Moshikashitara Capítulo 5
Capítulo 5 – Primera vez sola en casa hasta el “bienvenido”
Latina miró a su alrededor inquieta en cuanto abrió los ojos, llamando a la persona que la había sacado de ese bosque.
-¿Dale?
La persona que la había encontrado cuando estaba completamente sola.
La persona que le había dado casa segura y comida segura.
La persona que le había hecho recordar la cálidez de una persona.
Llamó a esa persona que para ella era el “símbolo de la seguridad y lo bueno”.
-¿Latina? Te has despertado…
Ella entró en pánico cuando al escuchar una voz de un hombre que no era la de Dale. Como si tuviese que huir en ese instante, enderezó todo su cuerpo, pero entonces, notó el dulce aroma en el aire.
Latina recordó de quién se trataba parpadeando repetidas veces.
Kenneth notó que Latina estaba despierta por el primer sonido que hizo al despertarse de la siesta, por haber llamado a Dale. Estaba haciéndo una mezcla en una olla pequeña mirándola, ella era como un pequeño animal asustado y alerta, interrogando sus alrededores.
Parecía que cuando le había llegado la voz de Kenneth, se había puesto todavía más alerta.
Sin embargo, sin moverse súbitamente, analizó la situación, inmediatamente enderezándose para poderse mover en cualquier momento.
“La niña parece bastante lista“, admiró Kenneth. Era mucho más tranquila en comparación con los apasionados aventureros primerizos.
Perder de vista la situación en la que estás cuando te levantas es un comportamiento infantil comprensible.
Kenneth sacó la pequeña olla del fuego y se puso de cara a Latina.
La baya que se había caído mientras se estaba cocinando se había derretido, dejando una dulce fragancia en el aire.
Tal y como había planeado Kenneth, cuando Latina notó el olor se empezó a relajar. La niña se puso al lado de Kenneth ruidosamente, bajándose de la caja de madera soltando un: “Hmph”.
En cuanto a la Latina que estaba ojeando lo que había dentro de la olla que le habían dado, no quedaba ni rastro del pequeño animal de pelo erizado en ese momento. Sólo una niña de su edad.
Después de atraer su interés, Kenneth puso encima de un fino trozo de pan un poco de mermelada recién hecha. Quería llenarlo pero si lo hubiese hecho la niña se habría quemado, sin duda, así que enfrió lo que pudo asegurándose que la cantidad seguía siendo satisfactoria.
Cuando se lo dio a Latina, ésta miró a Kenneth buscando una confirmación.
Cogió el pedazo de pan con timidez.
Su expresión se iluminó.
Mientras comía como si estuviera en un sueño, sacó la lengua y se lamió la mermelada que le había caído en la mano y entonces, miró a Kenneth con sorpresa. No es como si él no tuviese la culpa de ello, Latina le devolvió la sonrisa a la sonriente figura.
Latina miró la botella en la que Kenneth había metido la mermelada como si no hubiese tenido suficiente. Para el cocinero, eso era un orgullo.
Los aventureros fueron volviendo mientras el día empezaba a llegar a su fin.
Era casi la hora cuando el Ocelote Bailarín volvía a estar ocupado.
No todos los clientes que iban al Ocelote Bailarín buscaban un sitio para pasar la noche. Habían muchos que iban a beber y comer.
A parte de los aventureros, también habían militares y porteros que volvían del trabajo.
Era un local donde se reunía un buen puñado de hooligans de aspecto severo, ya que se podía comer y beber barato, sin que eso afectase en nada.
A esas horas, la Agencia de Akudare que estaba abierta durante el día, en realidad, acababa sus servicios.
Rita volvía para especializarse con el suelo y la pareja, de alguna manera, se ocupaban del estrépito.
En un asiento en la esquina de la barra, Latina, que se estaba comiendo la cena, le echaba el ojo a la bulliciosa posada.
Un cliente se estaba riendo ruidosamente con “Gajaja”, y los ñoquis* que se estaba comiendo se cayeron con un “plop”.
Sin notarlo, los ojos de la pequeña se volvieron redondos al observarle fijamente.
“Lo primero con vida que ha visto han sido con esos ojos observantes”, pensó Kenneth, pero decidió no decírlo en voz alta.
Justo cuando Latina se empezaba a sentir intranquila, las puertas del Ocelote se abrieron.
-¡Vaya, Dale!
Al escuchar la voz de Rita, los ojos de Latina se abrieron de golpe.
Saltó de la silla como un conejo y corrió rápidamente a saludarle.
-Latina, ya estoy…-
Justo cuando empezaba hablar a Dale le abrazaron las piernas con mucha fuerza.
-Latina…
“Tal y como esperaba, la he hecho sentir sola”, pensó Dale frunciendo el ceño.
-VienVenió.
A mitad de levantar a Latina que le estaba mirando, Dale se petrificó en una postura medio doblada.
Rita y Kenneth sonreían.
Con normalidad y sin contener la sonrisa, Dale volvió a funcionar y cogió a Latina en brazos.
-Ya estoy aquí, Latina. Has hecho un trabajo genial cuidando la casa.
Toda la cara de Latina se llenó de sonrisas mientras él sonreía y la abrazaba con un poco más de fuerza.
Los clientes habituales también conocían a Dale. Una voz fría sin piedad le saltó ante su cara sentimental:
-¿Qué es eso, Dale? Qué pequeña novia tienes ahí.
-Cállate.
Ocupándose de la molestia, se sentó en una silla mientras abrazaba a Latina.
Le pidió a Rita que le trajera la comida.
-Latina, ¿y tú?
-Ha comido hace un rato. Parecía soñolienta.
La persona en cuestión estaba en las rodillas de Dale, con una suave, feliz sonrisa. Daba igual como lo miraras, era una expresión de alivio.
-¿…Qué tal, Latina? ¿Te has portado bien?
-Se ha portado muy bien. Esta niña es extremadamente lista. Hasta cuando la hemos dejado sola, ha entendido exactamente qué acciones tenía que hacer y tomar.-Dijo Rita mientras vertía vino en la copa de delante de Dale.
Dale, normalmente, sólo bebía vino acuado. Rita, intencionadamente, y sin preguntar, lo había decido delante de él.
No es que no pudiese beber o que no le gustase, simplemente, odiaba estar completamente borracho, algo común en esa posada.
Por esa razón, en el pasado, un cliente primerizo le había menospreciado y con una mano, le había levantado y lo había tirado. Esta anécdota se había convertido en una buena historia en la posada.
Latina se restregaba contra Dale como un pequeño gatito, dejándole su cuerpo a sus brazos. Hasta entonces, esa parecía ser la adulación más dulce que había sentido Dale.
“Más que culpa, me siento un poco más feliz… Es exactamente porque he hecho que se sintiese sola que se me pega. Puede que no sea tan malo dejar que se quede a cuidar de la casa.”
NT:
Ñoquis: Masa hecha con patatas mezcladas con harina de trigo, mantequilla, leche, huevo y queso rallado, dividida en trocitos, que se cuecen en agua hirviendo con sal.