The world of Pendor – Capítulo 9

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Capítulo 9 – Más que entrenamiento un infierno

Estaba sentado debajo de un árbol con las piernas cruzadas y apoyando mis manos en mis rodillas meditando y concentrándome en el ambiente.

Mi tarea para hoy era poder escuchar el más leve sonido de alguien aproximándose hasta mí por medio de mis sentidos y poder reaccionar a tiempo en caso de que me vea bajo ataque del enemigo.

Esta técnica que estaba practicando me fue dada por Leth. Quería que pudiera detectar a los demás por medio de los sentidos y para que nunca me tomen por sorpresa ya que, un lugar donde uno puede esperar una emboscada son normalmente los bosques así como las largas carreteras a lo largo del reino a lo que no pude negarme.

Abrí mis ojos al sentir una pequeña brisa que merodeaba por mis alrededores. No solo eso sino que la brisa estaban acompañados con un ruido leve pero capaz de ser oído. Por la dirección del mismo, pude suponer que el ruido venía a mi izquierda. Iba a pararme y a moverme pero el ruido desapareció junto con la brisa que ahora, soplaba a mi derecha. Me quedé quieto y gire mi cabeza a mi derecha. No escuché ningún ruido por lo que pensaba que no era nada.

Ese fue mi error. Volví a mirar a mi izquierda, tampoco había algo ni nada por el estilo. Me senté nuevamente sólo para poder ver la punta de una espada entre mis cejas y poco a poco apoyándose entre ellas.

“Has fallado Sadren” Me dijo Leth el cual todavía tenía la espada en mano y entre mis cejas. No me moví para nada, sólo lo mire a la cara la cual no era buena para nada, seguía serio y sus ojos entrecerrados y afilados, casi cortándome con sus ojos nada más. Volvió a poner su espada en su respectiva funda y me ofreció su mano para ayudarme a levantarme. “Hemos estado practicando esto por algún tiempo y no puedes dominarlo aún”

“Creo que es un poco complicado cuando esto te lo enseña una raza superior” Mi respuesta le hizo sonreír. Los Noldor eran demasiado ágiles y muy silenciosos si se lo proponen. Son los ideales perfectos para asesinos y el cual, Leth lo era.

“Tienes razón… Pero esto hará que nadie pueda tomarte por sorpresa, inclusive nuestra raza” Ese era uno de los pro que podría ser cierto. La contra es que para poder aprenderlo, debería desperdiciar mi vida para lograrlo y no quería estar toda mi vida queriendo aprender y ser como ellos. Me bastante con aprender lo suficiente como para poder enfrentarme a humanos, nunca otra criatura que tenga y sea como los Noldor.

Ya había pasado medio año desde que estoy bajo la tutela de Lethaldiran. Todos de la corte fueron avisados por mí sobre esto y, a pesar de la oposición de la gran mayoría de ellos, mi padre aprobó la decisión, mi decisión. Incluso mi madre la aprobó pese a que ella estaba muy de acuerdo de que no tuviera a un Noldor como mi maestro. Por otro lado, mis demás familiares estaban de acuerdo de que reciba una educación en tema de artes bélicas por parte de Leth. Ya había sacado y anticipado que la actitud de mis tíos y primos no eran que buscaban mi beneficio sino que, por consejos justamente de Leth, ellos buscaban que me pasara algo que me inhabilite poder heredar el territorio familiar. Mis hermanas no estaban. Ellas habían ingresado a una academia para poder aprender ambas administración y otras materias de las cuales fueron recomendadas por los maestres, quedando sólo aquí junto a mi padre Arthur.

Una vez aprobada mi decisión, ya había pasado en ese momento una semana y logré aprender un poco en ese tiempo pero no fue suficiente para complacer a mi maestro. Con eso, luego volvimos a empezar de cero una y otra vez hasta que podía dominar primero la forma de desplazarme y moverme por los alrededores. Estuve con eso un mes ejercitando para poder lograr maniobras que antes no podía hacer. Su idea era hacerme más elástico, más ágil, más rápido.

Luego, estuve más de cuatro meses entrenando mi físico. Todos los entrenamientos que le sugerí de los cuales conocía por mi vida anterior, ninguno fue aprobado. Él me comentó que una forma de hacer un cuerpo fuerte es entrenando al mismo tiempo por lo que aprendí en ese tiempo usar la espada. Estaba contento cuando me enseñó la forma básica de su uso así de como pararme con ella y algunos otros movimientos.

Mi felicidad no duro mucho.

