The world of Pendor – Capítulo 11

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Capítulo 11 – Un largo y relajante viaje

Ya iba siendo la hora de partir y todos estábamos preparados para poder partir hacía Ethos, nuestro nuevo hogar durante al menos 4 años o al menos, el suficiente tiempo hasta que podamos graduarnos de allí y conseguir un buen puesto y rango en las filas del ejército del Imperio. No entendía la función entonces de que cada señor tenga su propio ejército respectivo a las tierras que tenía. Mi padre me dijo que esas cosas se iban a explicar en la academia con respecto a los ejércitos que, para ese entonces en el que yo me gradué, seré capaz de entender eso y muchas otras cosas más.

Con eso en mente, todas las personas que irían conmigo sumando la respectiva escolta, salimos del territorio de mi padre y empezamos el largo viaje a través de las llanuras hasta una de las grandes ciudades que tiene el Imperio: Ethos.

Al comienzo del viaje, que fue apenas media hora de salir, al galope del caballo todos estaban felices y sonriendo mientras charlaban a la vez que el aire golpeaba en sus rostros o disfrutaban del paisaje. Yo estaba disfrutando el viaje y por insistencia, viajaba entre medio del grupo. No éramos pocos, sumando las escoltas alcanzábamos el número de 20 personas, 10 niños que me incluían y 10 escoltas, guardias de mi padre y algunos, padres de los niños presentes. Obvio que todos se conocían perfectamente, han pasado la niñez juntos al igual que yo, sólo que las memorias pasadas que tengo no son del todo claras. Si recuerdo haber jugado con ellos en la niñez pero no recuerdo del todo si he hecho cosas buenas o malas. Más allá de todo, no quise entrometerme en sus charlas por lo que sólo me quedaba observando el paisaje.

La noche se acercaba y todos debimos parar por decisión de los guardias. Al menos tardaríamos una semana más en llegar a una ciudad cercana. Mientras tanto, debíamos descansar al aire libre, queriendo decir que debíamos armas nuestras tiendas o simplemente como yo, tirando una pequeña manta al suelo y dormir al aire libre. Tenía una razón para no usar mi tienda. Eran las estrellas. Este mundo, sus estrellas son simplemente hermosas y no tienen igual. El cielo no es negro, es un azul oscuro y la luna era blanca e iluminaba tan fuerte como el sol. A esto sumemos que tenía un libro a mano del cual leía de a poco. A diferencia de los estudios, esto era ya más un hobby. Pequeñas narraciones e historias de Pendor.

“¿Nunca te cansas de leer?” Estaba concentrado leyendo hasta que la pregunta me sacó de mi lectura e hizo que dejara mi libro a un lado.

“Para nada, me gusta leer” Fue mi respuesta. Todos convivían entre ellos pero yo, yo leía pacíficamente sin molestar a nadie. Ahora que alguien me había interrumpido, ya no podía leer tranquilamente. “¿Por qué la pregunta?”

“Porque todos estamos hablando entre nosotros y tú sólo lees. ¿No crees que debes pasar tiempo con nosotros?” Hasta cierto punto, tenía razón pero a la vez no. Podía pasar tiempo con ellos pero sólo quería leer un rato antes de tener que dormir. Mañana a la mañana debíamos continuar con nuestro viaje y había que descansar y estar frescos.

“Muy bien entonces” Extendí mis brazos e hice una reverencia mientras me acercaba al círculo para charlar con los demás “¿De qué quieren hablar?” Obvio que esto lo hice con una sonrisa, una sarcástica claro. Realmente no quería hablar hoy pero, bueno, a veces hay que complacer a las masas.

“Queremos todos saber que se siente ser entrenado por un Nol—“

“Horrible y no en el sentido de ser una mala experiencia” No lo deje terminar porque sabía muy bien la pregunta. Lethaldiran me dijo que su método de entrenamiento, si era catalogado, debía decir que era horrible y nada más que eso. Mi respuesta digamos que no fue bien recibida, generaba dudas y miradas entrecerradas, queriendo tratar de averiguar más.

“¿Puedes demostrarnos al menos lo qué has aprendido?” Me puse a pensar unos segundos y asentí. No había practicado en algunos días y necesitaba practicar constantemente, no podía oxidar las enseñanzas. Necesitaba un compañero y una espada. Obvio que la espada que recibí de regalo no la iba a usar, para nada. Uno de “mis futuros compañeros” me dio la suya. 85cm de largo y ancho casi como una mano, la típica espada que se utilizaba en el Imperio y una que usaban las tropas del mismo. Los chicos y también chicas, estaban contentos de poder verme ya que, curiosos eran por saber qué tipo de enseñanza obtuve gracias a la de un Noldor. Los guardias por otro lado no estaban contentos con esto, más sabiendo que ellos eran plebeyos queriendo desafiar o tener un duelo con alguien de la nobleza. Poco interesaba ya. El duelo de práctica estaba a punto de empezar.

