Moshikashitara Capítulo 7
Capítulo 7 – Encuentro con lo desconocido
Latina estaba en un apuro.
“¿Qué hago…?”
Inquieta y angustiada, miraba a la gente ir y venir.
En ese momento, no estaba donde vive normalmente, al sur de Kroix. Había seguido a Kenneth hasta el distrito Este para comprar víveres. Era la segunda vez que Latina había ido al distrito Este. La primera vez que fue, ni siquiera conocía el idioma y aunque se preocupara por lo que la rodeaba, no había sido necesario porque Dale no la había dejado sola ni un momento.
Esta vez, por fin se percató de lo que la rodeaba. Una fila de tiendas, cada una con sus propias ingeniosas ideas para atraer el interés de la gente que caminaba por el camino. Todo estaba plagado de objetos que Latina no había visto nunca hasta entonces y que no sabía como usar.
La curiosidad de Latina era fuerte, tan fuerte que hasta sobrepasó su conciencia y cautela. Se podría decir que no hay remedio. Para cuando se dio cuenta, había perdido de vista aKenneth.
“He prometido estar con Kenneth… Dale se va a enfadar“, pensó, deprimiéndose. Perpleja, meditó sobre qué hacer, pero la impotencia ganó y no supo qué hacer.
“Si no puedo volver, ¿qué voy a hacer? ¿Qué voy a hacer si no le encuentro…? Ya no me gusta estar sola.”
Aunque había mucha gente, la atormentaba una sensación de insolación que no podía controlar. Malos pensamientos, no podía parar de inclinarse hacía malos pensamientos.
“No… ¿Qué voy a hacer si no puedo volver…? Si no puedo volver…”
Latina seguía pensando lo mismo una y otra vez.
Daba igual cuán inteligente fuera, Latina, después de todo, seguía siendo una niña. Era normal que sus sentimientos temblasen de esa forma. Pero en esos momentos no había nadie para decírle algo así.
Latina no tenía el criterio de: “si te pierdes, quédate quieto en ese sitio”, porque dentro de “el bosque”, “esperar la ayuda de alguien” no funciona, sino que es un ambiente donde “tienes que hacer algo tú mismo”.
Latina caminó por la dirección por la que había venido. Más tarde, si se hubiese quedado allí un poco más, un Kenneth en pánico habría vuelto a por ella.
-¿Dónde estoy…?
De alguna u otra manera, Latina había caminado por varias calles y había acabado entrando en un área que nunca había visto. No lo sabía pero, incluso dentro del distrito Este, en el límite al que llamaban la calle de los trabajadores, habían filas de casa que servían a la vez como casa y como estudios de trabajo. Comparada con la calle principal del distrito, era un área de una protuberancia similar a la de la zona humilde de la ciudad.
Por esa misma razón, también habían muchos callejones, y mucha gente a parte de los residentes, sentirían que era como un laberinto. Y precisamente, así fue para Latina, aunque se diera la vuelta, no tenía ni idea de por dónde había llegado ahí.
-¿Qué hago…?-Murmuró Latina, perpleja.
-¿Qué quieres?
Una voz llegó desde detrás de ella y la niña dio un saltó del susto. Al girar la cabeza se encontró con varios chicos haciendo el vago y frunciendo el ceño ante la visión de una chiquilla a la que no conocían.
-¿De quién eres hija? No te había visto nunca.-Dijo el joven con la constitución más grande sin dudar. Sin saber cuál era la mejor respuesta, la niña dio un paso atrás. Él dudo de sus acciones más y más.
-Es un color de pelo que no había visto nunca. ¿Eres la hija de un noble?
-Te equivocas, Rudi. Si fuese la hija de un noble llevaría un vestido.
-Es verdad, pero es un color raro. No es ni dorado ni plata.
Desde detrás del niño llamado Rudi, un chiquillo con la cara redonda y pelo castaño claro empezó a hablar.
-Si esta niña se estuviese mudando, es imposible que no lo hubieramos escuchado.
-Entonces, ¡¿eres una forastera?!
Latina volvió a pegar un salto ante el fuerte tono de voz de Rudi.
“¿Por qué está enfadado? Latina es… ¿Soy rara? ¿Qué hago…? ¿Por qué está enfadado? No lo sé…”
-Eso no está bien, Rudi. La niña va a llorar.
-¡Yo soy quién está haciendo las preguntas! ¡La que se tendría que callar es ella!