Si bien los primeros días me instruyó en el arte de la espada, los siguientes a ellos debía tener duelos de práctica en donde no tuve ninguna posibilidad de poder siquiera acertar un golpe o al menos poder defenderme bien.

Ahí fue cuando el infierno comenzaba.

Todo el día debía poder defenderme bien sin tener que recibir algunas heridas o las suficientes como para no poder seguir luchando. Me alegraba saber que Leth se tomó las molestias de enseñarme lo básico antes pero ahora, mis emociones no estaban ni lo más cercano a la alegría u otra emoción. Y todos los días hasta hace poco, terminaba constantemente herido, una y otra vez. Para desgracia, me aplicaba magia curativa, sanando todas las heridas ocasionadas por el filo de su espada para poder continuar. Cabe destacar que nunca se agotó como yo y su magia, no aceleraba la recuperación de energía por lo que desde que amanecía hasta que anochecía, terminaba extremadamente agotado.

Recién al segundo mes de este infierno, pude realmente acoplarme a su método de entrenamiento o mejor dicho, a no agotarme. Además, de tanto esforzarme en defender y tratar de evitar los cortes había desarrollado una pequeña parte de la agilidad que él tenía. Aparte de eso, mis brazos y piernas se vieron fortalecidas por este método así como mi cuerpo que por algunos cortes que recibía, a veces sentía dolor y otras casi no lo sentía. Como consejo e idea, tuve que aprender a manejar la espada con ambos brazos en caso de extrema necesidad o si llegaba a perder el brazo derecho. Así fue que como también sufrí las mismas heridas una y otra vez hasta que llegué a adaptarme con mi brazo izquierdo tomando así otro mes de puro sufrimiento aunque, esta vez, el dolor ya no lo sentía como antes.

Los siguientes dos meses incluía más de lo mismo pero esta vez ya no estaba en las afueras del castillo, ahora estábamos en el bosque, cerca del territorio. Su nueva enseñanza consistía en que debía practicar mis reflejos y por encima de todo, mis sentidos.

Pero lo malo de esto era que debía practicar mientras el acechaba y utilizaba su arco y no su espada, tarea que era más complicada. Tuve que avisar a mi padre que no iba a estar por algunos meses por petición de mi maestro a lo que se me preparo algunas provisiones para poder estar ese tiempo sin ningún problema.

Debía admitir que este método para entrenar era extremo pero por extraño que me llegara a parecer, pude esquivar gran parte de los flechazos, siendo la pequeña parte logrando impactar en todo mi cuerpo. Dolía del infierno y quería morirme. Sólo una flecha era suficiente para hacer que quisiera morir. Pero mi maestro claramente estaba en contra de esto y me curaba en cada momento que fuese necesario para poder continuar.

Tuve que pedirle que pasemos esta parte ya que no podía siquiera ver las flechas y eso que después de las primeras veces, apuntaba ahora a errar para que pudiera sentirlas pero ni con eso pude. Fue entonces que, pasamos a esta etapa en donde debo poder sentirlo ya que ahora estaba involucrado el combate cuerpo a cuerpo.

A pesar de que pude lograr al menos poder sentir su presencia, tampoco lograba al menos ganarle una vez. No sufrí daños por esto, ahora él sabía cómo y cuándo para evitar que me lastimara. No podía sentir dolor en este medio año ya que llevaba entrenando. Por todos los castigos y daño que recibí en el proceso hizo que perdiera tal sensibilidad. Podía aun sentir algo de dolor pero nunca que me interfiriera con respecto a moverme libremente.

Entendí que a los niños Noldor se los entrenaba de la misma manera pero, a veces era peor pero dentro de todo, el entrenamiento que tenía era más que aceptable allá y cualquiera podía pasarlo sin problemas… Pero ese era el problema, los Noldor podían pasarlos sin problemas, no humanos. Pude resistirlo por ser persistente y nada más.

Estaba sentado ahora pensando eso. ¿Podría alguien aparte de mí, un niño soportar esta clase de entrenamiento? Había cosas de este cuerpo que no entendía y una de ellas era su rápida adaptabilidad al dolor. Por extraño que pareciera, le consulté si podía probar mi teoría sobre mi cuerpo a lo que asintió con mucho gusto.

Recibí al menos 10 flechazos. Cada una de ellas dolía menos que la anterior y con la curación de Leth, podían durar muchas más pero al principio, el dolor drenó parte de mi energía por lo que no quería seguir probando más esto. Esta nueva información de mi cuerpo luego la anotaría en mis apuntes junto con todo los demás.

