The world of Pendor – Capítulo 34
Capítulo 34 – Una pequeña charla
Al siguiente día, Sadren miraba al prisionero desertor que había planeado para capturar en frente de él.
Debía ser sincero y no creía para nada que pudiera capturarlo debido a la situación pero, aún seguía creyendo que su plan haya funcionado.
Hacer que dos de sus hombres se pusieran la armadura del enemigo que estaba dañado e infiltrarse en el campamento para dar un testimonio falso al rebelde y capturarle. Estaba seguro que cuando tuviera que explicarle a Tiberius como se tomaron las cosas, iba a mencionar a estas dos personas para que tengan un aumento y alguna promoción.
No tenía palabras para su prisionero tampoco, eso se lo dejaría al señor de Ethos para que haga algo.
Unas horas después, al llegar al castillo de Tiberius, se lo podía ver con las manos en la espalda y en la entrada de su castillo en el patio exterior, con una sonrisa y viendo como sus hombres junto con Sadren volvían y por encima de todo, ver como el noble menor que se había desertado como prisionero y con un mal aspecto. Su felicidad no se podía ocultar para nada.
Sadren, por otro lado, no dijo nada. Mejor dicho, no dijo nada que fuese lo que ayer hicieron. No le tomo mucho tiempo tampoco algo como esto, él quería terminar rápido y, para sorpresa de Tiberius, realmente vio que hizo las cosas más rápido que nadie, cuestionando si era humano el joven frente a él. Al final, tuvo algunas bajas y se disculpó por ello, diciendo que enviaría dinero para que se las de a las familias de los caídos, caídos que fueron entregados al señor.
Tras explicar todo, Sadren hizo una reverencia en señal de respeto a Tiberius y a los soldados que le acompañó, mostrándose feliz de haberlos tenido como hombres y en algún futuro cercano, volver a tenerlos bajo su mando.
El señor de mediana edad, casi viejo y señor de la ciudad, miraba como Sadren se retiraba asintiendo con la cabeza y sonriendo. No había dudas de que un muchacho como él tenía un enorme futuro por delante.
Mientras tanto, Sadren desconocía los pensamientos de Tiberius pero, tampoco le parecía importarle mucho que digamos.
Ahora mismo, estaba más interesado en algo ahora: dormir.
Llegó hasta donde se hospedaba, con la Hermandad Roja, saludo a todos los presentes en el nuevo bar, lugar que todavía no se acostumbraba, se adentró poco más en el lugar y fue directo a su habitación que, sin importar su actual estado de suciedad y algo de sangre, se lanzó en su cama para cerrar los ojos y dormir hasta que se muera.
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Elacrai
Elacrai era la ciudad de los elfos, más precisamente el hogar de los Noldor, la estirpe más alta de la raza de orejas puntiagudas y la última que existe en todo Pendor.
Estaba la ciudad construida en las montañas y entre medio del bosque mágico que le rodeaba, siendo invisible por medio de magia de alta capacidad y nivel para aquellos que no sean consideradas amigas de su raza. Pero aquellas razas que eran consideradas amigas, podrían ver la enorme y hermosa ciudad que si la pudieran llegar a ver, estarían con la boca abierta.
La construcciones de enormes edificios como algunas mansiones o tales como las escuelas que había, realmente no había palabras. Nadie lo creería si la gente pudiera verlo y menos si alguien es capaz de verlo y describirlo como el autor de esto ahora mismo.
Algunas partes de la enorme ciudad Noldor demostraba el estatus social de cada uno, siendo una parte la ciudad entera que contenía edificios públicos así como algunos lugares donde se lo podría llamar el distrito comercial de las orejas puntiagudas. Más allá, un poco alejado de todo y en donde se encontraba el majestuoso castillo, se podía ver edificios así como enormes fincas que demostraba cada lugar un nivel de estatus.
Al igual que los humanos, se regían en un sistema feudal donde el rey otorgaba títulos y tierras a la nobleza Noldor pero, en este caso, las tierras que tenían para dar eran nulas y si se las daban, eran aquellas que se encontraban en los alrededores de la ciudad, siendo estos lugares el hogar de los elfos, no de los Noldor. En caso de no aceptar dicho nombramiento de tierras, caso que los nobles mayores siempre declinaban, se quedaban en la ciudad, ejerciendo como noble y además, ostentando un cargo que el mismo rey les daba.
Las calles siempre pobladas de Noldor, comprando las cosas que más necesitaban o yendo de un lado a otro para pasar el día. Si no era eso, apreciaban la belleza que les rodeaban cantando, tocando algo de música o realizando manualidades así como el arte misma.
La no presencia de humanos u otra raza que exista en Pendor, hacía que todos realmente estuvieran felices. Pocas veces se podía notar la tristeza o la infelicidad de esta raza. La única cosa característica que todos tenían era el enorme orgullo de su belleza y habilidad para todo.
Esa hermosa sensación que le daba la ciudad, hacía que Lethaldiran se sintiera nostálgico y feliz de estar de nuevo en su lugar de origen luego de unos pocos años de exiliado.