Aunque el niño de cara redonda intentó pararle, Rudi se acercó violentamente a Latina. Latina, completamente en pánico y pálida quiso huir, y eso es lo que hizo.
-¡¿Por qué huyes?!
-¡Un! ¡*** *****!
SIn embargo, gracias a su físico, Rudi atrapó a Latina al tomar un atajo. Los niños se quedaron asombrados por el grito que dio Latina cuando le cogieron los brazos.
-¿Qué ha dicho?
-Puede que sea extranjera…
Sólo había un sentimiento de confusión en el grupo de chicos que se juntaron a discutirlo, pero, Latina que no lo había notado en su condición de pánico, luchaba desesperadamente mientras gritaba.
-¡*** ** ****!
-¡¡¿Qué hacéis?!!
Una niña de más o menos la misma edad que los niños salió corriendo de una casa al escuchar los gritos de Latina. En cuanto vio la palidez de Latina corrió a ponerse en medio del grupo de chicos.
-¡Tomarla con una niña tan pequeña es lo peor!
-¡Guah! ¡Para, Kuroe!
-No es eso, es un malentendido.
A parte del chico castaño que se apartó rápidamente, los otros dos fueron sacrificados a un castigo de puñetazos de la jovencita llamada Kuroe.
A Latina que había olvidado el pánico y que miraba muda, la niña llamada Kuroe le parecío genial.
Kuroe hizo de mediadora.
-¿Te duele? ¿Estás bien…?
-¡Estoy bien! ¡Estaré bien si le escupo!
-Tú dirías eso, Kuroe.
Delante de los dos chicos a los que Kuroe había pegado y pateado, Rudi y Marcel, el chico de la cara redonda que parecía preocupado, se puso de cuclillas con Latina que estaba triste.
-Latina, no nos hemos disculpado apropiadamente, así que… Perdona.
-Ha sido nuestra culpa por asustarte, así que…
Después de que Marcel riese con algo de amargura, Latina se sintió aún más arrepentida. Delante de él, señaló la palma de su mano humedeciéndose los labios, dijo con gracia:
-Oh, luz sagrada, concédeme mi deseo en mi nombre, por favor, curo y alivia a los heridos. Luz curadora.
De la palma de Latina se escapó una suave luz, sorprendiendo a los niños.
Latina también uso la misma magia en Rudi. Después de eso, frunció el ceño y se cayó al suelo.
-¿Estás bien?
-Bien. Sólo un poco cansada.-Contestó a Kuroe mientras sonreía felizmente. Aprovechándose del momento, todos los jóvenes emocionados y a la vez rodearon a Latina.
-¡Increíble! ¡Una maga!
-¡Aunque eres muy pequeña puedes usar magia! ¿Quién te ha enseñado?
-Yo… ¡Es la primera vez que he visto magia!
Kuroe dio un paso adelante, mirándoles furtivamente al ver que su entusiasmo había asustado a Latina. Los jovenzuelos de repente dejaron de moverse y Latina miró a Kuroe.
-¿Increíble? ¿Latina sólo ha hecho un pequeño hechizo de curación? -Latina inclinó la cabeza.-¿Poder usar magia es increíble?
-La mayoría de la gente de las calles no pueden usarla. Excepto los que trabajan en el templo del Lord Feudal o los de las grandes compañías y los aventureros, supongo.
Aunque fue Anthony, el chico castaño, quien se lo enseñó, Latina asintió como diciendo: “claro”.
“Dale es un aventurero, por eso puede usar magia” y entonces, de repente se acordó que era una niña perdida.
-Latina perdida… No saber cómo volver.
-¿De dónde vienes, Latina?
-Cerca… Tienda Ocelote…
Al ver la cara abatida de Latina, los niños se miraron entre ellos.
-¿Ocelote?
-Por aquí no hay tiendas así, ¿verdad?
-¿A lo mejor por ahí? El sitio con la bandera verde.
-¿La tienda de los aventureros?
Latina se iluminó al escuchar esas palabras.
-Sí. Aventureros muchos venir.
Los niños se miraron los unos a los otros.
La tienda de los aventureros era un sitio peligroso donde se juntaban los forasteros que hacían trabajos peligrosos. Sus padres les habían prohibido jugar por esa área. Pero era para ayudar a alguien. Definitivamente, no era que ellos quisieran ir y ver cómo era.
Después de todo, los niños siempre se interesan por aquello que los adultos les prohiben.