The world of Pendor – Capítulo 18

Modo noche

Capítulo 18 – Petición y “verdad”

Cuando Sadren solicitó poder volver a ver a la esclava a la cual había sido obsequiada como resultado de adivinar algo sobre Iris, se le concedió tal permiso. Necesitaba poder al menos entablar alguna conversación con ella. Antes de eso, pidió de nuevo a Iris que le diera algo de ropa nueva a Snow quien no le gustaba para nada el vestido que llevaba por lo que le recomendó que si le daba una armadura de cuero reforzada, sería perfecto para ella. No se negó para nada. Al parecer, Iris estaba dispuesta a aceptar los pedidos de Sadren desde que le dio una gema extremadamente valiosa y suficiente para cubrir muchas cosas y entre esas cosas estaban las cosas que él pedía.

Mientras Iris hacía las cosas que Sadren le pedía, él se encontraba frente a la celda donde estaba la oni. Sus razones estaban  en que buscaba en parte un guardaespaldas personal que le siguiera a todos lados como Snow pero también estaba interesado en su raza. Los onis no existían en Pendor para nada y era la primera vez que los veía. La información tampoco era mucha, era casi nula. Por eso mismo estaba interesado en la oni, conocer más sobre ellos.

Trato de llamarla un poco, para que sepa que estaba presente pero no hubo respuesta alguna. Volvió a llamarla pero nada, no había respuesta alguna. Seguía como la otra vez, casi sin vida ya que no se movía.

Decidió entonces que quería entrar para estar frente a frente y no detrás de las rejas. Por lo que tuvo que pedirle permiso a uno de los guardias que le dejara entrar, decisión que hizo que el guardia se quedara boquiabierto por unos segundos dudando hasta que Sadren le dijo sólo con su expresión seria que abriera la celda. No quiso hacer comentario alguno por lo que la abrió, espero que entrara y luego cerró la misma por petición de él.

Ahora que estaba cerca de ella, pudo notar mejor sus rasgos físicos así como su apariencia. Debajo de su sucia apariencia y su expresión sin vida. La piel rojiza fuerte y su cabello corto y parecido al suyo pero de un color blanco, casi parecido al de Snow. Su cara estaba también sucia y de lo poco visible que veía de ella, era igual de joven que él.

Sin pensarlo dos veces, se sentó frente a ella sin decir nada. Le miró de arriba abajo unos cuantos segundos para analizarla mejor. Todo su cuerpo, que al menos estaba cubierta con harapos, demostraba lesiones y cicatrices y alguna que otras heridas aún sangrantes. Tal estado parece que no ha sido cuidado o al menos intentado en querer mantener las heridas. Ver tal cantidad de heridas le hizo recordar a las que tenía que no eran para nada comparables pero, sintió la misma sensación.

— Oye, ¿estás bien?

La oni miró a Sadren dejando ver sus ojos de color ámbar que no tenían brillo alguno y eso hizo que un leve escalofrío pasara por todo su cuerpo. Tampoco hubo respuesta alguna con ello. Sus ojos miraron al suelo de nuevo. Estaba claro que entre ambos no podían tener una conversación.

— ¿No vas a responder? –Sadren poco a poco se acercaba, siempre manteniendo una distancia razonable contra ella. Los pocos informes de su raza decían algo de ellos, acercarse demasiado a ellos era considerado un suicidio y muerte asegurada. Además de eso, a ellos y a unas cuantas razas en específico se los tomaba como parte de los ejércitos de los herejes, ejércitos por parte de los demonios y por esa información en su mente quería verlos—. ¿Cómo has obtenido todas esas heridas?

— Peleando

Al fin había obtenido una respuesta e internamente estaba celebrando. Pero no podía dejar que sus emociones salieran a la luz, debía y tenía que estar serio de momento.

— ¿Por qué peleabas?

— … -Hubo silencio unos momentos pero levantó su cabeza para mirar a Sadren quien no sabía cómo verla a los ojos porque no esperaba que le mirara a los ojos—. Peleaba para sobrevivir

— ¿Sólo para poder sobrevivir?

Ella asintió levemente. Era muy posible que la razón sea otra o alguna muy parecida a lo que dijo pero le sería imposible poder obtener la respuesta que quería. Por eso mismo no trato de forzar una conversación o tratar de acercarse hasta ella más de lo que estaba.

