The world of Pendor – Capítulo 13
(Capítulo narrado en tercera persona. De ahora en adelante escrito en este formato de 3ra persona)
Capítulo 13 – Problema resuelto
Tras dichas charlas para comprobar la situación en la que estaba el territorio, Sadren hizo una pequeña reverencia tanto a Zoey como a su padre y se retiró de allí para poder hablar con sus acompañantes y aconsejarles que, debido a las circunstancias, debían irse cuanto antes hasta Ethos y conseguir lugares para ellos mismos y que no debían preocuparse por él porque estaría demasiado seguro.
Una de las sirvientas a que se le asignó para su pequeña estadía, le indicó por donde estaban los demás. Entró y vio que todos estaban allí, hablando y riendo entre ellos, ignorando por completo la situación en la que estaban. Era de esperarse, todavía eran niños y les faltaba todavía madurar y, no era del todo aconsejable que unos niños reciban una pronta madurez por lo que, cuando entró y fue visto por todos, les dijo a cada uno de ellos que era mejor irse cuanto antes que luego él llegaría. Todos mostraron su descontento y que ellos querían quedarse para ayudarle. Su respuesta fue un no rotundo. Apreciaba la ayuda pero como futuro señor, sus vidas valían más que la de Sadren por lo que no se sentó a discutir para nada. Todos a duras penas aceptaron su idea y se empezaron a preparar todas sus cosas. Los guardias que fueron con ellos, que también se mostraron reacios, acordaron escoltar a todos los chicos hasta la academia donde podían estar seguros. También había pedido a Zoey si podía darle algunos hombres más para que los ayuden a escotarlos, pedido que no fue rechazado y fue aceptado sin ningún problema.
Ahora que todos ellos contaban con suficiente apoyo para poder viajar seguro, además de que daba la casualidad de haberse unido a una caravana comerciante, no tardarían llegar a su destino sin tener que sufrir alguno que otro contratiempo.
Con ello asegurado, ahora sólo quedaba ayudar al territorio con el fin de asegurar la seguridad del mismo y además de ellos, Sadren pensaba que sería muy conveniente poder contar con algunos aliados o socios, como quieran ser, el estaría encantando de tenerlos.
Ahora que todo estaba ya asegurado, se volteó a ver a la sirvienta y le pidió que le llevara alrededor de la ciudad. Quería ver todo. Lo que le llamaba la atención fue los lugares de comercio porque quería conseguir algunas cosas donde en el juego, eran muy fáciles de adquirir. Preguntando también, supo que en esta ciudad había algunas cosas que en su hogar no había. Precisamente era un lugar para comprar esclavos. Cuando le quiso preguntar sobre quiénes eran los dueños de estos comercios de esclavos, pertenecían a la Hermandad Roja.
Hermandad Roja.
Como decía su nombre, era una hermandad pero no como las que existían en el mundo. Esta precisamente se encargaba en capturar gente y luego venderla, sin importar quieres o que eran lo que vendían. Incluso podían vender y comprar esclavos que pertenecían a su propia Hermandad. Por eso mismo Sadren se encontraba debatiendo personalmente si era bueno ir a conocerlos en persona. Algo que llegó a su curiosidad fue preguntarle a la mujer como era que conocía que eran de la Hermandad. Ella solamente respondió que estuvo presente en una charla que tuvo con ellos alguna vez y que, con permiso del señor, abrieron un local para comprar y vender. Sadren no pudo evitar agradecer la información y con algo de dinero, le dio algunos denarios a la sirvienta que, como era de esperarse, no pudo evitar dar gracias por tal generosidad y le preguntó si necesitaba a alguien para escoltarlo antes de llevarlo a la ciudad. Él se negó y le dijo que bastaba que sea alguien que supiera bien la ciudad.
Unos minutos espero hasta que la sirvienta trajera consigo a un guardia de la casa Lancaster que llevaba en su escudo el logo de la casa y que, esta persona era la indicada para darle indicaciones del lugar. Mientras esperaba, también le dio a la sirvienta un papel con un dibujo, dibujo que hizo que miraba confundida hasta que Sadren le dio una explicación rápida de lo que era y para qué. Con la explicación escuchada, partió de inmediato.
