The world of Pendor – Capítulo 33

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Capítulo 33 – Sin descanso y segunda misión II

Mientras Sadren estaba tratando de no dormirse, en el patio exterior del castillo, Tiberius apareció vestido casualmente con ropas de nobles mientras era acompañado con algunos guardaespaldas y dando la instrucción a uno de ellos para que reuniera a algunos soldados.

Para esto, él acaba de ver como Sadren peleaba contra el sueño evitando querer reírse de cómo estaba perdiendo poco a poco. Seguro que para al final del día se va a dormir pensaba con una sonrisa. Negaba con la cabeza por la imprudencia del muchacho de no al menos esperar para estar en óptimas condiciones.

Miraba que uno de sus guardias volvía con los hombres que había pedido y le ordenó a otro que llamara al joven que se retenía contra la pared mientras cruzaba sus brazos y observaba con algo de cautela los hombres que hubieran llegado.

“¿Qué sucede? ¿Ya has preparado a tus hombres?” Sadren miraba a los soldados uno por uno.

Al menos unos 20. 10 de ellos eran legionarios a caballo, 5 soldados de infantería pesada y 5 ballesteros pesados.

No esperaba mucho de la caballería del Imperio. Si se lo comparaba con la caballería que Sarleon poseía, entonces se puede decir que eran realmente pobres en ese sentido. Solamente eran legionarios a caballo. Estaban entrenados para ser una unidad especialmente a caballo pero, no salían del hecho de que en caso extremos de perder su caballo, podían rendir a máxima capacidad por su riguroso entrenamiento.

Lo que tenía los legionarios de este mundo con diferencia de los legionarios romanos era la indumentaria que llevaban. No era que llevaban algunas camisas de tela roja, al contrario, llevaban la misma camisa, a veces entre rojo o amarillo de color junto con unos pantalones finos de cuero. La armadura que llevaban, por supuesto, era diferente. Eran armaduras de hierro completas de un color gris obviamente y, para curiosidad de él, no llevaban cascos. ¿Por qué será esto?

Si pasaba de lado a los legionarios, los ballesteros que le presentaron eran, sin duda alguna, lo mejor que podían ofrecerle. Aparte de estar entrenados para la perfección, estaban armados con una armadura de cuero, teniendo de adición un peto de hierro que le protegía el pecho y estómago y hombreras así como grebas del mismo material. Encima, en casos de extrema necesidad, podían convertirse en infantería pesada si la situación realmente lo necesitaba.

Sin duda alguna, no había palabras para estos hombres pese a lo poco que eran.

“¿Tan pocos hombres?” Preguntó luego de evaluarlos uno por uno.

“Pensé que tendrías tu algunos hombres para juntarlos con los míos. ¿No viniste preparado?”

Sadren pestañeó varias veces con lo que le dijo.

La respuesta a su pregunta era un no rotundo. Vino vestido con ropa de nobles y se trajo su espada que siempre llevaba consigo. Luego, no tenía nada más para traer.

“La verdad es que no señor. ¿Podría pedirle que me diera al menos flechas y un arco?”

Le pidió otras cosas, más precisamente siendo algo paranoico con el arco y flecha. No iba a usar una ballesta, no le gustaba y aparte estaba más acostumbrado a tensar propiamente con su fuerza que, era la ideal para usar los arcos.

Momentos después, Tiberius tuvo que darle una armadura, cosa que él lo rechazo diciendo que no hacía falta, y algunos hombres más. Lo que no sabía Sadren era que, él estaba dando esta misión para probarlo para ver si era realmente capaz de comandar debido a que estaba más que interesado en reclutarle y, al tener una situación como esta, no le hacía falta saber nada más de cómo llevar el problema

Ahora Sadren no tenía para quejarse ya que contiene todas las cosas necesarias para poder emprender la misión, dándole la despedida y desearle suerte así como todo lo que tiene que saber acerca de la situación.

De su resultado, debería mandar una carta a su superior para confirmarle si merece ser digno o no.

———

Sadren, quién cabalgaba un hermoso espécimen de caballo blanco, lideraba la marcha de los soldados que iban detrás de él.

Tenía 20 hombres al principio pero luego, se le sumaron algunos números más que en total, tenía 50 legionarios a caballo, 20 soldados de infantería pesada y 20 ballesteros pesados; siendo cada uno de ellos ordenados por su señor seguir las órdenes de este joven en comandarles.

Obviamente los hombres estaban en contra pero tenía que obedecer a su señor. ¿Por qué estaba su señor interesado en que debían ser comandados por un joven que apenas tiene 15 años?

