The world of Pendor – Capítulo 7

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Capítulo 7 – Lethaldiran el Exiliado

“¿Cómo conoces mi nombre humano?” Estando herido no podía impedir que su actitud cambiara. Seguía siendo la de un típico Noldor, orgulloso incluso hasta la muerte. Pero de todas formas, no pude responderle, estaba más sorprendido por el hecho de que me encontrase a Lethaldiran aquí en los bosques y más estando herido.

“¿De verdad eres Lethaldiran? Vaya… Que suerte la mía” Mi risa no pudo contenerse, realmente esto me parecía gracioso. Eso hizo que él se enojara más y desenvainara su espada. Intentó caminar hasta mí pero no podía, su herida en el estómago le impedía hacerlo. “Oye oye, no te esfuerces. Si te sobre esfuerzas será peor” Quise acercarme pero me apuntó con la espada. “De verdad te lo digo, no te muevas. En serio quiero ayudarte” Le hice señas de que se calmara con las manos mientras lo miraba con los ojos abiertos. Parece que su herida cada vez se hacía más grande lo que me preocupaba.

“¿Ayuda? ¿De un humano?” Me miró con sus ojos entrecerrados. La herida de su estómago se iba a seguir abriendo por lo que quería ayudarle, más sabiendo que era alguien que aparecía en el juego. Tenerlo a mi lado sería demasiado genial. Se miró así mismo por su herida y alternaba entre eso y mis ojos. “¿Cómo sé que no vas a mentirme y matarme luego?”

“Oye, eso lo pude hacer antes y aquí estamos, hablando mientras te estás muriendo” No iba a mentirle, claramente la situación era justamente esa, hablando mientras él se muere. Su herida sabría que pudo venir de una pelea y puede ser ocasionada por la espada. Ahí es cuando mi duda empezó a surgir ¿cómo diablos y qué cosa fue lo que hizo para que esa armadura fuera incluso dañada a tal punto? La armadura que llevaba era básicamente una de las mejores del juego por lo que es imposible que se dañara a tal punto.

El movía la cabeza y asentía en ese movimiento, dándome la razón de ello. Tomo su espada y lo volvió a guardar y se sentó en donde estaba. Su expresión de dolor en su cara se hacía cada vez más notar y con ello conllevaba el no poder moverse. Le pregunté si podía acercarme hasta él y con algo de tiempo asintió.

Caminé despacio y con pasos cortos mientras me acercaba, no quería que pensara que realmente le iba a hacer algo. Con ese estado también era muy capaz de matarme y morir con tal de que ni un humano le ayudase.

“Voy a necesitar sacar tu armadura para poder ver la herida” En parte, era la idea pero por otro era deshacerse de la armadura. Ya no servía y no creo que alguien en mi hogar sea capaz de poder repararla a lo que era antes.

“Y dime algo niño, ¿por qué debería? ¿Acaso sabes cómo tratar heridas?” Quiso reírse pero por el dolor no pudo tanto como quisiese.

“Bueno… He leído bastante acerca de estas cosas por lo que no debe haber ningún problema” Esa era mi excusa y la que dije con una sonrisa mientras Lethaldiran me miraba con una expresión fría y sin decirme una palabra. Era la cara de alguien a quién le estaban viendo la cara de tonto y conocía esa cara a donde fuese.

“Por leer un libro ya eres un médico… Perfecto…” Las siguientes palabras no entendí que dijo pero por adivinar, no creo que haya dicho nada bueno de mí, su expresión de dolor cambiaba varias veces y gracias a mí, en cualquier momento se iba a morir. Seguía hablando y hablando y sin que dijera nada, me puse a su lado para quitarle la armadura.

Al momento de tocar su armadura, no tengo idea que fue lo que paso pero empezó a romperse y a caerse pedazo a pedazo. Incluso él estaba mirando su propia armadura que caía a pedazos. Nada de ella quedo luego de varios segundos de mirar su armadura.

“Que practico…” Asentía mientras seguía con mi propio asombro. Él por otro lado me miraba serio y sin una palabra. Con esto pude ver al fin su herida. Abrí la boca con sólo verla “Pero… ¿con qué diablos peleaste para tener una herida así?” Su herida empezaba por debajo de su pecho y terminaba casi hasta su vientre. No era sólo un corte pequeño. No. Era una herida profunda y una de la cual podía morir si no se trataba enseguida.

“¿Algunos de tus libros menciona o dice algo sobre los Defensores del Bosque?” Negué con la cabeza. Eso era un término que nunca oí hablar ni aquí ni en el juego mismo. Se rio o eso intento, la herida no lo dejaba reírse para variar. “Entonces es mejor que no lo sepas o que nunca te lo cruces” Su sonrisa me dejó tonto. Claro, por eso estaba herido de tal manera.

Cerré los ojos unos momentos y resignando mi prenda nueva, arranqué como pude algunos pedazos de él para poder cubrir como fuese su herida de momento.

