The world of Pendor – Capítulo 27
Capítulo 27 – Gracias
Sadren llevaba un buen rato en la celda, tarareando y cantando un poco de cómo había sido encerrado. No reconocía si tenía buena voz para cantar pero para pasar el rato mientras estaba encerrado, cualquier cosa ahora mismo es genial.
Habrá estado cantando por alrededor de una hora. Una melodía suave y bastante pasable para los oídos de las personas que llegaran a escucharlo. Pero no había nadie y tampoco estaba dispuesto a forzar la puerta de la celda. No tenía nada a mano para defenderse y la energía suficiente como para correr. Debía descansar pese al lugar donde se encontraba tras los múltiples golpes que recibió.
Tampoco tenía idea alguna del tiempo que llevaba encerrado. Podía deducir por las veces o mejor dicho, las pocas veces que venían a darle algo de comida siendo simplemente comida algo pasado de fecha. Lo único que estaba más aceptable era una fruta. Una fruta le daba por comida y con eso se alimentaba debido al estado de la otra que le traían.
No conocía cuantos días habían pasado desde su confinamiento. Había calculado que al menos una semana ya pasó y todavía estaba encerrado. El estado de sus dos sirvientas, Sasha y Snow, desconocía si se encontraba bien o estaban teniendo algún problema.
Sabía de antemano que hacer lo que hizo contraería muchos problemas. Pero tampoco esperaría que los resultados de su “pelea” con aquellos estudiantes llevaran a que estos hagan que los demás instiguen a sus conocidos y que para variar, que otros se atrevan a dañar a otros con el pretexto de que eran amigos de él, siendo el caso de una persona violada por esto. Por eso fue que había ya planeado hacer que sus sirvientas fueran protegidas por pedido de él mismo a Iris y sus allegados. Rezaba para que ambas estuvieran bien y que nada malo les haya pasado.
Suspiraba y trato de relajarse y hacer memoria de algunas cosas. Aunque, esto no duró mucho debido a un repentino ruido que provenía de más arriba.
Varios hombres, uno de ellos portando una antorcha, vestidos con una armadura exquisita aparecieron en las celdas donde se encontraba Sadren quien, al parecer, lo estaban buscando.
“¿Recuerdas la apariencia del niño?” Preguntó el que tenía justamente la antorcha en mano mientras bajaban las escaleras de piedras para llegar a las celdas.
“Dijo que tenía un cabello castaño y ojos claros. La ropa luego es cuestionable, no ha dicho nada de cómo iba vestido. Si hay que suponer, debe llevar el uniforme”
Eran tres y los otros dos asentían con esta información. Al llegar a las celdas, pasaron por cada uno de ellas iluminando con la antorcha las oscuras celdas donde no encontraban a nadie.
No fue hasta el final del lugar que encontraron a un niño sentado de piernas y brazos cruzados. Su vista estaba enfocada en los hombres que aparecieron recién. Con la antorcha, pudieron ver que dicho niño coincidía con la descripción que le dieron.
“¿Tu eres Sadren… verdad?” No hubo respuesta. No dudaba de que vinieran a por él, el tema era la armadura que estos portaban. Las reconoció al instante y segundos después, asintió. Los hombres suspiraron aliviados y forzaron la cerradura. “Hemos venido a por ti. Alguien al parecer tiene suerte” Se rió y respondió diciendo que si fuera realmente así, entonces debería estar en cama con muchas mujeres y con todo el dinero posible.
———
“Aquí estamos” Los hombres se posaron detrás de Sadren que miraba sin entender por qué estaba frente a una puerta. El volteó a verles para que le dieran al menos una explicación que pudiera entender. “No busques explicación. Una vez que entres, entenderás todo” Tras decir eso, se fueron de allí, dejando a un Sadren más confundido que antes.
Volvió a mirar a la puerta. Parecía bastante al edificio que hacía de su habitación. Si fuese así, entonces estaría conociendo a alguien que tiene el poder suficiente para sacarle de allí. Y cuando se preguntaba eso, también quería saber sobre el paradero del director. Sin perder tiempo, toco la puerta para luego entrar.
Entrando vio que la habitación era precisamente como la que él tenía pero un poco más grande. No tenía todo junto como lo tenía él. Estaba separado en cuartos. Habitación, sala de estar, baño. Claramente esto estaba en un nivel mayor de lo que él tenía.