— ¿Tu eres Sadren verdad?
—Lo soy. Al parecer tú eres la persona que me llevará a ver los alrededores así como el negocio de los esclavos ¿no? —Ambos asintieron y se dieron la mano. El hombre le dijo su nombre, Vibius. Hombre alto y con una larga barba que cubría toda su cara. No sólo su escudo llevaba el estandarte de la casa sino su armadura que por encima de la cota de malla, tenía una sobreveste con el estandarte de la casa.
— ¿Qué era ese dibujo que le diste? —Preguntó con mucha curiosidad. La apariencia de la persona que dibujo iba más allá de los estándares de la belleza.
—Una guía para poder verificar a las personas del Culto, más que nada las mujeres —sonrió mientras hablaba —le es imposible ocultar su acento y si llegan a dar con estas características las mujeres, es muy probable que sean descubiertas. Pero dejemos las charlas y vayamos por ahí, quiero ver la ciudad —Se adelantó dejando atrás a Vibius quien suspiraba tratando de seguir a un niño.
Fue entonces cuando ambos, Vibius explicando las construcciones de la ciudad y los alrededores, la historia del lugar y los puntos fuertes que tenía, cosa que Sadren sabía de antemano pero fingía no saber nada, ambos llegaron a notar de cerca a varias personas que llevaban varias capuchas así como miraban para ambos lados, trayendo sospecha en Vibius quien no dudaba en dejar a Sadren atrás para interrogar a ellos.
Pero no pudo hacerlo porque justamente, algunos guardias que estaban patrullando por allí notaron a estas personas que se cubrían por completo a la luz del día.
Tanto Sadren como Vibius miraban la escena sin moverse y no tan lejos del lugar. Se colocaron entre la gente para que ellos no fueran vistos por los guardias ya que, probablemente reconocerían a Vibius y preguntarían por su consejo. Por eso fue que permanecieron alejados de ellos.
La conversación o más bien la interrogación parecía ir en buen camino. Pero de la nada, no se sabría qué habría pasado entre ellos que de la nada, estas personas encapuchadas empujaron a los guardias hiriendo a uno en el proceso.
Vibius ya estaba preparado para perseguirlos pero antes de siquiera moverse, varias flechas pasaron cerca de su oreja, rozando y haciendo un sonido peculiar. Flechas que observo como impactaron en las personas, que contándolas eran tres, justamente en la cabeza. Más increíble le parecía ver que las flechas pudieran pasar por entre las personas que había allí, las cuales vieron toda la escena y se fueron de allí enseguida. Miró atrás suya solo para ver a Sadren que sostenía su arco aun en mano y con una sonrisa enorme en su rostro.
—Al parecer le di a los tres… Parece ser que eran del culto —Los dos, siendo Sadren a la cabeza, caminaron hasta los que ahora eran cadáveres.
Vibius no podía creer que un niño de 12 años pudiera tener tal puntería y más sabiendo que gente estaba en el medio, imposibilitando un tiro seguro. Cuando vieron los cuerpos, los dos guardias quienes estaban tirados en el suelo reaccionaron también para inspeccionar los cuerpos. Eran las tres personas mujeres y llevaban bajo la capa una armadura que sólo cubría su torso y sus hombros, llevando muñequeras. La armadura llevaba también una falda de hierro que no llegaba a las rodillas, revelando gran parte de sus hermosas piernas. La similitud no solo estaba en las armaduras que ellas llevaban sino también su color de cabello. Eran castañas y cuando vieron sus ojos abiertos de asombro, el color de todas era verdes oscuro.
—Problema del Culto de las Serpientes listo. Ahora hay que encargarse sobre el otro problema
—Alto, ¿cómo que está resuelto? —Uno de los guardias que conocía del problema preguntó alarmado. Si sabía que era tan fácil, ¿Cómo entonces se desperdició tanto tiempo en ello?
