The world of Pendor – Capítulo 10

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Capítulo 10 – Aceptado

“Muy bien. ¿Sabes por qué te llamé aquí?” Negué con la cabeza. Era la primera vez que mi padre me llamaba para verlo en su oficina además de mi primera vez aquí en este lugar. Un enorme escritorio se deponía entre él y yo y por encima, había unas enormes cantidades de papeles, algunas escritas y otras no.

“¿Por qué estoy aquí de todas formas padre?” Le pregunté mientras estaba sentado con las piernas y brazos cruzados. Más que nada, miraba los alrededores. La oficina de mi padre era realmente hermosa y más cuando todo estaba hecho de madera. Me alcanzó una carta que estaba sin abrir y que contenía el sello del Imperio, una especie de león o mantícora, seguía sin saber perfectamente que era a pesar de conocerlo desde y por el juego. “¿Y esto?” Lo miré a la cara confundido a lo que su respuesta fue que lo abriera y que lo leyera ya que, estaba dirigida personalmente a mí en el sobre de la carta. Rompí el sello que la unía, saqué la carta y empecé a leerla.

Minutos después, miré a mi padre con la carta en mano y confuso con respecto a su contenido a lo que se lo di.

“¿Qué es esto?” No entendía para nada la carta. Por eso le pregunté a mi padre a que se refería con todo eso de ser aceptado.

“Esto es una carta donde dice que fuiste aceptado por la Ciudadela de Janos” Alcé las cejas sorprendido pero a la vez confuso. Entrecerré mis ojos para ver a mi padre el cual, se reía nerviosamente ante mi mirada. “Verás, en el tiempo que estuviste afuera, Arthur y yo indagamos un poco en tu cuarto…” Hizo una pausa y miraba mi cara la cual, no se movía para nada solamente para pestañear un poco. “…y cuando vimos tus apuntes y esas cosas escritas, ambos acordamos de que estas cosas debían ser enviadas de inmediato por lo que, Arthur y algunos hombres fueron hasta la capital y bueno… Esta es la respuesta” Empezó a reírse de nuevo de manera nerviosa. Yo no sabía que decirle tampoco, la culpa posiblemente era mía porque no escondí esas cosas antes de irme. Por suerte, lo último que escribí acerca de los Noldor no se lo llevaron y se quedó conmigo al igual que otras cosas.

“Entiendo que el logo de la Ciudadela que usan para comunicarse es una águila, ¿por qué tiene el logo del Imperio?” Esa fue mi mayor duda con la carta. Si bien el contenido estipulaba aprobaba que yo pudiera servir como maestre calificado en cualquier corte a la que vaya pero, el logo de la carta era lo que me daba duda.

“Oh, eso es porque es el sello del Marius” Lo dijo tan casual que le tuve que mirar dos veces. No me importó el nombre pero lo repetí varias veces hasta que me di cuenta de quién era Marius.

“¡¿El emperador Marius?!” Me sobresalte y con ambas manos y levantándome de mi asiento, golpee el escritorio de mi padre. Que el mismo emperador utilizara su sello para esto, estaba tan sorprendido, confundido y en shock  que ya no sé cómo debería reaccionar.

“Si hijo, ese mismo Marius fue el que ha hecho oficial tu nombramiento como maestre, no uno cualquiera sino como un Gran Maestre” Tomó una enorme cadena y la puso en el escritorio, cadena que era la identificación de un maestre. Lo volví a mirar indicando con mi expresión de mi cara que no iba a ponerme eso ahora. “Debes portarlo. Ser un Gran Maestre no es cualquier cosa y lo sabes ¿verdad?” Asentí pero aun llevaba la idea de no usarlo. Con eso se me ocurrió una idea que quizás pudiera servir.

“¿No se puede… no se… fundir el collar para lograr hacer una muñequera?” Esa idea se me ocurrió en el momento. Más que muñequera quería un brazalete que pudiera y sea fácil de poder llevar sin olvidar el logo de un águila dorada con sus alas extendidas. Mi padre se puso a pensar con respecto a ello y asintió, diciendo que era una muy buena idea. Aparte de ello, también me dijo que en algunos días tenía que partir junto con un grupo de chicos que fueron aceptados en la academia luego de pagar la cuota de ingreso. Demás está decir que este dinero salió de las finanzas del territorio y de las cuales, varios de los chicos eran hijos de los guardias de mi padre, guardias a los cuales han hecho las cosas que les he ordenado sin ninguna queja como una de las recompensas que recibieron de tales tareas.

Varios días llegaron a pasar y mi brazalete que había hecho encargar, estaba listo. El herrero se había encargado de realizar la fundición así como la elaboración del brazalete mientras que un artesano, también con algo de ayuda, tenía que hacer el águila en cuestión. De más está decir que la obra del artesano era sumamente exquisita, no dando lugar a ninguna queja sino a puras alabanzas y reconocimientos por tal obra de arte. Los detalles del mismo eran sinceramente hermosos. Además puso una frase debajo del águila que decía “Gran Maestre”. No quiso recibir dinero por hacerlo debido a que estaba realmente honrado de hacer esto para con tal título sino que no quería pedir dinero de su señor, cosa que no hice caso y le di alrededor de 2000 denarios. Mi padre incluso se preguntó por qué tanto dinero. Era una obra de arte y no debería haber objeción. Como tal, el artesano los aceptó sin quejarse y realizó varias reverencias ante mí, dándole una sonrisa y enorme suerte para que pueda seguir trabajando de tal manera.

