The world of Pendor – Capítulo 8

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Capítulo 8 – El códice por entrenamiento y enseñanzas

“¿Vas a decirme entonces cómo es qué obtuviste esto?” Lethaldiran ya me había soltado y estaba tratando de recuperar el aire perdido y de masajearme el cuello. Dolía bastante y el hecho de que estuviese por matarme por el libro, estaba logrando hacer que me arrepintiese de enseñarle el libro. Le hice una seña de espera para poder recuperarme bien. Minutos después, me levanté y asentí ahora a su pregunta y preparado para decirle todo.

“Mi maestro al pedirle material para poder leer, me dio varios libros, ese mismo junto con los demás” Señale el libro y trate de agarrarlo pero lo apartaba de mis manos, impidiendo de que pudiera tomarlo. Suspiré y no trate de seguir con ello. “Creo que lo puso junto con los demás sin darse cuenta y por eso lo tengo”

“¿Lo has leído?” Negué con la cabeza. “Ah cierto, no puedes leerlo tampoco” Se burló de mí. Cuando lo dijo, me puse a pensar. Había una frase que podía descifrarla debido a la continuidad de las veces que la veía en el juego.

“Creo que hay una parte que hace mención de una profecía, ¿no?” Leth miró mi cara y no creía que dijera la verdad por lo que centro su vista en el libro. Buscó seguramente lo que dije y, unos segundos después, asintió con respecto a mi suposición.

“¿Debo preguntar si la sabes?” Negué ello. “Entonces… ¿dices que este libro te fue dado sin querer? ¿Sabes lo que es esto?” Esta vez no negué sino que era un libro de su raza dando información en su idioma de las demás razas. Él negó todo lo que dije, puso el libro donde estaba y se paró para caminar y ponerse frente a mí. “Este libro que tu llamas es un códice de los Noldor, contando la historia de todos los sucesos hasta hoy y las razones de las cuales nuestra raza llegó a combatir en las grandes guerras”

Quedé con la boca abierta y en shock. No esperaba que Arthur tuviera un libro de esa magnitud en sus manos. Ahora más que nada deseaba aprender el idioma para poder leerlo, transcribirlo y poder dárselo al imperio para poder entender más de esto ya que se desconocen las razones específicas de la guerra.

“Además, resulta que algunos de estos códices fueron robados hace muchos años por lo que, como podrás adivinar, tienen un enorme valor para nosotros ya que somos los únicos que hemos habitado Pendor desde antes de la aparición de los humanos y demás razas, también parte de este códice” Seguía sin reaccionar pero podía verlo que tomaba el libro y lo observaba con una sonrisa nostálgica. “Si llevo esto es posible que reciba un indulto real” Ahí fue cuando reaccione y salí de mi shock. Como pude, se lo arrebate de sus manos y me alejé hasta estar encima de mi cama poniéndolo en mi pecho. “Oye, ¿qué haces?” Él también se dejó estar y reacciono un poco tarde luego de quitárselo. “¿Tienes idea el valor de esto?”

“Lo sé, pero tampoco voy a dártelo gratis y tanto tu como yo sabemos que si devuelves esto ahora, van a pensar que has robado uno que había”

“¿Acaso eres retrasado niño? ¿Cómo diablos van a pensar qué lo robé” Trato de acercase hasta mí pero le hice seña con la mano, pidiendo que ahora paré y se quede en su lugar.

“Tú mismo debes pensar, ¿no sería raro que un exiliado recupere un códice perdido en menos de un mes?” Abrió los ojos ante mis palabras. Claramente es la verdad. No puede volver hasta que haya pasado al menos algunos años antes de que pueda aparecer y si lo hiciese ahora, era muy posible de que lo mataran. Me bajé de la cama y me puse frente a él como antes. Extendí mi brazo con el libro y se lo acerqué hasta su pecho. “Puedes tenerlo”

“¿A cambio de…?” Notó mi sonrisa y tampoco intentaba ocultarla. Era obvio lo que deseaba.

“Entrenamiento y… que me enseñes tu lengua” Esos fueron mis pedidos. Claro estaba que sólo me faltaba aprender el lenguaje Noldor. Había logrado aprender el idioma de los demás reinos pero ninguna de las otras razas y aprender esta, para mí, era especial.

“Mm… ¿qué gano a cambio?” Se puso a pensar también. Ambos estábamos mirándonos a los ojos tratando de poder analizar al otro. Además de que Leth no estaba seguro del trato y se lo podía ver a través de sus ojos.

“Conozco un lugar donde puedes conseguir una Lágrima de Dragón” Esa era mi última y primera idea para ofrecer. Ni bien mencione eso, Leth me tomo de los hombros y me empezó a sacudir.

