The world of Pendor – Capítulo 31
Capítulo 31 – Arena
Tardaron un poco de tiempo en darle lo que quería por lo que les dijo que estaba bien, que nada malo pasó, que estaba ocupado haciendo cosas que le permitirían a él muchas cosas. Por eso estuvo desaparecido un poco, sólo un poquito.
Fue hasta la Hermandad Roja, siendo mirado por todos en el camino y rechazado por el olor que tenía y su apariencia sangrienta, llamaba mucho la atención. Esa apariencia hacía que la gente se preguntase mucho sobre el niño que caminaba por las calles.
“¿Hola?” Entraba en el establecimiento con algo de sorpresa por si no había nadie. En la entrada, por los años que pasaba, habían cambiado mucho el lugar ahora pensando seriamente. Parecía realmente un bar ahora pero nunca olvidando sus propósitos. Una fachada pensaba.
“Oh, un cliente…” Eso dijo pero al ver su apariencia, dudaba de ello. “¿Puedo ayudarlo?” Pese a su prejuicio, debía preguntar que quería
“Sí. Quisiera primero que nada una bebida fuerte, la más fuerte que tenga y quisiera poder hablar con una chica, una de pelo castaño, una tal Iris” Se acercó hasta la barra con tal de pedir algo de beber y claro, hablar con Iris para poder ponerse al tanto sobre todo.
“¿Iris? Lo siento pero, no se encuentra en este momento” De más estaba decir que el tipo detrás de la barra, un hombre de mediana edad, no conocía del todo la identidad de Sadren por lo que era inútil que dijera que era un amigo de Iris sin antes demostrarlo. Le era imposible demostrarlo ahora.
“¿Y mi bebida?” Sadren insistía sobre su bebida. El hombre dudó en darle lo que pedía, por lo tanto dijo que no al final. “¿No habrá bebida? Entonces pierdo mi tiempo aquí”
Se levantó y trataba de dejar el lugar. Si no podía quedarse, ver a Iris o tomar algo, entonces su tiempo aquí no vale la pena.
Para cuando se fue, alguien entraba o mejor dicho, salía de las instalaciones internas del lugar, con una sonrisa amarga en su rostro. Su estado de ánimo no era el mejor desde que un castaño no aparecía.
“Señorita Sasha, ¿cómo se encuentra?” El hombre miraba a la mujer rubia quién, sin mentir, se sentía atraído por ella. Era hermosa en todos los sentidos.
Sasha, quién entraba al bar, de la nada su rostro empezaba a hacer muecas y olfatear por el olor. Sentía un extraño olor a sangre, un olor a mugre, a suciedad. Ese olor no podía olvidarlo y para variar a las cosas, el olor a humedad entraba en sus fosas nasales.
“¿Qué es olor?” Preguntó mientras miraba al hombre quien le dijo a detalle el suceso de que un muchacho entró con una sangrienta apariencia y un olor incapaz de aguantarlo. Cuando escuchaba esto, su cabeza ya hizo idea de quién era. “¿Un niño de cabello marrón y pidió hablar con Iris? ¿No crees que si sabe el nombre de uno de los dueños, debe conocerlo?” El hombre empezaba a sudar un poco y a ponerse nervioso. “¿Dónde está?”
“Ya… ya se fue hace unos minutos”
Sasha suspiraba. No iba a buscarlo. Ese muchacho una vez que desaparecía de la vista de alguien, no aparecía por un largo rato. Pero por lo menos, ahora sabía que estaba vivo y que no había nada que preocuparse. Se sentía bastante feliz. Sí, le tuvo un cariño enorme al muchacho y más por su conocimiento.
Ahora sabiendo que estaba vivo, fue a darles las buenas noticias a los demás para que, al menos, compartan la alegría.
———
Sadren tuvo que ir a los baños públicos para ducharse.
Su armadura tuvo que tirarla. Ya no servía para nada y tampoco le importaba conseguir otra nueva. Tenía dinero de sobra y podía costearse todo lo que quisiese.