Fue absorto de la situación y más de ser observado por algunas personas que le miraban raramente y de una manera sutil por su apariencia. Cuando se dio cuenta, algunos sirvientes le miraban y este correspondió con una sonrisa pese a su precario estado.
“Veo que te has dado cuenta de nosotros” Miró de dónde venía la voz. Era joven y aún un poco chillona. Ese rostro, ese cabello largo y esos ojos penetrantes y fríos. La hija del Legatus. “Esta es la última vez que hago algo por ti”
“¿Cuánto tiempo llevaba encerrado?” Valeria levantó un dedo generando una expresión en la cara de Sadren confusa y alzando una ceja. “¿Un día? ¿No? ¿Una semana? ¿Tampoco una semana? Entonces un mes…” Ella negó sus primeras preguntas y luego asintió en la última. Un mes encerrado. De pensar eso, un mes sin bañarse…
“Hay cosas de las que me gustaría hablar contigo sobre la–“
“¿Puedo usar el baño? Necesito bañarme” Sadren pidió esto luego de saber que estuvo un mes encerrado y para variar, olerse y ver la cara de asco que hacían los sirvientes de ella, pues le indicaba que debía al menos asearse. Valeria dudó un poco pero luego olfateo un poco el ambiente y sí, se daba cuenta que debía pasar al baño.
Tras una hora de usar el baño, Sadren se sentía como una persona nueva. No sólo se bañó, hizo sus necesidades también y nada como esa gloriosa sensación de sentirse limpio otra vez. Le ofrecieron ayuda para limpiarle pero declino esa ayuda. Si aceptó un nuevo conjunto de ropa, precisamente un nuevo uniforme que Valeria no tuvo problemas de conseguirle.
Ya con la ropa nueva la cual tenía un buen aroma de ropa nueva, su cabello un poco mejor arreglado y pese a sus moretones en su rostro, tenía un mejor aspecto.
“Ahora supongo que podemos hablar ¿no?” Sadren asintió y los sirvientes se retiraron. Estaban en su habitación, ambos con el uniforme de la academia. Los sirvientes se fueron y sólo ellos dos quedaron. Al notar esto, Valeria estaba cruzada de brazos y piernas cruzadas, sentada en su enorme cama mientras que él le miraba parado con las manos en su espalda. “¿Por qué el director ha actuado así contigo?”
“Tampoco tengo idea alguna de ello. Puede que haya sido influenciado por algo que he escrito y por ende, la ambición le ha segado, no sé” Valeria se interesó en eso. ¿Qué habrá leído para que esté de esa manera?
“¿Puedo ver qué has escrito?”
“No”
“Entonces debería volver a encerrarte y que te quedes ahí”
“Pues que así sea”
Sadren no cedía. No quería darle a alguien sus cosas, no si esta no ofrece algo a cambio. Tampoco veía que Valeria cediera. Si esto sigue así, quizás realmente terminara encerrado de nuevo.
“¿Cuánto por ello?” Valeria entendía que Sadren no lo daría porque sí. Entonces lo vendería, no quedaba otra cosa.
Él escuchó que pedía dinero. ¿Venderlo? No hermana, no voy a venderlo. Se reía con su pregunta. “No te lo voy a vender. Dinero no me hace falta” Y era cierto. Ya tenía bastante con lo que había ganado con la ayuda de Iris quien, también sacó tajada de todo ello.
“¿Dinero no quieres? ¿Un mejor título? ¿Un mejor futuro? ¿Un territorio? ¿Qué quieres?” Sadren se puso a pensar un poco. No había algo que quisiera. Las cosas que le ofreció en el futuro seguro se lo ganaría por mérito propio. Negó con la cabeza ante todo ofrecimiento. “Ósea que nada va a hacer que me lo vendas. ¿Cómo vas a pagar lo que hice por ti hoy?”
“¿Lo que has hecho por mí hoy es algo que salió de ti misma o alguien más te ordenó intervenir?” Claramente por la reacción de ella, alguien intervino en la situación. Parece que Valeria estaba al tanto de todo esto pero nunca hizo nada. Cuando llegó la información y las órdenes de intervenir y hacer algo al respecto, obvio ella con hombres de su padre hizo lo que pudo. “¿Qué será de esos estudiantes y el director?”
