The world of Pendor – Capítulo 23

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Capítulo 23 – Genio

Tras ese encuentro, los tres, Sadren, Sasha y Snow se quedaron charlando un poco antes de que tuviera que volver a irse para tener que asistir esta vez, a una clase especial o mejor dicho, a una clase que había pagado por tal: administración.

¿En qué consistía? Claramente si era cosas relacionadas con dinero, pero más enfatizado en la carrera militar. Aquí no había beneficios para un país y si lo había, era para apoyar a los soldados. Además, debe brindar apoyo logístico como administrar raciones, tropas no combatientes, etc.

Les dio algunas instrucciones de lo que deben hacer cuando no estaban y que, había hecho algunos arreglos con la Hermandad Roja, pese a que estaba en contra de relacionarse y que les beneficiaría a ellos y a él principalmente.

Uno rato más tarde, ya estaba en el salón, esperando a que empezara su clase. A diferencia de todos que buscaban ser comandantes, soldados o dedicarse a otros oficios, eran pocos los que querían pertenecer a la clase de administración o aquellos que se orienten al ejército. Aquellos que se orienten a administración de territorios, eran bastantes.

“Parece que todo el mundo busca ser comandante” Se decía así mismo Sadren que miraba a sus pocos compañeros. No importaba si eran de la primera clase o de la última, los presentes ahora pertenecerían a una misma clase. No esperaba mucho de ellos de todas formas.

“Ser comandante es una de las profesiones mejores pagadas. No te sorprendas tampoco si todo el mundo aquí quiere serlo” Dicho comentario vino de un lado de él, haciendo que voltee a verle con una ceja alzada y confundido. “Oh, disculpa. Máximo me ha hablado de ti… ¿eres Sadren no?” Lo vio asentir y suspiraba de no haberse confundido. “Menos mal, pensaba haberme confundido. Un gusto conocerte, soy un amigo de Máximo también, Alex”

“¿Alex?” El nombre le resultaba curioso. No era un nombre del Imperio, el suyo menos y al igual que otros nombres que no pertenecían a su país, resultaban curiosos.

“Bueno, por tu mirada supongo que piensas que no soy de aquí. No lo soy. Vengo de Laria… y creo que tú tampoco tienes derecho a verme tan extrañado por mi nombre si el tuyo es Sadren” Su mirada dejó de ser extrañada y asentía. Su nombre al igual que la de él, no pertenecían al  Imperio. El suyo estaba más que seguro que era de los Noldor. El de Alex, más diciendo que venía de Laria, era de Sarleon.

“Buen punto. ¿Muchas patrullas de elfos por Laria?”

“Antes de venir aquí hace meses, había algunas patrullas pero nada preocupante que otras razas. Los elfos sólo se enojan si entras a su bosque. Las otras por otro lado acampan por los alrededores y a veces dificulta el paso” Alex seguía narrando algunas cosas más y Sadren asentía y pensaba. ¿Otras razas cerca de Laria? ¿Cuáles pueden ser? Sabe de los elfos, a veces Noldor. Pero, que le nombrara elfos con piel oscura, personas que llegaban hasta su cintura o poco más que ello, enormes bestias, ¿a cuales se refería con este último?

Intercambiaron algunas palabras, algunos chismes, algunos consejos. Los demás también estaban charlando entre ellos, haciendo un lado el hecho de la pertenencia de las clases, hablando de buena manera. Sadren miraba esto mientras escuchaba a Alex con una sonrisa. Le sorprende a veces como cambian algunos niños.

“Bueno chicos, será mejor que todo el mundo se calle y espero que atiendan a mi clase. A partir de ahora, yo seré su profesor sobre administración militar. No tienen el porqué de saber mi nombre y yo no tengo el derecho de saber el de ustedes” El profesor entró sin decir nada. Todos estaba sorprendidos y por eso nadie esperaba que hablara de la nada o que aparezca mejor dicho.

Nadie perdió tiempo alguno. Todos se sentaron en sus respectivos asientos y miraban al profesor, con ojos expectantes y esperando que llegará a ser su clase. El profesor por otro lado, los miraba a todos con ojos serios, fríos. Sus ojos puntiagudos y de color marrón, daba realmente un aire con ganas de matarlos. Para los alumnos, imposible de ver.

En el transcurso de la clase, el profesor estaba dando sobre administrar raciones al igual que poder manejar la cantidad de recursos, herramientas y otras cosas para el momento que las tropas tengan que armar un campamento. No sólo eso, lo más importante es que todo debe estar anotado. Entre ellos, explicó que en esta rama, entraban los Tribunos, tanto general como coronel.