Con las piezas ya listas, vi cómo se incrustaba el águila en el brazalete en el centro del mismo. No tenía palabras cuando me fue dado en las manos. Me lo puse en la muñeca izquierda y lo moví un poco para sentirlo y ver como quedaba. Sencillamente, me quedaba bastante bien, cómodo y era hermoso por encima de todo. También pedí que se me hiciera las respectivas fundas tanto para el arco como para la espada las cuales, también fueron hechas en algunos días. No era nada del otro mundo las fundas, eran dentro de todo normal y justo lo que necesitaba.

En los días que estuve esperando por el brazalete, también tuvimos, junto con los hijos de los guardias, preparando todas nuestras cosas para luego partir de viaje hasta Ethos, un viaje que duraría al menos un mes casi dos si hacemos algunas paradas en el camino. Ropa, libros, comida entre otras necesarias para llevar. Debíamos estar todos durante cuatro años en la academia. Si mi suposición es correcta, es seguro que se nos de algunas respectivas misiones para cumplir y ponernos a prueba. No sabía nada de estas cosas. Aunque no puedo mentir, estaba realmente expectante y con una sensación rara, una sensación sin palabras que no podía describir.

Algo que dijo mi padre con respeto al viaje que debíamos hacer, era ir algún tiempo antes, más que nada por mí. Principalmente, debo pasar para que se me anote como Gran Maestre y cuando se hagan los procedimientos y papeles en orden, recién allí yo puedo integrarme a la academia. Los demás pueden estar, anotarse y ya quedarse allí mientras que yo debía hacer muchas cosas.

No voy  a mentir, tener que hacer estas cosas no me daban mucha esperanza. Me arrepentía de estar siempre tomando apuntes, escribiendo cosas útiles e inútiles. Mejor dicho, en parte me arrepentía de hacerlo. Estás cosas que escribía eran por placer y debido a que nunca más iba a tener esta misma oportunidad de pasar de mi vida a la de un juego. Con todo lo que anoté, bien podía hacer algunas crónicas pero mi padre tuvo que decidir enviar mis cosas. Todo tenía un lado malo pero también tenía un lado bueno, tenía una autorización por parte del emperador de recibir no sólo trato especial sino ser respetuoso conmigo, una carta para el éxito y para la desgracia, algo de doble filo.

“Ciertamente, debo tener cuidado al usar esta carta” Dije mientras volvía a cerrarla y la guardaba en uno de los bolsillos de mi chaqueta. Era lo único que le agregué a la nueva chaqueta que tuve que hacerme. No era la misma que antes sino que, esta era como la de mi padre, negra pero conservando un pequeño logo con el estandarte de mi casa. Suspiré mientras acomodaba las cosas a un costado del caballo. Esta tarde íbamos a partir y quedaban algunas horas pero quería tener todo listo para irnos. El viaje va a ser largo por lo que guardé algunos libros para leer en el camino ya que, si calculábamos bastante bien, llegaríamos antes de los dos meses.

“¿Preparando sus cosas señor?” Una voz me sacó de mi mente y pensamientos. Me di la vuelta para ver que era la voz de uno de los guardias, precisamente el que encontró la Lágrima de Dragón. Asentí con una sonrisa mientras volvía a asegurarme de que nada faltase. “Partiremos en la tarde, ¿no cree que es algo temprano para preparar las cosas ahora?” Y no mentía. Era temprano, eso sí. Pero no me gustaba tener que hacer cosas a último momento por lo que empecé desde muy antes.

“¿Intentas cuestionarme?” Usé un tono serio a lo que respondió balbuceando y con la voz entrecortada. Me di la vuelta para volverlo a ver y no pude evitar reírme de su expresión de miedo. “Ah… Es lindo bromear a veces a en la mañana” Mi risa fue tanta que tuve que secarme algunas lágrimas. Obvio que no se lo tomó bien por lo que le dije que me disculpara. Además, le dije que no me gustaba perder tiempo y quería ya tener todo listo cuando partamos en la tarde.

“De todas formas señor, vengo a agradecerle que mis hijos puedan asistir a la academia” Asentí y me acerqué hasta él, tomando ambos hombros y los palmeé un poco.

“No hay nada que agradecer. Yo debería estar agradecido contigo por el enorme esfuerzo que has hecho para traer eso y más de que no murieras en el camino. Sinceramente te mereces más pero, sólo soy un señor y no un emperador” Mi comentario final nos hizo reír a ambos. Luego de las risas, intercambiamos algunas palabras más para luego despedirnos.

Hoy en la tarde debemos prepararnos para un largo viaje y yo más que nada porque, esta será la primera vez que pueda ver con mis propios ojos el hermoso mundo de Pendor.

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