“Expulsados y denegados en cualquier academia oficial del Imperio. El director será despojado y castigado severamente” Ya era un problema menos que preocuparse. Había otros del cual estaba preocupado y era importante.
“¿Cómo está la chica?”
“¿La chica? Oh, ella. Va a estar bien, no te preocupes” Le miró con desconfianza y con los ojos entrecerrados. Dudaba de ello. Después de algo así, una persona no va a estar bien porque sí. Seguro va a estar traumatizada. “Pero bueno, ¿cómo vas a pagar mi ayuda?”
“Ya te dije que no voy a pagarte. Esto era algo que alguien con tu estatus debía intervenir para evitar que peores cosas lleguen a pasar. ¿Qué pasaría si alguien informaba esto a un superior?”
Pero aún Valeria pensaba que debía ser pagada por su gratitud, más por sacarle de la celda en la que estaba. Se le ocurrió algo que serviría mejor que nada. “Ya sé que hacer” Se levantó de la cama y se puso frente a él, teniendo una cara confundida por ello. “Vas a servirme ahora hasta que te mueras. Esa forma será tu pago por lo que hice de sacarte de tu encierro.
“…”
Sadren hizo silencio un momento y le miraba a la cara a Valeria quien tenía una sonrisa en su rostro. No compartía su mismo entusiasmo sobre eso.
“Paso de eso también. No voy a servir bajo nadie qu–“
“Entonces muéstrame qué decían esas cosas que has escrito” Interrumpió lo que dijo Sadren, ahora afirmando que le mostrara sus escritos a cambio de no servirle. Él por otro lado, cuando escuchó lo que dijo, maldijo en voz alta y se quejaba por no haberse dado cuenta de que había sido jugado por una niña de 12 años. Si tan sólo se supiera esto, su padre, su verdadero padre, le hubiese golpeado por idiota.
Suspirando y resignado, no le quedaba otra. “Está bien. Ven a la “Luna Roja” más tarde, te daré para que veas maldita sea” No había palabras para describir la felicidad interna de Valeria al escuchar esto. Sabía perfectamente que el niño frente a él era inteligente y llevaban encima recomendaciones de muchos profesores así como el del instructor.
“Espero mucho de esos escritos Sadren. No me decepciones” Él sólo se fue despidiendo dejando su cuarto con una mala actitud. Fue consciente de que no aceptaría estar bajo ella y por lo tanto, entre sus cosas o servirle eligió lo que ella esperaba y no le afectaba para nada ser rechazada. Es más, generó una sonrisa.
———
Al siguiente día, Valeria se presentó en el establecimiento que Sadren le había indicado con algunos hombres para su seguridad ya que no quería tener ningún problema.
Entrar y presentarse ante una de las secretarias de Hermandad como la hija del Legatus, no importó. El trato que le dieron, mejor dicho, la bienvenida que esta recibió fue como cualquier otra persona lo haría. Los hombres que le seguían sabían que este no era el trato que una persona de su estatus debía recibir y se quejaron sobre esto amenazando.
“Escuchen por favor. Entiendo su estatus pero esto aquí no importa. Nosotros tratamos con muchas personas igual o más fuertes a nivel de trasfondo que ustedes así que, si utiliza de nuevo amenazas me veré obligada a echarles del lugar”
Dichas palabras venían justamente porque tenían negocios en todas las ciudades principales de cada reino. Si estos eran echados del Imperio, podían seguir contando con sus demás sucursales y vender esclavos a la gran mayoría de comerciantes de esclavos los cuales eran su mayor ganancia y ahora, sumando las cosas que Sadren les había dicho.
“De todas formas, olvidándonos de este pequeño suceso, ¿a qué vinieron? Si vienen a buscar a nuestros jefes, ahora mismo no se encuentran con nosotros” La secretaria, una de tantas de ellas, era la encargada ahora mismo de recibir a los visitantes siendo este caso Valeria.
“Hemos a ver a alguien en particular, más precisamente Sadren”
Tras escuchar que le buscaban, su rostro serio cambio a una sonrisa y una cara alegre. “Oh, ¿el señor Sadren? Claro, vengan conmigo” El cambió de actitud hizo un eco en la cabeza de los hombres y Valeria quienes se preguntaban cómo un niño, un plebeyo creían ellos, tendría tal respeto por una mujer de la apariencia seria de la secretaria.