Su pregunta fue respondida brevemente al escuchar que, este niño que los estaba liderando, había sido uno de los que atacó una guarida del Culto de la Serpiente saliendo vivo y además, rescatar una gran cantidad de prisioneros.

Por eso en el camino estaban todos callados o particularmente charlando entre ellos mientras sus ojos recaían en la espalda del joven que no soltaba su arco de la mano.

Ignorando la vista de los soldados que le seguían, Sadren tenía en mente la situación que Tiberius le contó.

El noble menor que se había desertado del ejército era, curiosamente, un pequeño sargento del ejército del señor de la ciudad que buscaba una promoción para convertirse mayor y convertirse en sargento primero pero el señor se lo negaba y por ende, tomo algunos de sus hombres que le seguía y, mintiendo llegó a desertar con otros hombres.

Aquí dudaba si realmente si este mintió o no. Debía confortarlo para conocer sus razones.

Lamentablemente, la misión no decía nada de capturar sino eliminar. Tampoco le importaba matarlo, de todas formas, una persona como esta que desertaba una vez, lo haría otra vez a la más mínima oportunidad de hacerlo.

Después de unas horas de marchar, decidió parar un poco y hablar con los hombres.

“Muy bien, quiero que todos me escuchen” Al parar y asentarse un poco, los hombres se sentaban en el suelo o estiraban un poco, mirándole a la cara. “Según la información que se me dio, este noble menor, se encuentra entre Ethos y el castillo Dirigense, acampando en lo que es un pequeño bosque si se lo puede llamar de esa manera. Según la ubicación del lugar, estamos a sólo unas cuantas horas de su guarida. ¿Alguien conoce esa zona mejor que nadie?”

Tras escuchar lo que dijo Sadren, todos estaban callados hasta que uno de ellos levantó la mano, siendo uno de los legionarios a caballo. “Yo conozco el lugar señor. Tuve la suerte de escoltar al hijo del señor Tiberius varias veces cuando visitaba al señor del castillo de allí o cuando iba hasta Janos”

Sadren miró al legionario. Cabello anaranjado y ojos de color celeste. La cara un poco cuadrada pero, el bello facial que tenía compensaba un poco su rostro que, se veía bastante serio y lleno de cicatrices pequeñas. “En ese caso, te dejo la tarea de explorar esa área. Toma algunos hombres a caballo y ve hasta allí y dime todo lo que puedas ver”

“De acuerdo señor” No se bajó de su caballo y en eso, eligió a varios hombres para que le acompañen, hombres que de seguro Sadren suponía que eran sus compañeros de armas.

Mientras veía como se iban, Sadren miraba a los demás que estaban siendo expectantes de las órdenes de un niño como él. Sonrió un poco y abrió sus brazos. “Mientras esperamos, ¿qué tal algunas historias para pasar el rato?”

Estuvieron charlando y hablando por un rato.

Con esa actitud que tenía Sadren, los hombres estaban realmente complacidos con tener un comandante que él mismo le decía que los consideraba como iguales y que, aprovechen esta situación porque seguro en el futuro nunca podrán tener esta libertad de hablar o quejarse de la vida y como no, comer juntos.

Algunos de esos hombres venían de familias pobres y otros de familias de estable ingresos. Pero más allá de su estado económico, todos ellos eran soldados y no cualquier soldado, eran legionarios y soldados de lo mejor que podían ofrecer.

Momentos después, el hombre que Sadren había mandado junto con otros para explorar la zona había llegado.

“Señor” Se bajó de su caballo y se acercó hasta él, que estaba parado mirando al anaranjado hacer una pequeña reverencia ante él. “Hemos explorado la zona pero tuvimos que volver ahora debido a que casi nos descubrieron. Ignorando el error, pudimos contar que tienen 200 hombres, siendo mayormente legionarios como nosotros y cuentan con algunos ballesteros y legionarios a caballo”

Asentía con la información que le estaba dando.

Muy posiblemente estos legionarios al igual que los que tenía a su mando ahora mismo llevaban jabalinas consigo y podían atacar a distancia y como tenían mayor número de estas tropas, soportar una lluvia de lanzas no es factible para ellos.

Pensaba en una mejor situación para atacar y no había mejor que la noche para atacar a estos desertores. Eso sí, debía confiar en sus hombres para esto debido a su conocimiento del lugar ya que, él ahora mismo tenía esa desventaja y eso que no pensaba en la desventaja numérica.

Varios factores hacían complicada la misión pero, no era un pesimista, era optimista ante esta situación desfavorable.