Para cubrir toda su herida tuve que usar mi chaqueta, toda básicamente. Sin la chaqueta, tenía una camiseta de lino del mismo color que mi chaqueta por lo que no habría mucha diferencia tampoco.

Su herida de momento estaba cubierta por completo pero no quitaba el hecho de que perdiera más sangre o que el dolor pasara. El dolor no se iba y la expresión de Lethaldiran empeoraba y se podía notar que por la pérdida de sangre se ponía pálido.

Lethaldiran me miró y quise decirle algo pero me dijo que guardara silencio. Lo miré a la cara mientras él miraba a su alrededor. Quise preguntar qué pasaba pero seguía callándome. Con el silencio se pudo escuchar ruido en la tierra. Lo miraba a la cara mientras él hacía lo mismo conmigo advirtiéndome de que alguien se acercaba. Me di media vuelta y de lejos se podía ver a dos personas en caballos galopando a toda velocidad.

Preocupado estaba que estuviera en peligro. La suerte que tengo es enorme porque eran guardias de mi padre y me hizo suspirar aliviado. Le dije que eran guardias de mi padre pero aun desconfía de que no le hagan nada malo.

“Mi señor…” Ambos bajaron de sus caballos al verme. Me había adelantado algunos pasos cuando Leth me había avisado de que alguien venía y debía dar la cara o más que nada, mostrarme para que nadie lo vea. El hombre que se acercaba hasta mí se notaba que sudaba y estaba cansado “…me alegra de que no le haya pasado… nada” Lo veía tomar aire y le dije que se calmara. Por otro lado, el acompañante de este me miraba entrecerrando sus ojos y por encima de mi hombro.

“¿Qué pasó con tu atuendo y que es esa sangre?” Mi miré y tenía manchada parte de mi camisa y mis manos. Me quedé congelado. No sabía que hacer ahora. Empezaba a sudar ya que tenía miedo. “¿Sangre azul?” Se acercó hasta mí y cuando lo hizo, miró a través de mí sólo para poder ver a Leth. Abrió los ojos así supuse que fue por eso. Volvió a mirarme y puso ambas manos en mis hombros “¿Te encuentras bien?”  Su tono cambió. Ahora sonaba preocupado, mirándome seriamente y respirando por lo boca que por cierto, su aliento no era bueno.

“Eh…” Traté de hablar pero nada salía. No importa que tanto tratase, no podía decir una palabra. Seguía parado sin poder moverme tampoco, temía lo peor para él.

“No te preocupes por nada joven señor, me encargaré de los problemas” Desenvainó su espada y su intención era dirigirse hasta Leth, el mismo que estaba sentado y su expresión seguía siendo fría y seria, sin ninguna emoción alguna e ignorando el dolor. No deje que el guardia se alejara de mí y lo tomé de la mano a lo cual volteó para ver por qué no avanzaba solo para verme a mí tomar su mano “¿Mi señor?” Preguntó.

“No… No le hagas daño” Estaba nervioso. No quería perder la oportunidad de tener a Leth bajo mi mando y no ser capaz de defenderlo como un adulto, me daban ganas de golpearme. No debía perderlo para nada.

“Pero es un elfo señor, ¿no conoce el peligro que son estas criaturas?” Me contestó alzando la voz para que recapacitara.

“¿Sabes lo que vale si llega a recuperarse?” Fue ahí cuando el guardia intercambio miradas con él y conmigo. Solté su mano para ver acción tomaba ahora. Guardó su espada y entendió a lo que dije. Pidió disculpas por haberme alzado la voz a lo que no hice caso y eran cosas del calor del momento. También le dije que él y su compañero vayan en busca de una carreta para poder transportarlo hasta el castillo ya que si se lo llevaba en caballo iba ser para peor. Esa explicación le di al que quería matarlo pero el otro, el cual se mantuvo neutral y sin decir nada y contaba con mi aprobación con anticipación, le conté realmente la idea que tenía. No se negó pero tampoco lo aprobó. Tenía miedo de que algo pasara con él por lo que, cualquier cosa que llegara a pasarle, contaba con mi apoyo y con mi protección. Tras eso, ambos subieron a sus caballos y se fueron galopando rápido para el castillo.

“¿Qué le dijiste a ese humano?” Leth, quien estaba sentado sin decir nada, ahora estaba parado a mi lado mirando a los otros dos irse. Lo miré de arriba y abajo y no dije nada, ignorando que ahora podía caminar sin ningún problema. “¿Qué pasa?” Notó mi mirada y cómo no decía nada de su “pronta recuperación”. “¿No te sorprende qué esté bien?” Negué con la cabeza.

“Sabía que podía usar magia” Me reí un poco. No estaba sorprendido, estaba sin palabras. Él no era capaz de usar magia. Tampoco los Noldor, pero este mundo ya no era el del juego, era otro con cosas que nunca hubiese imaginado que tuvieran y la magia era una de ellas.