“Aquí es donde está el joven Sadren” Le indicó la habitación, hizo una reverencia y se despidió de ellos. Valeria hizo lo mismo ante ella. También le dijo a sus hombres que no hicieran nada, que podían retirarse que ella estaría bastante bien por su cuenta. Pese a que le ordenaron obedecer cualquier cosa de ella, esta orden era algo que no podían hacer pero no podían hacer nada, era una orden.
Ella suspiró y entró en la habitación. Era simple a sus ojos. Primero vio los pequeños sofás que estaban bien acomodados. Se podía ver una pequeña mesa entre ellos y encima una bandeja con algo de comida y bebida. Al entrar por completo y cerrar la puerta, podía ver una enorme cama que parecía ser usada, una estantería con algunos libros en ella y se veía a un niño que estaba en su escritorio, escribiendo y escribiendo sin parar.
“La bandeja está allí en la mesa. Muchas gracias por tu cuidado. Allí te he dejado algo de monedas también” Decía estando de espaldas e ignorando que la persona que entró no era la sirvienta que acostumbraba a servirle sino Valeria, quién no dijo nada y se quedó callada unos segundos.
“Bueno, gracias. Ya era hora de que me pagaras” Se detuvo de repente al oír la voz. Se dio media vuelta de su asiento y la miraba con ojos serios y negaba con la cabeza con una pequeña sonrisa.
“Ahí tienes el libro que hizo que el director casi se vuelva loco. Échale un vistazo y no se vuelva como él” Estaba a un costado de él. Ella se acercó hasta el libro para tomarlo. Tenía un hermoso color rojo oscuro y los bordes del libro estaban bordados con hilos dorados.
“Reformas para el ejército” Dijo en voz baja al abrirlo y ver la primera página. Luego, venían en que parte del libro se hablaba de dichas reformas siendo todo enlistado. Desde que página hasta cual hablaba de un tema y así. La forma en la que la había escrito era como los libros modernos escribían aquellas enciclopedias enormes donde indicaban que tema abarcaba y las páginas que se utilizarían.
En él, describía no sólo lo que Sadren dijo aquella vez con su profesor, entraba también otras cosas puntuales. Explicaban la nueva forma del ejército, las formaciones, entrenamiento, disciplina, nuevas mecánicas, nuevos rangos. Cada uno de estos temas estaba dividido y bien detallado. Pero lo más sorprendente era que incluía detalles exactos así como dibujos de los soldados. Las formaciones venían también con dibujos en ellos. Ahora entendía la razón de volverle loco el director al ver esto.
“¿Y bien?” Dijo Sadren con una sonrisa. La cara estupefacta de Valeria le hizo sentirse bien al saber que tenía cara de idiota.
“Ahora entiendo la razón del director… ¿realmente has escrito esto?” Él asintió sonriendo. “Entonces esto puede ser realmente revolucionario. ¿Te molestaría que se lo dé a mi padre?”
“No habrá ningún problema tampoco. Sólo quiero que le digas o le hagas saber que las formaciones son más fáciles de implementar que todo las otras cosas. El cambio que puede llegar dar la reforma puede tardar muchos años, meno si se hace bien”
Con esas palabras, Valeria sonreía y estaba a punto de irse hasta que algo le detenía. Se dio cuenta que una mano le tomaba el hombro y le impedía moverse. “Antes que nada, quiero decirte algo”
“No aceptaré casarme contigo”
“La verdad es… ¿Qué? No… ¡No!” Las muecas extrañadas de Sadren y el paso atrás por lo que dijo ella era lo que menos esperaba. No, no iba a pedirle casarse. No quería tocar ese tema, no todavía. “Es otra cosa, no eso, quédate tranquila”
“¿Qué es entonces?”
Sadren suspiró unos segundos y le miro a la cara, decidido. “Gracias por haberme sacado de allí” Dichas palabras llegaron a ella quien respondió que no era problema alguno y que, ya no se preocupara por nada.
Al irse de su habitación, Sadren volvía a su estado de siempre pero sin siquiera dejar de mirar la puerta una vez que Valeria se fue. A pesar de seguir ordenes probablemente, le había ayudado a salir de ese agujero y debía revalorar su opinión de ella.
“Realmente gracias”
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