No quiso ya de todas formas charlar, creía que todo lo que tenía que decirle ya se lo dijo. Escatimar en querer hablar con ella sabiendo que no iba a responder las cosas que tenía que decir por lo se levantó dónde estaba sentado y se dirigió hasta la puerta de la celda, haciendo una seña al guardia para que le abriera.

Para antes de que pudiera salir y viniera el guardia, sintió que algo tiraba de su ropa y al darse vuelta pudo ver a la oni que le miraba. Sus ojos ya no eran sin vida, ahora si tenía algo de brillo pero no tanto.

— Si voy a servirte, tengo algo que pedirte…

———

— ¿Y bien?

— ¿Y bien qué?

— ¿No vas a contarme lo qué has hablado con esa mujer de rojo?

— Le dije que tenía que saber que era su nuevo señor… Digamos que medio aceptó la idea.

Le trató de explicar más o menos lo que le había pedido ella antes de que se retirara de la celda y venir hasta la sala de nuevo donde se encontraba sentado a un lado de Snow quien no desperdiciaba el momento de probar cosas que había en una pequeña mesa junto con algo de vino, cosas que nunca había podido probar. Su atuendo cambió completamente. Ahora llevaba una armadura especialmente hecha de cuero con algunas partes, siendo ejemplo las hombreras, recubiertas con algo de piel. Toda la armadura cubría su torso, dejando a la vista sus brazos los cuales tenían marcas negras que representaban las franjas de su raza y completaba con unos brazaletes del mismo material. Tal armadura hacía resaltar toda su figura y lo que más le sorprendía era que tenía una apertura perfecta para su cola. Realmente Iris se tomó las molestias para ello.

— Vaya… ¿esa fue su razón para pedirte eso? –Sadren asintió con ello mientras también tomaba algo de vino del cual difícilmente se despegaba Snow—. En cierta medida se parece a nosotros

— Se parecen pero no son lo mismo para nada al mismo tiempo.

— ¿A qué te refieres con eso? –Sadren terminó su copa de vino y se levantó poniéndose frente a ella con una mirada seria. Segundos luego, se acercó hasta tener su cara cerca lo cual Snow se movió hacía atrás por dicha acción—. ¿Qué diablos haces?

— Mirarte más detenidamente. Tus marcas en la cara, ¿por qué tienes tan pocas? –Su pregunta hizo que Snow alzará una ceja confundida. No entendió hasta que Sadren le dio una pequeña sonrisa y luego se reía un poco de ella. Como toda “mujer”, no pudo evitar ruborizarse un poco—. Veo que es por eso… No hace falta decir nada, entiendo tu razón para ser virgen.

— ¿Cómo puedes entender siendo apenas un maldito niño?

Eso lo hizo poner a pensar. Como sabía que ella estaría todo el momento a su lado actuando como guardaespaldas, debía contarle la razón de todo su conocimiento y sabiduría.

— ¿Prometes no decir nada a nadie? ¿Tengo tu confianza y tu promesa de qué esto no saldrá nunca de tus labios? –Snow de repente notó el cambio de Sadren. Ya no estaba sonriendo, ahora sus ojos y su mirada se volvieron fríos. Ella pensó unos segundos para luego asentir con la misma expresión que la de él—. Para asegurarme, ¿los chamanes de tu tribu o de los Clanes de la Montaña son capaces de usar magia? –ella asintió. Él no conocía del todo si podían usar magia pero si podían sólo los chamanes eran los únicos capaces de poder hacerlo. Entre eso y otras cosas que recopiló mientras leía algunas cosas en estos días—. Bien… Ellos tienen un ritual, una especie de hechizo que si memoria no falla, tiene algo que ver con las almas de las personas muertas.

Quería decirle que era realmente de otro mundo, muy diferente a este. Pero algo en sí le decía que no debía hacerlo. Por eso, con algo que también sabía por parte del juego y gracias a los libros, utilizó un contexto distinto para explicar su razón de saber tantas cosas.

— El ritual del cual hablas consta de poder hacer que el alma de una persona descanse o, si se hacen ofrendas suficientes, traer a la vida a una persona que recientemente ha muerto siempre y cuando el cuerpo del mismo esté en posibles condiciones. En diferentes casos, un cuerpo que sea apto para que el alma pueda poseer dicho cuerpo –Tras su explicación, Snow miraba a Sadren con curiosidad tras su explicación. Estaba con una pequeña sonrisa la cual no entendía. Hasta que en su cabeza hizo click y se dio cuenta de la razón de su sonrisa. Sus orejas y su cola se tensaron y repentinamente se levantó dónde estaba sentada para tomar a Sadren de los hombros y sacudirlo desesperada—. ¡¿Eres un retornado?! ¡¿Esa es tu razón para saber tanto?!