“Realizaremos un ataque nocturno. La infantería vendrá conmigo junto con los ballesteros. La caballería estará encargada de rodear las afueras del bosque y sí, reconozco que no contamos con hombres suficientes para rodearlo por completo pero, estoy seguro que serán suficientes para encargarse de aquellos que alcancen a escaparse de mí”

Esas palabras dichas con tanta confianza hicieron que todos se miraran entre sí. Quizás cada uno de ellos no era como él de optimistas, eran reales. No existía mucha diferencia entre ellos, todos eran legionarios y contenían el mismo riguroso entrenamiento y, físicamente no se sacaban diferencias y tal vez el uso de la espada era exactamente iguales.

De todas formas, debían seguir sus órdenes y se concentraron mentalmente y luego prepararon sus equipos para el ataque de esta noche; cosa que Sadren quería hacer para irse a dormir tranquilo y sin tener que soportar otra mierda de misión.

———

Justamente, en el campamento, los hombres que habían desertado estaban tranquilos, comiendo y descansando mientras que otros, como soldados bien adiestrados, realizaban patrullas nocturnas para mirar los alrededores y divisar sus próximas víctimas para asaltar.

Sabían muy bien que si eran descubiertos, serían ejecutados de inmediato pero, hasta que puedan atraparles, tardaría bastante debido a su fuerza y la cantidad de conocimientos de la zona que, era su ventaja más absoluta.

“Señor, ¿cuánto tiempo deberíamos estar haciendo esto?” Preguntó uno de los legionarios y guardaespaldas del noble menor que, estaba sentado a un costado de él mientras que miraba el fuego de la fogata.

“Hasta que realmente reconozcan nuestros esfuerzos por todo lo que hemos hecho para Tiberius. ¡Él ni siquiera cree que merezcamos recompensas y promociones! Esa fue la razón para desertar de sus filas, aparte de que estaba planeando silenciarme por saber cosas que nadie más sabe”

No mentía con lo de saber cosas que nadie más no. Uno de sus soldados, antes de desertar con ellos, le informó que escuchando la charla de soldados de rangos superiores estaban discutiendo de cómo llevar a cabo un plan de removerlo de su pequeño pelotón y, además, privarle de toda posesión por traición SIN pruebas. Como no iba a esperar a que se ejecutado por algo que no hizo, desertó con otros, diciendo que el mismo destino les esperaba y, dejando de lado su honor de su familia, se fue para unirse a las filas de los bandidos

“Ustedes, no, todos ustedes quédense tranquilos que conmigo como su líder, tendremos muchas riquezas y, quién sabe, quizás hasta podamos hacernos dueños de un propio pueblo y convertirnos en legítimos señores”

La risa de él parecía que viajaba por acción del viento por el pequeño bosque, haciendo que algunos hombres se voltearan para verlo. Los que tenía a su lado, rieron con él y empezaban a mirar al futuro, pensando que también podían sacar tajada de lo que hagan y, como no, convertirse en señores si le seguían.

Con ese pensamiento, seguro que estaban olvidando el hecho de que eran perseguidos. Lo sabían por más que traten de no recordarlo pero, ¿qué más da? Si conseguía al menos un lugar para ser su base de operaciones, aquellos hombres de infame reputación se unirían con ellos y aumentando más y más hasta el punto de ser una amenaza para los señores nobles del país.

Mientras todos estaban charlando con su líder, repentinamente alguien vino corriendo jadeando y sudando como nunca antes lo había hecho. “¡Mi señor!” Gritaba.

El noble miraba al hombre que venía que, al llamarle y pararse frente a él, estaba tratando de respirar bien y regular su respiración. Ordenó que le dieran algo para tomar que, no tardó nada en terminarlo. “¿Qué pasa?”

“Alguien… No, algo… ¡Algo acabó con una de las patrullas!”

“¿¡Qué!?” El noble se levantó de donde estaba sentado rápidamente y exaltado de lo que acababa de escuchar. “¿Cómo alguien puede eliminar a una patrulla de legionarios bien armados? ¿¡Estás jugando conmigo!?”

El soldado negaba con la cabeza nerviosamente y dando unos pasos atrás, sintiéndose un poco intimidado por la presión y mirada de su señor. “¡No estoy mintiendo señor! ¡Le digo la verdad!”

Le tomó unos segundos procesar la información mentalmente de que un grupo o alguien tendría la capacidad de matar a unos legionarios. Se lo esperaría si fuese mercenarios altamente calificados o en el peor de los casos, aventureros o algún pequeño ejército mandado por parte de Tiberius.

Ordenó que se intensificara la patrulla, que algunos de sus guardias personales que le acompañaban y a otros que se encontraban descansando dejaran lo que estén haciendo y se integraran en la patrulla, siguiendo sus órdenes de explorar más allá de donde se encontraban para corroborar que no hubiera nadie que les genere un cierto peligro y de hacerlo, que guardaran todo para partir de allí.