El primero estaba más centrado en jóvenes que buscaban un impulso para luego postularse a la política del Imperio, que luego podía ser diplomáticos del mismo siendo sus aportes de conocimientos militares muy nominales. El segundo, estaban encargados de las tareas administrativas de los ejércitos, siendo este muy deseado por Sadren. En coronel entraba también los Prefectos de campos, encargados del mantenimiento y la organización de la unidad, tanto en tiempo de paz como en campañas. Debía velar por el estado del equipamiento de los soldados, que estén en forma y que coordinen en guardia, patrullas y en entrenamiento con los Centuriones.

Sólo se nombraban rangos del ejército del Imperio de aquellos que se centraban o estaban en la parte administrativa. Debían también practicar y entrenar con la espada y lanza. Aun estando en una jurisdicción diferente, se debe de todas formas manejar y saber usarlas.

“Muy bien. Espero que nadie tenga dudas”

Y efectivamente, nadie tenía dudas o la cara del profesor incitaba a que nadie preguntase nada. Y así fue, nadie preguntó nada. Sadren se quedó callado. Estaba a punto de preguntar algo pero se reservó el derecho. Más porque el profesor le miraba más que nadie con sus ojos. Por ende, él siguió explicando mientras todos anotaban sus explicaciones.

———

La clase ya ha terminado y todos se retiraron para retomar sus prácticas con el instructor y los demás. Sólo Sadren se había quedado junto al profesor que le miraba con los ojos entrecerrados. Él le había pedido hablar algunas cosas.

“¿De qué quieres hablar?” Preguntaba.

“No dejó que le haga una pregunta en su clase. Bueno, mi duda viene con algo que he escrito durante su clase y quisiera ver qué opina” Sadren llevaba consigo algunos papeles y se lo entregó al profesor. Era algo que tenía anotado siempre en sus libretas pero esta era la primera vez que dejaba que alguien más, aparte de conocidos, leyera sus cosas.

El profesor tomó los papeles y le dio una pequeña ojeada. Mientras leía, intercambiaba su vista entre los papeles y Sadren, que estaba con las manos en su espalda expectante de lo que puede decir. No era que veía algo raro, la caligrafía se le hace bastante familiar. La había visto en otro lado pero no recordaba. “Tu letra siento que la he visto en otro lado. ¿Has escrito algo?”

“Mm… No que recuerde. ¿Por qué?”

“Por nada, no te preocupes” Puso los papeles en el escritorio y se apoyó sobre él, cruzándose de brazos. “¿Por qué crees que lo que has escrito puede servir?”

“Verá. En los ejércitos que nuestro Imperio, si llevamos un total de 50.000 soldados, es más seguro que 10.000 sean no combatientes, siendo a veces una carga por no estar al mismo nivel que nuestros soldados. La mejor manera para solucionar la movilidad de un ejército y la capacidad de combate misma, ellos mismos deberían llevar sus propias cosas y expulsar a los no combatientes para que hagan sus respectivos trabajos”

“¿No hace falta gente que cuide caballos, gente que sirva a los altos mandos de un ejército, gente que se encargue de la comida?”

“Claro que sí. Ellos deben ser hombres del ejército. Ahí es cuando los Tribunos pueden entrar y tomar un papel importante y ni hablar de los Centuriones, quienes tienen mayor control de todos. Y si todos llevan sus cosas, tendremos al menos 10.000 hombres más”

Lo que Sadren explicaba eran, en su momento, las revolucionarias reformas del ejercito romano por parte de Cayo Mario, la persona que hizo un enorme cambio del imperio. Como en el juego, el Imperio se basaba en el mismo Imperio Romano salvo con unos cambios, enormes a su parecer, encajaría perfecto. No dijo nada sobre el servicio militar de extranjeros y darle algunas tierras para trabajarlas, ahí desconocía cómo lo tomarían.

El profesor asentía. Este niño tiene 12 años y ha pensado en esto, ¡puede incluso preocuparse por detalles tan minuciosos! Su cerebro procesaba toda esa explicación y si lo relacionaba con lo que sabía y entendía, ¡perfectamente puede hacerlo encajar y ponerlo en práctica!

“¿Esto es algo que realmente has pensado tú? ¿Nadie más te ayudó con esto?” Y había una buena manera de preguntarlo. Estaba dudando con todas sus fuerzas de que un niño se le ocurriera todas estas cosas. Y estaba en lo cierto, él sólo utilizó el mismo método de una de las personas más inteligente a su modo de ver. Sadren asintió e internamente el profesor estaba a punto de estallar. “Entonces… ¿realmente crees que va a funcionar?”

“Tengo mis dudas acerca de ello. Los hombres  estarán en desacuerdo de tener que realizar sus propias cosas en campañas. Pero es más probable que acepten cuando escuchen mis razones para aceptar” Él le describió las razones para aceptarlo. El profesor estaba ya sin habla y su corazón estaba por pararse. Todas las razones que le daba eran perfectas, adecuadas para los soldados. Él pensaba que este muchacho era un genio con todo lo que decía.

Minutos más tarde de su explicación, Sadren miraba al profesor que estaba mirándolo pero no sabía que estaba perdido en sus pensamientos. “¿Profesor?”

