The world of Pendor – Capítulo 29
Capítulo 29 – Primera misión II
“Señor, tengo reportes”
“Lo escucho”
“Unos kilómetros más adelante pude divisar el destacamento del Culto viendo que había varios hombres en él descansando. También he visto algunos prisioneros que estaban encerrados en lo que parece ser una casa…” El informe continuó explicando en detalle la situación del escondite. Asentía escuchando todo y le permitió irse, agradeciendo por toda la información.
Se volteó a ver los demás que estaban descansando esperando a que el explorador que Sadren había mandado volviera. Una vez vuelto, él miraba a sus amigos y los hombres que le seguía, descansaban justamente esperando a su palabra. “¡Todos! ¡Prepárense! Nos vamos en 10 minutos”
Nadie perdió tiempo y todo el mundo guardó sus cosas. Por insistencia de Sadren, cada uno de ellos llevaba sus propias cosas, comida, etc. Esto facilitó el movimiento y no tenían que preocuparse en los “no combatientes” que detuvieran su recorrido.
Pasaron por una un condado, tierras que eran vasallas del señor de Ethos que sabiendo que ellos venían de allí, los aceptó con los brazos abiertos dejando que se queden unas noches y luego seguir con su camino. De Ethos hasta este pequeño condado, tardaron una semana en llegar y se quedaron dos noches y siguieron su ruta hasta donde estaban ahora, que tardaron otros 5 días más hasta llegar a donde estaban, a pocos kilómetros de la guarida del Culto.
Ya todos listos, prosiguieron hasta llegar casi a la guarida donde se encontraba cerca de las montañas. El explorador le dijo que había una cabaña entre algunos árboles, árboles entre medio del lugar y en los costados, elevaciones de pequeñas tierras donde se podían ver algunos hombres charlando entre ellos. Ellos se encontraban en un lugar lejos de su vista y más estando detrás de una elevación de terreno cubierto con algunos árboles. El terreno era llano y plano en la guarida y montañas se miraban a los costados, luego, el entorno que le rodea, fuera de las enormes montañas en donde estaba la guarida, era la mezcla de un terreno llano entre y mesetas.
Si el entorno de la guarida no le engañaba, sabía que más detrás de esto se encontraba una cueva en donde a veces se podía encontrar algunos tesoros, pero también puede encontrar peligros y cuando escuchó del explorador decir que vio mujeres, algunas portando una armadura de demostraba su participación en el culto y otras mujeres con harapos de prenda y niñas, sabía que estas mujeres secuestraron a estas. No entendía su razón para capturar mujeres, ellas se basaban en capturar bebes y niñas. Siempre había cosas nuevas que supiera.
Sadren levantó su brazo con su puño cerrado en señal de que pararan. Miraba el panorama de la escena. Miraba el cielo y al ver que era de tarde, no se le ocurrió mejor idea de ir por la noche.
“Atacaremos por la noche. Aprovechen a relajarse y prepararse” Dicho eso, en la colina en donde miraban el lugar, se alejaron poco a poco y prepararse, mentalmente, para atacar. Para los esclavos que Sadren adquirió no debían prepararse mucho, solo acatar órdenes. Para sus amigos, debían prepararse, serían las primeras personas que llegarían a matar.
———
La noche arribó. Fría y con un poco de llovizna presente en el ambiente le daba un toque más oscuro. La guarida pese a la leve lluvia, aún podían encender tranquilamente pequeñas fogatas y algunas antorchas para vigilar en la oscuridad.
Sadren planeo dividir al pequeño grupo entre tres. Dos irían por los costados, eliminando a los centinelas que reposaban en las elevaciones del terreno para tener mejor vista de lugar mientras que el restante, iría por la tierra plana entre los árboles para eliminar aquellos que estaban cerca de la cabaña y verificar que había dentro.
Él iba en el equipo del medio junto con 5 soldados más, todos con prendas de tela y llevando petos de hierro así como guantes y hombreras del mismo material. Iba acompañado esta vez sin ninguno de sus amigos y sirvientes. Sólo tenía a un esclavo en particular que había obtenido y siendo un regalo por parte de la Hermandad, no iba a negar tal regalo.
Entre árboles y evitando ser descubiertos, miraba para ambos lados. En los terrenos elevados, pudo ver a los dos grupos separados, tanto sus amigos como algunos esclavos. En cada lado estaba tanto Sasha y Snow quienes “cuidaban” a los chicos. Habían hecho señales dando a entender que habían eliminado a los centinelas. Con unas señas a ambos lados, debían ir a donde ellos estaban para reunirse todos.
