The world of Pendor – Capítulo 25
Capítulo 25 – Furia y enfrentamiento II
Ya no quería recordar el hecho de que tuvo que pagar una indemnización por aquellos estudiantes. Es más, si las otros dos les hubiese matado, estaría contento. Pero lamentablemente no fue así.
Todos sus libros, prestados, comprados y sus apuntes hecho por él, ya le quedada poco o nada y debía empezar de nuevo con su propia colección. Sabía cómo recuperar aquellos libros pero tener que escribir otra vez, era algo que no le agradaba mucho.
Apenas era de tarde. Estaba anocheciendo y debía encontrar un buen lugar para dormir. Había un lugar perfecto para él. Pensó en otros lugares pero, su dinero estaba precisamente con la Hermandad Roja. Decidió no perder más tiempo y fue directo allí en busca de hospedaje.
La multitud de la ciudad a estas horas era poca y no tan bulliciosa como antes. Los únicos lugares que se frecuentaba más que nada eran los burdeles y bares. Lugares que seguro sería echado por su corta edad. De todas formas, no buscaba nada de eso, sólo buscaba aparte de un lugar para dormir, un lugar donde pueda volver a escribir sus nuevos libros.
Pero parecía que la fortuna no le sonreía. Unos hombres al verlo caminar sólo y con las ropas que llevaba puesta, resultaba ser un pequeño noble separado de sus guardias y perdido, una presa fácil.
Lo siguieron hasta un callejón de la ciudad, perfecta para que nadie más viese lo que iban a hacerles. Ellos estaban sonriendo entre ellos viendo como el mismo niño los llevaba hasta allí. El problema de esto fue que al estar dentro de ese respectivo callejón, no encontraron a nadie.
“¿Dónde se habrá metido ese niño?” Preguntó uno de ellos. Los demás también miraban a su alrededor. Era imposible que pudiera perderse tan fácil. Luego se volteó y miró al que estaba detrás de él. “¿Has visto algo?”
No hubo respuesta. En su lugar, se quedó parado y sus ojos estaban abiertos al igual que su boca en modo de sorpresa. Al mirar abajo, algo estaba atravesando todo su pecho, perforando a su paso el corazón. Los demás vieron esto y estaban sorprendidos por no decir impresionados o asustados.
Tras caer al suelo, se reveló que el asesino fue un niño, más precisamente aquel que seguían. Su cara arrugada, sus ojos afilados ahora con una enorme llama que lograba asustar debido a tal intensidad de furia y odio que albergaba dentro de él. “Se acaban de meter con la persona equivocada” Luego, una pequeña pelea surgió en el callejón con un solo lado ganador.
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“Muchas gracias por las ropas”
“No te preocupes, nuestra señora ha preparado tales ropas para ti y ha dispuesto a una sirvienta para que se encargue de las cosas que necesites” La mujer hizo una reverencia ante Sadren que llevaba puesta nueva ropa. La anterior, que por suerte no era el uniforme de la academia sino ropa de un noble, terminó siendo destrozada por tantos cortes que, sumando más de su suerte, sufrió pequeños cortes pero nada serio. Era básicamente la misma ropa pero un color algo rojizo, un color que se asimilaba a la Hermandad. No había otra cosa y tampoco pudo quejarse de ello.
“Entiendo. Espero que ella me perdone por aparecer aquí. Dale las gracias también por dejarme usar sus instalaciones. Toma esto, espero que le sirva más que a mí” Le dio una pequeña bolsa con algunos denarios dentro. Teniendo su dinero a mano, le propino algo a la mujer que se había ocupado de él ni bien se mostró. Ella asentía en agradecimiento y se retiró de la habitación.
Era simple pero un poco grande. Tenía una enorme cama y un escritorio a un costado. También había unos sofás junto con una pequeña que era adornada con algunas flores. Una ventana dejaba entrar la poca luz que quedaba del día. Ya prácticamente era de noche y debía prender las velas.
“Veo que incluso fueron tan considerados en dejarme hoja y una pluma para escribir. Con esto espero calmarme un poco” Sadren miraba el escritorio y aparte de las velas para encender, había una buena cantidad de hojas y libros en blanco, perfecto para escribir en ellos.
Los minutos que pasaron habían sido convertidos en horas. Sadren no era consciente de ello, estaba metido de lleno en sus escrituras. Tampoco estaba al tanto de que una sirvienta que se le había sido asignado estaba detrás.