Salió de su mente y le miraba, ahora a un niño sonriente de oreja a oreja. Sacudió su cabeza con ideas y se aclaró y volvía a su estado normal. “¿Qué quieres hacer con todo esto? ¿Planeas hacer algo?”

El asintió con una sonrisa. “Sí, quiero que esto se pueda ser implementado. No creo que el director de la academia quiera que un niño le de estas cosas así que… ¿puedes hacerlo por mí?” Eso era una mentira. El director sabía de él y lo conocía mejor que nadie. Fue gracias a él que pueda tener una habitación lujosa, algo que era innecesario para él. Tampoco le hacía falta que un profesor hablara por él pero… entre más recomendaciones reciba, mejor iba a ser para su futuro.

“¿Quieres que le de estas cosas al director? ¿Estás seguro de ello?” Volvió a asentir. “Está bien, veré que puedo hacer por ti. Espero más de ti de ahora en adelante” Tomó todas sus cosas y lo de Sadren y se retiró del salón dejando sólo al castaño con una sonrisa.

“Ya van creo que 3 recomendaciones.” Anotaba mentalmente que ya poseía recomendaciones, tres a las cuales consideraba importante. Ni hablar de otros profesores quienes estaban sorprendidos y felices de tener a un niño muy inteligente y capaz de usar cualquier arma. Para los adultos y para todos los profesores, Sadren era considera un verdadero genio, capaz de hacer y saber cualquier cosa estando orgulloso de él mismo y siendo envidia de los otros.

Al salir del salón, para su sorpresa, estaba parada Sasha, quien estaba parada con los ojos cerrados y apoyada contra la pared frente a la puerta del salón. Su vestido de sirvienta hacía que aquellos que pasaban se la quedaran mirando, fascinados por la belleza de la misma. Pero nadie quería hablarle. Ver su altura también era un sinónimo de alguien fuerte y por eso nadie quería ser el valiente de hacerle enojar.

“¿Sasha?” Escuchar su nombre le hizo abrir los ojos y ver a Sadren, quien estaba confundido. Se acercó hasta ella hasta quedar cerca, muy cerca, y tiraba de su vestido para hacerla agachar. Era muy alta para él. “¿Qué haces aquí?”

Tuvo que agacharse un poco para ponerse a su altura para poder hablar y respondió. “Hubo un problema con respecto a tu habitación”

“¿Problemas? ¿Qué problemas? ¿Tú y Snow otra vez pelearon? ¿Por eso has venido?” Ella negó con la cabeza. “¿Entonces?”

“Alguien intentó destrozar tu habitación” Pestañeo varias veces. Le volvió a preguntar lo que dijo, su repuesta fue la misma. Cuando Sadren escuchó esto varias veces, se fue corriendo hasta su habitación de una manera tan rápida que era imposible poder verlo dejando atrás a la rubia que no escatimo nada en seguirlo y fue caminando tranquila.

Cuando ella llegó hasta la habitación de Sadren, él se encontraba parado en la puerta viendo toda su habitación. Pero ella no estaba mirando eso, miraba la expresión del pequeño. Estaba viendo a un niño temblando y apretando sus puños fuertemente y en sus ojos, unas llamas se encendían y poco a poco, hasta podría quemar con la mirada.

“Oh, ¿señor?” Snow notó una mirada en su espalda, una mirada que era furiosa y llena de fuego. Cuando se dio vuelta, vio a Sadren que estaba pálido. Miró a Sasha, dando una mirada preguntando si se encontraba bien a lo que sólo pudo negar con la cabeza.

“¿Quién fue?” Las palabras de Sadren eran frías, sin vida y una voz gruesa. No quería perder tiempo y empezó a ordenar las cosas que habían sido tiradas y ver qué cosas se rompieron. Libros que había comprado y conseguido gracias a Iris, destrozados. Libros que había conseguido de la biblioteca, destrozados. Las cosas que había escrito, en su mayoría, dañados. Tomaba aire y trataba de mantener la calma.

“Sabía que preguntarías eso así que…” Snow se retiró unos segundos. Luego volvió a aparecer y trajo consigo alrededor de 5 personas. “Aquí tienes los culpables.”

Sadren miraba a las 5 personas. Estaban atados y todos estaban lastimados y algunos tenían heridas leves y uno sólo estaba con una herida grave. Pero a él no le importó. Tampoco quiso saber cómo Snow consiguió una cuerda para atarlos a todos. Eran estudiantes, estudiantes que habían hecho cosas para molestarle antes pero nunca consiguieron hacerlo. Pero ahora, ya ahora era distinto. Habían pasado la línea y él estaba conteniéndose para no matarlos.

Antes de poder hacer algo, sin saber cómo, unos soldados aparecieron en la habitación de Sadren, impactados por la escena que estaba viendo.

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