—Sólo las mujeres de dicho culto pueden adiestrar y entrenar a las niñas que capturan. Sus seguidores no pueden y eliminando a estas tres mujeres, es muy posible que el problema se haya resuelto. Si ellas estaban aquí, muy posible que alguien les esté dando cobijo… —Sadren se puso a pensar un poco. Si alguien diera cobijo a un culto sumamente peligroso como lo era este, debían conocer a ciertas personas—. Vibius, ordena a algunos hombres que registres las posadas, de preferencia que sean aquellas para gente de bajo recursos —Vibius no quiso seguir su orden pero tampoco perdía nada con hacerlo.
Al siguiente día, imposible parecía pero la suposición de Sadren fue correcta.
Se encontró varios seguidores del Culto estacionados en una posada de bajo recursos. Eran alrededor de 30 personas pero estos no eran simples seguidores, eran caballeros del mismo. Hombres que eran desertores de algunos reinos y eran cautivados por la voz de las sacerdotisas, algo que el Imperio quería erradicar para siempre.
Se tuvo suerte de que estos caballeros cuando fueron atrapados estuvieran durmiendo. Sadren sabía que despiertos eran demasiado peligrosos y por eso, ordenó también que se le capturaran en la noche, hora que nunca esperaban que vinieran.
—La verdad no esperaba que en tan sólo dos días pudieras solucionar el problema
Sadren se encontraba ahora de nuevo en la oficina del padre de Zoey quien le comentaba que le parecía un enorme logro para alguien de su edad deducir tales cosas
—Sí, yo menos. Ahora pasemos al que sigue, quiero ir a la academia cuanto antes
—No te preocupes por ello, se ha solucionado ya el problema —Sadren lo miró confundido y le preguntó si eso era cierto. Él asintió pero dejo en duda a Sadren quien todavía no podía entender como puede ser posible para que hayan solucionado el problema.
— ¿Puedo irme entonces?
— Claro. Mañana mi hija junto con sus acompañantes saldrá mañana. Iras con ellos por motivos de seguridad
Con una pequeña reverencia, Sadren se retiró de la habitación sin decir nada más y se fue directo a descansar. Ahora sólo le quedaba esperar para mañana para irse.
Al siguiente día, esperando fuera del castillo de la familia Lancaster a Zoey junto con sus acompañantes, leía un libro encima de su caballo.
Unos ruidos le sacaron de su lectura y levanto su vista para ver de dónde venían los ruidos. El ruido venía del interior del castillo donde Zoey y su grupo salían. Era un grupo bastante grande por lo que Sadren no sabía del porqué tener una enorme escolta tras ella. Fue entonces cuando al frente de todos no estaba Zoey, era otra chica. Cabello dorado tirado todo hacía atrás y sujetado con formando una cola de caballo, siendo un mechón de cabello el que sobresalía hacía delante. Ojos afilados y finos, cejas de la misma forma y su cara, era simplemente perfecta.
El grupo empezaba a pasar por el lado de Sadren que sus ojos se movían al mismo tiempo que esta chica de cabello dorado avanzaba. Ella clavó su mirada en Sadren y así, sus ojos se conectaron por unos segundos hasta que ella siguió avanzando.
—Veo que su belleza te ha cautivado ¿no? —Zeoy se acercó hasta Sadren quien todavía no quitaba su vista de ella.
—Miraba más que nada sus acompañantes. Veo que esa fuerza que lleva fueron capaces de ocuparse del problema de orcos —Estaba mirándola a ella pero centro su vista mejor en las personas detrás de ella. Todos jinetes y llevaban armaduras de placas negras junto con unos cascos de cabeza de lobos. Eran los Lobos Sombríos, orden de caballeros altamente potentes y capaces de destrozar lo que sea si se enfrentaba a enemigos débiles.
—Es normal que la hija de un Legatus sea acompañada con tal fuerza
Legatus, la mano derecha del emperador y el comandante superior de sus ejércitos. Ser hijo de un Legatus significa tener un prestigio y ser adorado y reverenciado por todos los nobles y plebeyos. Incluso el título de Duque no le salvaba de no realizar una reverencia.
Con eso en mente, Sadren ahora tenía que ser demasiado cuidadoso con lo que decía frente a esa chica ya que, ofenderla sería un error irreparable.
—Espero que este viaje no suceda nada
Murmurando, guardó sus cosas en las bolsas que estaban al costado de su caballo y se unió al grupo en su viaje hasta Ethos.
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