“¿Dónde?” Su tono le delataba que estaba desesperado e impaciente. Volvió a sacudirme y volvía a preguntarme sobre donde conseguirlo a lo que le respondí a lujo de detalle la ubicación de esto. Me empujo para soltarme y se sentó en la silla mientras se tomaba la cabeza y pasaba la mano por su frente. Yo lo quedé mirando mientras él se debatía seguro mentalmente de aceptar o no. “Acepto” Dijo de la nada. Con él aceptando, me sentí feliz. Y para no hacer que él se retractara, tomé un papel y una pluma y redacte un contrato donde estipulaba que él se encargaría de mi aprendizaje en el idioma y en la enseñanza del uso de la espada y arco a cambio del códice y la Lágrima de Dragón. Conozco por él que los Noldor una vez prometido o firmado algo, no podían volver contra su palabra. Le entregué el papel con una sonrisa a la cual no correspondió sino con una mirada asesina. “Te odio por haberte dicho esto” No me contuve y me reí en su cara. Poco duro su enojo que también se rio de sí mismo y su error. Lo firmó sin problemas y en su idioma, explicándome que esa firma rara que observaba era su nombre.

Al siguiente día, mi primer día como alumno de Leth empezó.

Estaba feliz de poder empezar a usar la espada y me levanté con todas las energías del mundo y capaz de poder romper lo que sea con los dientes inclusive. Pero él no tenía la misma idea que yo.

“Para poder enseñarte a usar la espada, primero debemos centrarnos en tu idea de aprender mi idioma” Esas fueron sus palabras y aunque estaba enojado, tampoco estaba tanto como para quejarme de ello.

“¿Por qué no puedo aprender a usar la espada y el arco aún?” A pesar de todo, tenía mis dudas con respecto a su decisión.

“Entiende que no te estaré enseñando algo como lo hacen los de tu raza… a lo que me recuerda, ¿cuál es tu nombre?” Tenía razón y no podía negarlo para nada. Lo que iba a aprender no podía enseñármelo ningún “humano” como se refería y esto debo atesorarlo. Le pregunté antes si podía tomar apuntes a lo que respondió que no tendría problema mientras no lo observara nadie.

“Me llamo Sadren, un nombre que te da recuerdos ¿no?” Leth empezó a reírse mientras respiraba y jadeaba al mismo tiempo. Yo por otro lado me reía de su expresión. Su cara demostraba que no podía creer mi nombre y le tuve que reafirmar varias veces que ese lo era. Siento que soy castigado por el mundo murmuraba  y pudiendo escucharlo. Si mi memoria era la correcta, Sadren era el rival de Lethaldiran, siendo así la existencia de incredulidad por parte del segundo.

Luego de la presentación y de calmarse, empezó a explicarme paso por paso para poder entender su idioma, como poder lograr leer las runas que ellos creaban y por sobre todas las cosas, aprender a leer su escritura. Su escritura y las runas que creaban si bien eran las mismas, ambos podían tener diversos significados así como distintos valores.

Ese día básicamente y por orden de él, no me dejó comer nada hasta que pudiera poder aprender a decir algunas palabras y leerlas también. Horas y horas le rogué para poder comer algo, me negó con la cabeza una y otra vez. Suspiré y puse mi esfuerzo en terminar rápido para comer. Tenía mucha hambre y no podía concentrarme con el ruido de mi estómago.

Llegó el final del día y aún no podía salir de mi cuarto. Si pude aprender algunas palabras en todo el día y leer otras pero no fue suficiente para Leth para dejarme salir. Varias personas han entrado al cuarto para saber si estaba bien y por suerte, siempre eran las personas que conocían sobre Leth y nadie más. Lo miraban con grandes ojos y con gran sorpresa. Era de esperarse ya que tenían una enorme belleza y mejor que los elfos. Les advertí que no dijeran nada y que si llegaban a hacerlo, que por favor sólo la gente del castillo lo supiera para que pueda salir a ver el lugar. Todos lo que entraban hacían caso a lo que dije y se iban rápidamente.

Recién terminé de aprender lo necesario al otro día. Estaba con ganas de comer y ver la comida que habían dejado a mi lado, no me resistí y empecé a devorar. Carne y más carne junto con algunas frutas que se las dejé a Leth porque ellos no consumían ninguna especie de carne por lo que aceptó con justo las frutas.

Los días de aprendizaje se convirtieron en semanas, las semanas se convirtieron en meses y luego de meses de tanto, ya había llegado a pasar un año desde que él llegó aquí.