“Señor, le dejo esto para que desayune algo” Dejó la bandeja a un costado de su escritorio, donde no había nada. Una bandeja que incluía una jarra de plata con agua y algunas frutas. Había sido quisquilloso Sadren con su desayuno y esto lo había pedido cuando sea de día para comer.
“¿Eh? ¿Desayuno?” Ahora saliendo de su burbuja, miraba a la ventana notando que era de día. No sólo eso, también pudo ver la bandeja con comida y agua. Volteo para ver a una sirvienta quien hacía una reverencia pequeña al cruzar miradas con él. “Oh… gracias” Se levantó buscando algo en particular para dárselo a ella. Algunos denarios iban a ser más que suficientes, tampoco esperaba darle. “Toma. Espero que esto sea suficiente. No sé cuánto tiempo llevas detrás de mí pero, espero que sirva” Le dio pocas monedas, cinco de ellas. Desconocía si le pagaban pero si lo hacían, esto contaba como propina; sino, sería un tacaño por darle tan poco.
La sirvienta miraba las monedas, anonadada. “¿Seguro que quiere darme las monedas señor?”
“Tienes una similar apariencia de una persona que me hace enfurecer de tan sólo recordarla. Por favor, puedes retirarte y no hay ningún problema con lo que te he dado” Ella agradeció por ello y se retiró. Al hacerlo, suspiraba de alivio y estrés. Realmente su apariencia, más precisamente su rostro, parecía tener mismos rasgos que Sasha. Quitó de su cabeza a la rubia alta y comió un poco para luego continuar con sus cosas.
Con eso ya sumaba dos días.
También había estado escribiendo y escribiendo sin parar y sin descansar. Pero lo que más sorprendía era que no se cansaba para nada. Sólo paraba para hacer sus necesidades o para comer algo. Se olvidaba de entrenar un poco sólo por escribir. No había tiempo que perder, debía tener la gran mayor de cosas hechas y listas.
Pidió a la secretaria, por medio de su sirvienta, que enviara una carta especial para sus otras dos sirvientas. No podía esperar mucho de ellas ahora mismo. Era tan sólo una simple tarea y si no podían cumplirla, realmente las mataría a ambas.
Y hasta el tercer día que estuvo fuera de la academia, por fin pudo terminar en gran parte los libros que antes había escrito. Agradecía la buena memoria que poseía. El mismo se alababa por ello y no podía parar de hablar sólo, cosa que la sirvienta presenció y no dijo nada. Estaba callada. Miraba a Sadren que hablaba sólo y no interrumpió. Sólo dejo de nuevo la bandeja con comida y se retiró en silencio.
Escuchó la puerta cerrarse y vio que tenía la bandeja en la pequeña mesa que no se encontraba muy lejos de él. Al terminar, obvio que tenía hambre y su cansancio ahora se notaba desde lejos. Pero ahora no quería comer. Dormir estaba ahora en su mente y eso iba a hacer. Se lanzó a la cama, gozando de su suavidad y no perdiendo tiempo, cerró sus ojos y empezó a dormir.
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Sadren ya llevaba ausente casi dos semanas.
¿A dónde fue o qué hizo? Nadie tenía idea alguna de ello. Sólo Sasha y Snow, quienes recibieron el mensaje, sabían su localización y su pedido era que negaran todo conocimiento de su ubicación. No quería ser molestado y menos tener que ver a esos “compañeros” de los cuales habían ralentizado su progreso en escritura.
Por ende, ambas se mantuvieron calladas cuando el mismo director preguntaba por él. Mientras tanto guardaban silencio, el instructor enseñaba o mejor dicho, practicaba con ambas en secreto y sin que nadie lo supiese. Esto entraba como petición por medio de su carta, explayando más del porqué de esto.
Al ver que Sadren no se encontraba, se podía ver en la cara del anciano una cara de decepción. Pese a eso, debía aceptar su pedido por el enorme favor que había conseguido para él y su gran amigo. Ambos estaban desesperados por volver a las arenas y ahora que pudieron conseguirlo, querían agradecerles. Pero como no lo encontraban por ningún lado, tan sólo practicaban con sus dos sirvientas.