En los baños públicos, manejada por una familia noble menor, pagó una buena suma para que le asistieran, es decir, que alguien más le bañe así como darles nuevas ropas. Ellos aceptaron la suma y con gusto estaban dispuestos, más que dispuestos, en aceptar sus demandas.
Fue un baño placentero. Estar sin hacer nada mientras una joven le pasaba un trapo por todo su cuerpo, era genial. Hoy se sentía muy perezoso. Por eso había pagado para que le bañaran. Y también por algo de ropa, no necesariamente tenía que ser una cara, algo normal estaba bastante bien.
Tras ser bañado, vestido y pagado todo el servicio, salió de los baños.
Caminar mientras miraba la bulliciosa ciudad le daba ganas de entretenerse y no había mejor lugar para ir que la arena.
Hace meses que no iba allí desde la última vez donde se celebraron juegos en dicha arena.
Para el momento que volvió a la ciudad, la arena ahora estaba abierta porque se celebraría juegos en ella y, como un ciudadano normal y corriente, fue directo allí para poder apreciar el espectáculo nuevo que había para ofrecer.
La entrada no era cara. Al menos 20 denarios. Pero si uno quería estar en un buen lugar, una especie de “palcos”, debía pagar más y eso hizo Sadren. Pagó 100 denarios para que se le diera un lugar, un lugar donde estaría cerca del “palco” principal en donde señores nobles y, justamente el señor de la ciudad en caso de aparecer, se sentaría para ver las matanzas.
Miraba la gente que entraba luego de él. Había muchas personas. La arena podía albergar al menos unas 6000 personas siendo las entradas a 20 denarios y aumentando dependiendo de los dichos lugares que llegasen a elegir, pues era bastante dinero.
Mientras se colocaba, miraba a las demás personas quienes estaban hablando entre ellas y diciendo quienes iban a combatir hoy así como los ganadores. Había apuestas y Sadren no quedaría fuera de estas apuestas. Apostó bastante en una pelea principal de lo que pudo oír de los otros, sonriendo con esta pelea.
¿Por qué sonreía? Porque en esa pelea peleaba justamente la oni, llamada como “El Demonio Rojo” obteniendo tanto abucheos como silbidos y gritos de alabanza. Por eso sonreía. El apodo que recibió era bastante llamativo y la última vez que vino, descubrió la razón de tal título.
“¡Atención todo el mundo!” Una voz repentinamente habló haciendo un gran ruido dentro de la arena y logrando que todos los espectadores se sentaran para escuchar las palabras. Aquellos que conocían la voz, se podían dar cuenta que esta vez, el señor de la ciudad vino para presentarse y dar comienzo a unos juegos de la arena. “¡A partir de este momento, los combates de la arena empezarán ahora mismo! ¡Espero que todos ustedes disfruten de los combates del día de hoy y lo que es más, la pelea principal de los mejores combatientes de las arenas de todo Pendor contra el “Demonio Rojo””
Todos vitoreaban y alzaban sus brazos para celebrar. El señor, señor que Sadren miraba un poco de su lugar, se sentó entre varias personas más, señores y señoras que hablaban entre ellos mientras tomaban copas. Él miraba esto y tenía ganas de tomar también pero, pasaba de ello.
Tras el anuncio también, los combates empezaron, uno por uno.
Combates uno contra uno, dos contra dos, cinco contra cinco y todos contra todos.
Los combates fueron escalando, siendo uno mejor que otro y realmente haciendo que el fervor de la gente sobresalga de ellos y gritaran pidiendo sangre, muerte, la cabeza de la gente dentro de la arena. Los “gladiadores” no fallaban ante el pedido de la gente y al momento de cercenar partes del cuerpo de sus oponentes, estos lanzaban aquellas partes al público, siendo atrapado y vitoreando con brazos y piernas, incluso una cabeza, en sus manos.