Todos los días siempre me enseñaba todo tipo de cosas sobre los Noldor. Me había tomado dos meses poder aprender a leer su idioma y otro mes para poder hablarlo. Otro mes fue necesario para poder entender sus runas. En esos cuatro meses, mi familia ahora conocía a Leth o al menos un poco. Mi padre que había llegado luego de que había aprendido a hablar y a leer, estaba al principio en desacuerdo y estaba dispuesto a matarlo pensando que me tenía como su prisionero. Nadie lo culpaba. Aquel día él por no comprender algunas cosas me había castigado para que no cometiera los mismos errores, siendo ese el momento en el que mi padre entró al cuarto y llamando a los guardias. La Diosa me sonrió aquel día. Los guardias eran los hombres a los cuales yo había recompensado aquella vez y quienes lo conocían de antemano, persuadiendo a mi padre de que no tomara represalias ya que a pesar de las enormes cantidades de mierdas que se dicen de ellos, este era bueno.

A duras penas fue convencido al igual que mi madre, creyendo que fui cegado por su belleza. Obvio que yo y Leth negamos sus suposiciones y sus ideas raras al mismo tiempo. No sé en qué pensaba mi madre pero, sabía que no era nada bueno. Por otro lado “mi maestro” quedó cautivado por la belleza de mi madre. Le recordé específicamente que NO hiciera o tratara de hacer algo con mi madre. Por suerte, todo este tiempo al parecer hizo caso a mi demanda y no intentó cortejar a mi madre en ningún momento o mejor dicho, a nadie.

Luego de los cuatro meses, sugerí de nuevo que me enseñara a usar al menos el arco. La respuesta fue un enorme no. Esta vez, me enseñó la parte cultural de los Noldor y también su historia más a fondo.

Elacrai, su último bastión y enorme metrópolis, no podía ser vista por ningún humano por más que este vaya a donde se encontraba. Usaban magia para esconder su capital y sólo aquellos humanos u otras razas amigas de los Noldor podían ver la hermosa y majestuosa vista.

Dio definiciones acerca de las clases de elfos que vivían a los alrededores y actuaban como sus “vasallos”, protegiendo los alrededores de su ciudad. Pregunté acerca de esto, de cómo fue que existían más razas de elfos. Me explicó algo que había en los libros. Aparte de ellos, estaban los elfos y los elfos oscuros. Los primeros nacieron de la mezcla entre los Noldor y los humanos. Explicó que el gen Noldor es más “poderoso” que los genes humanos pero la sangre que ellos portaban eran la misma, roja. Pero eso fue en el pasado y que ahora nadie se atrevía a cruzarse con humanos. Eso ocasionaría el exilio y la muerte.  Por otro lado, los elfos oscuros se desconocen su origen pero si entienden que estos son claras representaciones del mal y la clara vista de ellos debían matarlos a toda costa.

Yo tomé apuntes a todas las cosas que me explicaba y me instruía. Le dije mis dudas con respecto a su cultura y sus leyes, cosas de las cuales no sabía la razón por las que me estuviera enseñando. No dije mucho acerca de ellos, me castigaría de nuevo. Hasta que se cumplió un año, no sólo leyes y su cultura aprendí, aprendí acerca de sus costumbres, de la música que ellos solían escuchar, las cosas que hacían en el bosque y mucho más importante: magia.

Tenía al menos unas 20 hojas con todas las cosas que me enseñaba. Con mencionarme un poco de magia, ya había hecho al menos 5 hojas con apuntes con posibilidades infinitas de usarla para un buen uso. Ideas que inclusive Leth vio con buenos ojos y que si en el futuro llevara esto, algunas de ellas serían aceptadas o probadas al menos.

Pero aprender todo sobre los Noldor no fue lo mejor, lo mejor fue que pude aumentar su confianza a tal punto de que me llamase a veces señor a lo que bromeaba con él y ambos reíamos. A pesar de las risas, no podía desconcentrarme mucho.

Cuando el año llegó a pasar, insistí de nuevo de que quería realmente aprender a usar la espada. Él me lo negó con los brazos cruzados mientras estaba sentado en el borde de mi cama mientras yo estaba sentado en una silla junto a una pequeña mesa agregada últimamente debido a que comía junto a él.

“¿No me vas a enseñar después de un año de estudios?” Le pregunté. Ya me había cansado de tanto insistir y me estaba por dar por vencido. Él negaba con la cabeza mientras me miraba y sonreía.

“No lo pides correctamente… Señor” Dijo lo último de manera burlesca. Repetía sus palabras hasta que por fin mi cabeza se le prendió las luces y entendí.

“Está bien… Entonces… Enséñeme a usar la espada y el arco… Como a un Noldor” Leth empezó a aplaudir y se levantó de la cama donde estaba sentado.

“Perfecto” Dijo. Se acercó a mí y me puso una mano en el hombro mientras sonreía de oreja a oreja. “Mañana empieza tu entrenamiento. Espero que estés preparado”

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