The world of Pendor – Capítulo 30
Capítulo 30 – Ithilrandir
Sadren miraba a las mujeres, jóvenes y niñas encerradas en celdas todas juntas. Sus aspectos no eran del todo bueno, es más, realmente se encontraban en pésimas condiciones.
Pero no pudo dejar de ver a las dos elfas que se encontraban en una celda separada del resto y, pese a su estado, se les podía sentir el olor a limpio en ellas. Algo que en este momento, le resultaba bastante difícil de comprender.
Al intentar dar un paso para acercarse a las celdas para poder liberarlas, las reacciones fueron bastantes esperadas por parte de ellas. Se alejaron con bastante temor. Pensaban que les haría algo malo y por eso, ninguna se atrevió a correr el riesgo.
Esto a Sadren no le sorprendía para nada. Estaba callado en todo momento, sintiéndose demasiado observado. No por la mirada de ellas, simplemente encontraba muy raro que la mirada de un elfo estuviera clavada en su nuca en todo momento.
Una de esas elfas, viendo a Sadren actuar tan callado y sintiendo un poco su esencia, abrió los ojos sorpresivamente al verlo. No había duda alguna en su mente al ver concentrarse y sentir la energía que llevaba encima.
“¡Escuchen humanas! ¡Esta persona de aquí no pertenece a esas personas, es mi raza, los elfos. Juró por mi nombre Ithilrandir que no estoy mintiendo!”
Las palabras de la elfa, nombrándose a sí misma como Ithildandir, hicieron que las mujeres se calmaran y dejaran de despreocuparse. En consecuencia, ahora estaban pidiendo por su ayuda desesperadamente. Tampoco había que culparlas. No se sabe cuánto tiempo han estado encerradas para estar en tal estado
Antes de que Sadren también pudiera darse cuenta el nombre que escuchó y por encima de todo, referirse a él como un elfo, una sombra llegó hasta él, parándose a su lado para decirle que, en caso de que no se apresuraran, era seguro que una patrulla que les superaba en número, arribase al lugar.
“Diles que lleven a estas mujeres a la ciudad más cercana, descansen por unos días si es posible y luego retomen hasta Ethos para cumplir la misión. Que lo hagan sin mí, no hace falta que les acompañe, necesito quedarme unos días fuera para arreglar otras cosas”
Con otras cosas se refería a las elfas, cosa que la sombra claramente había entendido. Liberó a las mujeres y demás quienes estaban agradecidas y salieron afuera siendo socorridas por los demás y siguiendo las instrucciones que la sombra les daba, negándose al principio pero aceptando con algo de quejas, siguieron las ordenes de Sadren para completar la misión que había impuesto.
———
Dentro de la cueva, Sadren miraba a las dos elfas que todavía encerradas, le miraban raro. Era por no liberarlas a ellas primeras y siquiera, decirles algo. Ambas no tenían palabras.
“¿Acaso no sabes que debes liberarme estúpido hombre? ¿Acaso eres realmente estúpido?” Esta no era la que proclamó su nombre, era otra elfa que también, al igual a la persona que tenía en frente, era rubia, un cabello dorado estaba mejor decir. Ojos celestes, orejas puntiagudas, belleza incluso en su estado, todo. La otra, si bien contenía estas características, sus ojos eran diferentes, unos ojos morados fuertes y demasiado llamativos, siendo incluso en la noche que pudiera verla.
Lethaldiran, su maestro, le había enseñado bastante con respecto a la hora de reconocer a un elfo puro y no. No le enseñó magia porque culturalmente y moralmente, enseñarle a un humano sabiendo el afecto mutuo entre ambos, estaba demasiado mal, tanto que le ocasionaría la muerte propia. Por eso, al olfatear un poco como un perro, se dio cuenta de algo. Había una sangre pura y un mestizo. Esto fue lo único bueno que le pudo enseñar sin problema alguno.
“¿Desde cuándo tiene una mestiza más privilegio que un Noldor?” Sus palabras fueron duras y frías, impactando enormemente en la mujer que había insultado a Sadren. Antes de que incluso dejara hablar a ambas, el volteó su cabeza a un costado y con su mano mientras la otra se apoyaba en las rejas de la celda, con una sonrisa inclusive, levanta el costado de su cabello dejando ver su oreja.
Era una oreja común, una oreja de un humano.
Para ambas, que una creyó que era un elfo por su energía y por su apariencia, cosa que a Sadren mucha gente que conocía le confundía por ello, creían ello. Pero, las sorpresas no se acababan. Hablaba el lenguaje de ellos y para variar, reconoció que una de ellas era una mestiza.
“Debo agradecer que hayan mentido por mí para liberar a las mujeres. Esto lo pagaré en un futuro… aunque… no sé cómo le pagaré a un…” Antes de decir su nombre, su cabeza de repente se encendió una lámpara, más precisamente la luz se hizo en su cerebro. “… ¿Tu nombre es Ithilrandir? ¿Un Lord Noldor?”