Incluso pudo la chance de atrapar una cabeza, una cabeza que un combatiente le dedico que llevaba una armadura completa de hierro junto con un casco que le tapaba la cara completamente. Sólo le quedó saludarle y miraba la cabeza cortada en sus manos que tenía los ojos abiertos y una expresión incrédula.
Pasaron algunas horas hasta que los combates terminaron y se hacía de noche. Mejor dicho, estaba anocheciendo ya que el sol se escondía de a poco. Para esto, la gente estaba siendo expectante de una de las peleas que habían venido a ver debido a la “promoción” que se había hecho.
“¡Todos! ¡Sé que todo el mundo ha estado esperando por lo que han venido y no lo decepcionaremos para nada! ¿¡Están listos para la batalla principal y la que tanto han deseado!?” Todos empezaron a gritar desesperados para poder dar su confirmación.
Mientras estos gritaban, Sadren miraba como en la arena la limpiaban de los cuerpos restantes y, con un poco de aceite de lo que pudo suponer y recordar algunas cosas de su otra vida, hacían un enorme círculo. Supuso que luego le prenderían fuego para pelear dentro de ello. Una pelea emocionante pensaba,
“¡Hoy tenemos a los mejores luchadores de todo Pendor! ¡Hoy alguien puede convertirse en el nuevo campeón de estos juegos o retener el título otro año más! ¡Con ustedes primero, los contendientes para ser campeón!” Con esto, varias personas entraban a la arena llevando sólo ropa interior de cuero mientras que portaban armaduras ligeras en sus brazos. Estos elevaban sus brazos con sus armas en mano al aire, recibiendo las alabanzas de la gente. Sadren miraba que estos eran un equipo. Cinco personas en total, alternando entre espada y escudo, lanza, espada a dos manos, dos espadas y otra vez una lanza. “¡Pero estos valientes no pelearan contra otro equipo cualquiera, se enfrentaran contra alguien que ha sido campeón la última vez que ha peleado, alguien que es capaz de aplastar una cabeza con sus propias manos y más cuando esas manos porta su gran martillo de guerra que nadie más puede levantar, alguien que todos ustedes probablemente sepan de su existencia!… ¡Con ustedes, “El Demonio Rojo”!”
La entrada del “Demonio Rojo” fue entre aplausos, gritos y abucheos. Lo que había ingresado a la arena era alguien de piel roja, a ojos de Sadren, esto que había entrado era una mujer de piel roja, cabello blanco y ojos ámbar. Justamente, era la oni que había comprado hace años pero seguía rechazándole pese a las cosas que había hecho y, como no quería tampoco hacer nada, le inscribió a la arena… por medio de sobornos que tuvo que hacer claro.
Su rostro, el de ella claro estaba, era frío y sin ninguna expresión. No había felicidad ni tristeza, no había nada. Era tan solo una cara seria mirando los rivales que tenía frente a ella.
Una vez que todos habían entrado en el círculo, incluido ella, unas personas con una antorcha prendieron fuego el círculo que les rodeaba. Era una pelea en una arena de fuego y esto hacía que los demás estuvieran eufóricos para la pelea.
“¡Que comience la batalla!”
Cabe destacar que el señor de la ciudad no hablaba, ahora era el organizador, el dueño de la arena que, también estaba en ese palco con los otros señores y señoras.
Con el anuncio del comienzo del combate, los combatientes estaban ya listos para atacar a la oni quién cargaba su gran martillo con bastante facilidad y sin problemas para moverse para nada.
Cada uno de ellos, los cinco, estaban de acuerdo de atacar juntos y no separados. Si hacían eso, morirían en seguida y su desafío no dudaría nada. Aparte de eso, era muy obvio que estas personas conocían a la raza a la que se enfrentaban. Habían combatido antes con ellos y aunque fue sólo una vez, estaban seguros que este no era un caso diferente.
Empezaron con rodearla y poco a poco, encerrarla hasta que quede sin poder moverse de su lugar y tenga que defenderse en vez de atacar, invalidando así su esfuerzo. Era un buen plan para ellos. Los cinco habían peleado juntos aquella vez y muchas otras veces, dando certeza que en ningún momento pudiera el plan fallar.
