Moshikashitara Capítulo 6

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Capítulo 6 – Aceptando las consabidas preocupaciones de una chiquilla

Latina era más inteligente de lo que pensaba.
En una semana, Latina podía mantener conversaciones de cada día y era capaz de entender las palabras sin problemas.
Y entonces, en ese momento, a Dale tuvo un problema de repente.
Latina le tenía un apego emocional a Kenneth.
Sin siquiera pensar en esconder su mal humor y poniendo mala cara delante de Dale, Latina seguía a Kenneth como un pollito siguiendo a su padre.
Latina llevaba un delantal encima de la ropa que Dale no recordaba haber comprado y un pañuelo hecho de la misma tela.
Era el uniforme de “ayudante infantil”.
Enfrente de Kenneth que estaba limpiando el local, Latina intentaba con todas sus fuerzas alargar los brazos para limpiar las mesas.
Es como si imitase a su padre. Haciendo lo mismo que Kenneth…
En primer lugar, Dale tenía cuidado con Kenneth.
¡Desde un principio, Kenneth se ha apoderado del estómago de Latina!
Más que un problema, eran puros celos.

-¿Limpiar acabar?
-Sí, eso es.
Después de asegurarse preguntándole a Kenneth que estaba recogiendo el equipo de limpieza, Latina fue a la cocina, se subió a la mesa y limpió el mantel. Como no tenía mucha fuerza, no pudo enjuagar el mantel bien y lo dejó ahí de cualquier manera.
Se movió cerca de la pica, empujándo la mesa con lentitud. Después, puso su postura habitual y se sentó en la mesa.
Esto también se empezó a preparar en algún punto en la cocina. Cogió el pequeño cuchillo con fuerza con sus manitas y empezó a pelar verduras con dificultad.
Si te parabas a pensarlo, más que una ayudante, sólo pasaba el tiempo. Así era pera, Kenneth sin ser crual, entró y se sentó a su lado a pelar también en silencio.
A pesar de que sólo le enseñaron hace unos pocos días, aunque lo hace mal, que sea capaz de hacerlo sola significa que ha madurado más que suficiente“.
Esta es la historia de Kenneth y mientras él se inquietaba, Dale se esforzaba por contenerse de atacarle por instinto.
-Si tanto te molest,a no mires.
-¿Pero no me perderé como Latina crece si lo hago?-Declaró el hombre.
Una expresión displaciente apareció en la cara de Rita mientras ordenaba los libros.

Al parecer, después de acabar de pelar, Latina decidió descansar.
Cogió el libro de dibujos que había dejado en la esquina de la despensa y se giró hacia Dale que estaba en la tienda.
Tenía dos libros.
El primer libro era el que había usado desde el principio para aprender el idioma, y el otro era, en comparación, mucho más difícil y era un libro de dibujos con una historia.
-Dale, libro, leer.
-Vale.
Dale pensó que Latina le había pedido que se lo leyese en voz alta porque había visto que era demasiado difícil para ella pero en este corto período de tiempo, Latina era capaz de leerlo sola aunque tartamudeando un poco.
Normalmente leería en silencio pero, con Dale allí, parecía tener la intención de corregirse a sí misma a base de escucharle a él.
Latina abrió otro libro y una libreta después de acabar de leer el libro y haber conseguido mucha información de Dale. En la libreta escribía con diligencia los carácteres complicados.

-Esto también, Rita, no me habías contado esto. ¿Al parecer ha empezado a estudiar por sí misma?
-O sea, cuando Latina empezó a pedir papel pensaba que quería hacer algún garabato, pero nunca me habría imaginado que querría empezar a practicar los carácteres.
-Ni siquiera en la escuela del templo Asfaru hay alguien tan pequeño como Latina, ¿verdad?
-Sí… Pero, Latina ya sabía coger un boli desde un principio. Kenneth es quien le enseñó a coger un cuchillo, pero, supo coger bien un boli sin que nadie le dijese cómo. Me pregunto si la niña nació en un ambiente en el que se puede estudiar.

Incluso ahora que Latina podía tener una conversación, no parecía querer hablar demasiado sobre ella.
Lo único que dijo fueron unas pocas cosas como que el cuerpo del bosque era, en efecto, su padre, que después de que le rompieran el cuerno había abandonado su pueblo natal con su padre, que donde había nacido era una colonia sólo para la raza demonio…
Aún así, por su astucia, no sería raro que la niña supiera más sobre varios temas.
Lo peor de eso, es que probablemente, Latina también entendía lo que significaba “Romper el cuerno”. Puede que se inquietase si hablara de su linaje en detalle por temor a que podrían echarla al igual que en su pueblo.
Aunque a Dale personalmente le gustaría escucharla hablar del tema, ni siquiera se planteba el forzarla a hacerlo.
A pesar del poco tiempo que habían pasado juntos, no podía ni imaginarse a la niña como una malvada criminal. En ese caso, el crímen debió ser algo que no tenía que ver con ella personalmente.
Dale no entendía si era algo político o religioso, pero, definitivamente, era algo irrazonable, razón por la cual probablemente el padre se había ido con ella.