“… ¿Acaso un humano sucio como tú sabe de nosotros?” Se abalanzó contra él, siendo una muralla entre ambos las rejas de la celta. Su enojo en su rostro se daba por haber sido engañada por un humano que encima, hablaba su lenguaje con mucha fluidez. “¡Habla humano! ¿¡Quién y cómo sabes de nosotros, nuestra lengua y que soy una señora Noldor!? ¡HABLA!”
A Sadren le llevó unos segundos procesar la escena. Por un lado, la “mestiza” estaba callada, viendo a su señora desesperada mientras exigía información. Ella miraba al castaño quién, para su sorpresa a un costado llevaba una espada Noldor muy fácil de reconocer. Ella le indicó esto a Ithilrandir quien hizo que se desesperara más, entendiendo que había matado a uno de ellos.
Lo siguiente fue algo que nunca esperarían ambas.
Sadren se acercó hasta las rejas, con algo de fuerza bruta, pudo arrancarlas. Sí, no era broma que su fuerza pese a su apariencia de “elfo” era bastante. Aunque tampoco podía tomar mucho crédito, ella había estado agitando tanto la puerta de la celda que, no fue tan complicado.
“Escucha con cuidado porque lo diré una vez señorita” Tomó algo de aire y volvió a mirarle a la cara. “Conozco mucho sobre ustedes, ¿cómo? No importa en este momento. Te responderé todo luego de que salgamos de aquí. Es muy probable que una patrulla del Culto de las Serpientes vengan para aquí”
“No nos iremos hasta que me digas quien eres” Ithilrandir, lamentablemente era terca. Sadren le tuvo que repetir dos, tres y cuatro veces que debían irse pero seguía diciendo que él debía decir quién.
No le quedó otra que decir algunas cosas. “Me llamo Sadren y y–“
“¿Sadren? ¿Incluso un humano tiene un nombre Noldor?” Dejó escapar una cara incrédula junto con una pequeña risa, incapaz de creer que “Sadren” le decía su nombre verdadero. “¿Tú me crees estúpida verdad?”
“Para nada. Estoy diciendo la verdad…” Se puso a pensar un poco y luego sabía que decir. “Espera, seguro que conoces a una persona llamada Lethaldiran ¿no?”
Le llevó unos segundos debido a que, ese nombre lo conocía increíblemente bien. Había tenido un duelo con alguien, un sobrino de un noble Noldor muy importante y amiga de ella. Fue exiliado pero años después, volvió con materiales increíblemente raros y requeridos por la corte imperial. Con ello, se ganó la oportunidad de volver del exilio así como conseguir la chance de ser un noble menor. Para la sociedad, que un hombre Noldor consiga tal privilegio, era demasiado.
“Lo conozco… ¿qué tiene que ver él contigo?”
“¿Crees que las cosas que ha conseguido fueron por mérito propio?”
Esa frase, esa sola frase le hizo pensar a fondo.
Era cierto. Dudaba un poco sobre la procedencia de las cosas que había conseguido. Uno era un códice y otras cosas eran, aunque algo irrelevantes, muy importante para ellos. Realmente estaba pensando mucho en ello hasta que él mismo le indicó que consiguió aquellas cosas, incluso la gema azul.
“Mi señora, ¡él está mintiendo!” La mestiza estaba incluso aguantando las ganas de hacerle algo. La puerta estaba abierta pero no podía hacer nada realmente porque su señora estaba callada y no daba la orden de hacerle algo.
Dicho grito hizo que Ithilrandir se saliera de sus pensamientos y la mirara a la cara, muy seriamente y muy fríamente. Eso hizo que le asustara bastante a su seguidora.
“Leaf, has silencio por favor” Dicho eso, volteó su cabeza de nuevo contra Sadren, quién estaba cruzado de brazos, con su cara impaciente por tardar tanto. No sabía cuánto tiempo había pasado pero, seguro que serían atrapados por los seguidores del Culto.
“¿Podemos apresurarnos? En serio, habrá en cualquier momento gente que llegará y…” A los tres, unos gritos se escucharon fuera haciendo que se asusten. Sadren suspiraba y se tomaba la frente con bastante frustración y con ganas de golpear a estas dos mujeres. “… y llegaron… Espero que sean buenas luchando”
———
Habían pasado exactamente un mes, casi mes y medio desde que el grupo completo la misión que se le había asignado. Pero con la misión completa, venía la desaparición de Sadren quien no había rastro alguno de él.
Sus amigos estaban preocupados, sus sirvientas, estabas muy preocupadas, la Hermandad Roja incluso al saber por parte de los esclavos, ahora hombres libres luego de cumplir con su misión de ayudar a Sadren, estaban asustados.
La academia incluso puso una recompensa por encontrarle. Para variar, había un dibujo de él, dibujado por Sadren mismo, para que puedan buscarlo y tener una mejor idea de su apariencia.
En el gremio de mercenarios, se puso una búsqueda sobre él. La noticia de esto incluso alarmó a algunos señores debido a la cantidad que se ofrecia si se le encontraba. No solo señores, los mercenarios estaban como locos al ver que la recompensa era alrededor de 50000 denarios. Eran un poco excesivos ¿no?