Pero la oni no era como el anterior al cual ellos habían luchado. Ella parecía ver que los cinco le rodeaban. No tenía una idea clara de su plan pero pudo deducir mentalmente que, era posible que trataran de encerrarla por lo que, con su martillo en mano, cargó contra uno de ellos, el más cerca de ella.
Para el que estaba más cerca de ella, tal movimiento fue de improvisto pero pudo recuperar los sentidos rápidamente. Con martillo en mano, lanzó un golpe que provenía desde abajo extendiéndose hacia arriba con la intención de golpear su mentón para volarle la cabeza.
Con algo de suerte, pudo esquivar el repentino golpe por poco, liberando un poco de aire por estar repentinamente en peligro. Los demás estaban mirando pero también reaccionaron y fueron para ayudar a su compañero en apuro.
Pero, no pudieron llegar a salvarlo. La oni con ese movimiento que había hecho, le permitía poder dar otro golpe con el impulso que llevaba hacia abajo para efectuar un golpe certero y muy contundente que, para el hombre que estaba alegre de esquivar un fuerte golpe mortal, al ver como ella saltó con su martillo para impactarle, se quedó cubriendo con su escudo lo mejor que pudo.
El escudo lamentablemente no pudo protegerle del fuerte golpe. Impactó en él pero no resistió tanto. Como su brazo estaba sosteniendo el escudo, fue lo segundo en romperse al sentir el impacto del martillo. Luego, casi incapaz de moverse tampoco por la fuerte presión asesina que ella llevaba, el brazo explotó cuando este fue apoyado en su cabeza por la inercia, siendo su cabeza explotada y volando pedazos de cerebro y carne para todos lados, siendo la cara de la oni manchada con parte de esos pedazos.
La cabeza explotada que fue vista por todos, inmediatamente instó a los gritos salvajes por parte de la multitud que estaban que casi sus ojos se les salían del cuerpo.
Por otra parte, los otros cuatro estaban callados pero profundamente impactados por la repentina muerte de uno de sus compañeros. En sí, querían ver el cadáver de cerca pero si hacían eso, morirían sin dudarlo. Por eso eran buenos también, mantenían la calma y no cometían ninguna impericia o errores que le perjudiquen a tal manera.
Ahora estaban más concentrados y serenos. Preparados para atacar en cualquier momento para deshacerse de ella. La oni por otro lado estaba mirando a los otros con la misma expresión que antes, fría. Pero una vez que mataba a alguien, no iba a parar.
Sadren, antes de que ella cargara contra ellos y los asesinara a sangre fría y con una fiereza salvaje, él notó donde estaba mirando, una sonrisa en ella, una sonrisa que pareciéndole linda, le dio bastantes escalofríos.
———
La pelea al final no resultó ser otra cosa o eso escuchaba de los otros.
Era un resultado esperado pero tampoco creían que los contrincantes de la oni pudieran aguantar tanto como los otros. Eso fue una hazaña pero, de todas formas no hubo algún cambio de su derrota.
Cuando la batalla termino, Sadren estaba mirando a la oni quien una vez la batalla terminada, agarró la cabeza de uno de ellos y cruzar miradas, se acercó hasta la parte de las gradas, tirando la cabeza de uno de ellos a sus manos. Ahora tenía dos cabezas y no sabía qué hacer con ambas. Tan sólo, las hizo un lado.
Cuando la dejo a un costado, la oni ya se iba para dentro de la arena, volviendo posiblemente a sus aposentos y descansar. Obtuvo algunas heridas pero, nada le paraba. La forma en la que balanceaba su martillo hacía que fuera una parte de su cuerpo, algo natural y con una maestría enorme.
Con eso ya era de noche y todos empezaban a irse. Lo mismo era para Sadren que, no dudó de ninguna manera y fue otra vez a la Luna Roja, esperanzo que esta vez no le rechacen la bebida o que le digan que no estaba quien buscaba.
