respectivas armas. Espadas, espadones, lanzas y ballestas eran las más elegidas. Por otro lado, el arco era algo que pocos elegían, siendo Sadren el que estaba más interesado en el arco. Pero luego pensó que usar un arco quizás no era la mejor opción. Quería probar algo nuevo y por eso eligió la lanza.

“Espero que todos ustedes hayan escogido bien. No podrán cambiar su arma hasta nuevo aviso. Por lo tanto, ¡es hora de practicar!”

Cada uno se emparejó con sus respectivos compañeros o amigos y empezaron a practicar. Aquellos que eligieron las armas a distancia, tuvieron que practicar por separado de todos. Ahora se arrepentía de no elegir el arco para estar sólo.

“¿Quieres practicar?” Sadren volteó su cabeza. El mismo chico de antes ahora quiere entrenar con él. Su sonrisa le delataba. Suspiraba de frustración. Estaba frustrado porque no había forma de revertir esta situación. “¿Qué? ¿Miedo?”

“Bla bla bla, mejor empecemos a entrenar” Sadren tomo su lanza con ambas manos y apuntaba con ella a el muchacho. Cada vez odiaba más a los rubios en su vida aquí y antes. Llevaba una espada; suerte para ambos que eran de madera así se evitaban lesiones y daños severos.

“Oh vaya, nunca pensé que el plebeyo tendría valor para enfrentar a un noble” Su sonrisa burlona no afectaba en lo más mínimo.

“Oh vaya, nunca pensé que un noble tiene que pelear con un plebeyo para sentirse superior a los demás” Eso hizo que el muchacho rubio dejara de sonreír y su irá saliera al aire. Con eso, obviamente le había hecho perder el control, dando como resultado cargar como un loco y no se preocupara  por sus flancos abiertos.

Como la lanza se caracterizaba por su largo alcance, estando a tres pasos de él, apuntaba con la punta de la lanza en su cuello. Así fue la primera vez. La segunda le dio espacio para maniobrar con la espada. Siempre esquivaba y no atacaba, estaba estudiando los movimientos del rubio. Eran normales y nada fuera de lo común. Simplemente era una habilidad de la espada que cualquier soldado pudiera tener. Tras esquivar al menos 20 cortadas, esta vez golpeaba los pies de su oponente con un extremo de la lanza y luego, con el otro, golpeaba su cabeza aprovechando que se quejaba por el golpe anterior, dando una abertura para golpear su cabeza.

No hubo ya tercera vez. Se rindió por completo. Le dio una reverencia pequeña por “respeto” a la pequeña práctica que tuvieron y cuando se dio vuelta para buscar un nuevo compañero, sus sentidos se encendieron rápidamente. Se dio vuelta de manera ágil y sin perder tiempo, ya sosteniéndola de manera horizontal y frente a su cara.

El rubio había fingido su rendición para esperar que Sadren se de vuelta y luego, atacarle como último recurso. Cuando se dio vuelta, no perdió tiempo alguno y cargó a toda velocidad y lanzo un corte de arriba hacia abajo esperando a que impactara de lleno en su cabeza. Pero no esperaba que estuviese ya preparado y atento para detener su golpe.

Acto seguido, Sadren  realizó un fuerte movimiento a un costado con la lanza, pudiendo desarmar al joven frente a él quien le miraba con miedo en sus ojos al ver que su espada fue quitada de sus manos. Para antes de que pudiera volver a darse cuenta, él  que había apartado la espada con un extremo, volvió a usar el otro para darle otro fuerte golpe en la cabeza, más siendo la cara.

Ya esta vez el muchacho, quién poco ya le importaba como mierda se llamase, yacía en el suelo tomando su cara en su totalidad por el golpe. Aquellos que vieron esta escena quedaron contemplando al rubio en el suelo, queriendo evitar reírse de él. Sadren no lo conocía pero los demás sí. Aquellos que realmente le conocieran sabrían que era uno de los hijos del señor de la ciudad y por ende, realmente pocos eran los que harían lo mismo que él.

“Atacar por la espalda… eso no me parece de alguien que sea noble” Luego de burlarse, lo miró por última vez antes de darse la vuelta y buscar otro compañero de práctica.

El instructor que miraba la escena, miraba la figura de Sadren quien había encontrado ya algunos compañeros, sonriendo y acariciando su blanca barba. “Si ese niño sigue entrenando con la lanza de esa manera nada lo detendrá”

———

Tras un mes de dura práctica por las tardes y por las mañanas, Sadren ahora estaba más que suficiente con practicar con la lanza. No había mucho más que pudiera aprender de los otros instructores quienes enseñaban y corregían la forma de pararse, agarrar el arma y como aprovechar cada momento de la batalla. Además, luego de insistir tanto al anciano instructor, pudo usar también el arco para practicar un poco. No sabe la razón pero el instructor se mostraba reacio, serio y frío con todo el mundo pero con él, diablos, se podía ver que pese a su mismo comportamiento, lo trataba mejor y le permitía hacer varias cosas o si tenía ganas, irse a leer.

Incluso aquellos que eran considerados amigos de Sadren, también le dieron algo de descanso pero por algunos minutos. Aquellos que no lo eran, trataron de hacerse amigo de él. No sólo destacaba marcialmente, también en sus estudios era el mejor de todos y de todas las clases. Ser su amigo incluiría beneficios en el futuro si él era considera el mejor, ¿por qué no ser su amigo ahora?

Todos rechazados. Sabía de sobra que ahora todos buscarían ser amigo de él por propios beneficios y él dijo que no a todos. Aquellos que le han apreciado antes de demostrar que era un prodigio, fueron a los que atesoró, los demás que se jodan. Incluso las chicas Valeria y Zoey les dejó de lado porque también les ignoró a él en un principio. Por ende, ya no las conocía.

Y cuando no estudiaba o practicaba, estaba en su habitación, relajado y viendo cómo Sasha y Snow practicaban otro idioma. Sasha el idioma de las montañas de Snow y Snow el lenguaje del Imperio. Se reía porque no sabían nada. Su felicidad se fue cuando escuchó una voz gruñona y ronca detrás de la puerta. Los tres se miraron y Sadren les dijo que no se preocuparan para nada, que sabía quién era y que posiblemente quería.

«Ese anciano realmente se tomó bastante tiempo en venir hasta aquí»

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