En su mente, estaba realmente agradecido de que Sadren le haya dado las cosas que le dio, otorgándole la oportunidad de poder volver así como algo que nunca hubiese esperado que le dieran: un título de noble Noldor.
Con ese título de noble que se le otorgó, siendo de todas formas un título menor, se consideraría como el primer Noldor hombre en conseguirlo.
Él mismo se sorprendía de haber conseguido tal título y, sabiendo que era algo que nunca más podría volver a tener en otra vida, lo acepto con todo el gusto del mundo, jurando su lealtad a, obviamente siendo el primer hombre en ser un noble Noldor, la reina.
Además, se le otorgó una pequeña finca donde su familia en caso de tenerla, se hospedaría allí y ejercería su papel como uno de los escribas que los Noldor tenía, estudiando y salvaguardando la información que se tenía de todas las razas así como la suya, además de aportar algunas ideas y escritos que sean beneficiosos.
Y es ahí donde se encontraba ahora mismo Lethaldiran, sentado en su oficina que tenía mientras estaba estudiando algunos escritos que enmarcaban partes de la historia de su raza y tratando de sacar el significado de aquellas reinas y personas que habían dejado.
Su familia, por otro lado, estaba afuera de la finca, entrenando y practicando. Lamentablemente, su mujer había perecido hace cientos de años, dejándole sólo a un despreocupado Lethaldiran que pese a la situación precaria que se encontraba, por medio de duelos, obtuvo las riquezas suficientes para poder mantener a sus hijos. Lamentablemente, en aquel momento de haber desafiado al sobrino de un noble y haberle ganado, ganó su exilio.
Pero, ahora se sentía bien de volver a verlos luego de tanto.
Saber que fueron capturados y vendidos como esclavos le había hecho enfurecer. Esa furia fue disipada al momento de saber que, curiosamente un joven de pelo castaño y ojos claros los había comprado y liberado para que vuelvan a su patria.
Sólo una persona encajaba con esa poca información que le dieron sus dos hijos. Sonreía al pensar aquello. Le debía un enorme favor.
“Señor Lethaldiran” Una voz repentinamente había sacado de pensamientos y levantó su cabeza. Era una sirvienta que le llamaba. Al igual que los humanos, existían criados y sirvientas pero con ciertas diferencias.
Se debía pedir permiso en caso de no ser noble y necesitar el servicio de sirvientas o criados pero, cuando uno llevaba el rango de noble, por ley se le daba la oportunidad de adquirir gratuitamente una pequeña cantidad de ellos. Este era el caso de Leth que tuvo algunas sirvientas
“¿Qué sucede?” Preguntó aún con un libro en mano.
“Alguien ha venido a buscarle. Ha dicho que tiene que hablar con usted de alguien”
“¿De alguien?” Pensó unos segundos y negó con la cabeza para volver a sus escritos. “Dígale que no estoy disponible”
Al parecer, la sirvienta estaba callada al escuchar eso y recordó lo que le dijo la visita para su señor en caso de que este se negara. “Joven, cabello castaño y ojos claros como el cielo mismo” Cuando dijo eso, Lethaldiran que estaba concentrado en sus escritos, de pronto se congeló y levantó la vista apresuradamente y le miraba a la cara con un poco la boca abierta. “Eso sólo dijo señor. Dijo que al escuchar eso, seguro que la irías a ver”
Tras unos segundos, sólo le dijo que vaya y le diga que ahora mismo iba a lo que la sirvienta levantó un poco su vestido, hizo una reverencia y se retiró de allí, dejando a Lethaldiran mirando a la nada misma y pensando en la descripción que acababa de escuchar. ¿Qué diablos habrás hecho niño?
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La persona que estaba esperando a Lethaldiran estaba en la habitación de visitas.
Bien amueblada, hermosamente decorada y con algunas pinturas de exquisito detalle. Los sofás eran de lo mejor que uno podía encontrar en la capital. Esto era uno de los placeres que los nobles se podía dar un noble acorde al rango que tiene Lethaldiran
“¿Cuánto más me hará esperar ese bastardo?” Murmuraba mientras tenía a su lado a la sirvienta susodicha que había avisado a su señor sobre la visita, esperando a que este llegara y atendiendo a la mujer que parecía de mal humor.
La ropa que llevaba puesta era una hermosa camisa de color azul verdoso junto con unos pantalones del mismo color. Encima de la camisa y el pantalón, llevaba puesta otra cosa, una cosa que particularmente era una armadura hecha de un mineral ligero y suave pero que era resistente al igual que otros minerales llevando la dicha armadura, que puede decirse que funciona como un peto de acero, decoraciones y grabados en ella. Además, dicho conjunto venía con una especie de falda que su color era un poco más oscuro pero, no quitaba el hecho de lo bien que quedaba. La figura de la mujer claramente sería un deleite para los ojos de cualquier persona que se atreva a mirarla.
