Moshikashitara Capítulo 8
Capítulo 8 – Inquietando a la juventud
-¡¿Latina se ha perdido?!
En el Ocelote Bailarín el grito de Dale se produjo un poco depués de que Kenneth perdiese de vista a Latina.
Kenneth buscó por todos lados en pánico pero no consiguió encontrarla. A pesar de todo, aún tenía que hacer negocios con el mercader de los ingredientes y era imposible que pudiese seguir buscándola. Le pidió ayuda a unos cuantos conocidos que tenía en el Distrito Este y volvió al Ocelote deprisa. Debía hacer lo mejor; contárselo a su tutor.
-Sí, lo siento mucho. Mientras hacía los negocios le quite el ojo de encima un momento y…
Tanto Kenneth como Dale eran unos decuidados. Latina era una niña extremadamente inteligente. Al final, el pensamiento de “por algo así no pasará nada” les cruzó por la mente siendo algo innegable.
Se podía confiar en la niña y seguramente, no andaría por ahí. En cualquier caso, sólo era una excusa de adultos. En primer lugar, los adultos y los niños tienen diferentes puntos de vista. El mundo que ven es distinto. A los niños no se les puede parar con la lógicca de un adulto.
-No, ah. No puede ser. Es imposible que se haya perdido. ¡¡Aaaaah…!! Si hubiese sabido que esto iba a pasar, habría memorizado mejor aquel hechizo de búsqueda… ¡Ah! ¿Qué hago? ¿Qué hago? Sí, pondré una petición a los aventureros de las calles para que la busquen…
-¿Qué tal si vas a buscarla?
-¡Eso es!
Es cruel decírlo, pero Dale estaba alborotado hasta el punto de que era gracioso verle, en realidad. En cuando le dijeron qué hacer, Dale salió corriendo de la tienda.
-Mmm… ¿Rita?
-En las calles, a Latina se la conoce por estar bajo la protección de Dale así que si hubiese algún idiota que quisiera llevársela, le pararían en los muros del distrito. Aunque esté perdida, los alrededores del Distrito Este es un área segura, así que… Y tratándose de esa niña, siento que podrá hacer algo, pero… Supongo…
En cuanto Dale se fue, Kenneth pudo ver que su mujer estaba excepcionalmente tranquila mirando a los clientes habituales charlar.
-Esta noche las bebidas estarán a cargo de la casa para aquellos que se unan a la busqueda. Aunque no habrá ningún regalo aunque la encontréis. Aunque no la encontréis, volved antes de la puesta de sol, ¿qué os parece?
-Bueno, para matar el tiempo.
-Tampoco está tan mal conseguir el favor de ese tío (Dale).
Ante las palabras de Rita, los habituales se levantaron. La existencia de Latina se había convertido en especial para los clientes habituales.
Todavía quedaba un poco de tiempo antes de la puesta de sol cuando Latina llegó rodeada de los niños del Distrito Este.
-¡Rita!
Latina abrió la puerta sonriendo y corrió hasta el lado de Rita pero, de repente, se detuvó, como si se hubiese percatado de algo.
-Rita, perdón por desaparecer… ¿Dónde está Kenneth?
-Estábamos preocupados. Déjame verte la cara.-Dijo Rita señalando la cocina. Sinceramente, Rita estaba harta de que su marido estuviese tan preocupado por la niña que era incapaz de concentrarse en su trabajo.
La cría se dirigió a la cocina con rapidez. Cuando Kenneth la vio la enorme cazuela que tenía en las manos cayó al suelo con un sonoro ruido.
-Kenneth, perdón… Latina desaparecer no cumplir la promesa.
Kenneth no pudo reñirle en absoluto al oír su disculpa sincera y al ver su apariencia desalentada. Simplemente, le acarició la cabeza con alivio.
-Me alegro que estés bien.
Kenneth levantó a Latina en brazos y salió a la tienda, donde, inesperadamente, habían muchos niños mirándole.
-¿Qué?
-Al parecer estos niños son los que han traído a Latina hasta aquí.-Dijo Rita que había hablado con la única chica.
