Moshikashitara Capítulo 4
Capítulo 4 – Primera vez sola en casa
Llegó la mañana pero Dale jamás se habría imaginado que sería algo tan difícil.
Rita observó con sorpresa como Dale estaba completamente afligido por el dolor.
-No te preocupes, venga, vete ya.
-Latina, intentaré volver lo antes posible. Portate bien, ¿vale?-Dijo Dale atrasando su salida a propósito abrazando a Latina que estaba al lado de Rita, despidiéndose delante del Ocelote Bailarín.
Al sentir los instintos asesinos de Rita, Dale soltó a la niña a regañadientes. Acariciando la cabeza mirándola.
-Me voy.
Latina ladeó la cabeza ante las palabras de él. Entonces, Rita dijo:
-Se dice: “buen viaje”, Latina.
Al escuchar su nombre, Latina miró a Rita.
-Buen viaje.
Al escuchar a Rita repitiéndose, la niña volvió a mirar a Dale y repitió con dificultad:
-Dale, ¿buen viajéh?
-Ah, me voy.
Como vio que Dale sonreía, Latina también se sentía feliz.
Las mañanas en el Ocelote Bailarín eran frenéticas.
Al lado de los aventureros que se habían quedado a pasar la noche y que buscaban comida, había una persona rellenando el formulario para hacer una petición.
Normalmente, había más gente con peticiones a lo largo del día y no eran pocas las peticiones que querían que se completasen el mismo día.
Entre los aventureros que se iban a trabajar, también estaban algunos que salían a esas horas para ir a comprar comida.
Había tanto que hacer que le pedirías ayuda incluso a un gato.
Dell bar, el cual en esos momentos, sobretodo el comedor, estaba a rebosar, se ocupaba Kenneth. Rita a veces también iba pero, principalmente, se ocupaba de trabajar como “La Agencia de Akudaru”.
Latina parecía tener un profundo interés en la escena del atareado establecimiento.
-¡Ay…! Eso es peligroso, ¿sabes?-Dijo Kenneth con dos platos en cada mano, sorprendido por la presencia de Latina en sus pies.
Latina ladeó la cabeza.
Ese día vestía la pieza rosa que se había comprado el día anterior. El pelo que Rita había peinado estaba atado con dos grandes lazos rosas, uno a cada lado de su cabeza. Dale, entusiasmado, había comprado muchísimos accesorios para el pelo por lo que Latina podía llevar uno nuevo cada día.
Latina llevó comida, platos vacíos y observó como atender los pedidos.
Rito estaba, más que nada, en la barra así que para la pequeña que no entendía el idioma, fue imposible comprender qué hacía allí.
En cambio, era muy fácil entender lo que hacía Kenneth. Hasta entonces, Latina había estado mirando a Kenneth hacer comida. Incluso a esas horas seguía siendo todo frenético. Latina repartía montones de comida a una incontable cantidad de personas.
Asintiéndo una vez, Latina desapareció con paso energético entre el bullicio de gente.
-¿Eh?
El momento en el que Kenneth notó algo raro fue cuando miró a la cantidad de platos con puré, carne ahumada y huevos revueltos que estaban enplatados. Habían más que antes.
En la esquina de la pica, donde se ponía la vajilla sucia, las cosas para lavar cada vez eran menos.
Al principio pensó que había sido Rita, aunque era punta en su trabajo puede que tuviese tiempo libre de vez en cuando. Sin embargo, Rita estaba sirviendo los platos, interactuando con los clientes, acabando de vender los bienes general y calculando la cuenta de un cliente que acababa de terminarse la comida. Era imposible que hubiese sido cosa suya, imposible.
-Espera.
Un rostro barbudo conocido dijo una palabra, dejando la comida bajo la vigilancia de un aventurero que era un cliente habitual, el hombre abrió la boca categóricamente.
-¿Y esa cara de imbécil?
-Lo mismo digo. Has contratado a una camarera joven, ¿eh?
Kenneth se dio cuenta de qué estaba hablando cuando miró donde el cliente señalaba: Latina estaba sirviendo.
Para una niña tan pqueña, incluso un solo plato parecía ser demasiado pesado. Llevaba un plato con las dos manos y caminaba hacia la cocina diligentemente. Después de un ratito, volvía a salir mirando alrededor inquieta. Si veía un plato vacío asentía y se movía hasta él con un gran sentido de la obligación. Les sonreía felizmente a los impactados clientes que la notaban y cogía el plato. Parecía que todas las personas en el local observaban a la pequeña y patosa Latina con nerviosismo hasta que la niña llegaba a la cocina, entonces, todos los hombres de apariencia severa suspiraban con alivio.