“No iré fácil” Le dije que puede venir como quiera que no hubiera ningún problema y que soy capaz de manejarlo. Eso hizo que se molestara un poco, idea que estaba en mi cabeza.

Ambos estábamos preparados para el duelo y, quién hizo el primer movimiento fue justamente él. Hacerlo enojar fue algo que aprendí por cuenta propia ya que la gente que se ofende rápido tiende a cometer errores. Este chico, si mal no recordaba su nombre era Fausto, cargó inconscientemente para realizar un corte desde arriba. Lo único que hice fue, aun teniendo la espada en mano, hice un paso a un costado y lo esquive con éxito. Tras fallar, Fausto realizó otro corte pero esta vez de forma horizontal a mi lado izquierdo. Respondí poniendo la espada en su dirección de su corte con ambas manos para tener una mejor defensa. Ambas espadas impactaron y cuando ocurrió, sin dejarlo reaccionar use mi pierna para darle una patada en el pecho. No vio a tiempo la patada que esta logró impactarlo haciendo que diera algunos pasas atrás hasta que cayera arrodillado debido a que mi patada apuntó directamente al pecho pero sin darme cuenta, impactó en la boca del estómago, logrando que cayera sin aire por unos segundos. Con eso no se pudo mover y pateando su espada a un costado, apunte la mía a su cabeza, siendo yo el ganador.

“Creo que gané” Dije. Devolví la espada a su respectivo dueño, agradeciendo por ello y me senté cerca de la fogata para retomar el libro.

“Eso… no… no cuenta” Fausto trataba de hablar como podía pero seguía sin poder hablar bien por la falta de aire. Unos minutos después se repuso, dejando cara de alivio a los demás y dedicándome una mala cara a lo que le di una enorme sonrisa. “¡Quiero la revancha!” Gritó.

“Pero yo no quiero la revancha” No saqué la vista de mi libro y tampoco iba a hacerlo. No paraba de protestar por lo que le dije que por favor no gritara y que descansara. No hizo caso por lo que me vi obligado a concederle la revancha. El resultado fue el mismo. Luego de varios intercambios de espada, Fausto se veía en un estado miserable. No sufrió ningún daño sino que más que nada, todo el daño eran simplemente golpes. No quería matarlo ni tampoco herirlo por lo que me centraba en esquivar y luego golpear. Cabe decir que los golpes no eran ni fuertes ni débiles pero eran con la fuerza justa para hacer que le doliera.

Sentí un enorme alivio cuando se rindió. Como hombre de honor o eso se esperaba de mí, le di la mano en señal para ayudarlo a levantarse cosa que no se negó. A pesar de ayudarle, le dije que se recostara y descansara.

Los demás también se ofrecieron para enfrentarme en un duelo. No pude negarme y no esperaban un no como respuesta. Incluso uno de los guardias se ofreció como compañero de duelo.

Los 9 restantes no pudieron durar más de dos intercambios. Su tiempo de reacción no eran lo suficientemente rápido como para poder defender o intentar al menos, mis ataques. El guardia que se ofreció, por otro lado, pudo estar al corriente conmigo por algunos momentos. Pero mi velocidad llegó a superarle, logrando poner la punta de la espada en su garganta. Era mi victoria y todos me felicitaban y decían que con tal muestra de habilidad, no podía compararme contra nadie. Acepté los elogios para luego, decirles que por favor me dejaran leer en paz. Nadie reprochó esto y todos aceptaron, volviendo a como estaban antes.

Suspiré un poco luego de poder sentarme con el libro. Un pensamiento me llevó a otro y cuando me estaba dando cuenta, ya empezaba a dormirme. Me recosté bajo las estrellas. A pesar de estar en un campo abierto, estábamos seguros de que nada malo iba a pasarnos. De ser así, en menos de un día podemos regresar al Castillo de los Bosques.

“Sólo espero que esto no sea así todas las noches” Con los brazos cruzados y mirando al cielo, poco a poco llegué a dormirme y olvidarme de todo.

Lamentablemente, al otro día, ya una vez que habíamos guardado todo y resumir el viaje, a la noche luego de viajar unos tantos kilómetros, los duelos nocturnos se empezaron otra vez así hasta que llegase a una semana, donde se hizo costumbre tener duelos y luchas de prácticas en la que era un maestro para todos ellos. No podía leer en ningún momento y hacerlo mientras cabalgábamos no era buena idea. Siempre que quería leer, terminaba quedándome dormido.