Al entrar, notó que no estaba el hombre de mediana edad quién antes le había dicho que no había nadie sino una mujer de cabellera rubia. Cabello corto pero se podía ver ese cabello dorado casi como el de un elfo. Estaba cautivado o eso pensaba. ¿Sería por no haberle visto hace un mes? Pensaba.
“El lugar está cerrado, vuelva mañana por la tarde” Fue lo que dijo. Seguía limpiando un poco la barra ignorando a la persona que había entrado.
Sadren se acercó hasta la barra dejando en ella un poco de monedas. “Quiero algo para beber, algo fuerte que me haga desmayarme y olvidarme de que estoy vivo” Terminó su frase y miraba como la rubia le veía de reojo mientras le sonreía de oreja a oreja. “Hola de nuevo”
Lo siguiente que pasó fue que la rubia le tomó de la cabeza y le dio un fuerte abrazo apoyándolo en su pecho. Sadren murmuraba lo suave que eran sus pechos mientras que la rubia, Sasha, estaba feliz de poder verle otra vez. Ya siempre desaparecía y la más preocupada era ella. Snow por otro lado, si estaba preocupada pero, realmente parecía darle igual.
“Señor…” Apretaba con más fuerza a Sadren mientras le abrazaba quién, ahora ya no estaba feliz de apoyar su cara en sus pechos, estaba agitándose un poco para liberarse de su agarre porque no podía respirar. Ella al notar estos movimientos desesperados, lo apartó un poco sólo para verlo tomar aire. No podía respirar muy bien y con algo de fuerza lo trababa de hacer. “Jeje… lo siento… no pude contenerme. Últimamente he estado con algo de energía de sobra y con la idea de que usted estaba desaparecido, pues Iris me dejó trabajar un tiempo aquí”
Tomó otra bocanada de aire y miraba a Sasha, llevando un hermoso traje. Era un traje de barman cualquiera pero, en su figura, quedaba realmente bien. “Pues he de admitir que te vez muy bien con esa ropa, me da algunas ideas… De todas formas, ¿cuánto vales tú?”
Arqueó una ceja con expresión de sorpresa al escuchar su pregunta. “¿Yo? Lo siento pero no tengo precio alguno señor”
Sadren de reía un poco y le tomo de la mano mientras, con una sonrisa, le miraba a su cara confundida. “Exacto, no tienes precio… para mí” Se reía de nuevo hasta que hizo que Sasha entendiera y no pudiera evitar sonrojarse un poquito. “¿Puedo?” No iba a obligarle de todas formas por lo que, por más que fuese su señor, debía tener su consentimiento.
Ella lo pensó unos segundos para luego asentir con una risa y cara sonrojada para luego, tomar su mano con fuerza haciendo que Sadren hiciera una mueca de dolor. “¿Creías que de verdad iba a aceptar?”
“Eh…” No hubo respuesta ninguna por él. Sólo separo su mano de su fuerte agarre y se la tomaba para calmar el dolor. Lo que hizo era de niño, eso de masajear un poco su mano por el dolor. “No hacía falta apretar mi mano de esa manera, un no era suficiente”
“Jeje… vaya a dormir señor, es tarde e incluso para beber para usted, no le daré nada”
Pese a sus reclamos, no hubo caso. De todas formas, se fue detrás del establecimiento siendo recibido por aquellas sirvientas que le conocían bastante y estaban también alegres, alegres de que aparte de su amabilidad, el pequeño dinero de propina. Le llevaron a su cuarto, se despidió de las chicas diciéndoles que por favor que no se molesten en entrar mañana, que iba a estar todo el día durmiendo. Entro al cuarto, se despojó de su ropa y miró dentro de su cuarto, el que siempre tenía cuando no iba al de la academia, se puso una ropa más suave y ligera.
Se tiró sobre la cama y no pudo evitar sentirse feliz y alegre por saber que hoy, después de un mes, tendría una cama para poder descansar y dormir todo lo que quiera.
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