La voz de desesperación en Snow era evidente. Sadren no conocía el hecho de ser un “retornado” pero por la forma en la que Snow le miraba, una expresión de susto y desesperación, quedaba claro que era algo muy importante. Ahora estaba pensando si decirle esto era algo malo. Ya no había vuelta atrás. Debía continuar con lo que estaba diciendo.

Sólo asintió con la cabeza. Snow le soltó para caminar por la habitación unos segundos, tomando su cabeza procesando la información de que el niño que estaba frente a él sea alguien que en su cultura era el llamado retornado.

— No puedo creer que seas realmente un retornado… Es imposible de creer

Ella estaba ahora sentada en el sofá con la cabeza en las nubes mirando al techo, incapaz de realmente creer que la persona que la compró sea lo que contaban las historias de las nodrizas de su tribu sean ciertas. Su mirada en Sadren ya no era algo que podía decir o referirse como “señor” ahora.

— Me es difícil también saber que tu raza exista.

— Alto, ¿cómo que mi raza exista?

— Como dijiste, soy un retornado pero no de hace años sino de un tiempo diferente. Sé que es difícil de creer pero, ni tú ni ninguna raza que hayas conocido hasta venir aquí existe de donde venía… Todas las razas fueron extintas y lo único bueno fue que almacenó bastante información de ellos… Ver diferentes razas aquí e información de las mismas es… maravilloso.

Sabía que estaba mintiendo pero no tenía otra cosa que decir. En el juego no existía nada de lo que estaba contando, sólo eran cosas que decía para hacer que su historia quedara bien y no se encontrara ninguna mentira en él. Todo lo que aprendió fue debido a las enormes horas y horas de lectura que tenía. Además, su gran nivel de comprensión y su infinita memoria entendió que estas dos cosas fueron dadas por la persona que lo transportó aquí, a Pendor.

— Realmente estoy sin palabras… Sigo sin creer las cosas que me has dicho…

Ella negaba una y otra vez observando todavía el techo. Mucha información en tan poco tiempo hizo que su cabeza casi estallara. No sabía que decir ni hacer. Mirar a un niño como Sadren quien sabe su idioma ya era algo muy raro y que ahora dijera y confesara ante ella que era un retornado, ya era otro nivel de compresión para ella. No dijo nada por algunos minutos. Sólo hubo un silencio no incomodo sino algo tenso por el ambiente. Tenso por el hecho que mientras Snow estaba sentada y mirando a la nada, esa mirada apuntaba directo a Sadren quien estaba parado aún sin moverse ni nada por el estilo.

Fue recién hasta que llegó a pasar una hora, ya llegando un poco el atardecer y el sol poco a poco ocultándose cuando Snow por fin se movió y salió de su pequeño trance. Internamente estaba debatiendo sobre todo y qué hacer.

— Al fin te mueves, empezabas a preocuparme. Pensaba que te habías congelado –Ahora Sandren se había sentado, ignorando la vista de ella quien seguía sobre él y nunca se despegó. Snow se levantó y se puso ahora delante de él—. ¿Qué sucede?

— Nada, nada. Es impresionante saber que un niño como tú sea tan especial –acto seguido se arrodilló frente a él agachando su cabeza—. Juro mi lealtad ante ti, enano.

Sadren soltó una carcajada, asegurando que era la ceremonia de lealtad que mejor había escuchado en su poco tiempo que había estado en Pendor. Esto hizo que Snow se levantará y se quejara ya que, jamás su raza se doblegaría ante nadie… salvo en un caso demasiado excepcional y este lo era. No negó nada de ello, sólo le pareció en cierta parte curioso y gracioso a la vez su juramento de lealtad.

Formalidades después, Sadren tenía que volver a la academia ya que en poco tiempo debía asistir a la ceremonia y si llegaba a faltar, por una pequeña advertencia por parte del director, sufriría enormes cantidades de castigo. Con ayuda de las sirvientes de Iris y con ropa formal de una buena calidad para este tipo de fiestas y junto a Snow, quien sorpresivamente podía usar una especie de magia que le permitía ocultar tanto su cola como sus orejas, partieron hacia la academia.

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