En el último día, ya cuando la semana había pasado, cerca del mediodía, se pudo divisar a lo lejos unas enormes murallas de piedras y unas torres, donde se relucía un estandarte en la punta de las torres, ondeando gracias al viento. Estandarte que pertenecía a la familia Lancaster y una de las cuales ostentaban el rango de Conde.

Teniendo una ciudad enfrente, mis días de tener noches relajadas podían empezar de una vez y por todas.

Al estar acercándonos hasta las puertas de la ciudad, los guardias por unos momentos nos vieron de mala manera, digamos que tampoco estaban dispuestos a hablarnos o siquiera dirigirnos la mirada por unos segundos. Hasta nos hicieron aguardar en las puertas y que si nos atrevíamos a dar unos pasos, todos moriríamos. Yo mismo ordené que nadie se moviera hasta que se supiese que estaba pasando. La puerta se abrió de pronto, dejando ver a una joven mujer de cabello naranja acercándose hasta nosotros con un enorme grupo de soldados a sus costados.

“¿Puedo saber qué buscan?” Preguntó la chica de pelo naranja. La miré unos segundos, no porque me pareciera bella o algo así sino por su color de pelo. Era un color naranja demasiado fuerte y no lo había visto nunca en mi vida. Por libros, el Imperio si tenía gente con ese color de pelo pero no tanto como ella, casi siendo de color rojo.

“Buscamos un lugar para dormir, estoy cansado de tener que estar durmiendo afuera sin la protección de los muros” Mi respuesta ocasionó un “oh” por parte de ella. Dio una orden y los soldados a sus costados levantaban sus escudos y desenvainaban sus armas. “¿Qué… sucede?” Pregunté aun conservando la calma. Los demás estaban nerviosos, los guardias en cambió estaban expectantes de una inminente lucha.

“No damos la bienvenida a los ladrones que intentan estafar-nos”

“La familia Blackwood no son estafadores y ni siquiera ladrones… Oh sí, soy Sadren Blackwood, un gusto” Le di una sonrisa. La situación fue un enorme malentendido y esperaba que no ocurriese nada.

“¿Cómo puedo creerle señor Sadren?” Su tono fue sarcasmo y se notaba desde lejos. No dije nada, me baje de mi caballo, busqué en mi bolsillo de mi chaqueta y saqué una carta. Traté de acercarme hasta ella pero sus soldados me lo impidieron. Ella levantó su mano para que me dejasen pasar y por fin me acerqué a ella. Le di la carta y me la observé. Ella leía la carta y sus ojos se abrían de par a par y por como la veía, se notaba que estaba temblando.

“¿Es prueba suficiente?” Ella asintió y los soldados se retiraron del lugar al escuchar su orden. Todos y yo, suspiramos que no haya pasado nada malo. Pedí que mi carta fuera devuelta y ella, también bajando de su caballo, me lo diera en la mano con una sonrisa.

“Lo siento por lo anterior señor Sadren, últimamente hemos tenido problemas con algunos ladrones y otras criaturas”

“¿Qué tan graves son para desconfiar de niños de 12 años de edad?” Estaba un poco enojado. Desconocía que tan mala puede llegar a ser una situación de una ciudad para que desconfíen de chicos de mi edad.

“Jeje… Estamos un poco mal” Se rió mientras jugaba con sus dedos. La risa nerviosa, señal de todo peligro. No quería preguntar pero…

“¿Qué problema? ¿Bandidos? ¿Asaltantes? ¿Saqueadores? ¿Qué?”

El Culto de la Serpiente  y… algunos Orcos” Parpadee dos veces y le volví a preguntar si había escuchado bien. Volver a escuchar su respuesta una y otra vez me hizo entrar en trance y quedar sorprendido. Un poco mal no era la respuesta para tales grupos, eran problemas serios.

Me tomé la cabeza frente a ella y no pude evitar maldecir en voz baja. Lo que menos esperaba encontrarme o tener que lidiar eran los justamente con El Culto de la Serpiente.

“Esos no son problemas pequeños, son bastantes serios, ¿lo sabes no?” Ella asintió. No sabía ni yo como algo así puede ser tomado como algo pequeño. Ella parecía estar reprimiendo algo ya que la veía y su boca estaba apretando su mandíbula. Suspiré. Sabía que se veía ahora. “No hace falta que hables, te ayudaré a ti y a tu familia con tu pequeño problema” Eso hizo que la joven se alegrara. Por intentar adivinar, seguro que tenía mi edad y que los demás, 12 años. Me dio un fuerte abrazo y con eso nos invitó a todos a pasar.

Pensar que tengo la oportunidad de pasar unos días tranquilos, ahora debo lidiar con algunos “problemas pequeños”.

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