“Vaya… No pensaba que te gustaba estas cosas…” Leth no entendía bien o mejor dicho, no quería entender el propósito de lo que hice por lo que dijo justamente eso.

“Claro que no. ¿Incluso tú no sientes curiosidad de mi aguante?” Él tuvo que admitir que estaba interesado en saberlo. Igual yo lo estaba.

“De todas formas, mejor para ti. Que puedas aguantar esto siendo un humano es sorprendente. Eres el único que he conocido capaz de soportar tal dolor sólo para aprender varias cosas” Me reí de su comentario sin evitarlo. “¿Qué te parece tan gracioso?” Me preguntó con los brazos cruzados.

“Dirás que soy el único ya que te he encontrado siendo exiliado ¿no?” Empecé a reírme más fuerte de él. Comprendió perfectamente ahora de mi razón para burlarme. No se inmutó para nada y me señalo diciendo que tenía razón y que no podía objetarle nada. Este descanso me sirvió para poder mentalizar y pensar un poco sobre lo que aprendí. Tome la costumbre de anotar apuntes a medida que aprendía cosas nuevas o se me ocurrían nuevas ideas.

“De todas formas, sigamos con el entrenamiento. Mañana empezaremos con el arco y flecha” Yo seguía pensando y todavía me encontraba en mi propio mundo. No lo escuche por lo que Leth me pateó en las piernas, logrando derribarme. “Dije que mañana empezaremos con el uso del arco a pie y en caballo” Se señaló su puntiaguda oreja en señal de que escuchara y asentí. Suspiré. Me tome la pierna porque la patada dolió bastante. “Y levántate por favor, hoy descansaremos para mañana” No me levanté sino que me quede en el suelo y me acomodé para poder descansar.

Sin darme cuenta, había pasado otro medio año sumando así un año en total desde que empecé a practicar. Ahora ya no era lo mismo que antes cuando empecé, ahora estaba más apto y capaz de poder responder ante los repentinos ataques de Leth. Sólo pude ganarle una vez cuando propuse combatir cuerpo a cuerpo y sólo con los puños. Luego de esa experiencia de poder ganar una vez, negó con mucha fuerza la idea de hacer lo mismo.

En el medio año que pasó, ahora podía decirse que ya estaba totalmente listo y preparado para cualquier situación. Día y noche, bajo la lluvia y contra las bajas temperaturas, las cuales eran muy pocas pero fuertes al aparecer, mi arqueria no paraba de mejorar. Aparte de eso, también me enseñó la arqueria montada, algo que sinceramente no tiene sentimiento alguno de expresar la idea de cabalgar y usar el arco. En la felicidad del momento le pregunté si podía ir por los arboles como ellos y usar el arco… Pero su respuesta fue un gran no. No estaba listo o no convenía que hiciera eso.

A pesar de eso, nada quitaba el hecho de que ahora podía considerarse que pudiera ser llamado o tomado como “un Noldor” debido al entrenamiento que hecho… o mejor dicho, el infierno que tuve que pasar y sufrir.

Ya tenía 12 años ahora. No lo celebre como el año pasado sino que para el día de mi cumpleaños, sólo descanse mientras me sentaba y charlaba con Leth el cual no dejaba de hacerme compañía en ningún momento. Ya era bastante alto, lo suficiente para llegar hasta la barbilla de un hombre adulto. Incluso podía suponer que, con mi altura, llegara a ser más alto que los niños de mi edad. Mi tez era blanca y mi piel era demasiado suave. Mi cabello por encima de todo seguía siendo el mismo, eso no sufrió ningún cambio salvo que creciera un poco más. Pero después de todo, tenía el mismo peinado. Liso, varios mechones sobresaliendo de mi cabeza entre grandes y pequeños y un flequillo el cual se inclinaba a un costado. Ojos finos al igual que las cejas, cejas que eran delgadas también. Por otro lado, Lethaldiran seguía exactamente igual, esperado como alguien de su raza.

“¿Ya es hora maestro?” Ya no lo llamaba por su nombre ni por otra forma, al final terminé por llamarlo así a pedido de él. Ya extrañaba también mi hogar y ver pocas veces a mis padres en este año hizo que mi sentimiento de anhelo saliera a frote al igual que mi sentimiento de niño.