Espero unos minutos y nada.

Espero otros minutos más y no hubo nada.

Sentado, empezaba a perder la paciencia. Ya pasó una hora y la patrulla que había mandado para ver los alrededores no había vuelto para nada. Es más, habían vuelto sólo dos personas que, cuando vio el estado de sus hombres, estaba incapaz de creer que realmente un ejército fue mandando sólo para lidiar con él.

“¿¡Qué está pasando!? ¡Dime! ¿Qué pasó allí para que vuelvan de en ese estado?” El noble se acercó hasta los dos hombres que llevaban la armadura de legionario algo abollada y con algunos cortes, cortes que era algo curioso si se ponían a pensar de que arma pudo atravesar tal grosor de material. Puso ambas manos en los hombros de uno, sacudiéndole debido a su nerviosismo y ansiedad. No quería creer que realmente había hombres que rodeaban el pequeño bosque.

No hubo respuesta alguna. Esto hacía que se pusiera más nervioso. Sólo vio a un hombre que levantó la cabeza, con una sonrisa de oreja a oreja que, en ese mismo instante, tacleo al noble y ambos cayendo al piso, siendo el noble que quedó debajo incapaz de poder ejercer algún movimiento.

“¡Oye! ¿¡Qué haces!?” No hubo respuesta salvo una risa corta pero capaz de poder oírla debido a la distancia que ambos llevaban.

“Capturar a un desertor. ¡AHORA!”

Con ese grito, varias personas armadas hasta los dientes empezaban a aparecer entre los árboles, llegando hasta el campamento de los desertores.

Con ese grito, los desertores obviamente fueron atraídos y vieron que su señor claramente estaba en el suelo, retenido por dos soldados que estaban sentados encima de él. De esta manera, tomaron sus armas y escudos, saliendo de su estado de ocio y se preparaban para salvar a su señor.

Lo que no sabían que, al momento de que uno de ellos cayó al suelo luego de un flechazo, vieron a una pequeña cantidad de personas ingresar en su territorio y empezando a disparar con sus ballestas y un joven que dispara con su arco de una manera inhumana.

Entre los soldados que aparecían que lanzaban sus jabalinas, aquellos ballesteros que a medida que avanzaban, disparaban y recargaban rápidamente para seguir disparando y el joven que, cada paso que hacía disparaba una flecha de manera rápida y precisa, los desertores que querían ayudar a su señor estaban siendo ralentizados o morían.

Cabe destaca que fueron tomados por sorpresa y algunos de ellos murieron enseguida sin poder hacer nada. Aquellos que pudieron reaccionar de manera acorde a la situación, eran detenidos por la lluvia de virotes y flechas. Miraban como esos dos hombres golpearon a su señor, logrando que quedara desmayado y cargándolo para llevárselo.

Pero no podían acercarse hasta él. Debían deshacerse de los que estaban disparándole. No podían ver muy bien de dónde venían las personas pero sí suponer por la trayectoria. Los hombres que quedaban, que por suerte sufrieron o estaban sufriendo algunas bajas, hicieron una línea de escudos en alto para detener los proyectiles y ciegamente, tras la orden de uno de ellos, lanzaron sus jabalinas.

Se desconoce si hubo contacto o si hubo bajas pero, eso tampoco les detenía a seguir lanzando las jabalinas y, los pocos ballesteros que estaban quedando, dispararon.

Inesperadamente, luego de unos minutos, el fuego cesó. Esto hizo que los desertores pudieran reorganizarse y contaran las bajas, ahora siendo bastantes. Habían perdido casi la mitad de sus hombres que para variar, el otro lado no parecía haber perdido a nadie. El hecho de que su señor fuera capturado había logrado el efecto de desmoralizarlos.

Al momento de estar contando las bajas y de pensar otras cosas, el sonido de caballos galopando empezaron a escucharse, atrayendo la atención de todos.

Veían como unos legionarios con lanza y escudo cargaban contra ellos. Además, estaba la suerte de que esta vez no era un ataque sorpresa o no del todo, dando tiempo para maniobrar un muro de escudos y aguantar la carga de la caballería.

Ese fue el pensamiento de uno de los legionarios quien ahora mismo, con la ausencia de su líder, dirigía la defensa y se sentía orgulloso de que, con su fuerza y disciplina, estaba seguro de aguantar dicha carga. Lamentablemente no fue así.

Al momento de enfocarse en la caballería, los previamente soldados que se habían retirado usaron el restante de proyectiles que tenían para atacarlos por la espalda.

Al darse cuenta de eso, ahora ya creía que nada podía salvarlos y que, internamente, se lamentaba por haber desertado.

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