-Dale, ¿qué pasa?
Mientras Dale pensaba en eso, tenía cara de preocupado. Llegados a un punto, Latina inclinaba la cabeza y le miraba.
-¿Eh? Nada. Latina has mejorado con el idioma.-Dijo acariciándole la cabeza con gentileza. Ella sonrió encantada.
-Ser capaz de conversar, soy feliz. Me he esforzado.
-Ya veo.-Dale tenía una expresión gentil cuando miraba su sonrisa.
Dale desde que vivía con Latina se había dado cuenta que sonreía más. Ni siquiera cuando contaba historias tontas con Rita y Kenneth sonreía con esa gentileza. Era un cambio gracias a la llegada de Latina.

El tiempo entre la comida, la siesta de la tarde y los aperitivos es como el tiempo libre de Latina. Los días en los que Dale no se iba a trabajar y demás, se pasaba el día a su lado. A veces, miraba fuera de la tienda desde la puerta aunque cuando había salido no había ido muy lejos.  Sólo algún paseo por el vecindario con Dale o Kenneth, así que seguramente eso significaba que la niña aún no se conocía el área.
Sin embargo, cuando Kenneth se prepara para la noche, Latina iba a la cocina y le seguía.
Entonces, se repetía la visión de Dale deseoso de ir a cuidar de Latina pero volviendo con cara larga sin decir palabra mirando la expresión seria de Latina que parecía decir: “estoy esforzándome al máximo”.
En esos momentos, la niña se estaba desafiando a sí misma con la tarea de aplastar muchas patatas con cara seria.
-Cálmate un poco.-Dijo Rita con una jarra de cerveza en las manos.
Básicamente, el Ocelote Bailarín cambia la misma cantidad de dinero por lo que piden. Así se previene que alguien se vaya sin pagar. Sin embargo, la norma no se aplicaba a los clientes habituales que podían pagarlo todo al final.
Todo lo que Dale acumulaba se acumulaba al alquiler.
El sonido que venía de las monedas en el delantal de Rita eran la prueba de lo habilidosa que era ocupándose de los pedidos y el pago.
Mientras Rita tenía prisa, sus palabras tenían una pizca de enfado porque Dale no contestaba bien.
Latina salió de la cocina algo inestable por el peso de la bandeja que llevaba.

En un momento, la vitalidad del local se calmo. En esa semana, la presencia de Latina fue reconocida por los clientes habituales. Era pequeña pequeña y correteaba por la posada. Si no querías, ni la notabas, y eso era bastante cómodo.
Llevaba la bandeja con cuidado, con mucho cuidado. Cuando por fin llegó a Dale, mostró una sonrisa que le llenaba la cara. Una sonrisa como si hubiese completado la misión. Dale sintió como que los clientes le habían aplaudido en silencio.
-Dale, comida, aquí tienes.
Dale cogió la bandeja y la puso en la mesa. Últimamente, la mayor prueba para Latina era ponerle la mesa a Dale para cenar. Era imposible que le llevase la cena a otros clientes pero quería practicar, así que Dale acabó comprometiéndose.
La niña volvió a la cocina y salió con su propia ración, esta vez como la cantidad era muy distinta, sus pasos eran más ligeros.
Se sentó al lado de Dale y dijo con una voz orgullosa delante de su cena:
-Latina hoy ha hecho también. Dale, prueba.
-Sí, hoy también lo has hecho bien, Latina.
Latina le sonrió mientras señalaba a la montaña de puré de patata, al mismo tiempo que Dale la elogiaba.
Por cierto, tras su conversación, las vendas del menú que Latina ayudaba a preparar subieron por alguna razón en los siguientes días.

En su descanso, Kenneth sonreía ampliamente ante la visión de la figura de Latina que ese día también estaba comiendo felizmente, mientras al mismo tiempo, hacía las difíciles preparaciones para la comida.
Latina se esforzaba al máximo cada día.
Algún día, quería cocinar para Dale, se había marcado ese objetivo y sabía que tomárselo en serio.
A Kenneth le gustaba la gente que se esforzaba diligentemente.
La niña se esforzaba hasta el punto que era más que suficiente y los resultados eran obvios, hasta Kenneth decía que era alguien que aprendía deprisa.
Sólo que Dale no sabía que la razón por la que Latina era capaz de pasar el tiempo tranquilamente en ese lugar era únicamente porque esa posada era “el sitio donde puedo estar a gusto porque Dale me ha traído aquí”. Esa era la razón por la que Latina podía seguir en un estado de paz perdurable, porque Dale estaba a su lado.
Cuando Dale no estaba ahí, Latina, con su pequeño cuerpecito se mantenía ocupada a sí misma con lo del alrededor.
Sólo Dale no veía todo esto.

-No está tan mal tener a alguien en quién te puedas apoyar. Aunque sea un chico. -Susurró el hombre que decía ser el hermano mayor de Dale, el hombre que etendía lo que significaba que confiasen en ti a su propia manera, mientras preparaba las cosas para la olla.

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