-Bueno, tendremos que agradecerles por eso…
-¡Ayudar a una amiga es algo obvio!-La niña alzó la voz insatisfecha por los murmuros de Kenneth. Latina, ladeó la cabecita.
-Ya veo. Os habéis hecho amigos de Latina. Ya es bastante tarde… La próxima vez, venid con tiempo y jugad con Latina.
Rita sonreía, luciendo una sonrisa que normalmente no mostraba mientras que Kenneth abría el bote de las galletas que había hecho Latina y envolviendo una porción para cada persona.
Entonces, se agachó para darle una a cada niño.
-Muchísimas gracias por traer a Latina aquí, de verdad.
Los niños se pusieron nerviosos por ser tratados con tanta cortesía por adultos como Rita, pero, no estaban insatisfechos.
Cuando los niños volvían a casa, Latina les despidió moviendo las manos desde la entrada de la tienda.
La puesta de sol se acercaba y Latina se entretuvo en disculparse con los clientes habituales que volvían al Ocelote.
-Perdón por preocuparte…
-Mientras estés bien, niñita, no pasa nada.
-…Por buscarme… Gracias.
Latina le hizo una reverencia al cliente una vez que más, el cual se rio y se desentendió.
Cuando Latina entró en la tienda sonreía, pero ahora, desde atrás, podías ver como estaba deprimida. Miraba a sus pies conforme iba y volvía de la entrada. Todos los presentes, no sólo los clientes habituales que conocían las circumstancias, sino también los que no lo sabían, bebían sus bebidas sin parar viendo tan triste a la niña.
Entonces, Dale volvió empapado de sudor, sin aliento, abrió la puerta.
-Rita, después de eso…-Queriendo preguntar si había alguna información, notó´a la persona en cuestión cuando alzó la cabeza.-¡Latina!
La respuesta de Latina a Dale que la llamó con gran alegría, fueron gigantescas lágrimas.
-¡¿Eh?!
Mientras Dale entraba en pánico y se agachaba sin hacer sonido alguno, Latina se desmoronaba y le caían aún más lágrimas.
-¡¿La-Latina?!
-Lo… Lo siento… Perdón… Promesa no cumplir, lo siento…
Interrumpida por el hipo, las palabras que dijo eran todas de disculpa.
-Dale, Latina ha sido mala, ¿estás enfadado?
-No, no estoy enfadado, vale… Ah… ¡Sólo estaba muy preocupado!
Mientras Latina lloraba, Dale agitaba la cabeza violentamente, pero siguió hablando. Como si le dijera que se estaba equivocando, Latina también agitó la cabeza.
-Enfádate, está bien. Latina ha sido muy mala… Pero Latina te-tenía miedo, tenía miedo de qué pasaría si no podía volver. Daba miedo.
Las lágrimas seguían inundando sus enormes ojos grises. Para una niña tan pequeña, llorar ante algo así, era normal. Y entonces, murmuró con la pequeña compostura que le quedaba:
-No me dejes sola, Dale… No pasa nada si estás enfadado con Latina, pero, quiero estar con Dale…
Después de vovler al Ocelote Bailarín, Latina parecía haber estado pensando en muchas cosas a su manera. Hasta el recuerdo de la ansiedad y la desesperación que había sentido como una niña perdida, seguramente, había estado manipulado por ese gran sentimiento. Tras haber llevado a cabo su creencia de que debía disculparse, se quitó eos sentimientos de ansiedad. O eso es lo que Dale supuso cuando la niña se calmó.
En ese momento, con toda la confusión, todo lo que Dale pudo hacer fue abrazar a la sollozante Latina con fuerza. Probablemente, en esos momentos, la niña lloraba por llorar y a veces, dejaba escapar su hipo sin decir nada.
El ataque y defensa de Latina llorando sin parar y Dale consolandola hasta el final, resultó en Latina agotándose.
Mientras Latina se dormía, cansada de llorar y en los brazos de Dale, los clientes les miraban con atención con una sonrisa turbia.
Años más tarde, este incidente se conocería como “El incidente de los gemidos y el pánico”. Y una vez más, la posada creó una nueva anécdota.