No sólo ellos, los profesores quienes estaban orgullosos de él y aquellos que se consideraban cercanos a él estaban intrigados por su repentina desaparición. También lo buscaron y cuando fueron a su habitación, al verse cautivados por sus dos sirvientas, supieron en simples palabras que “se había ido para calmar su furia”. Este comentario, tras debatir entre ellos y todos los estudiantes de primer año y algunos otros de años superiores, supo que él se vio envuelto en problemas serios. Otros creían que fue expulsado, otros que se había escapado dejando todo detrás. Muchas teorías se hicieron con ello y fue uno de los temas más hablado cuando se dio a conocer. Los estudiantes involucrados contaron una historia totalmente falsa haciendo quedar a Sadren como una persona muy mala y sus sirvientas las culpables de sus heridas y posibles muertes.
Nadie creería tales palabras. Pero la reputación y su estatus de estos estudiantes los ponían como los mejores, siendo incapaces de mentir o de que se les pueda refutar. Con ello, también declararon que los que sean amigos o personas cercanas a él, sólo se verían perjudicados por su mala reputación.
Si Sadren supiese que aquellos que consideraba amigos estaban sufriendo en todo este tiempo por su culpa, estaría furioso. Y lamentablemente, tuvo que enterarse por medio de una carta, una carta con detalles de cada chisme que se esparcía, todo esto.
Al terminar de leerla, sólo la posó en el fuego de la vela, dejándola quemarse hasta que se borrara por completo. Miraba la llama como ardía. Sus ojos podían estar de igual manera. El tiempo que había conseguido en escribir, hacer dinero, leer y estudiar logrando así una tremenda paz, se esfumaron. En su mente, mientras miraba como la vela se apagaba por llegar al fin, se revolcaba en ideas para hacer miles de cosas con esas personas que se atrevieran a tocar a sus amigos.
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Sadren habría arribado en la academia momentos después de leer la carta. Dejó una pequeña suma a la sirvienta, a la secretaria y a otras personas que le proporcionaron una buena ayuda en su hospedaje en su establecimiento el cual no pensaba que sería tan grande como esperaba.
Caminaba por el patio del mismo, mirando a cada uno de los lugares. No había nadie por suerte ya que al horario que llegó, estarían todos con sus clases pagadas por ellos. Había una buena posibilidad de cruzarse con gente o no.
Al divisar algunos estudiantes, reconociendo que eran del mismo año que él, se acercó para preguntarles directamente. “¿Saben dónde se encuentra…?” No conocía su nombre pero sí su apariencia y su rostro. Los estudiantes no sabían de quien hablaban hasta que Sadren les mostró un dibujo hecho de la persona en cuestión, dando como resultado una impresión y alabanza por su forma de dibujar y la información que buscaba. “Muchas gracias. Tengan esto por decirme su ubicación” Les dio a ambos varias monedas y se retiró. Los estudiantes se miraron felices y se despidieron de Sadren con alegría. “Ahora sé dónde te encuentras bastardo”
Mientras, en el despacho del director, quién se encontraba leyendo algunas cartas y documentos de la academia, se encontraba en un debate interno por saber el paradero de Sadren, quién por su repentina desaparición, no podía pensar otra cosa que procurar que estuviera bien. Sus sirvientas no conocía donde estaba y por lo tanto, asumió que había desaparecido. Se lamentaba haber perdido a un estudiante muy prometedor. Con todo lo dado hasta ahora, sería muy calificado para poder pertenecer a donde él quiera.
“Huh… ¿Dónde te habrás metido?” Dicho eso, su puerta se abrió como si fuese una hoja de papel, golpeando contra la pared una vez abierta. Estaba a punto de decir algo en su enfado pero vio a su secretaria, sudando y agitada.
“¡Señor! ¡Sadren ha vuelto!” Fueron sus palabras tomando algo de aire. Por cómo estaba, pensaba que su secretaria ni bien le vio vino corriendo hasta él para decirle eso. “Pero hay un problema “
“¿Cuál es el problema?”
“Que al volver, se encontró con los estudiantes que estuvieron involucrados en aquel incidente con él y sus sirvientas… y el resultado de ese encuentro no fue bueno señor…”
Sadren… ¿qué diablos has hecho ahora? Se preguntaba y negaba con la cabeza mientras suspiraba con tristeza. No quiso escuchar lo que hizo, sino ver sus acciones y esperaba con ansias el castigo que iba a darle.
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