“Adivino, ¿libros?” Asentí. “¿Hay algo que no hayas aprendido en libros?” Puse mi mano en mi barbilla y me puse a pensar. Obvia era mi mente de que algunas cosas de las que no pude aprender leyendo, eran las cosas que necesitaba aprender ahora: pelear y más. Me di media vuelta para ver a la cara de él, levantando mi cabeza hasta mirar casi al cielo.

“Lo hay. Tu idioma” Esas fueron mis palabras.

“¿Mi idioma? ¿Para qué quieres aprenderlo de todas formas?” Me cuestionó. Le di una sonrisa ante eso y apunte con mi dedo su pecho.

“Porque si fuese otro elfo, estaría seguro que me hubiese matado pero tú, hablas latín como yo. Además, tengo algo que puede servir como pago por tus enseñanzas en otras cosas. Y puedes quedarte tranquilo que nadie va a exiliarte de nuevo si ganas un duelo” Me reí en su cara con esto último. Su exilio viene por eso, por ganar un duelo contra alguien. Era tonto pero si no hacía caso a su sentencia, la muerte le esperaba. Su expresión y su tez cambio al nombrar lo de su exilio.

“¿Cómo sabes eso de mí?” Su expresión era la que esperaba y más su reacción. Enojo, ira y sorpresa, todas ellas juntas en su cara y voz. Lo ignoré y volteé para ver si venían los demás. Con un poco de suerte, pude alcanzar a verlos y no se encontraban tan lejos. Volví a mirarlo y le dije que debíamos seguir con el número de teatro. Suspiró y dejó de lado todo para volver a tirarse al suelo y fingir estar herido a punto de morir.

Una vez que llegaron, vi que al hombre que había ordenado en traer el carro estaba pero el otro, no. Había algunos hombres más que venían y uno de ellos se me acercó para decirme que mi orden se había hecho sin problemas y que nadie iba a saber nada. Sonreí. Prometí a él y a los que participaron una recompensa tras llegar al castillo. Respondió con una sonrisa y reverencia y fueron en busca de Leth para cargarlo y llevarlo al carro. Una vez puesto en él, llamé a mi caballo chiflando, viniendo enseguida. Quisieron ayudarme a subir pero pude hacerlo sólo. Con eso y con Leth ya en el carro, partimos hacía el castillo.

Un mes después, tanto yo como él estábamos en mi cuarto.

Todo el mes estuve tratando de que nadie, inclusive mi padre, es enterara de que un Noldor estaba en el castillo. Sólo los guardias de aquella vez y algunos sirvientes de confianza supieron de esta noticia y al saberla, fueron ordenados estrictamente de que nadie debía hablar o mencionar esto. De ser así, el castigo era la muerte. Esto hizo que nadie hablara pero hizo que algunos vivieran consumidos por el nerviosismo. Incluso mi madre le había advertido que por nada del mundo le contara a padre sobre esto ya que, recuerdo que él perdió una vez a alguien que amaba a manos de los Noldor y estaba seguro que sería el primero en matar a Leth… O sería al revés…

Además, en todo este mes él se negó a enseñarme algo debido a que le prometí algo que seguro iba a encantarle y que inclusive iba a revivir a los dragones. Lo quería tanto pero lo odie como si no hubiese un mañana. Sólo pude aprender de él más sobre ellos y si era verdad de la existencia de más razas. Me confirmó todo a lujo de detalle. Anotaba todas estas cosas en mis apuntes y los guardaba en un lugar seguro. Incluso él miraba mis apuntes y decía que si llevaba estas cosas a Elacair, su capital, estarían a gusto para que les enseñe.

“¿Cuándo vas a enseñarme eso de lo que hablabas?” Seguía mirando mis apuntes y tratado de comprenderlos. También había dibujos que había hecho en ratos libres y era lo que más veía. Parecía que le gustaba el arte. Me levanté de mi asiento para ir hasta uno de los muebles. Abrí el cajón y revolviendo un poco la ropa, encontré el libro que quería. Me acerqué hasta el escritorio y lo puse allí. Vi como miró de reojo el libro unos segundos para pasar a los dibujos pero, de pronto miró le libro detenidamente. Dejó las hojas en el escritorio lentamente y puso sus manos en él. Lo acercó hasta estar a centímetros de su cara. Su expresión era seria y no parpadeaba ni pestañeaba. Me miró y sentí algo de pánico. Mi piel se puso de gallina. Centro de nuevo su vista en el libro y lo abrió. Quedó mirando la primera página y luego la pasó una por una. Sólo lo hizo con al menos 3 páginas hasta que lo cerró y le dejó en el escritorio. Centré mi vista en el libro y cuando lo hice, de la nada Leth me tomó del cuello y me alzó al aire. Lo miré a la cara con sus manos en mi cuello, trate de librarme pero no tenía fuerza alguna.

“Si no dices la verdad, te voy a estrangular hasta que te mueras. ¿Cómo diablos has conseguido ese libro?” Sus ojos, se podía sentir cómo estaba comiéndome con la vista y su enojo se notaba en su rostro. Realmente iba a morir si no llegaba a responder.

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