Ellos, que estaban allí, suspiraron y dio la orden de que se preparan. Era una suerte de los cielos que los esclavos que tenía fuera no solo prisioneros de guerra sino además arqueros. Cerca de la cabaña había al menos unos 6 personas. Llevaban una cota de malla como armadura junto con una sobreveste verde oscura con una serpiente negra en ella. Eran ballesteros de este culto y unos buenos.
“Encárguense de los que están más cerca de la cabaña, me ocuparé de aquellos dos que parecen que se están separando” Ellos eran 4 y los ballesteros 6. Tampoco será difícil ocuparse de dos, ya tenía una secuencia de acciones para trazar.
Mientras los otros 3 se encargaban de sus respectivos objetivos mientras que él apuntaba a los otros dos. Estaban distraídos y al notar repentinamente cómo caían sus amigos, estaban por dar la alarma pero, a uno que estaba por gritar para avisar a los demás una flecha atravesó su cabeza, sobresaliendo de un lado al otro.
El restante, que miraba como caía otro camarada más por un flechazo, iba a hacer lo mismo, llamar a los demás que estaban dentro de la cabaña y aquellos que se encontraba un poco lejos que posiblemente le escucharían pero alguien le tomó por detrás tapando su boca y clavando algo en su espalda repetidas veces.
Gritos ahogados sonaban hasta que los gritos pararon debido a que le hombre cerraba sus ojos y perdía la conciencia, muriendo luego de recibir al menos 5 apuñaladas en la espalda. Sadren se había pasado y en su mente sentía eso pero, todo era para asegurar. Miró a un costado luego de buscar algo entre los cuerpos para encontrar nada, viendo que los demás no tuvieron problemas de eliminar a los otros 4. Casi habían alarmado a uno pero respondieron rápido en eliminarlo.
Los otros dos grupos llegaron al centro. Sadren les ordenó que se mantuvieran en alerta de que alguien llegara para revisar a los demás. Era posible que algún pequeño grupo salga para capturar niñas en algunos de los pueblos cercanos que se encontraban aquí.
Mientras ellos esperaban, pudo ver que sus amigos al haber matado a alguien sentirse mal. No los culpaba. La primera vez siempre era difícil y luego, uno se acostumbra con el paso del tiempo hasta que no llega a sentir nada.
Sólo tomó al esclavo con la capucha y la capa junto con unos dos esclavos más. Dejaron de lado el arco y flecha y entraron usando la espada en la cabaña.
No era grande ni pequeño, un tamaño normal. Debían no hacer ruido alguno debido a que seguro estaban durmiendo y así era. Había en un cuarto luego de pasar por una pequeña sala, unas mujeres durmiendo plácidamente. No eran las mujeres capturadas que supuestamente había oído sino, las sacerdotisas de dicho culto. La suerte que tenía hasta ahora era fenomenal.
No perdieron tiempo alguno y con rápidos movimientos, clavaban sus espadas en el pecho de dichas mujeres, atravesando sus corazones y muriendo al instante. No podían tampoco ellas reaccionar. Aquellas sacerdotisas sentían alguien que les observaba y cuando se despertaban para ver que alguien les miraba y apuntaba con un arma, ya era tarde.
No había muchas cosas de valor, sólo algunas armaduras diseñadas para mujeres, armaduras protegían solamente el torso dejando al descubierto todo los brazos. Era una mezcla de un material negro y un color algo dorado. Bronce era uno de ellos, el otro lo desconocía pero parecía hierro negro. Se vendería bien, lástima que al ver a las mujeres muertas no podían venderlas como esclavas aunque lo menos recomendable era venderlas.
“¿Qué había dentro de la cabaña Sadren?” Preguntó una curiosa Sasha. De más está decir que este grupo nunca lo había enfrentado antes de ser una cautiva de la Hermandad. Había visto a los Herejes de la Iglesia Oscura pero nunca al Culto en sí.
“Nada serio. Algunas armaduras, algunas notas y claro, joyas y mujeres que lamentablemente eran sacerdotisas” Había mostrado las cosas que sacaron con los demás. Pequeñas bolsas con dinero tenían en sus manos así como las armaduras mencionadas. Podría venderlas y sacar una buena cantidad, eso sí, siempre y cuando alguien le interese tal armadura. En los escritos, encontró algunas anotaciones de cuantas bebes y niñas habían obtenido así como la cantidad de esclavos que tenían a su disposición. Para variar, encontró algo que personalmente lo llevaba consigo.
“¿Mujeres? ¿Acaso no vinimos a rescatar mujeres?” Alex estaba confuso. Antes de idear el plan, Sadren contó la situación a flujo de detalles, especificando que había que rescatar algunas niñas y mujeres.