“Si, ya es hora” Puso su mano en mi hombro mientras golpeaba mi pecho. “Espero que esto haya valido la pena” Sonreí con sus palabras. No tenía nada que decirle con respecto a eso y tampoco iba a hacerlo. Me aparté para buscar cerca de mi caballo algunas cosas. Hace semanas, un mensajero vino a donde habíamos montado el pequeño campamento para entrenar para darme algunas cosas, cosas de las que había mandado a algunas personas para que me trajeran. Llamé a Leth para decirle que se acercara hasta mí que debía darle algunas cosas, una de ellas una pequeña bolsa de cuero. “¿Qué hay aquí?” Miró confundido la bolsa. Le dije que la abriera y viera el contenido. Cuando lo hizo, una pequeña bola azul se reveló y sus ojos y boca estaban abiertos de gran manera, sin palabras y en shock.

“Antes de venir aquí, ordené a algunos soldados que vayan hasta donde te había dicho que estaba y, esta es la prueba de que estaba allí” Él seguía sin hablar y lo podía entender. Las Lágrimas de Dragones eran no sólo algo valioso sino que casi no existía ninguna en el mundo, siendo esta una de ellas. También saque el códice que tanto deseaba al principio así como otras cosas que escribí para que tuviera y se lo diera para poder recibir y salir de su exilio. Aquí está tu códice así como otras cosas y consejos con respecto a su ambiente. Si lo que me has contado es cierto, esto les fascinará” En total le entregué 4 libros, 3 que escribí y uno que era el códice.

“Quisiera saber pero a la vez no de tu forma de conseguir estas cosas” Recién salió de su estupor y su shock. Era normal que esté así. Conseguí cosas que otros no podrían todo gracias a mi conocimiento sobre el juego. “Con esto realmente podré volver a Elacrair… Je, nunca oí de alguien que haya podido volver de un exilio… Gracias” La única vez que escuche esa hermosa palabra y más de alguien que era racista como él, orgulloso y arrogante. A pesar de abrirse conmigo, su actitud era la misma pero ahora, eso cambió al ver las cosas que le prometí en sus manos.

Mire por encima de él solo para darme cuenta que algunos hombres de mi padre, a los cuales reconocí a todos y estos eran los que servían ante mi ahora, estaban detrás de nosotros. Leth se dio vuelta al sentir mi mirada que no se dirigía a su persona y los vio.

“Debo irme” Fueron mis palabras.

“¿A dónde vas?” Me preguntó con curiosidad. Sus manos aún sostenía la gema azul con mucha fuerza y la otra los libros.

“Te he dicho hace algunas semanas de que mi padre ha vuelto de su viaje a Ethos. Me ha inscrito en la academia de allí. Cumplí 12 hace poco la cual es la edad para poder asistir. Las clases empiezan dentro de medio año pero debo ir en unos días para poder entregar mis cosas a la pequeña ciudadela que existe allí” Ambos nos miramos a la cara, con una sonrisa cada uno. Avanzó hasta su caballo que estaba atado en un árbol y guardó con sumo cuidado la gema y los libros dentro de una bolsa que estaba colgada a un lado junto con otras cosas. Estaba por irme con los hombres pero, se dio la vuelta para verme y se acercó hasta mí.

“Toma esto, te servirá más a ti que a mí” Su arco y su espalda, ambas Noldor, ahora estaban en mis manos. Tampoco tenía palabras y mis palabras no salían tampoco. Pesé a que mentalmente era un adulto, no pude evitar soltar unas pequeñas lágrimas. “Si recuerdo lo que has dicho, dentro de 4 años volverás… Les contaré sobre ti y quizás algunos amigos vengan conmigo” Apoyo sus manos en mis hombros y yo aún con su arco y espada en mano. Me separé para darle las armas a uno de los hombres y que me las sostuviera unos minutos. Hecho eso, fui corriendo hasta Lethaldiran para darle un abrazo al cual correspondió. Apreté fuerte mis ojos para reprimir mis lágrimas. Años de conocerlo en el juego y dos para convivir con él fueron suficientes para verlo como un hermano mayor.

“Espero que cuando vuelta, estés aquí” Apreté un poco más durante el abrazo y luego nos separamos. Ambos nos dimos una reverencia y él fue el primero en retirarse del lugar subiendo a su caballo y saludando a todos para despedirse y salir galopando hasta perder su silueta entre los árboles. “Espero volver a verte maestro…” Me pasé mi brazo por los ojos para secar completamente mis lágrimas. Miré a los demás los cuales me miraban todos con una sonrisa. “Si si, incluso yo puedo llorar ¿saben?” Todos se rieron y me trajeron el caballo hasta mí para montarlo.

Después de tanto y ahora, es tiempo de prepararme para mi nueva vida académica.

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