De pronto, una puerta de abrió de la habitación, dejando ver a un Lethaldiran con una mirada seria siendo muy expectante de la persona que iba a venir y hablar acerca de su aprendiz.
Allí la vio a una mujer rubia con el cabello atado y unos hermosos ojos morados, púrpura si se quiere entrar en detalle, cruzada de piernas y tomando una copa de vino.
No le fue difícil reconocer a Ithilrandir. Era una mujer que tenía un alto estatus social, siendo una de las nobles con más influencia en la corte y con todos los nobles.
Ambos se saludaron asintiendo con la cabeza. Se sentó y le ordenó a su sirvienta que se retirara, que debían hablar ellos dos solos a lo cual hizo una reverencia y luego se fue de la habitación sin decir nada.
“¿Y bien?” Le estaba mirando a los ojos, seriamente y dejando de lado su enorme estatus que a veces podía llegar a intimidarle.
“¿Y bien? ¿Eso sólo vas a decirme Leth? ¿Un hola o cómo me he encontrado este tiempo? ¿No me vas a decir nada de eso?” La mujer rubia se reía un poco mientras seguía ingiriendo un poco más de vino. “¿No ibas a presentarte hasta que dije sobre el chico verdad?”
“…” Silencio por parte de él fue la respuesta que le dio a lo que ella cerró sus ojos negando con una sonrisa al verle de esa manera.
“Entonces no vas a hablar… Bueno, sólo quiero hacerte unas preguntas sobre él y quiero tu sinceridad sobre el tema” Su mirada y sonrisa burlona desapareció y ahora se le veía incluso más seria que él. “¿Él te ayudó con las cosas que has traído hace años verdad?” Pese a que no quería responder, asintió de todas formas ante la pregunta. “Bien… Muy bien. Otra pregunta, ¿cómo consiguió ese niño la Lágrima de Dragón?”
“Dijo que conocía donde encontrarla y antes de despedirse de mí, me lo dio diciendo que era un regalo. Hasta el día de hoy me sigo preguntando dónde lo consiguió”
No sabía si perdía o ganaba algo diciendo estas cosas. Pero la percepción que tenía era alta y no importa que tanto esconda, fuera seguro que Sadren le haya contado varias de las cosas o todo sobre su raza y por eso, estaba aquí para corroborar si él le dijo algo acerca de ellos.
“¿Tú le has enseñado todo sobre nosotros?” Había pensado un poco la respuesta anterior y luego hizo otra pregunta. Ahora ella estaba interesada en saber esto porque, era imposible de todas las formas posibles que un humano conociera todo sobre ellos y más a lujo de detalles que este le había dado.
“No. Él ya sabía muchas cosas de nosotros y sólo le tuve que confirmas y negar algunas cosas que me decía”
“Mientes” Fue lo que dijo una vez terminó. “¿Cómo sé que me dices la verdad eh? Además, también sabes de ante mano que no se le puede enseñar nada de nuestra magia a los humanos y hacerlo se merece la ejecución inmediata ¿no?”
“Nunca le enseñé nada a ese muchacho. Lo único que le dije es sobre los mestizos y nada más. Sí, le dije sobre la existencia de la magia pero nunca le enseñé nada de ello. ¿Piensas que soy idiota?”
“Pues la verdad que sí, creo que eres demasiado idiota y tienes suerte de seguir vivo” Se reía un poco sobre su pregunta y claro, estaba segura que era un idiota y tiene mucha suerte de seguir vivo. “Si tan sólo vieras a ese niño ahora…”
“Si tan sólo ¿qué?”
“Nada, quédate tranquilo Leth” Se sirvió otra copa de vino y seguía tomando y cambiaba de pierna cruzada. Ella no iba a olvidarse de su mes con él antes de venir aquí. “Aunque tengo que admitir sobre él una cosa en particular, es un caballero digno de una mujer…”
Leth estaba dudando con ese comentario y no sabía si tenía un doble sentido por lo que estaba temiendo por lo que le habrá hecho. Borró eso de su mente rápidamente. “¿Eso era al final lo que ibas a decirme de él?”
“¿Eh? Oh, no, queda algo por preguntar” Esta pregunta para ella era seria ahora. No sabía si él lo sabía pero debía preguntar por seguridad. “Cuando estuviste con él, ¿pudiste ver la energía que este llevaba con él?”
“¿Para qué? Era un niño y no hace falta hacerlo. Los humanos no tienen energía para nada por lo que es innecesario.
“Jajaja…” Su risa incordió a Leth quien, no sabía que cara hacer con respecto a esa risa. “Bueno… te vas a impresionar sobre lo que voy a decirte entonces” Tomó toda la copa de vino haciendo un fondo blanco y miró a Lethaldiran una vez que se limpiaba la boca con el brazo. “Ese niño tiene una alta densidad de energía dentro de su cuerpo”
“¿¡Qué!?” Lethaldiran se levantó de su asiento con un grito y sorprendido a tal punto que sus ojos abiertos por la noticia casi se le salen de su rostro.
Si lo que le dijo era cierto, entonces están ante un fenómeno increíblemente raro
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