-¿Latina?
Cuando escuchó a Kenneth llamarla, Latina paró en secó y le miró ansiosa. En su cara estaba escrito: “¿Está mal?”.
Kenneth recapacitó unos intantes. Latina miraba a los clientes con cautela y les quitaba los platos vacíos. Sin sobreestimar sus habilidades, hacía lo que podía prestando atención a lo que la rodeaba y evitando a la gente.
En cualquier caso, que fuese capaz de moverse sin que la detectase significaba que también era capaz de ver cómo se movía. Hecho que probaba que Latina era muy atenta a lo que la rodeaba.
Kenneth, que podía cargarla con una sola mano, le puso la mano en la cabeza, despeinándola.
-Eh, bueno, buen trabajo.
Después de que la despeinase, Latina cogió la mano de Kenneth, parecía estar algo mareada.
Si la dejo hacer lo que quiera no creo que pase nada.
Eso es lo que pensó Kenneth. Además, le gustaba que hubiese algo de orden y limpieza, aunque solo fuese un poco.
Cuando se acabó la hora punta de la mañana, Kenneth sacó un envase que había preparado la noche anterior de la nevera.
-Latina.
Ella, obedientemente se puso a su lado después de que la llamase. Kenneth hizo que se sentara en la mesa de dentro de la cocina. Puso el envase del revés en el plato de delante de Latina. Lo de dentro parecía gelatina.
Latina puso los ojos como platos.
El caldo que había sobrado de la compota se había endurecido volviéndose gelatina. Kenneth le dio la cuchara a Latina y la miró pinchar la gelatina con la cuchara y divirtiéndose con el balanceo de la gelatina mientras fregaba los platos.
Hacia el mediodía, el flujo de clientes del Ocelote Bailarín llegó a su fin. A esa hora la mayoría de clientes y aventureros estaban trabajando y también el bar se tomaba una hora de descanso. Durante ese tiempo, sólo se aceptaban trabajos en la Agencia de Akudaru.
-Rita, me voy a hacer la compra.
-Ves con cuidado.
Kenneth le habló a Rita desde dentro de la cocina y recibió una respuesta mucha más cortés de lo normal. Inmediatamente inclinando la cabeza, desde la esquina de la barra, Latina abrió el libro de dibujos, miró a Kenneth y le sonrió con dulzura.
-Ves con kuidadou.
-Tal y como me imaginaba, los niños son geniales, Rita. ¿Qué te parece tener tres?
-Primero tienes que empezar con el primero, ¿no?-Contestó Rita que no parecía estar en desacuerdo.
Cuando Kenenth volvió de las compras, Latina se le acercó con pasos energéticos. Desde detrás se veía a Rita sonriendo.
-Biendvenidou.
“¿Lo he dicho bien?”, parecía estar preguntando Latina y como para confirmarlo miró a Rita que sacudió la cabeza.
Kenneth, a diferencia de lo normal, había comprado varios tipos de fruta distinta y los esparció por la encimera.
“Bueno, ¿qué podría hacer?“. Se arremangó las mangas y se le suavizó la expresión.
Latina era una niña muy buena. A la hora de comer, le hizo un pequeño sándwich de queso y fruta; sus modales eran buenos, masticaba bien y después de comer, recogía.
Nunca hacía nada que pudiese molestarte a parte de aquellas ocasiones en las que abría alguno de sus libros y miraba a Kenneth o a Rita.
La supervivencia en los habitats de los monstruos se basaba en tener mucha buena suerte. SIn embargo, si Dale no la hubiese encontrado, nadie sabe como habría acabado la niña. Tropezándose constantemente, probablemente, no habría tardado mucho en acabar en el estómago de alguna bestia.
Seguramente por eso, su atención a lo que la rodeaba era tan buena.
Delante de Kenneth, Latina empezaba a dar cabezadas para dormir, tambaleándose en las escaleras. Sin duda, era peligroso.
Kenneth preparó una caja de madera en una de las esquinas de la despensa. Le puso una manta encima, luego, pasando por encima de Latina, subió hasta su habitación en la segunda planta y bajó muchas sábanas.
–Latina.-Llamó, mientras daba palmaditas en lo que acababa de preparar. Latina le miró con los ojos medio abiertos.
Kenneth contuvó una risa, tumbó a Latina que no pudo contra el suño y se durmió encima de la caja.
Parecía estar en su límite.