“No me miren con esa cara por favor, puedo explicarlo” Las miradas de los otros, aquellos que no entraron con él a la cabaña, eran de esperarse. Eran miradas de incredulidad y de odio. Aparte de eliminar a los seguidores, debían rescatar mujeres y este sólo las estaba matando. “Si fuesen las mujeres que buscáramos, no estarían aquí, estarían en la cueva que está más allá” señalaba en dirección un poco al noreste. “Allí es donde posiblemente estén las mujeres que buscamos así que por favor no me miren así”
La explicación de alguna forma u otra sirvió. Incluso los esclavos le miraban raro. Les ordenó a cada uno de ellos que se mantuvieran concentrados y por sobre todas las cosas, le pidió a sus amigos que se tranquilizaran, que ya la misión ahora sería mucho más fácil.
La lluvia que tan sólo era un goteo aumento su intensidad. Ahora sí era una lluvia y con la noche, era un ambiente hermoso, lástima que tal ambiente no podía disfrutarlo Sadren debido a lo que estaban haciendo.
Miraban la cueva, pocamente vigilada en la entrada. Antorchas clavadas yacían en la entrada y se podía notar que dentro también. Pocos hombres, al menos 5 vigilaban la entrada. Esto seguían siendo los ballesteros. La orden fue simple: matarlos a todos.
Flechas volaron cortando el aire y la lluvia. Los ballesteros de la entrada no pudieron hacer nada ante el repentino ataque. Tampoco podían escuchar los gritos ahogados de muerte entre ellos, algo que Sadren estaba expectante sobre esto. Estando cerca y no son capaces de oír, ¿por qué será? De todas formas, no importaba o eso creía. Debía tener eso en mente.
Cuando cada uno de ellos caía, todos empezaron a trotar un poco porque por intuición, esperaba algunas personas dentro de la cueva por lo que cuando llegaron hasta allí, se podía ver algunas personas dentro de la misma.
Rápidamente apartaron los cuerpos, escondiéndolos a los lados de la misma. Esperaron a que estos salieran de la cueva, los cuales salían charlando entre ellos. Al notar la falta de hombres que miraran la entrada, empezaron a sentir que algo andaba mal.
Sadren fue el primero de los demás en salir de su escondite siendo seguido por los demás al recibir la señal de ataque. Con su espada Noldor en su mano izquierda y una daga en su mano derecha con el agarre inverso, clavó la daga en la nuca de uno de los seguidores y luego pateando su espalda para sacar dicha daga. Al que estaba alado, al notar esto, no pudo reaccionar temprano para sacar su espada, ya Sadren había cortado con un movimiento simple y bastante técnico a la garganta. Había sido rápido y logro matar a dos personas en menos de dos segundos.
Los otros tampoco tuvieron problema alguno, ante la sorpresa de ser atacados en su estado de confort, terminaron sin prepararse y como era esperado, muertos.
“Iré a ver dentro. Desháganse de los cuerpos. Quémenlos, no vale la pena dejar los cadáveres y sí, sé que está lloviendo pero, piensen en algo” Sadren dio una orden, más precisamente a sus esclavos para que hagan algo con los cuerpos. Le dio una orden a sus amigos y a Sasha y Snow que comprobaran el estado de ellos. Quería luego saber su estado luego de terminar de ver la cueva.
———
No era la gran cosa. Un agujero dentro de una gran roca. Entre más se adentraba dentro de la cueva, más se daba cuenta que el lugar era pequeño. No realmente pequeño sino que era una especie de sala enorme, no había palabras para describir el lugar. Lo que sí pudo observar era algunas mesas con sillas y otros muebles. Esto era más una casa, eso pensaba.
“Parece la oficina del carcelero esto, casi parecido a una cárcel en serio. ¿Aquí están realmente las mujeres?” Se preguntaba mirando algunas cosas del lugar. Por suerte, las antorchas iluminaban lo suficiente para poder ver todo. De fondo, se escuchaban algunas quejas, quejas de lo que parecía ser Alex y los demás y por otro lado, otros quejidos empezaron a escuchar.
Más allá, notó un agujero en la cueva. Atravesó dicho agujero y allí vio de donde provenían las otras quejas que escuchaba. Jugar a un juego donde el Culto capturaba a las niñas y bebes así como algunas mujeres era diferente a verlo en persona. Ver a una cantidad de mujeres y niñas… le sorprendió.
No había palabras, estaba perplejo. No por el hecho de ver cautivas a muchas personas, eso ya le daba igual, el simple hecho de que aquí estén como cautivas elfas, ya era otra cosa.
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