Pero leer la breve descripción de que, Sadren era considerado y tenido en cuenta por el emperador mismo, la gente comprendía porqué ofrecían bastante dinero por su aparición.
Fue una breve descripción que daba la academia pero estaban enterados de que Marius estaba interesado por el chico y por lo tanto, al poner esa pequeña información, todos los mercenarios empezaron a buscarlo.
Nunca se había visto un gremio tan abarrotado. Incluso los aventureros de alto nivel estaban buscando a tal muchacho. Esa fortuna a veces se ganaba en una misión o se acumulaba gran cantidad para pasar el resto de su vida haciendo nada.
Pero aquellos aventureros y mercenarios que pertenecían a otras naciones, notaron el énfasis del emperador sobre el niño, tomando notas y mandándolas a sus respectivos lugares de origen. Estaban seguros de que si, en un futuro, este muchacho sería una pieza enorme de ajedrez para el deleite de los señores.
Academia de Ethos.
En la academia, pese a la preocupación de la falta de Sadren, sólo podían estar preocupados y nada más. Los estudios no podían atrasarse por su falta pero su presencia hacía falta para todos. Era de ayudar a los otros y de, curiosamente, enseñar a aquellos que no entendieran las materias básicas siendo matemáticas una de ellas.
Pero, los directivos insistían que por más que no esté, las clases deben seguir y nadie puede objetar o quejarse de ello. Si lo hicieran, serían castigados.
“¿Dónde crees que puede estar ese muchacho?”
“Según informes de algunos grupos, dijeron que pudieron encontrar rastros de él luego de que saliera de aquella cueva en aquella misión que fue asignado. Por días estuvieron detrás de un rastro pero al final, no llevaba a ningún lado relevante por lo que tuvieron que rendirse”
El director, nuevo por cierto, escuchaba a su secretaria hablar sobre los informes que recibían por parte del gremio de mercenarios. Habían, claro está, pagado un precio para que se le mantuviera al tanto sobre la búsqueda.
Suspiraba al saber que no había progreso alguno. Más triste se ponía al saber de qué teniendo un futuro enorme estuviera desaparecido o lo que era peor, muerto.
El estrés se podía notar dentro de él. “¿Crees que pueda estar muerto?” Su pregunta hizo que la secretaria quien estaba calmada, se pusiera nerviosa y algo incómoda.
No sabía cómo responder. Tenía las palabras en la boca pero nada salía. Conocía al nuevo director y el apego a Sadren era como el de un padre a un hijo. Nadie le culparía de todas formas. Era querido por todos los profesores y algunos estudiantes pero también odiado por otras personas celosas de su “reputación” como preferido.
“Creo que lo mejor que podemos hacer es poder esperar un poco más señor…” La secretaria no podía decir mucho más salvo lo que siempre le decía: esperar y ser pacientes.
No se sabe cuánto más podían esperar a que Sadren apareciera pero, no había nada certero con respecto a ello.
Toc toc toc
Alguien tocaba la puerta y para sorpresa del director y la secretaria, ninguno sabía quién podría ser la persona que estuviese detrás. El director no estaba en ánimos buenos para recibir a nadie por lo que pidió que abriera la puerta y dijera que no veía a nadie.
Cuando la secretaria hizo caso y abrió la puerta para decirle al visitante que el director no aceptaba visitas, se tapó la boca ocultando su asombro y abriendo los ojos demasiado grandes porque no creía lo que sus ojos veían.
“¿Qué pasa Lisa?” El director miraba a una Lisa, parada en la puerta sin moverse o decir algo. Le resultaba curioso y tenía una expresión de duda en su rostro. Olfateó un poco porque sentía un extraño olor. Se levantó sólo para sentir un olor a sangre muy fuerte. “¿Qué es ese olor?”
La secretaria, Lisa, se hizo a un lado sólo para dejar ver a un muchacho que llevaba una armadura de cota de malla con una sobreveste verde repleta de sangre ya seca. Una apariencia sucia y un rostro que llevaba sangre en él así como un ojo morado. La armadura, lamentablemente, pese a que puede ser resistente, estaba muy dañada revelando pedazos de piel lastimados.
“¿Sadren?” El director lo vio varias veces hasta confirmas que realmente era el muchacho desaparecido que tanto anhelaba buscar y encontrar, ahora lo tenía frente a él. “¡Sadren!” Era imposible ocultar también su alegría y pese a su mal olor, esperando a que este entrara, le dio un fuerte abrazo. Ya no le importaba ensuciarse de todas formas, estaba feliz por verlo. “¿Dónde diablos has estado? ¿Cómo pudiste desaparecer tanto tiempo?”
El director le llenó de preguntas por un rato pero, ¿cuál fue la reacción de este? Estaba sin reaccionar, sin expresar nada, sólo callado y quieto viendo como le abrazaban.
Cuando terminó el abrazo del director, tan sólo le miró como un niño y dijo: “¿Me pueden preparar un baño por favor?”
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